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lunes 20 de mayo del 2019
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Pepe Aguinaga Moreno ¡Presente!

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Pepe Aguinaga! ¡Presente!, dos, tres, varías veces retumbó este grito en la paz del cementerio en aquella fría tarde del 14 de noviembre. El sol ya casi se ocultaba, los llantos crecían por doquier "Y el cadáver, ¡ay! siguió muriendo", la aguerrida familia Aguinaga Moreno, hombres y mujeres, adultos y jóvenes, niños y niñas, se habían ya cansado de tanto llorar, lo estaban haciendo desde el hospital, en la casa, en la iglesia, en las calles, en el cementerio, pero "el cadáver ¡Ay! siguió muriendo".

Había tantos amigos, acongojados, llorosos, algunos de barrio de la Av. del Ejército, otros del colegio Claretiano, otros de la universidad, y muchos de la lucha, del partido, de sus sueños por justicia, democracia y socialismo; todos impotentes ante una absurda y tonta muerte y ahí, frente a nosotros, yacía inerte el cadáver de un amigo fiel, desinteresado, solidario, jovial, activo, lleno de energía. Su promoción lo recordó como el palomilla del barrio; luego, como el destacado jefe de brigada de los Boys Scouts del Claretiano. Sus amigos de la universidad lo recordaron como el luchador que abandonó sus estudios, sus amigos, su familia para caminar por la sierra, por el norte, por el sur, sembrando sus sueños en cada obrero y en cada campesino, sembrando enseñanzas en el pueblo de Chota, Bambamarca, Tocache y otros más para derrotar a la dictadura de Velasco y Morales Bermúdez y restituir la democracia sin nada á cambio, sin curul y sin cargos. Y así anduvo, caminando con sus sueños y se fue sin cumies, sin cargos, dejando como cosecha una legión de amigos que ahí llorábamos impotentes, pues "el cadáver ¡Ay! Siguió muriendo". Tal vez algunos recordábamos cuánta razón tenía Pitágoras cuando decía "escoge temprano un amigo, porque la vida es corta", pues ya no nos cruzaremos por el mercado Central, ya no nos saludaremos por el pasaje San Agustín, ya no te recibiré en mi consultorio, ya no tomaremos un cafecito para hablar de política, de literatura y de tantas cosas. Cuánta razón le asistía a Cicerón cuando decía que "la vida no es nada sin la amistad" y, efectivamente, así como las flores se marchitan sin el calor del sol, así la vida se marchita sin el calor de la amistad. Tu ausencia ha marchitado parte de nuestras vidas, pareciera que el gran Salomón hubiera pensado en ti cuando escribió un capítulo del Eclesiastés, cuando dijo: "El amigo fiel es refugio seguro y el que lo encuentra halla un tesoro" Y ahí, frente a nosotros teníamos Inerte al amigo fiel, al refugio seguro, al tesoro y, sin embargo, todos nuestros llantos juntos, todo el dolor del mundo ¡no podía revivirlo!, pues "el cadáver ¡AY! Siguió muriendo.

Pero en medio de tanta tristeza ¡apareció la esperanza! Oímos en nuestro corazón la voz de María, la misma María que guió sus pasos en el Claretiano, oímos la voz de Jesucristo, el mismo que con su inmenso poder ¡resucitó a Lázaro! Y nos dijeron firmemente ¡Basta de tanto sufrimiento y dolor!

Pues el cadáver ya no seguirá muriendo! Pepe Aguinaga seguirá viviendo y nos volveremos a encontrar para seguir soñando con un mundo nuevo, con un hombre nuevo, con una sociedad nueva, erigida sobre la base de la justa distribución de la riqueza. Nos volveremos a encontrar detrás de la muerte y a pesar de ella.

Mientras tanto ¡Descansa en Paz!, querido amigo de toda la vida ¡nosotros te seguiremos oyendo aunque tú estés en silencio, te seguiremos hablando aún cuando ya no respondas, te seguiremos recordando aunque ya no estés con nosotros!

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Acerca del autor

Miguel Palacios Celi

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