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martes 07 de abril del 2020
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Sentimiento oculto

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Todo comenzó un día 21 de agosto del año 2014 antes de finalizar ese mes, que apareció en mi vida y sin darme cuenta se fue metiendo en mi corazón, nunca pretendí tener algo con ella, porque aunque había química y me encantaba su forma de ser, la veía como una amiga, almorzábamos juntos, vale indicar que esto se debió a que llegó a la misma empresa donde yo había renunciado, el tiempo pasaba y ella se iba metiendo en mi vida poco a poco, y lentamente, sin que yo me diera cuenta, cuando llegó el día que tenía que renunciar, la empezaba a ver con otros ojos, me empezaba a gustar, tenía en su mirada pícara una tristeza escondida, que quería descubrir, aunque ella era como el payaso, que siempre tenía una sonrisa en su rostro, por dentro se notaba que algún tipo de tristeza la invadía, y así como era fácil quererla, posiblemente era fácil lastimarla, por lo que eso me acercó más a ella, quería descubrirla y ayudarla, pero había en mi un sentimiento escondido que de a poco iba creciendo y no me iba a dar cuenta hasta el momento que dejé de verla en el mismo lugar de siempre.

 

Ya habíamos salido en algún momento como compañeros cuando aún laboraba junto a ella, por lo que se hacía un poco más sencillo salir como amigos después.

 

Sin embargo algo pasaba dentro de mí, me empezaba a preocupar, porque la historia de mi vida, que en algún momento les contaré nunca hubo un amor que realmente me llegó tanto como me había llegado la niña de mi trabajo y así comienza mi relato…

 

Antes de conocer a la Srta. G.E. yo era una persona sin complicaciones, ya había pasado por una relación en la que había procreado una hermosa hija, y entendía que mis ojos solamente estaban destinados a ella, igual que mi vida y mi corazón, aunque no tuviera hace mucho tiempo una relación con la madre de la bebe.

 

Estaba muy estresado por mi trabajo, porque había llegado una nueva jefa a la empresa que me tenía un cariño especial, y no quiero entrar en detalles porque esa es otra historia, pero sin embargo; eso influyó a que decidiera retirarme voluntariamente de la empresa donde trabajé algo más de 8 años, fui al ministerio a poner el desahucio, recuerdo que fue un 4 de agosto, y debía llegar el 8 a más tardar para yo laborar con los 15 días hasta el 23 de ese mismo mes, sin embargo, el tiempo pasó y no llegaba, para esto ya se habían ido dos compañeras de la misma manera, que habían puesto el desahucio días después, y yo me preocupaba, me desesperaba porque ya quería irme, y pasó lo impensado, lo inesperado, lo que nunca a la edad que tengo me había ocurrido, llegó el reemplazo de una de las compañeras después del 20 de agosto, una niña de contextura delgada, con un brillo en sus ojos, y una forma de ser extraordinaria; me cayó muy bien desde ese momento, y sin querer me hice amigo de ella, la chica tenía como nombre Gabriela E. era muy menor a mí, al principio la veía como una chica pilas que quería aprender y se la veía que venía cargada de entusiasmo, ilusiones y aspiraciones a la empresa, desde aquel día empezamos a comer juntos casi siempre que podíamos, nos llevábamos muy bien, conversábamos casi de todo, incluso me decía quién la pretendía y yo la aconsejaba que conozca bien a sus pretendientes, si en algún momento decidía salir con alguno de ellos, los días pasaban y yo aún seguía en la empresa, hasta el 27 de agosto que llegó mi desahucio, y yo estaba feliz de la vida porque hasta el 10 de septiembre me tocaría laborar en la empresa, hasta ese momento no sabía lo que me iba a pasar.

 

Transcurrieron los días y yo estaba ocupado terminando el respectivo trabajo que tenía pendiente, que hasta el último día nunca terminé de realizarlo, pese a mi buena voluntad, la niña Gabriela E. aprendía en su puesto hasta el día que se fue la compañera que le enseñó lo que más pudo, casi nada, y que tiene como nombre ficticio Karolina Gordo; de ahí me quedé laborando con ella en el tiempo que pude y me retiraba a mi domicilio a las 5 de la tarde, trataba de irme con ella aunque sea hasta la calle donde nos separábamos y cada cual para su casa, hice una bonita amistad con ella, pero luego empecé a verla de otra manera, no sé cómo, ni cuándo, ni porqué me pasó, fue algo que no tuve valor de decirle al principio, porque obviamente ni yo sabía lo que era, es así que me dije a mi mismo, es una tontería, no te imagines cosas, y lo dejé ahí pero luego habían momentos que me encantaba contemplarla, ver su mirada, leer su alma, sentir su latir con solo observarla, era algo que nunca vi en una mujer, y en ella lo descubría, empezaba a soñar con ella dormido y despierto, empezaba a imaginarme que ya no sería lo mismo después de mi salida de la empresa, sin ver sus ojos, que me hacían soñar, pensé millón veces, porqué me quedé tanto tiempo en la empresa, porqué el destino sé empeñó que me quede más de un mes esperando mi notificación que no llegaba, me hacía tantas preguntas bobas, y no encontraba una solución, hasta que abrí mis ojos, y entendí que la respuesta siempre estuvo ahí a mi lado, pero no la quería ver así, era ella la niña que me encantaba contemplar, la que me envolvía con una sonrisa sin que ella lo supiera, esa niña era la respuesta a todas mis preguntas, tenía que conocerla y por eso el tiempo no pasó en vano.

 

La invité a comer a un lugar dentro de un centro comercial, para saber cómo era su forma de pensar fuera de la empresa, no niego que fue un momento muy acogedor a su lado, donde ambos chismeamos un poco de todo, pero se terminaban mis días y el tiempo se hacía eterno porque yo no me decidía a nada.

 

Fue así que llegó el último día que laboré en la compañía y la acompañé a su universidad para despedirme de ella, indicándole que esperaba seguir teniendo contacto con ella, era lo que podía hacer, ya que aunque mis palpitaciones se hacían más aceleradas no podía arriesgarme a nada así por así.

 

Mantuve con ella contacto vía whatsapp y aunque la tenía agregada en el Facebook, no me arriesgaba a escribirle, así esté conectada, porque no quería perderla si la hacía sentir acosada, y así la invité a salir otro día y otro día más, y uno de esos días le dije lo que sentía en el malecón, y ella simplemente me miraba y se sonreía, era tan hermoso verla, porque mis ojos ya la veían con amor, sin embargo, no podía arriesgarme mucho, porque no quería perderla, era esto lo que menos quería, y lo que menos me permitía actuar ante ella, traté ese día de besarla un par de veces sin éxito y  con una vergüenza que me llegaba al piso, porque ya no sabía ni que argumentar para disculparme con ella, fue así que empecé de a poco a conocerla, con sus golpes, con su frialdad, con sus locuras, y sus groserías; sin embargo, yo la quería y no para un momento, la quería para que sea algo más que una novia.

 

Y salimos una y otra vez a comer y a comer, yo bromeaba con ella y le decía que la invitaba porque la quería poner gordita para diciembre, si hubieran visto su rostro cada vez que yo la veía, era hermoso, me sentía volar, no podía ocultar mi felicidad por solo pasar con ella un momento y ese momento nadie me lo quitaba, de eso estaba seguro.

 

Para esto un día fui a verla al lugar donde trabajaba, por ahí me vio un ex compañero que saludó de lejos, me quería morir más por ella que por mí, porque se iba a prestar a chismes, y yo no la quería ver envuelta en esto, pero hasta hoy no tengo noticias de eso y por ese lado estoy tranquilo.

 

Ese día fuimos a la casa del terror que habían puesto en una parte del malecón, ella no quería entrar, porque escuchaba gritar a las chicas y le daba un poco de temor, le dije bueno si quieres vamos a otro lado, y al final se arriesgó y mostró su valentía, y se dio cuenta que no era nada del otro mundo, fuimos de ahí a pasear en una embarcación donde dimos vuelta por una hora hasta regresar, el viaje fue corto menos de lo acostumbrado, porque más larga fue la espera, pero conversamos y me encantó porque retomamos la conversación del beso que quise robarle aquel día en el malecón sin éxito, reímos porque empezó a aconsejarme de cómo sé lo debe hacer, yo la escuché y me dije no me creo capaz de hacerlo, porque simplemente mis valores, mi hábito, mi costumbre no me lo permiten, algo que pensé porque al momento no cumplí.

 

Cuando fui a dejarla a su casa en el taxi, estábamos tan cerca conversando y me arroje a sus labios finos y tímidos para besarla, sentía que el mundo se me hacía pequeño y que sólo estábamos ella y yo, y la agarré fuerte, tan fuerte que no se pudo escapar esta vez, mientras probaba sus labios, y sentía que ella probaba los míos.

 

Luego de esto sentí que se enfureció y sólo yo pude verlo ese día, su mirada se hizo gigante y con un tono algo sarcástico, me dijo: “Bien, Bien, aprendiste, te falta un poco más, pero lo hiciste, me alegro que mis consejos te hayan servido de algo”, y yo sólo sonreí, pasó unos minutos y volví a besarla mientras luchaba con sus manos por evitarlo, con sus labios me decía otra cosa; la liberé y empezó a golpearme enfurecida, que porqué lo hice nuevamente, si ya había pasado, mientras me seguía golpeando, me daba cuenta que el taxista por el retrovisor se comía toda la película de cómo después del beso, comenzaba a golpearme, yo solo reía y le pedía que se calme.

 

De ahí se hizo costumbre y cada vez que la veía terminábamos al final besándonos de la misma forma que empezamos, la tomaba y la besaba, me encantaba verla como ella decía, no tenía otra opción, pero me emocionaba porque sentía que me correspondía.

 

De ahí llegó el jueves 16 de octubre donde la vi por última vez, y después de haber comido en un lugar de un centro comercial, sentía que ella no quería que se terminara la noche, nos besamos una vez más, la dejé en su casa, y le entregué una carta que había escrito, donde como ella dice, no decía nada nuevo, sólo que le confirmaba una vez más cuanto la quería.

 

Al siguiente día fui a ver mi liquidación en la empresa, aparentemente ella pensó que le había mentido, porque le dije el día anterior, que iba a ir a una hora específica, y ella preguntó si había ido, y la mal informaron diciendo que no, pero no me creyó.

 

Sin embargo, ese día salí del banco para enviarle un ramo de flores, aunque a mí mismo me decía: ¿y si no le gusta?... y me respondía: bueno lo bota y ya; era lo que pensaba, pero al parecer le encantó y me dio gusto saberlo, aunque por teléfono se había portado un poco grosera, hasta cortarme la llamada, sin embargo, me sentí entusiasmado con saber que le había gustado.

 

La llamé el sábado para vernos y el domingo para decirle que quería verla el lunes me dijo que no, porque ella tenía un solo horario a la semana para mí, si la veía el lunes, le iba a pedir que la vea el viernes, y ella no me quería dar más que un día a la semana, traté de entenderla, pero yo la quería tanto y la extrañaba demasiado que me hacía falta verla, contemplar su mirada, disfrutar su sonrisa, me hizo sentir que me moría.

 

Traté de aguantarme el lunes y martes sin llamarla, sin escribirle, porque la había llamado el fin de semana, y cada vez que la llamaba necesitaba decirle que la quería ver, y no quería escuchar un NO; si me moría por ella.

 

Sin embargo fue el peor error que cometí porque ella cambió, ya no fue la misma, me trató con indiferencia, tal vez se había acostumbrado a mí en las llamadas, que el no hacerlo, significó mucho para ella, la llamé el miércoles, no me sentía animado, estaba deprimido porque ella tampoco me había dicho nada, es como que nunca existí para ella, para esto siempre que la llamaba, me dejaba en espera un buen tiempo, y yo la esperaba, porque quería saber de ella.

 

Sin embargo ese día me señaló de que era un mentiroso, porque entiendo que le habían dicho que la compañera Karolina Gordo que le dejó el puesto, vivía cerca de donde yo vivo, y además le habían agregado que me venía a visitar, por más que yo le intenté decir que no era cierto, no me creyó, ni me dio tiempo a decirle nada, porque para eso me dejó en espera una vez más, realmente ella vivía por atrás del paradero de la metrovía, no tan cerca de mi casa, pero se puede decir que estábamos a unas doce cuadras, y jamás, ni siquiera de lejos le mostré donde vivía, a diferencia de ella que si lo hice algún día que salimos a comer pizza.

 

Ese día después que regresó de la larga espera telefónica, le dije algo y me dijo en un tono algo sarcástico “PÚDRETE” tal vez otros momentos atrás me lo había dicho, pero ese día estaba demasiado sentimental, susceptible, que me lastimó y le dije: ok gracias, chau y colgué; luego le envíe un vídeo por el whatsapp donde le explicaba porque había cerrado la llamada y en la que me disculpaba por mi actitud.

 

El jueves 23 de octubre nuevamente la llamé, tratamos de conversar pero no sé, sentía que algo estaba pasando, ya nuestras conversaciones no eran las mismas, tal vez se estaba aburriendo de mí, pero hubo un momento en que le confesé que me daban ganas de gritar con tanta expresividad: “te adoro, mierda” y ella se molestó aparentemente, hasta tal punto que se hizo luego la loca y me cerró la llamada, me quedé sorprendido, le volví a marcar, y ella sólo se limitó a actuar como que conversaba con otra persona, entendí que me había cerrado por alguna otra persona, cosa que después no fue así.

 

Le envíe un mensaje de voz en la noche y ella no se conectó hasta tarde, mientras yo me moría de las ganas de saber de ella, no pude dormir bien, me desperté pensando en ella, le volví a escribir y no me respondió hasta después de un rato que no estuve en casa porque había salido a hacer algo para ella, que después de una conversación por teléfono tuve que cancelar, ya que había quedado en salir con ella, sin embargo, no estaba entusiasmada, me dijo que era un grosero, y que yo había cometido un error, que hasta el momento que cierro esta edición, no lo descubrí y quién sabe si sólo fue una excusa de ella, para de algún modo matar con todo este amor que me invadía por ella, al final me demostró que lo que me había enamorado de ella al principio era su seguridad y su madurez, pero al poner una excusa sin razón me hizo pensar que me equivoqué, que no era tan madura como yo pensaba, y sólo me quedé con ganas de amarla eternamente, como yo le había dicho el día martes a una gran amiga, de mi historia sobre ella, y ella sentía curiosidad por conocerla, porque le contaba cómo era y mi amiga se sentía identificada con ella, por la similitud que tienen en su forma de ser.

 

Sólo sé que nunca descubrí el sentimiento que estaba oculto en ella y que me hubiese encantado saber de qué se trataba, quise ser su todo y sólo me quedé con su recuerdo, que nunca olvidaré, porque fue la primera y única mujer a la que amé y me entregué con sinceridad, nunca di un paso acelerado para que ella no se canse de mí, fui su compañero, su amigo y en algún momento algo más pero no más de lo que pude haber querido.

Y sus frases como tontito, estúpido, idiota, te odio, soy fría como el viento y peligrosa como el mar, y tantas otras que siempre recordaré de mi gran y único amor, de la cual, quién sabe si algún día se acordará de mi o quién sabe si algún día se dio cuenta que en realidad la quise.

 

Espero que esta historia de algún modo vaya a servirle a alguien porque cuando se ama de verdad, nunca se renuncia al amor, hasta que la otra persona diga que no siente lo mismo, ella tal vez nunca me lo expresó con palabras, pero sentí que me quiso un poco cuando compartió conmigo esos momentos que salimos, sin embargo, la última llamada, cuando le rogué para vernos, me hizo entender, que yo ya no le hacía falta y por eso dejé que siga su camino. 

 

En mi vida nunca amé tanto a una mujer como la amé a ella en solo dos meses, que jamás olvidaré.

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