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viernes 28 de febrero del 2020
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LUCHA y no te RINDAS

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LUCHA y no te RINDAS

Este escrito no es para enseñar nada a quien lo lea de marketing ni de buzoneo, es más bien una reflexión, lo pongo en esta sección porque hablo del trabajo y del esfuerzo y porque formo parte de una empresa.

Te aviso al empezar por si no deseas seguir leyendo, no te voy a instruir, ni a enseñar o decir algo que seguramente no sepas ya o experimentes en tu día a día, por lo que imagino que tendrá muy pocas lecturas.

Hay muchas formas desfogarse o de expresar tus ideas y escribir es una de las mías, considero que es tan válida como cualquier otra. A mí me sirve para sacar lo que llevo dentro y no me corroa, ni me genere amargura.

Los trabajadores autónomos somos aquellas personas que realizamos una actividad laboral lucrativa, constante, personal y muy dura. Nuestro trabajo lo llevamos a cabo en una forma independiente, y aunque cobremos por él, no tenemos un sueldo fijo. No sabemos si al final de mes cubriremos todas nuestras necesidades, la mayoría impuestas por los de arriba que no nos facilitan las cosas precisamente. Al fin y al cabo, aunque digan que apoyan a las empresas y que los autónomos somos una parte importante de la economía del país, lo cierto es que ellos viven bien y no lo sufren. Hablan mucho de solidaridad pero no lo dicen desde el corazón, son mentiras.

Enfundados en sus bonitos trajes, en sus lujosos coches, sus buenas casas o chalets, sus magníficos sueldos mensuales, con sus pagas extras, sus vacaciones y sus ayudas para codearse con otros como ellos en opulentas comidas… qué fácil es subirse a un pódium y platicar de algo que no sufren en sus carnes. Toda esta gente que gobierna y dirige de alguna forma nuestras vidas, imponiendo sus pautas, con sus sonrisas de hiena, haciendo ver que trabajan y se preocupan por el pueblo ¡Cuánto estrés pobrecitos!… siempre existirá la desigualdad, la pirámide. Los burócratas, los terratenientes, los chupópteros, los que oprimen, etc. Nada ha cambiado en la sociedad en este sentido desde el principio de los tiempos.

La palabra plebe está anticuada verbalmente hablando, pero en la práctica continua existiendo y aún dentro de la plebe hay diferencias. Están los que se arrastran, los que se ahogan sin recursos de ningún tipo. Siento empatía por todas esas personas que luchan con tesón para llevar el pan a su casa y están dispuestos a realizar cualquier trabajo digno, aunque sea por unos míseros ingresos (recoger papel y venderlo al peso o cualquier otra actividad).

Está la otra cara de la moneda, para algunos es más fácil intentar dar pena y mendigar antes que arremangarse.

No me gustan los parásitos, los que se quejan pero no están dispuestos a intentar cosas nuevas, a los que se les ofrece una alternativa, aunque sea pequeña, pero no se mueven porque son cómodos y prefieren ir a la Cruz Roja u otro organismo a que les regalen la comida, que seguramente se podría entregar a otro que aún esté más necesitado y que sí lo intenta y se esfuerza. Sino es por un sueldo fijo no hacen nada, solo saben quejarse.

La juventud y los que no son tan jóvenes apalancados en casa de sus padres o abuelos mientras sean mantenidos… no tienen dignidad y abusan de las personas que los quieren y que también tienen pocos recursos y los comparten con ellos.

Entiendo que hayan familias que tengan que agruparse bajo un mismo techo y sigan luchando con la esperanza de poder ser autosuficientes algún día, pero hay muchas personas que se aprovechan de ello, son egoístas y egocéntricos. Se acomodan a esa situación y ya vendrán tiempos mejores… Los chavales que ni siquiera se sacan la ESO y siendo aún unos niños muy sabihondos y maduros –creen ellos- lo único que saben hacer, aparte de ser personas conflictivas, es extender la mano para que les de dinero y salir a disfrutar los fines de semana con sus amigos. Sin miras de futuro, sin principios ni valores, totalmente irresponsables. No se les pasa por la cabeza que algún día llegarán a viejos y se verán tirados en la calle o en alguna triste, oscura y penos residencia. Viven el día a día, beben, fuman, mantienen relaciones sexuales, toman otro tipo de drogas, discotecas, bares, videojuegos… ese es su mundo, parece que el cerebro no les da para ver más allá y lo más triste es que esa carencia de conciencia y educación es consentida por sus padres.

No estoy generalizando, porque por suerte no todos son así. Están los que se esfuerzan por aprender un oficio y algún día, aunque no puedan ir a la Universidad, porque no es un requisito para poder ser una persona culta, responsable, cualificada y hábil, ganarse la vida con su trabajo, siendo como muchos lo somos, autónomos, si es que se lo pueden costear.

Lo cierto es que en los tiempos que corren resulta muy difícil y esforzado conseguir suficientes ingresos para mantenernos a flote, para que nuestra empresa siga adelante y no quiebre y que también nos de para vivir y mantener a nuestra familia.

El Gobierno no lo pone fácil, más bien es gravoso, por eso tenemos que esforzarnos aún más en vender, en conseguir clientes, personas que precisen de nuestros servicios; ya tengamos una imprenta –como es nuestro caso- o realicemos un trabajo de fontanería, electricista, albañil, limpieza… da igual al gremio que pertenezcamos, es duro y sacrificado. Tampoco tenemos un horario fijo, dedicamos el tiempo que sea necesario para sacar el trabajo hacia adelante y tener contentos a nuestros clientes, porque sin ellos no hay negocio que subsista.

Es verdad que hay ayudas para empezar a construir una empresa –éste no es un texto informativo, ya lo he dicho, para eso está Internet ahí te lo explican todo- ¿Quién puede creer que en seis meses, la primera ayuda que te ofrecen, sea suficiente para levantar un negocio? Las ayudas se van reduciendo rápidamente, hasta que al final tienes que pagar una cantidad considerable al Estado por el hecho de ser autónomo, el IVA y para ayudarnos más se quedan con una gran parte de nuestros ingresos. ¡Qué forma tan interesante de ayudar!

Ellos no son transparentes, pero nosotros debemos ser totalmente translúcidos. Los trabajadores autónomos nos regimos por el Estatuto del Trabajador Autónomo, donde se recogen nuestros derechos y obligaciones ¡Qué bonito suena! ¡Nuestros derechos! Yo diría más bien que nos chupan la sangre como sanguijuelas, no nos estrujan más porque ya sería excesivamente escandaloso.

Es preciso ser legales y cumplir con los impuestos que ellos deciden justos, en realidad hay que resignarse, porque donde ellos expresan correcto, justo, necesario… yo veo ostentosos sueldos, que salen de todo lo que estas personas dicen que es justo y necesario, es decir, de nuestro trabajo y sacrificio. También están aquellos que tienen un trabajo fijo, con el sueldo mínimo y contratos basura, que ni les garantiza seguridad ni les da para pagar un alquiler.

Existen leyes, pero para mi la Ley no es sinónimo de justicia, ni se aplica a todo el mundo por igual.

Las personas que tenemos un negocio y con todo nuestro esfuerzo conseguimos mantenerlo podemos estar agradecidas ¿A quién? Pues para los que somos creyentes a Dios y sentirnos orgullos de nosotros mismos, por nuestra perseverancia, sacrificio, tenacidad, esperanza, ilusión, etc.

Los que no crean en Dios y no digo en la Iglesia, aparte de sentirse orgullosos de sí mismos, no veo a quién pueden darles las gracias, porque nadie nos está haciendo la vida más fácil, ni regalando nada.

Tanto unos como otros debemos agradecer tener para quién trabajar, los CLIENTES, las personas que requieren de nuestros servicios y tanto esfuerzo nos cuesta conseguir, encontrar y mantener.

En ocasiones podemos sentirnos abatidos, suena el despertador (el que padezca de ansiedad y no duerma bien no lo necesita, pero lo pone) y nos levantamos con desaliento, sin ánimo, pensando qué nos depara este nuevo día. No es fácil sentirnos optimistas todos los días, a pesar de ello nos levantamos y seguimos… avanza la mañana y de pronto nos surge un nuevo cliente u otro cliente satisfecho que requiere de nuevo de nuestros servicios, un nuevo trabajillo y eso nos da un chute de optimismo, nos alegra el día y renueva nuestras fuerzas.

“Nada golpea tan fuerte como la vida, pero hay que luchar levantarse y seguir avanzando”

Esta frase ya la escribí en algún otro artículo, no es mía, pero me la he apropiado y la he hecho mía porque me ayuda ¡Hazla tuya y sigue adelante.  

 

 

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