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miércoles 22 de mayo del 2019
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Feliz día Médicos del Perú

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La medicina surge como un acto instintivo en la cotidiana lucha que el hombre libraba contra la naturaleza física y animal; pero desde sus inicios fue una acto social: nadie y todos fueron sus creadores; a lo largo de los siglos la historia le reconoce tres hitos: el primero de ellos es Esculapio (o Asclepio, para los romanos) mitad leyenda mitad *verdad y representa la Interpretación Mágica-Religiosa-Ritual, el segundo es Hipócrates, 460 años AC, quien logró recopilar toda la práctica médica de la antigüedad y se le considera padre de la medicina racional y empírica; el tercer hito es Clacudio Galeno (129 años DC) .quien hace sinopsis científica de toda la medicina Grecorromana. En el Perú, el calendario Cívico-Escolar recuerda el 5 de octubre como el día de la acción heroica de Daniel Alcides Carrión García y más de 30 mil médicos celebramos en este día el Día de la Medicina Peruana. Antecedentes Históricos Desde la época Precolombina se cree ha existido en los andes centrales del Perú una enfermedad mortal que provocaba fiebre y palidez y afectaba a los "capacheros" (Mineros) que trabajan extrayendo minerales con los que sus pueblos tributaban a los incas. Así lo describe Gago de Vadilla en crónicas de 1630 publicadas a inicios del siglo pasado, sin embargo la primera epidemia que se recuerda se remonta a 1865-1870, cuando se trabajaba en la vía férrea del tren del centro (el que iba de Lima a San Mateo) el Dr. Odriozola es quien hace la primera publicación académica de esta enfermedad y se le conoce desde entonces como la Fiebre de la Oroya. En el gobierno de Mariano I. Prado (1876-1879) cuando se vivió una gran prosperidad (salitre, guano, azúcar, minerales, etc.) los ingleses que ya explotaban la mina a cielo abierto de Cerro de Pasco (mina polimetálica) deciden construir un ferrocarril (un tren con muchos vagones de carga) para sustituir a los burros y muías en transporte de los minerales desde la mina hasta el Callao. Esta era una obra ambiciosa: había que perforar 68 túneles y construir 60 puentes, uno de los cuales, el túnel Galera, se hallaba a 4781.70 msn (y es hasta la actualidad el más alto del mundo). En plena construcción se desata una epidemia de fiebre y palidez, pero aparece una segunda fase de la misma enfermedad: las verrugas. Esto desconcertó a los médicos, pues se pensaba que era otra enfermedad -diferente a la ya conocida fiebre de La Oroya- en tanto los ' muertos sumaban decenas, cientos, miles (hoy se |4 calcula que fueron entre 8 a 10 mil los muerto por la epidemia) y para entender la magnitud de la epidemia hay que recordar que Cerro de Pasco tenía 6 mil habitantes y Lima 100 mil habitantes. En el mundo (léase Europa), mientras tanto, en el siglo XIX la medicina vivía una revolución. Por ejemplo, Virchow había hecho trizas la teoría de los 4 humores de Galeno; Pasteur hablaba de microbios que explicaban las enfermedades infecciosas en este ambiente, Europa era testigo de numerosas inoculaciones en aras de la ciencia y la humanidad. Así tenemos que Gilbert se inoculó con sangre de sifilíticos secundarios y terciarios para probar su contagiosidad en estas etapas; Gare se inoculó con sangre de enfermos de osteomielitos; Koch (el descubridor del bacilo de la tuberculosis) inoculó a su asistente Strauss con sangre de enfermos con cólera, Bochefontaine ingirió píldoras de heces desecadas de enfermos con cólera; muchos de estos investigadores murieron en esta etapa de la ciencia. La gesta de Carrión Daniel Alcides Carrión García, hijo del Dr. Baltazar Carrión, médico y abogado ecuatoriano, y de doña Dolores García Navarro, dama huancaína, nació en Cerro de Pasco y tuvo dos hermanos: Teodoro y Mario. Estudiaba el 5S año de medicina en la universidad de San Marcos cuando estalló la epidemia que mataba sin piedad a tanta gente y diezmaba pueblos tan conocidos por él. Luego de meditaciones y conversaciones decide demostrar que la verruga era la segunda fase de la misma enfermedad (La fiebre de la Oroya) y en un gesto heroico, humanitario y científico decide inocularse con sangre infectada de esta enfermedad. Fue el Dr. Evaristo Chávez quien le inyectó la muestra obtenida por el raspado de las verrugas sangrantes de doña Carmen Paredes, que agonizaba en el hospital "2 de Mayo". Desde los primeros días de agosto, en que se inocula, fue anotando hora tras hora todos sus sufrimientos y en medio de la fiebre, convulsiones, vómitos e hipoxia murió el 5 de octubre de 1885, con escasos brotes de verrugas. Antes alcanzó a decir: "Ahora les toca a ustedes continuar la obra ya comenzada". Noguichi y Battistini, en 1926, descubrieron y describieron el bacilo Bartonella Bacciliformis como el causante de esta enfermedad y al zancudo Phlebotomus Verrucarum como el transmisor. Sir Alexander Fleming descubre la penicilina en 1929 y este antibiótico acaba con la enfermedad. Hoy, además se usa Cloranfenicol y Tetraciclinas y se previene fumigando con DDT. Muy lejos estaban los médicos y amigos de Carrión; los Areemlos Mestanza, Corpancho y Odriozola de curarlo con sopa de vaca y vino, con leche de cabra, con mejunjes en base a auinina, alcanfor, azúcar destilada, fenol y valeriana. El legado de Carrión Los españoles trajeron a este continente la medicina feudal árabe en las personas de Acosta, Monserrate, Oviedo, Cobos, entre otros, liderados por el Dr. Andrés Laguna y Mercado. Con los años sufrimos las influencias revolucionarias que provenían de las viejas facultades de Bolonia, Padua y Salamanca. Es así como nuestro prócer Hipólito Unanue funda la primera Escuela de Medicina en el Perú y el gran Cayetano Heredia la eleva a una de las mejores del continente. Es precisamente Carrión, con su gesto heroico y humanitario, quien le pone la luz a este recorrido, haciéndonos recordar siempre que la medicina es, ante todo, un acto social y, como dice Cabieses, antes que una profesión u oficio es una religión, porque se ejerce con un profundo humanismo. Los médicos del Perú, que tras largos años de estudios y privaciones personales y familiares acabamos ejerciendo en medio de dificultades y atrasos, con míseros sueldos que no recompensaban tanto sacrificio y cohabitamos con tasas de morbimortalidad aún altas, con elevados índices parasitarios que vemos recrudecer ante nuestros ojos enfermedades como la tuberculosis, la malaria y cólera y la misma Bartolenosis (la que mató a Carrión) y que encima tenemos el infortunio de importar epidemias de países desarrollados como el sida, los médicos del Perú, abandonados por el Estado y sucesivos gobiernos, desde los recién egresados, SERUMS residentes hasta los máster; desde los que trabajan en grandes hospitales hasta los que ejercen en olvidadas postas médicas; desde los que trabajan en ciudades con sus relativas comodidades hasta los que lo hacen en lejanos pueblos; olvidados también los abnegados docentes universitarios, los investigadores, los cesantes y jubilados, los que quedaron inhabilitados por alguna enfermedad o accidente, los médicos de libre ejercicio, los subocupados, los desocupados, en fin, todos los médicos del Perú, en medio de grandes dificultades aún los funcionarios médicos de poca o gran responsabilidad, todos celebramos este 5 de octubre nuestro día, recordando la esencia de Carrión, su heroicidad, su humanismo que pincela con todo su colorido la esencia de nuestra profesión, más aún en las actuales circunstancias, en donde un salvaje sistema de mercado y competencia propios del neoliberalismo están destruyendo y trastocando la escala de valores del ser humano.

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Miguel Palacios Celi

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