Anunciese Aquí

Registro automático

Acceder con Twitter

top articulo
twitter
facebook
Rss
martes 11 de agosto del 2020
Lea, publique artículos gratis, y comparta su conocimiento
Usuario Clave ¿Olvidó su clave?
¿Iniciar sesión automáticamente en cada visita?
Inserte su correo electronico

Parábola de los dos filósofos

veces visto 8560 Veces vista   comentario 0 Comentarios

Cuentan que una vez se reunieron dos filósofos en una tertulia. Uno se decía creyente; el otro se consideraba ateo radical. En medio de su debate, surgió el asunto de la existencia y la ausencia de Dios. El filósofo ateo, creyéndose en posesión de toda la verdad, formuló la primera pregunta con ironía al sabio creyente:

-Respóndeme, querido amigo, ¿qué pruebas sostienes para demostrar la existencia de tu Creador?

El filósofo creyente le sonrió y le contestó así:

-Expón tú primero tus demostraciones, pues te veo seguro y confiado. Después, te responderé yo.

-Sea así, pues,- exclamó el sabio ateo-. Para comenzar, si las personas mantienen la presencia de un Creador, es por falta de lógica. Los hombres se sienten seres inferiores, en consecuencia, inventan la idea de un ser superior hacedor de todo.

Este argumento hirió las expectativas del filósofo creyente. Le pareció una respuesta sólida e irrebatible. Aún así, siguió atendiendo a las razones del ateo.

-En segundo lugar -continuó-, se cuenta en ese libro que tanto veneráis como nuestro "Creador" dio forma al universo en siete días. ¿A qué viene esta fecha? ¿Quién estuvo allí para dar fe de ello? Y mi cuestión más importante, ¿qué creó a vuestro Creador?

La seriedad se adueñaba del rostro del sabio creyente. Sin embargo, continuó escuchando los argumentos del filósofo ateo.

- Y para concluir, vosotros creéis en la omnipotencia de ese Dios. Pero si se considera todopoderoso, ¿por qué no pone término a las guerras, el hambre, la muerte y la catástrofe? Con estas razones termino, amigo mío. Tú tomas ahora la palabra.

El filósofo creyente relajó los gestos de su cara y comenzó a hablar con serenidad y delicadeza.

-En primer lugar,amigo, el ser humano no "inventa" seres ni realidades superiores por soledad o impotencia, si sugieres que Dios es un invento de los hombres. La Biblia sólo recopila los acontecimientos más relevantes del hombre y la humanidad. Y aunque la historia del Génesis nos parezca inverosímil, tuvo que existir una fuente de inspiración que la motivara. Los científicos sostienen la explosión de un "huevo" inicial que moldeó el universo. Ahora bien, amigo mío, ¿sabes tú o esos eminentes científicos qué o quién originó ese "huevo" y esa explosión?

La confianza del filósofo ateo se tambaleaba cuando su rival formuló esta última pregunta.

-Aunque sea sólo por ese gesto, por esa acción o por esa fuerza motriz -continuó-, ya hablaremos de la existencia de un Creador, llamémosle Dios, Jehová, Alá, Manitú o como mejor nos plazca. Por consiguiente, disponemos de más argumentos, aunque sea de uno solo, para afirmar la existencia de Dios que para negarla. En cuanto a lo último que has comentado sobre la omnipotencia divina y por qué nuestro Creador nos ha abandonado , te contaré la siguiente historia:

"Un hombre murió y se encontró con Dios en una playa (tomémoslo como lugar físico para representar el "otro mundo"). Contemplaban los dos sentados unas huellas en la arena que se suponia que eran los pasos del hombre a lo largo de su vida. No obstante, se veían dos huellas junto a las del hombre que correspondían a las del Creador. Dios le dijo entonces al hombre:

-Yo siempre he estado a tu lado.

El hombre le repondió: -Es verdad, ¿pero ves allí?. En ese momento tan difícil de mi vida sólo veo unas pisadas. Me dejaste solo.

Dios sonrió y contestó con afecto al hombre: -¡No! Te equivocas, hijo mío. Esas pisadas son mías cuando yo te llevé en brazos".

-Esta historia, compañero, ejemplifica que nuestro Creador jamás nos deja solos. Y las guerras, muertes, hambrunas y catástrofes que referiste antes las siembra el hombre y el hombre mismo debe encargarse de arreglarlas por su propia voluntad.

Cuando escuchó los argumentos del sabio creyente, el filósofo ateo se acercó a él y estrechó su mano.

-De acuerdo, compañero. Ninguno de los dos tiene la verdad absoluta al alcance de la vista. En ese caso, reconciliémonos y dejemos este gigantesco debate. Que sea lo que Dios quiera,-exclamó con una sonrisa amistosa-. De este modo, los dos filósofos se alejaron de la tertulia riendo y charlando como viejos amigos.

Clasificación: 3.3 (32 votos)
Está prohibido copiar este artículo. Artículo.org no permite la sindicación de sus artículos.
Acerca del autor

Abraham Ferreira Khalil

¿Tiene comentarios o preguntas para el autor?

Lo sentimos, pero no podemos procesar su petición en este momento. Por favor pruebe mas tarde. Si el problema persiste, puede contactar con nosotros pinchando sobre el enlace aquí.