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martes 25 de febrero del 2020
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La privatización de la educación

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Esta privatización disimulada, que no contempla vender las universidades a los privados, es un modelo más camuflado y preocupante, porque causa mayor desigualdad social.Todo Chile está protestando. Hasta en los barrios más acomodados hay inconformidad. Los altos costos de la educación chilena no les permiten a muchos estudiar, pero además los que pueden, tienen a su familia (padre, madre e hijos estudiantes) reportadas en el sistema de riesgo financiero, llamado Dicom -igual al Datacrédito colombiano-, por no poder cumplir con los pagos de las pensiones mensuales, ya que tanto estudiantes como padres son garantes del crédito.El origen del actual sistema fue en los años ochenta, durante la dictadura de derecha, y luego mantenido por otros 20 años más por los gobiernos de la Concertación "la coalición de izquierda". Por eso la gente culpa a toda la clase política de no hacer nada y continuar generando desigualdad.

El modelo auspiciado por EE.UU., en lo que fue el laboratorio del neoliberalismo en nuestra región, se concretó por un grupo de chilenos denominados los Chicago Boys, llamados así por sus estudios en la Universidad de Chicago, bajo la dirección del premio Nobel de Economía Milton Friedman.Sin importar que Chile tenga dos de las cinco mejores universidades de Latinoamérica, en general la calidad es mala "así lo aceptan todos los políticos y el Gobierno". El modelo toma a la educación como un bien de consumo y como tal se mercantiliza, sin que el Estado lo subsidie, por lo que las universidades públicas deben autofinanciarse mediante el cobro de costosas pensiones.

Esos costos al ser traspasados a los estudiantes, se transforman en pagos iguales a los de las universidades privadas. En Chile el pago de la universidad es mensual, no por semestres como en nuestro país. Un año universitario dura diez meses, y un mes en una universidad mala cuesta un millón de pesos colombianos y en una buena casi dos millones. Mientras el salario mínimo es de unos $600 mil mensuales.

Por eso para estudiar se debe ser millonario o tomar un crédito, quedando el estudiante endeudado por un tiempo mayor al de sus estudios (hasta 15 años). Esa deuda, según los estudios, corresponde a un tercio del salario del egresado.Aunque la ley chilena dice que la educación no puede generar lucro, insólitamente consorcios empresariales y administradoras de fondos de pensiones están comprando universidades. Aunque directamente no se benefician, mediante convenios de estudios, investigación, compras de inmuebles y negocios varios, se genera lucro sin tener necesariamente las universidades que repartir utilidades, pues los excedentes se pagan a las otras empresas mediante estos convenios.¿Ahora, qué pasa en Colombia? Recuerdo los paros en las universidades Nacional y de Caldas, allí escuchaba consignas sobre la privatización de las universidades, a las cuales en un principio tildé de locuras comunistas, pero que con el tiempo tomaron forma y fondo para mí.El modelo chileno refuerza la idea de que la privatización de la educación no consiste en vender las universidades, sino que el Estado al no subvencionar a las mismas, genera un espacio para que los privados lleguen, brindando pésima calidad y compitiendo con las públicas en igualdad de condiciones. Por eso es que los aportes del Estado a las universidades públicas son necesarios, porque permiten que gente de estratos uno, dos, tres y cuatro estudien pagando acorde a sus ingresos familiares.

Pero la desigualdad no está solo en las universidades. Cuando los recursos para la educación básica y secundaria bajan, a su vez pierde la gente más necesitada, por menores transferencias para los colegios públicos que implican carencias en materiales y, lo peor, llegar a tener profesores mal preparados.Por lo tanto en Colombia bachilleres de estratos socioeconómicos bajos, mal preparados, no podrán tener buenos puntajes en los exámenes de admisión frente a los estudiantes de colegios privados, aumentando el desequilibro socioeconómico, ya que los más adinerados irán a las universidades públicas pagando poco, mientras los más pobres tendrán que buscar créditos para pagar universidades de garaje.Mantener e incrementar los recursos que el Estado da a la educación, en general, hace que todo el país crezca como sistema, que las clases sociales menos favorecidas puedan optar por aprendizaje de calidad a costos que puedan pagar, generando así movilidad social y conocimiento de país que nos hace más competitivos como nación.Nota: Quisiera agradecer al suscriptor de La Patria, don Orley Arias Castañeda, sus mensajes e interés por esta columna desde el 2007. Él es un modelo cívico en su barrio e iglesia de Maltería.

Tomado de: Sergio David Acevedo

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Acerca del autor

Comp. Javier Mejía T. www.exagonobibliotecario.blogspot.com

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