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domingo 09 de agosto del 2020
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Adolfo Suárez : Un astro que se apaga para siempre

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Adolfo Suárez : Un astro que se apaga para siempre Se ha marchado Adolfo Suárez: el hombre, el político, el intelecto y la sensatez que este pobre país necesitaba en aquellos confusos años de transición.¡Se ha marchado Adolfo Suárez sin saber siquiera que el Cielo le llamaba! Con la pérdida de Suárez, un astro luminoso se apaga y se derrumba un monumento de nuestra historia más reciente. Y es tal el estruendo, tal la consternación, que nos hemos quedado absolutamente huerfanos. Muchos españoles han perdido a un padre constitucional, a un compañero y, sobre todo, a un personaje honesto y conciliador.      Fueron miles las desgracias que llovieron sobre la vida del ex presidente: muertes de seres queridos, crisis emocionales, grandes naufragios políticos y desencantos que, a pesar de todo, aceptó con resignación cristiana. Pero de todos esos infortunios acaso el más terrible fue la destrucción de sus recuerdos. La enfermedad mezquina que desde 2003 le acompañaba tronchó de improviso sus momentos más dichosos. Una mañana, al despertarse, Suárez olvidó que había sido el primer gobernante de una recién nacida democracia. Olvidó su proyecto conciliador de las dos Españas y su apertura a Europa. Y olvidó, además, su arrojo durante el golpe de Estado de aquel 23 de febrero de 1981. Mientras gran parte de los diputados se escondió tras su escaño al entrar armado el general golpista, Suárez, Carrillo y Gutiérrez Mellado mantuvieron la compostura y miraron desafiantes a Tejero. Porque creían, ante todo, en la democracia, porque defendían, a su manera, las libertades de los ciudadanos. Pero todo ello, como digo, le fue arrebatado a Suárez por la implacable enfermedad.     Si ha de resaltarse algún sello distintivo de la personalidad de Suárez, tanto del hombre como del político, es, sin lugar a dudas, su voluntad de consenso. Como buen centrista que fue, y a pesar de los fracasos, Suárez creía en la reconciliación de las dos Españas y durante toda su carrera política trató de conciliar posturas enfrentadas. El ex presidente, sin embargo, ignoraba que en el seno de su propio partido se estaba gestando su propia destrucción. Las consignas de la derecha y las de la izquierda inocularon su veneno entre los antiguos simpatizantes de la UCD y, posteriormente, del CDS. Suárez, por tanto, fue despreciado por quienes en otro tiempo admiraron su talante conciliador y democrático. Y aquel partido del que fuera cerebro indiscutible se derrumbó, arrastrando en su caída todos los proyectos, los sueños y las esperanzas del Presidente. Desde ese momento, la desgracia acechó a Suárez por donde quiera que fuese. El aliento de la enfermedad se presentía cada vez más cercano. Sólo le quedaba el cariño de sus familiares, el aprecio de sus amigos y la admiración de muchos ciudadanos españoles.     Ahora que Suárez ha partido a regiones más puras, ¿qué legado deja a quienes seguimos en este valle? ¿Cómo podemos continuar su obra en un tiempo en que la decadencia moral ha hundido sus raíces en la política? Gentes de derechas y de izquierdas rendirán sentidos homenajes al primer Presidente de nuestra joven democracia; pero pocos serán los que cumplan su proyecto conciliador. Con Suárez, definitivamente, se marcha un español de bien, un político mayúsculo, un intelecto inigualable. No ha aparecido aún ser viviente en la política actual que pueda equiparársele o considerarse su heredero. Antes bien, parece que las dos Españas, tras transmitir su pésame, continúan con su macabro espectáculo, sin saber que, entretanto, el astro luminoso del gran ex presidente y del estadista ejemplar se ha apagado para siempre.               

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Abraham Ferreira Khalil

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