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jueves 29 de octubre del 2020
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Denegación del Lenguaje producto del vacio

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La Hipermodernidad. Trae. La anulación del lenguaje. Totalmente denegado. Ósea el no comunicar. Para que no nos preocupe lo que nos dicen. Aceptando lo que se nos dice como imposición inmediata. Con la fuerza del movimiento de la rapidez de las cosas, no hablamos. Solo obedecemos, a un significante por otro mayor o menor. Necesitando como resultado para llegar al cuerpo, un síntoma resultado de una falta, un síntoma. La Hipermodernidad con todo su digital instalado nos obliga a bajar. Al llamado vacío del todo, por aceptar un cuerpo demandante de gratificación permanente, de algo que se perdió. Que perdimos desde antes de la lengua, como si el resabio constante de la modernidad exacerbada nos fuera a empujar a un retroceso, donde no reconocemos más que formas instaladas, en nosotros los que ya no hablamos. El no hacerlo es aceptar una inmediatez, con lentitud y peso para aceptar una individuación, culposa. Como si lo único normal fuese la norma, que nos repugna más que nunca, y que jamás podremos cambiar menos ahora, bajo la vigilancia del cuerpo tomado por un interés guiado por la masa, ya instruida en el espejo de un narciso que ha matado al padre. La figura masculina, es dramáticamente reemplazada por la máquina, porque desprecia el significado original que era lo único que nos quedaba. Para hacer entrar en el cuerpo la angustia. Único lugar de sacrificio no virtual, que invita a narciso a su cóctel con la muerte, que nos hace ser más obedientes. Si desconocemos el cuerpo la operación deseo de ser nos habla de lo que quisiéramos tener. Tener es miedo al lenguaje. Ya sin territorio. Destituido por la máquina que habla por el hecho de secuestrar algo, solo hoy más que nunca nos gusta, más en ningún momento del tiempo el significante. Y es allí donde se instalan con la mayor ferocidad, los lenguajes mágicos más primitivos, como los movimientos prometedores de lo que nos hablan de lo que debemos ser. Espirituales y sinceros, sin necesidad de verdad. Eso es la Hipermodernidad, y su hermana la violencia estimadamente secreta.

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