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viernes 30 de octubre del 2020
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Violencia domestica y maltrato

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Existen diferentes tipos de malos tratos físicos, psicológicos, emocionales y agresiones sexuales a la mujer, que debemos conocer si queremos prevenir e intervenir y evitar las situaciones de riesgo que favorecen el maltrato:

-El maltrato físico:

Se trata de acciones no accidentales que provocan o pueden provocar daño físico o enfermedad en el cuerpo de la mujer, y que implican una agresión, directa o indirectamente. Estas agresiones suelen provenir de un hombre: pareja, padre, hermano, hijo, tío,... y puede tener consecuencias muy graves, incluso provocar la muerte.

Los malos tratos físicos son reconocibles por las terribles secuelas y daños que producen en la víctima, aunque en ocasiones los maltratadores intentan ejercer su agresión de tal forma que las señales pasen desapercibidas, golpeando en zonas poco visibles o que puedan disimularse bajo la ropa.

Entre los tipos de malos tratos físicos podemos señalar las bofetadas, puñetazos, tirones de pelo, patadas, pellizcos, fuertes empujones contra el suelo o la pared, golpear con objetos a la víctima, tirarle líquidos hirviendo o muy calientes, producirle quemaduras, tratar de ahogar o asfixiar a la víctima, arrastrarla por el suelo, tirarla por las escaleras, clavarle objetos punzantes, usar armas blancas o de fuego, etc.

Normalmente, el agresor suele comenzar con una bofetada, un empujón... hasta llega a agresiones con consecuencias irreversibles o la muerte de la mujer. Normalmente los malos tratos físicos suelen ir precedidos y acompañados por maltrato psicológico.

- El maltrato psicológico:

Es otro tipo de agresión en la violencia doméstica, y que atenta contra la integridad psíquica y emocional de la mujer como persona: comportamientos y actitudes del agresor hacia la víctima que pretenden mermar su autoestima y su su valía como persona. La forma de lograrlo es amplia: insultos velados a claras amenazas, incluso de muerte, y manifestaciones de agresión verbal con una fuerte carga negativa a nivel psicológico, que repercute en la salud mental de la mujer; humillaciones delante de otras personas o en la intimidad de la pareja; desvalorización, críticas continuadas sobre la forma de actuar u opinar; culpabilización de la situación en que vive la familia; gritos, continuas y fuertes discusiones sin motivo aparente o por motivos triviales... Esta situación empeora si añadimos las mujeres dependientes económicamente de su pareja, que ven limitada la asignación de dinero con que poder atender las necesidades más elementales de su familia.

La mujer que sufre maltrato psicológico suele tener baja autoestima, autoconcepto negativo de sí misma, depresión grave, ideación suicida... Si, además, ha sido víctima durante su infancia de malos tratos, probablemente repercutirá en el futuro en sus relaciones de pareja e incluso en la educación de sus hijos

- Las agresiones sexuales:

Nos referimos a conductas sexuales o a los intentos de llevarlas a cabo sin el consentimiento previo de la mujer, y por tanto mediante la violencia, tanto en forma de fuerza física, de amenazas, extorsión o chantaje.

Tambien podemos incluir las conductas sexuales llevadas a cabo sin el consentimiento de la mujer (violación), ya sea por parte de su pareja, un amigo o un desconocido; y de acoso y agresión sexual, en el ámbito académico o laboral, por parte de un superior o un subordinado, y que implica el no-consentimiento de la mujer para satisfacer las demandas del agresor, lo que lleva a éste a extorsionarla, chantajearla o amenazarla. Existe también agresión sexual cuando se hace uso de la burla o el desprecio durante la relación sexual, produciendo desvalorización y sufrimiento en la mujer que lo recibe.

- El acoso sexual en el ámbito laboral o académico:

El acoso sexual es la propuesta de realización de una conducta sexual no deseada por la víctima, u otra conducta basada en la discriminación por género y que afecta a la dignidad y el bienestar de las mujeres (aunque también pueden darse casos de hombres víctimas de acoso sexual), ya sea en el trabajo o en el ámbito académico.

El acoso sexual puede incluir diferentes tipos de conductas: físicas, verbales y no verbales que no son en ningún momento deseadas por la víctima. La víctima se siente coaccionada por el agresor a llevar a cabo una práctica sexual no deseada ante la amenaza de despido o suspenso, situación que dificulta que la mujer denuncie a sus superiores o docentes. También puede ser coaccionada mediante promesas de ascenso laboral o mejora del expediente académico.

Entre las conductas consideradas como acoso sexual en el ámbito laboral o académico, podemos señalar:

- Conductas físicas: tocamientos, manoseos, pellizcos, pasar rozando contra otra persona, agresión o coerción para obtener favores sexuales, persecuciones...

- Conducta verbal: avances sexuales, proposiciones, presiones para realizar una conducta sexual, continuadas demandas para salir, sugerencias para realizar actividades fuera del trabajo, flirteos ofensivos, comentarios sugerentes, indirectas...

- Conducta no verbal: mostrar abiertamente dibujos, pinturas, objetos o material escrito de carácter sexual evidente, miradas lujuriosas, silbar, hacer gestos sugerentes...

Según los estudios realizados, parece que existen ciertos grupos de mujeres especialmente vulnerables al acoso sexual en el trabajo: mujeres separadas y divorciadas, mujeres muy jóvenes, las recién incorporadas al mercado laboral, mujeres con trabajos no tradicionales y en los que están rodeadas de compañeros, mujeres pertenecientes a minorías étnicas o raciales, etc.

- Violeación en el ámbito de la pareja o por desconocidos:

La violación es una agresión sexual extrema en la que se coarta la libertad sexual de la persona y se la obliga, bajo amenaza, fuerza física o coacción, a tener conductas sexuales contra su voluntad.

La mayor parte de los casos de violación se da de hombres hacia mujeres, y los agresores pueden ser la propia pareja, un amigo o familiar, o por el contrario una persona totalmente desconocida para la víctima.

Los actos de violación sexual son fruto de la interpretación que el agresor hace de determinadas señales o comportamientos de la mujer. Una vez consumada la violación, pueden sentirse culpables ante lo sucedido al considerar que con su comportamiento pudieron insinuar al hombre que estaban receptivas a una relación sexual. Por eso, es necesario el apoyo psicológico y el acompañamiento, por parte de profesionales, en los momentos posteriores al suceso y a la posterior denuncia, dándole a entender a la víctima que ella siempre ha estado en su derecho de dar un «no» por respuesta.

Existen casos en los que la violación se produce dentro de la propia relación de pareja. Situaciones en las que la mujer no accede voluntariamente a las propuestas de su pareja de mantener relaciones sexuales, y éste acaba por forzar la situación y violándola. En décadas pasadas, se consideraba que la mujer estaba supeditada sexualmente al hombre y que su función era complacerle y estar dispuesta siempre que éste quisiera, por lo que este tipo de comportamientos y «obligaciones» formaban parte del rol de esposa. Pero las actitudes han cambiado y las relaciones de pareja, generalmente, se rigen por el respeto hacia la otra persona, y el plano sexual, no es una excepción, debiendo respetarse siempre la voluntad y el deseo de la otra persona.

Los educadores deben transmitir que el respeto a la libertad sexual implica muchos aspectos, y que cualquier trasgresión a estos derechos se considera violación sexual: tocamientos, propuestas de conductas sexuales insistentes, roces, hasta conductas más explícitas de penetración vaginal, anal o bucal, ya sea con el pene o con objetos y siempre que se produzcan sin el consentimiento de la persona y realizadas bajo presión, amenaza o coacción.

Entre las características de las víctimas podemos destacar las siguientes:

- Cierta tendencia al aislamiento y a la soledad, donde sus relaciones sociales son escasas o reducidas a un ámbito muy concreto.

- Suelen ser impulsivas y tener dificultades para controlar su agresividad, que aflora ante situaciones que les provocan estrés o frustración.

- Tienen escasa capacidad empática que les impide ponerse en el lugar del otro, por lo que les resulta difícil saber cuál es el límite al que pueden llegar.

- Dificultades en las habilidades sociales, tanto en comunicación, en resolución de problemas, en expresión y comprensión de sentimientos y afectos.

- Baja autoestima, excesivamente autocríticas consigo mismas.

- Han sufrido fuertes carencias afectivas, lo que les dificultad expresar ese afecto con su propia pareja e hijos.

- Presencia de trastornos psicopatológicos, trastornos de personalidad, trastornos depresivos.

- Toxicomanías: alcoholismo y drogodependencias.

Y entre las características generales (aunque no excluyentes) del maltratador podemos indicar:

- Hombres de cualquier edad y condición social y nivel educativo bajo.

- En muchos casos han sido víctimas de malos tratos durante su infancia y han vivido en un hogar altamente desestructurado, incluso pasando por instituciones de acogida.

- Han aprendido que las conductas agresivas pueden ser una forma de resolver problemas.

- Falta de habilidades sociales graves (comunicación, resolución de problemas, empatía, expresión de sentimientos), ejercen su rol en la pareja desde la dominación física y psicológica, y basado en una relación de poder y control. Control que ejercen en el ámbito de sus relaciones con la familia de origen, con amigos, vecinos; en el trabajo; en la administración del dinero; incluso en la propia manera de vestir y comportarse.

- Los agresores en el ámbito doméstico, fuera del mismo, aparentemente son personas con un comportamiento socialmente correcto, por lo que nos sorprende que maltraten a su pareja e incluso acaben con su vida.

- Suelen ser personas con un temperamento difícil, con falta de control e impulsividad.

- Tienen baja tolerancia al estrés y a la frustración, lo que les hace responder agresivamente ante cualquier circunstancia que les altere, aunque sean hechos insignificantes.

- Suelen tener problemas con toxicomanías.

- Trastornos psicopatológicos: de personalidad, depresivos, anímicos, etc.

Por otro lado, existen factores ambientales que son considerados de riesgo:

- Desempleo, frustración o estrés laboral, bajos recursos económicos, dominio económico del hombre, aunque no sea éste quien aporte los ingresos al hogar, siendo una manifestación más de su poder en la relación.

- Falta de vivienda o inadecuación de ésta, hacinamiento.

- Falta de apoyos familiares, sociales, institucionales, de los servicios sociales, sanitarios, judiciales, policiales....

- Rechazo social y marginación.

- Emigración e inmigración, nomadismo, cambios de domicilio, que perjudican el logro de la estabilidad familiar.

- Falta de información, de prevención e intervención sobre los malos tratos suelen influir mucho en la denuncia o no de la violencia familiar. Muchas veces no se denuncia por desconocimiento de los recursos de los que se disponen, sobre todo en las clases sociales más bajas y que carecen de recursos económicos que les proporcionen autonomía, no tienen información ni saben los apoyos con los que pueden contar, una vez que dan ese paso, este podría ser uno de los motivos por los que soportan los malos tratos durante años, a pesar de las consecuencias terribles que tienen.

Las consecuencias de los malos tratos, a mujeres por lo general son muy graves, sobre todo porque las agresiones suelen ser cada vez más frecuentes, más violentas y continuadas en el tiempo, incluso durante años.

Cuantos más recursos posean las mujeres, más posibilidades tienen de denunciar las situaciones de maltrato y violencia por parte de sus parejas o familiares ante las autoridades competentes; si tienen recursos económicos propios y son independientes pueden abandonar el hogar en cuanto interpongan una denuncia, hecho que no suele suceder con las mujeres que dependen económicamente de sus compañeros. Cuantas más habilidades sociales poseen, cuanto más amplia sea la red de apoyos sociales: familia extensa, amigos, comunidad, más probabilidades tienen de contar con ese apoyo, tanto a nivel emocional como para hacer las gestiones necesarias y tomar la decisión oportuna, en caso de dar el paso de denunciar y abandonar al agresor.

La situación varía mucho de unas mujeres a otras y depende de factores como: estabilidad personal, tanto emocional como económica, los apoyos sociales y profesionales con los que cuenta, el tiempo que dura la relación con el agresor y la duración de la situación de maltrato y agresión, así como la frecuencia de las agresiones.

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