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sábado 31 de octubre del 2020
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El sueño del ciudadano engendra monstruos

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El sueño del ciudadano engendra monstruos Hablar de regeneración política en nuestro sistema de partidos es como vender jamones en un país musulmán; en otras palabras, un fenómeno que se da con escasa periodicidad. Llevan años predicando las mismas bienaventuranzas y durante este tiempo todos aquellos que aun teniendo ojos no saben ver las han asimilado en forma de voto. Pero el agua del vaso ya ha rebasado el  límite. El ciudadano ha dicho basta y ha empezado a buscar otros senderos menos cómodos, repletos de misterios, de dudas e incluso peligros. Veo, en este sentido, cuatro razones para esta búsqueda de nuevos griales: la corrupción política, la traición ideológica del bipartidismo, la ausencia de una educación cívica y política y, por último, la irrupción de los oportunistas.     Poco más puedo añadir sobre la corrupción de los grandes partidos, un asunto que ocupa las plazas de los pueblos. las cabeceras de todos los diarios y las conversaciones cotidianas. Es quizás la causa más grave. Un ciudadano con un mínimo de honestidad no puede confiar en unos partidos que han dilapidado su dinero mientras la crisis nos acecha a todos. Los partidos políticos de ahora son lo más parecido a ciénagas putrefactas donde es imposible que entre una bocanada de aire puro o que surja nueva vida. Sus discursos se han vestido de descrédito y provocan hasta risa. Y es que cuando la confianza se diluye debido a tantas fechorías, es difícil recuperarla por mucho empeño que se ponga.      La corrupción proviene del desprecio a los ideales que deben regir cada partido. Cuando la única ideología pasa a ser el dinero y el lucro, las siglas se ponen al servicio de dichos fines, sin importar que la honestidad, el compromiso y otros valores se pierdan por el camino. De la vocación se crea un tránsito a la corrupción. El PSOE y el PP, o si se quiere, parte de sus militantes, han caído en el sueño indecente del capital. Ya no pretenden, salvo excepciones, servir a los ciudadanos, sino más bien que los ciudadanos les sirvan a ellos para lucrarse a costa de su inocente confianza.      Si es así, ¿por qué no elimina el PSOE la "o" de obrero, el PP la "p" de popular, IU la "u" de unida o UPyD la "p" de progreso y la "d" de democracia, etc.? El pueblo siempre ha sido su centro de interés y ahora más que nunca necesitan de su participación para asegurar su cercanía a las arcas públicas.         Véase, sin ir más lejos, el caso de Andalucía y la novelística de los ERES. Véase el caso de Valencia y la perversión de Gurtel. Véase Cataluña y la honorabilidad del tío Pujol y de su clan mafioso. Véase lo que tenga que ser visto. Todos ellos han caído en la corrupción por traicionar sus ideales o tal vez porque siendo corruptos por naturaleza descubrienon en los partidos políticos una atalaya desde la cual saquearnos.     Creo que el porvenir del PSOE y del PP, por ejemplo, se encuentra en las manos de los ingenuos, de los que temen un nuevo orden de las cosas. Bien sabido es que ambos partidos desplegarán sendos arsenales de estrategias para atrapar a votantes indecisos y asegurarse que nuestra democracia continúe en aguas estancadas. No les interesa que retoñe nueva vida. No les interesa tampoco esa sacrosanta regeneración política de la que vienen hablándonos. Lo más seguro es que maquillen su rostro y se presenten al ciudadano como entidades regeneradas. Su interior, sin embargo, seguirá tan podrido como la manzana que es asediada por los gusanos.      Corrupción, desfalcos y pérdida de ideales se podrían evitar si el pueblo español contara con una educación cívica y política desde que tuviera uso de raciocinio. Somos, efectivamente, analfabetos políticos en comparación con otros países. Apenas hemos cumplido cuarenta años de democracia y durante este tiempo nadie se ha preocupado de enseñarnos cómo hay que comportarse en ciudadanía. Creo que se ha votado más por instinto que por reflexión. Los programas de los partidos políticos que han llegado desde el 82 han sido tan huecos y confusos como este bipartidismo que padecemos.      Hágase la prueba. Consúltese un panfleto del PSOE o de la AP de 1982 y compárese con un porgrama electoral de los comicios más recientes. ¡Son exactamente iguales! Han cambiado las caras, pero no los discursos, que continúan vacíos de significado para el votante sin criterio político. Les interesa, así pues, un pueblo idiota al que esconder todos sus entresijos y manipular con ilusiones doradas cuando la ocasión lo requiera.      No es de extrañar, por tanto, que en medio de este clima el ciudadano haya decidido abandonar por instinto propio el yugo del bipartidismo para encontrar cobijo en las nuevas opciones que están surgiendo. Hay, sin embargo, un riesgo que quizás estos desencantados desconocen y que, de hecho, proviene de esa falta de formación política: No es oro todo lo que reluce. Ahora que PSOE y PP agonizan y se aferran al salvavidas de los ingenuos, otros votantes, en cambio, están cayendo en el hechizo de ciertos oportunistas que se presentan como Mesías redentores de la patria y cuyo programa es tan florido y hueco como el de los sátrapas de siempre.     Estos nuevos partidos están atrayendo con cantos de sirena a los náufragos desconcertados. Aprovechándose de su ignorancia, nos ofrecen proyectos a la postre irrealizables. No se puede combatir la realidad con quimeras ni paraísos proletarios, como pretende, por ejemplo, el sr. Iglesias. Se necesita un programa verdaderamente alternativo al bipartidismo y que, a su vez, suponga un consenso entre toda la sociedad. Pero de momento, sólo el partido Ciudadanos parece esbozar semejante programa a la vanguardia de todas las formaciones políticas.     Una vez más, la moraleja final es que no sirven las divisiones ni el "yo soy bueno" ni el "tú eres malo". Hay que guardarse de esos vocingleros y desconfiar también de quienes nos vienen engañando durante casi cuarenta años. El desencanto, como el sueño de la razón, engendra monstruos difíciles de vencer. Pero no todos son monstruos. No todos... Sencillamente se trata de buscar con algo de criterio.       

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Abraham Ferreira Khalil

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