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sábado 24 de agosto del 2019
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Hegemonía, ideología y las 3 etapas del Movimiento al Socialismo

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En todos los momentos en que lo nacional-popular parece ser una amenaza al orden (1952, 2003), siempre se ha constituido en un nuevo horizonte de Estado, haciendo que los movimientos populares (o sociales, si se quiere) sean quienes se apropien de la política, entendida ésta –en palabras de Chantal Mouffe- como el conjunto de prácticas e instituciones a través de las cuales se crea un determinado orden, organizando la coexistencia humana en el contexto de la conflictividad derivada de lo político. La diferenciación entre “política” y “político”, así como de “antagonismo” y “hegemonía”, nos permiten analizar, en las siguientes líneas, el panorama actual en Bolivia.  La reflexión que deriva de esta diferenciación, nos conduce a que lo político en el país, siempre que tomemos a los actores políticos opuestos, es una lucha ideológica mientras que lo hegemónico caracteriza internamente por la lucha de intereses sectoriales.

Lo político nos muestra a los movimientos opuestos vigentes en una sociedad,  porque lo político  constituye las relaciones sociales y se condensa en el discurso y la política, es decir, en el conjunto de prácticas e instituciones que ordenan la coexistencia, excluyendo lo contrario al movimiento popular. Con esto queremos establecer que lo político son todas las luchas vigentes en Bolivia, que buscan materializarse en políticas públicas o en opinión pública. Lo político busca ser la política. Pero también queremos establecer que lo político funda al antagonismo y a la hegemonía (lo político como motor de la política).  Lo político y lo antagónico van de la mano porque una posición dentro del campo político, puede aglomerar más gente, demandas y visiones de Estado, para luego  insertarse en la política.

La hegemonía no implica únicamente que un grupo o ente  domine sobre otros (que como él, buscan crear Estado), sino que a través de un mecanismo de alianzas se afirma como un sistema político abierto y en crecimiento, que incorpora cada vez a más actores. Con esto señalamos que la hegemonía, cuando se afirma como algo abierto, excluye su carácter ideológico: los actores dentro de la hegemonía, no se sirven de la ideología para establecerse dentro de lo hegemónico, sino de los intereses sectoriales. Es así que dentro de la hegemonía, lo que existe es la permanente conflictividad a partir de los intereses sectoriales. Lo político, dentro de la (nueva) política está basada en el interés y la articulación de demandas que dan legitimidad a lo nacional-popular.  Siendo así la hegemonía, inclusiva a actores con intereses sectoriales (que pueden ser de cualquier tipo) y exclusiva en lo ideológico. Entendiendo a la ideología como la relación imaginaria de los sujetos con la sociedad, que hacen de esta relación imaginaria, un sistema.

En la práctica, podemos comprobar fácilmente que por un lado, la hegemonía es un campo abierto que incluye a cada vez más individuos o agrupaciones; pero por otro lado, la hegemonía es un campo cerrado cuando crea a su enemigo, porque necesita defender su proyecto de país frente al proyecto de país que tengan sus eventuales enemigos. Esta  es una práctica recurrente en la política y en las instituciones en la sociedad: no hace falta recordar que Jaime Paz Zamora pensó en nunca aliarse con Hugo Banzer Suarez porque no cruzaría “ríos de sangre”, así cerraba su sistema (MIR) y condenaba a su enemigo (ADN), lo que ya era una lucha ideológica. Pero la práctica nos dicta también que hoy en día, la relación enemigo-amigo no se da por polos totalmente opuestos. La lucha ideológica se da de otra forma, es decir, existe lucha ideológica siempre que el Movimiento Al Socialismo se vea amenazado por el discurso eventual de los partidos en oposición, la lucha ideológica se da en función a la acción de la oposición y esto no puede significar otra cosa que el Movimiento Al Socialismo tomando el centro del campo político y la política en Bolivia, determinando hasta la visión de país de los partidos opositores en las elecciones.

Por tanto, cuando un partido que surge gracias a un momento –digamos- revolucionario, toma el centro de la arena política,  va definiendo  gracias a la hegemonía, lo políticamente correcto y el sentido común en política, y esto define los discursos de los partidos en oposición. En este escenario, una oposición feroz es imposible porque no existe ningún partido (y tampoco un individuo) que pueda vivir en los márgenes del momento político.

Las 3 etapas del Movimiento Al Socialismo

De todas maneras, el Movimiento Al Socialismo se legitima a sí mismo cada vez que condena a sus enemigos (que cada vez son menos, tanto en territorio como en población). Pero es en los hechos, donde la teoría puede (o no) ser refutada, o puede más bien establecerse como el fundamento para una discusión. En lo que al Movimiento Al Socialismo respecta, existen 3 etapas que fundan su accionar político, cada vez desde una posición distinta dentro del campo político: el ascenso al poder, la hegemonía y la conservación del poder.

La primera etapa implicaba el ascenso del poder y la puesta en escena del partido. Era como si el MAS buscaba cuestionar todas las instituciones heredadas desde el retorno a la democracia y gobiernos neoliberales, desde la izquierda en el campo político. Esto significaba que desde esa posición, las bases sociales del partido, junto a intelectuales renombrados interpelaban a los resabios de la democracia pactada del MNR, ADN y MIR desde la Asamblea Constituyente. Pero también, que el diseño de la política misma caía en manos de las bases sociales indígena-campesinas afines a Evo Morales, y en esto, se veía la posibilidad constante de crecimiento del sistema político boliviano. La exclusión, o antagonismo como concepto culmina luego de la expulsión del embajador norteamericano Goldberg. El escenario parecía prometedor, pero era tenso porque la resistencia se encontraba en sectores que, en la práctica, eran opositores desde una visión conservadora (porque aun se creía en la institucionalidad previa al MAS) aunque esta es una lucha puramente urbana. El bastión electoral se concentró en las poblaciones rurales, sobre todo de Occidente.

La segunda fase implicaba la cooptación de más actores políticos afines al partido o proceso de cambio. Esta vez, el partido toma el centro del campo político. Aquí surge la hegemonía como concepto, y surge el fenómeno de la negociación y la exclusión. El campo cerrado de la hegemonía significa que en tanto uno pertenece y está dentro de ésta, la negociación de los intereses de su sector con el Estado es mucho más fluida, mientras que el no pertenecer convierte automáticamente al actor político en antagónico. Se funda el actor “pueblo”, parte mayoritaria de la sociedad afín al partido en gobierno, versus lo antagónico. Pero esta etapa también destaca a Evo Morales como hábil político, y el discurso de la oposición cambia rápidamente del mal asesoramiento del presidente al supuesto carácter autoritario y maquiavélico del mismo. La habilidad de Morales se refleja en lograr que sectores tan opuestos al gobierno, se vean empapados de su discurso: el actuar de los empresarios privados de Santa Cruz o la unión con un sector minoritario disidente de ADN, demuestran claramente esto.

Por último, nos enfrentamos a la tercera y quizás la última fase de mandato de Evo Morales y el Movimiento Al Socialismo, que es la estabilidad y conservación del poder. La estabilidad aquí radica en dos factores: el factor territorial y el factor pragmático. El primer factor nos sugiere la presencia mayoritaria del partido en gobierno en las elecciones de 2014 (8 de 9 departamentos), y el segundo factor a que la lucha ideológica dentro del partido es mínima en relación a otros años: el campo interno-hegemónico es un campo de lucha de intereses entre sectores políticos afines al gobierno, mientras que lo ideológico se da allá donde lo político y la oposición se manifiestan. 

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