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miércoles 21 de agosto del 2019
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¿Para qué estudiar?

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Durante mi primera adolescencia mis padres y mis profesores se preocupaban por mi futuro más próximo e intentaron contagiarme esa preocupación que ahora empiezo a entender. Con el tiempo, descubres que en cualquier país del mundo puedes conseguir una vida digna y respetable siempre y cuando cuentes con un amplio equipaje cultural y académico. De lo contrario, terminarás en los trabajos que nadie elije porque no quieren ensuciarse las manos. Ya sé que cuando eres un adolescente no piensas en todo esto; pero si no empiezas a reflexionar ahora, unos años después te encontrarás confuso y perdido sin saber cómo contestar a las jugadas que te plantea la vida.

La adolescencia de hoy crece en medio de una religión nueva y tribal de la que ninguno de nosotros puede mantenerse al margen, ya que es tal su poder que sus seguidores se multiplican como un sarampión. Para calmar el hambre de su dios el dinero, el capitalismo sacrifica a los más preparados culturalmente y abandona a quienes, por cualquier motivo, no han podido alcanzar sus logros en la vida.  De este modo, día tras día te atormentas con la condena del sueldo y los horarios asfixiantes hasta que llegas a un punto en el que no puedes contener tu indignación y estallas. Prepárate, entonces, para sufrir la tortura más cruel del sistema, esto es, el despido y las consecuencias tan tristes que todos conocemos. En este sentido, el dinero parece el caballo de Atila, pues donde pisa jamás vuelve a crecer la hierba.

A fin de cuentas, no debes olvidar que el gran dogma capitalista se sostiene sobre un lema que hay que obedecer a fuerza de empujones: ver, oír y callar. Esto significa que, como herramienta útil para el sistema, tienes que eliminar tu dignidad y convertirte en una marioneta que sirva a sus intereses.  Y si desde la adolescencia no has desarrollado ningún compromiso o pensamiento propio, estarás destinado a actuar en ese guiñol burgués.

No sé cuántas veces habré escuchado, bien en la escuela, bien en familia, que estudiar te garantiza un futuro más claro. Y, ciertamente, no se equivocaban. Ahora bien, tú estudias con la esperanza de desempeñar tu trabajo con libertad y por vocación, nunca bajo un ambiente tenso, autoritario y depresivo. Por eso, a menos que este sistema caducado cambie de filosofía, la pregunta de padres, jóvenes y adolescentes siempre será la misma: “¿para qué estudiar?”. Tal vez para desprenderse de este sello que quieren marcarnos con fuego en lo más hondo de nuestra conciencia.

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Abraham Ferreira Khalil

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