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miércoles 26 de junio del 2019
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Ideario del ingenio o Psicofiguración

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del ingenio o Psicofiguración

Francisco Martínez Pintor, Le Grau du Roi _ 2014

 

   Alcancemos a comprender el ideario tecnológico como un paradigma altruista, capaz de arrancar una sonrisa de un niño malnutrido o en extremo malcriado, seducido ingenuamente por el electromagnetismo de una ventana al mundo virtual. Sólo es cuestión de comparar la sensación de negatividad que los medios de comunicación en su afán de embriagarnos con la noticia, cosechan cada día, primero para rentabilizar su paupérrima existencia y en  otro caso en favor de los demás, implementando la seguridad de todo aquel que no sea objeto de popularidad.

   El precio de la fama es tan incierto como el futuro de los trabajadores de la era digital, pero se ofrece constantemente como última solución a una salida sencilla y humilde. Cuando no hay distribución de fuerzas y por tanto, de posibilidades, no queda más remedio que la desesperanza hacia el futuro y la sublimación del objeto presente. Ante eso media sonrisa sirve también para solapar la decadencia y el fracaso de un sistema insocialmente globalizado y estigmatizado con el mono del progreso.

   Ahora, aquí y más allá, apenas se aprecia la voluntad de cambiar las estructuras ni las estrategias. El ideario del ingenio necesita la misma difusión que la noticia, por ello es urgente contrastar ideas e información para, entre otro orden de cosas establecer cuál es la ruta de la felicidad, tantas veces aplazada y en su caso hipotecada a una cuenta binaria. Algo pasional y ambicioso para el niño del siglo XX, poco activista y trasnochado, pero intrépido con máquinas de datos.

   Todo hace pensar que lo ingenioso cuenta a cargo de la industria del ocio, de la especulación y de la pasiva interpretación de la naturaleza. El hombre ecológico es como una herramienta de cambio que se deja manipular gratuitamente, mientras que sintetiza puntos de vista oscilantes sobre un solo eje, el de su resignada impropiedad.

    Somos definidos como especie bajo un estandarte del ingenio sutil en momentos de brillantez y de ingenio boto, prácticamente en la cotidianidad de la mirada sobre el espacio observado. Figurarse otro tiempo desde la monomanía es justo y necesario, hasta como un escape a la obsesión delirante y un objetivo estimulante. Desde luego más allá de la simplicidad discurre un entendimiento claro y otro poco más allá, el disparatado y afable reflejo de un ideario estéticamente imperfecto, pero de extraordinaria raigambre. Descrito queda el orden natural del intelecto, obligado de natura a protagonizar hazañas conscientes e inconscientes de su hidalga condición, asumida eso sí, desde la fantasía y una elevada cota de perfección.

   El arte se diga como se quiera no es evasión sino compromiso con lo fantasmagórico, “alter imitatio” e indeterminado. Ante la creación de una mente calenturienta, la chatura de la vida rutinaria, primero se enfrenta con la relatividad del entorno y después con la soledad absoluta. Construir por tanto es dar voz a falta de ingenio, en cambio pensar en lo transcendental de la obra sería establecer juicios de valor demasiado platónicos, o sea un error físico de los sentidos. Y es que lo imaginario transforma la realidad al margen de voluntades, que de permanecer disciplinadas, reduce a canalla el gozo de una peculiar lucidez.

   Reprimir instintos como lo erotónomo y la transfiguración supone la manquedad de la conciencia y la irreverencia del esteticismo. Cuando lo premeditado se desvanece la imaginación se convierte en expresión dramática y una impostura, la de correlacionar pensamiento y sentimiento entre lo externo y lo interno. Grandes fines sin duda con exiguos medios, por lo que no hace falta alcanzar la otra orilla, sino inexorar el descontento.

   Adquiere virtualidad todo lo que simboliza relaciones dentro de un esquema, asociando al ser con el mundo y en contraste entre fines y medios. Desde el inoperativismo funcional a la inconformidad batalladora de la no resignación quijotesca, resurge el conflicto sustancial del subjetivismo o idealismo subjetivo, a veces como un maltrato psicológico de una realidad externa que apenas es conocida por unos cuantos sujetos. Tanto es el hecho de la duda y el desconocimiento de las formas rutinarias o razones a priori que ya no es ni  real el mundo sensorial sin el mundo intelectivo.

   Sobre el ideario colectivo es muy fácil manipular a grandes grupos de población, sobre todo cuando no se parte desde principios libertarios o igualitarios. En realidad lo que se alcanza es más bien una disociación afectiva, un ideario dual en su misma naturaleza, incompleto eso sí, y ansioso de totalidad al ser desterrados del edén por su vulnerabilidad y su falta de conocimiento. Como la calidad de vida gira en torno a ciertos estados emocionales, no todos, la tarea de comprender los aspectos positivos de las cosas pasa por modelar dentro del pensamiento la imagen que se forma por deflación y no por voluntad como sería deseable.

    Hay otros símbolos que expresan una posición ante la vida, que sin llegar a ser esotéricos, quedan peregrinando en algunas conciencias en una infatigable búsqueda de crecimiento del ser, se quiera o no, pseudo transcendente.  Claro que el mundo sensorial existe en tanto que es «idea», pues se percibe como sustancia y se interpreta racionalmente, sin embargo es inconsciente en lo fundamental. Por el hecho de que requiera de una organización inmediata de los contenidos, cada símbolo tiene su propio significado, que puede ser tanto polimorfo como unívoco y concreto, para eso se puede representar como imagen de sí mismo.

   Es innegable que también hay un factor de transformación de la realidad que no solo opera en la personalidad como material existencial, sino a través de la  experiencia vital.  Existen formas también dispares al visualizar contenidos ante expresiones culturales disímiles, pues el mundo como conjetura tiene un claro origen simbólico y relevante.

   Al igual que un sinsentido de la vida en la muerte cristiana, la creación es un acto de amor sobre sí mismo para ser inmediatamente agotado. Hablamos del éxtasis simbólico de una fraternidad de conciencia libre, de una lírica de la conciencia como proyección de la otredad. Se puede en conciencia representar lo preconizado y es aconsejable contextualizarlo desde la literal abstracción, no meramente textualizando su apariencia.

   Notoriamente insatisfechos, apreciamos que al imaginar en presente todo cuanto se necesita vivenciar emocionalmente, necesitamos recurrir a la imaginación exponencial mediante la potenciación de habilidades imaginativas y a la voluntad perentoria de no claudicar ante la adversidad. Si nos sentimos negativizados cuando no tenemos opción de controlar las emociones, ocurre lo mismo con la imaginación y su capacidad disuasoria. La renovación significa construcción exponencial sobre experiencias emocionales negativas, que no solo ayudan a dicha reconstrucción sino que forma parte de otro tipo de asociación complementaria.

   Perder el control por el contrario es un proceso disociado que nada tiene que ver con la creatividad, ya que esta no necesita de directrices o normativas, pues su capacidad de análisis tan solo se entiende desde la recursividad y una actitud proactiva ante la vida. Si la creatividad en sí supone resolver cuestiones de una forma diferente o no resolverlas de manera directa, sino más bien componer o estructurar estrategias, podríamos definir el ingenio bajo las cuatro categorías de la psicofiguración:

  • Configuraci& oacute;n.  Percibir de manera creativa implica ser buen receptor de las circunstancias y buen observador de las posibilidades. Para Berkeley la realidad del mundo consiste en el percibir y el ser percibido, de modo que al idear otras configuraciones no sustraemos ninguna realidad, sino que espiritamos definiciones cosustanciales a nuestro universo particular. Al ser la mente un cúmulo de percepciones, la mente concibe no solo las propias ideas impresas, puede facultar y determinar a la sustancia pensante para que sea algo más que nominal.
  • Representación. Como resulta fundamental eliminar las creencias limitantes para liberar cualquier resistencia, la psicofiguración transforma una opción indeseable en  algo que va más allá de lo previsible. Lo hace abreactuando internamente sobre algunos  momentos claves o decisivos, de tal manera que todo lo que ocurre en el mundo interno y externo se precipita emocionalmente (Rapport). Al volver a formular otra exploración se trazan puentes al futuro en los que "experimenta" de forma no traumática la utilidad de su libre conducta seleccionada.
     
  • Interpretaci&o acute;n. Podemos recurrir a la no definición desde la neotenia o del psicologismo, ya que al tratar de conocer lo que se quiere decir o expresar, se intenta penetrar en el sentido de aquello que sirve de instrumento para llegar a los demás. Dicho esclarecimiento tiene un feliz resultado cuando no enturbiamos el proceso ni prejuiciamos a nadie.

   Lo que permite a la escritura que interprete la escritura (principio hermenéutico), es consecuencia de sí misma. Al no ocultar su esencia podemos retar nuestras conclusiones y ayudar a mantener nuestras interpretaciones dentro de un equilibrio sin ir a los extremos ni deteriorar la obra como verdad. La procuración de una verdad psicológica es solamente válida cuando se puede cambiar en todo momento su significación. Esta es más importante que su significado por el hecho

  • Símbolo. No se puede decir que seamos conscientes al margen de la memoria y si esto significa que solo somos presente heredado, lo inconsciente sería lo único verdaderamente consciente. Leach define lo simbólico como una relación de representación no intrínseca entre dos elementos de contextos culturales diferentes. La psicofiguración entiende que simbolizar no deja de ser una licencia poética del pensamiento, siempre en función de un objetivo, cuando en realidad no debería tenerlo, ya que se convierte en una convencionalidad ajena a la condición intrínseca del ser. La desviación hacia lo abstracto y el símbolo debilita a la experiencia, suplantando a la realidad y alienando la voluntad.

   El poder de la imaginación como máxima capacidad de los medios de expresión, ha quedado planteado a través de un ingenio que no se caracteriza por la síntesis de contenidos en una sola idea. La creatividad por tanto se ingenia de la multidimensionalidad del pensamiento para poder cambiar todo cuanto se le ocurra, pese a disuadirnos de tendencias y emociones para protegerse a sí mismo. Aún en esas situaciones, el sentir e  imaginar intensamente puede ayudar a la superación personal y una sensación evidente de plenitud.

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