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martes 07 de abril del 2020
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Sabiduría y sentido de humor de Erich Eliskases, un caballero del ajedrez

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El Caballero del Ajedrez Erich Gottlieb Eliskases tenía un profundo sentido de la dignidad propia y lo hacía conocer con un gran sentido del humor. Un simple ejemplo. Hoy les quiero ofrecer dos anédotas que lo pintan de cuerpo y alma.Veamos la primera: Nuestro maestro un gran afecto por Héctor Luis González, en aquellos años presidente de la Unión Cordobesa de Ajedrez (UCA) y representante argentino ante la Federación Internacional de Ajedrez (FIDE). Le preocupaba la vida hiperactiva que llevaba el famoso y querido “avión”. No era para menos. González, de la misma manera que no paraba de cumplir en sus múltiples ocupaciones laborales y sociales, no tenía medida para comer, pese a que era diabético y con peligrosa tendencia a engordar desmesuradamente. Era capaz de liquidar en un santiamén tres o cuatro platos de ravioles con pollo, seguido de un suculento faisán trufado y, de postre, media torta de chocolate y crema pastelera, bien regada con vino mistela. Eso sí, al café lo endulzaba con sacarina, mientras no paraba de contar alguna anécdota relacionada con el ajedrez. Además fumaba más que un murciélago y su organismo sobre exigido, de tanto en tanto, le daba un buen susto, pero no escarmentaba ni dejaba de andar a mil. Al término de los entretenidos comentarios de un match por el título del mundo, que se habían escenificados en un colmado teatro de Córdoba, como máxima autoridad del ajedrez, González dirigiéndose al público con todo su inigualable histrionismo resaltó el acontecimiento, destacó la presencia de los maestros y sus aportes al conocimiento rematando: “probablemente para el próximo match por el título mundial muchos de nosotros ya no estaremos en este mundo pero, afortunadamente, el ajedrez siempre tendrá grandes maestros como Erich Eliskases para que nos ayuden a comprenderlo…” Eliskases, en el estrado, asentía en silencio, circunspecto, y, mientras el público aplaudía a rabiar, cerrando un ojo, en voz muy baja, solo para que escucharan los que estaban cerca, señaló “si…si…si, si el señor González no se cuida y sigue haciendo esa vida que lleva es posible que no llegue al próximo match, si...si señor”.

Juegos Olímpicos de 1978 en River

Durante el transcurso de las Olimpíadas de Ajedrez de 1978, que se disputaron en el estadio de River Plate, en Buenos Aires, Erich Eliskases fue una de las personalidades presentes más destacadas. En esa condición fue invitado a participar de una velada social y cultural preparada con gran meticulosidad por la embajada de la Unión de Repúblicas Socialistas del Soviet (URSS), de la que participó, como figura emblemática, el legendario astronauta ruso Nikolai Sebastianov, un gigante de casi dos metros de alto, al que se podía ver vestido de civil, pero mostrando en la solapa del impecable traje negro las grandes medallas y condecoraciones otorgadas por sus méritos profesionales. Acompañado por cierto, por los grandes maestros de ajedrez como Boris Spassky, Tigram Petrosian, Lev Polugaiesky, Boris Gulko, entre otros, que defendían el liderazgo soviético. A la imponente sede diplomática concurrieron junto a Eliskases, entre otros argentinos, los maestros Rodolfo Argentino Redolfi y Osvaldo Manuel Bazán, ambos múltiples campeones de Córdoba, que habían concurrido en esa ocasión como enviados especiales del ya desaparecido vespertino “Córdoba”. Por supuesto todas las atenciones se las llevaba Eliskases por su natural gravitación en la elite ajedrecística. Los mozos, solícitos, le acercaban continuamente exquisitos bocadillos, acompañados del clásico vodka ruso. Como era un auténtico caballero Eliskases nada rechazaba. Igual conducta mantuvo a la hora de la bien regada cena. Entusiasmado por la conversación con sus pares, los grandes del mundo del tablero de ajedrez, no se percató de que la fuerte bebida alcohólica tradicional de Rusia, a la que no estaba de ninguna manera acostumbrado, lo fue envolviendo hasta poco menos que dejarlo sin control. Por suerte quienes lo acompañaban lo advirtieron y, con mucho disimulo, lograron acompañarlo de regreso al hotel sin que nadie descubriera su embriaguez. En Córdoba, por años, esta anécdota fue cita obligada en las interminables tertulias ajedrecísticas. El  avión González me comentó que al día siguiente encontró a Eliskases con un ojo morado y algunos razguños en la cara, y que el maestro le contó, con su habitual delicadeza,  que se había descompuesto después de la cena y que tuvo "expulsiones, tanto por delante como por detrás".El Caballero del Ajedrez Erich Gottlieb Eliskases tenía un profundo sentido de la dignidad propia y lo hacía conocer con un gran sentido del humor. Un simple ejemplo. Hoy les quiero ofrecer dos anédotas que lo pintan de cuerpo y alma.Veamos la primera: Nnuestro maestro un gran afecto por Héctor Luis González, en aquellos años presidente de la Unión Cordobesa de Ajedrez (UCA) y representante argentino ante la Federación Internacional de Ajedrez (FIDE). Le preocupaba la vida hiperactiva que llevaba el famoso y querido “avión”. No era para menos. González, de la misma manera que no paraba de cumplir en sus múltiples ocupaciones laborales y sociales, no tenía medida para comer, pese a que era diabético y con peligrosa tendencia a engordar desmesuradamente. Era capaz de liquidar en un santiamén tres o cuatro platos de ravioles con pollo, seguido de un suculento faisán trufado y, de postre, media torta de chocolate y crema pastelera, bien regada con vino mistela. Eso sí, al café lo endulzaba con sacarina, mientras no paraba de contar alguna anécdota relacionada con el ajedrez. Además fumaba más que un murciélago y su organismo sobre exigido, de tanto en tanto, le daba un buen susto, pero no escarmentaba ni dejaba de andar a mil. Al término de los entretenidos comentarios de un match por el título del mundo, que se habían escenificados en un colmado teatro de Córdoba, como máxima autoridad del ajedrez, González dirigiéndose al público con todo su inigualable histrionismo resaltó el acontecimiento, destacó la presencia de los maestros y sus aportes al conocimiento rematando: “probablemente para el próximo match por el título mundial muchos de nosotros ya no estaremos en este mundo pero, afortunadamente, el ajedrez siempre tendrá grandes maestros como Erich Eliskases para que nos ayuden a comprenderlo…” Eliskases, en el estrado, asentía en silencio, circunspecto, y, mientras el público aplaudía a rabiar, cerrando un ojo, en voz muy baja, solo para que escucharan los que estaban cerca, señaló “si…si…si, si el señor González no se cuida y sigue haciendo esa vida que lleva es posible que no llegue al próximo match, si...si señor”.Juegos Olímpicos de 1978 en RiverDurante el transcurso de las Olimpíadas de Ajedrez de 1978, que se disputaron en el estadio de River Plate, en Buenos Aires, Erich Eliskases fue una de las personalidades presentes más destacadas. En esa condición fue invitado a participar de una velada social y cultural preparada con gran meticulosidad por la embajada de la Unión de Repúblicas Socialistas del Soviet (URSS), de la que participó, como figura emblemática, el legendario astronauta ruso Nikolai Sebastianov, un gigante de casi dos metros de alto, al que se podía ver vestido de civil, pero mostrando en la solapa del impecable traje negro las grandes medallas y condecoraciones otorgadas por sus méritos profesionales. Acompañado por cierto, por los grandes maestros de ajedrez como Boris Spassky, Tigram Petrosian, Lev Polugaiesky, Boris Gulko, entre otros, que defendían el liderazgo soviético. A la imponente sede diplomática concurrieron junto a Eliskases, entre otros argentinos, los maestros Rodolfo Argentino Redolfi y Osvaldo Manuel Bazán, ambos múltiples campeones de Córdoba, que habían concurrido en esa ocasión como enviados especiales del ya desaparecido vespertino “Córdoba”. Por supuesto todas las atenciones se las llevaba Eliskases por su natural gravitación en la elite ajedrecística. Los mozos, solícitos, le acercaban continuamente exquisitos bocadillos, acompañados del clásico vodka ruso. Como era un auténtico caballero Eliskases nada rechazaba. Igual conducta mantuvo a la hora de la bien regada cena. Entusiasmado por la conversación con sus pares, los grandes del mundo del tablero de ajedrez, no se percató de que la fuerte bebida alcohólica tradicional de Rusia, a la que no estaba de ninguna manera acostumbrado, lo fue envolviendo hasta poco menos que dejarlo sin control. Por suerte quienes lo acompañaban lo advirtieron y, con mucho disimulo, lograron acompañarlo de regreso al hotel sin que nadie descubriera su embriaguez. En Córdoba, por años, esta anécdota fue cita obligada en las interminables tertulias ajedrecísticas. El  avión González me comentó que al día siguiente encontró a Eliskases con un ojo morado y algunos razguños en la cara, y que el maestro le contó, con su habitual delicadeza,  que se había descompuesto después de la cena y que tuvo "expulsiones, tanto por delante como por detrás".

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Acerca del autor

MI Raúl Grosso (ICCF)

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