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miércoles 26 de febrero del 2020
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Reivindicando y explicando a Freud. Inicio psicología elemental.

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La siguiente, muy breve y, tal vez, simplista tesis que ahora recojo por escrito y que ideé cuando tenía 20 años de edad, quizá necesite para comprenderse adecuadamente por parte de algunas personas la lectura previa, aunque sea somera, del libro de Freud “El yo y el ello”.

Los presupuestos básicos freudianos sobre la psicología, es decir, sus ideas o bases sobre la estructuración y la fenomenología psíquica (establecimiento de niveles o categorías psíquicas y su función e interrelación), pueden tratar de ratificarse y validarlas estableciendo simultáneamente a su exposición un estudio sobre el origen de los sucesos o fenómenos psicopatológicos.

Yo, para entenderme a mí mismo, establezco personalmente los siguientes niveles:

Consciente: es aquello que pensamos, sentimos y percibimos conscientemente en cada momento presente.

Preconsciente:  nivel al que van a situarse (siempre bajo el papel selectivo del SuperYo, el Ideal del Yo), muchas de nuestras representaciones conscientes para dar paso a las ulteriores. Las ideas situadas a nivel preconsciente tienen la virtud o la bondad de poderse ser representadas  conscientemente de nuevo cada vez que lo necesitemos y así ser utilizadas como conocimiento de cara a nuevas experiencias, vivencias y/o situaciones.

Subconsciente es el nivel en el que quedan instauradas las percepciones que se llevan a cabo de forma subliminal, es decir, por debajo del umbral de percepción consciente de los sentidos debido a la escasa duración o intensidad de los estímulos o a la inadecuada y precaria receptividad del individuo en ese preciso momento.

Todas las ideas referentes a disgustos e insatisfacciones (impulsos reprimidos y deseos malogrados) son situadas por el SuperYo en el nivel inconsciente del mundo mental para que así se produzca una relajación parcial y/o eventual, que también en el caso de los artistas puede desarrollarse a través de la creación artística, e igualmente todos lo ejercemos automáticamente  a través de nuestro mundo onírico, en donde confluyen bajo la supervisión del SuperYo lo inconsciente y lo subconsciente,  en tanto que no se desarrolla una solución o compensación inmediata  a nivel consciente a dichos problemas, conflictos, que son los disgustos y las insatisfacciones, quedando en espera de que esto se pueda llevar a cabo ulteriormente.

Entonces:

 la psicosis es definida por Freud como un conflicto entre el Ello y el SuperYo.

Voy a tratar de llevar a cabo la explicación sobre esto.

Cuando las ideas reprimidas  en el nivel inconsciente del mundo mental permanecen ahí durante demasiado tiempo sin que se encuentre una solución conscientemente por parte del sujeto a estos problemas, surge como un efecto de rechazo y/o rebote de estas ideas ahí reprimidas y situadas para que regresen a la representación consciente y la persona se enfrente a ellas, y le dé una solución definitiva a este problema, a sus problemas,  que son sus crisis, agonías mentales. En su regresión a la representación consciente estas ideas se encuentran con la barrera del SuperYo, de tal forma que se puede establecer una lucha en la que éstas pueden llegar a superar parcial o totalmente la barrera de dicha categoría psíquica y además se deformen simultáneamente en dicha lucha y sean representadas conscientemente deformadas, dando origen al fenómeno psicopatológico de la psicosis (tal como definía Freud, un conflicto entre el Ello y el Ideal del Yo). También el Ideal del Yo puede elaborar un cortejo sintomático que puede ser puramente psíquico y/o también físico, mediante la deformación en un punto determinado del sistema neurológico de la función y la percepción normal neurológica que evita la representación consciente de todas esas ideas de displacer cada vez que esto último corre el riesgo de producirse, y las cuales son principales y fundamentales como causa inicial de dicha fenomenología.

Esto mismo último ocurre en el caso de la neurosis que como decía Freud es un conflicto entre el mundo consciente del individuo y la realidad; de tal manera que todas las formas de neurosis podrían tener su punto de partida en la más fácil y sencilla de ellas (a mi entender), la neurosis de angustia, correspondiéndose las demás denominaciones de neurosis con unas determinadas sintomatologías específicas y niveles de gravedad tanto para el sufrimiento de la persona como para la creación de una realidad subjetiva  cada vez lo mas apartada posible tanto de la objetividad (que de alguna manera también podría considerarse que no existe), y el comportamiento, en definitiva, patológico del individuo a nivel mental.

Como hemos visto, el SuperYo ejerce una censura y unos mandatos que son un arma de doble filo, y que incluso pueden llevarnos a pensar en la tremenda precariedad y deficiencia suma de nuestra Psique

De momento y ahora solamente nos hemos referido a lo que breve y estrictamente queríamos referirnos; a partir de aquí obviamente, se puede hacer un desarrollo larguísimo, minucioso, ambicioso, y lo más completo posible de todas las denominaciones tanto de neurosis como de psicosis y que nos llevaría a un trabajo arduo, prolongado y de largo período de duración; un enérgico y acérrimo estudio sobre todo lo que queda por tratar respecto a las psicopatologías y que es mucho y amplísimo.

Seguramente desdijese y atacase mucho a la psiquiatría convencional y a los psiquiatras oficialistas, que como sabemos (por lo menos desde el pensar de muchos psicólogos), se centran exclusivamente en el órgano, en lo físico y en lo bioquímico, así como en lo sintomático, entrando en la medicina puramente alopática y olvidándose de lo que principalmente, única y exclusivamente importa a un psicoanalista, que es el sujeto, la persona, el individuo y su felicidad, obviando los corsés, los apellidos, las etiquetas, las denominaciones de las psicopatologías; y, además no sabiendo, pudiendo o queriendo diferenciar entre una y otra persona, pues todo obliga racional y humanamente a un tratamiento personalizado, individual e intransferible para cada  paciente, pues tanto cada mente como cada sistema neurológico y cada mundo psicosomático, aunque pueda parecer similar o semejante, siempre es distinto.

De momento he cumplido con mi objetivo  para conmigo mismo, y lo dejo ahí; y también  lo comparto entregándolo  al libre análisis de toda persona que haya tenido el gusto o el disgusto de haber leído lo ya expuesto.

Muchísimas gracias a todos los lectores, de todo corazón.

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Acerca del autor

José Ángel Graña Abad

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