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jueves 03 de diciembre del 2020
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Depresión en pacientes diagnosticados con HIV / Sida

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Tras varias décadas de descubierto el Virus de Inmunodeficiencia Humana (HIV), este ha sido objetivo de trabajo de muchos investigadores. Por el hecho de tratarse de una enfermedad incurable y mortal ha sido transformada en objeto privilegiado de estudios, tanto para las llamadas ciencias médicas (infectología, farmacología, epidemiología) como también para las ciencias sociales (sociología, antropología, ciencias políticas) y comportamentales (psicología, psiquiatría), estas últimas aportan una importante contribución al estudio y tratamiento de los trastornos psíquicos que resultan de la enfermedad.

El VIH se trata de un microorganismo que afecta el sistema inmunológico del ser humano hasta destruirlo. El virus actúa atacando los linfocitos CD4 (una especie de glóbulos blancos), que detectan y destruyen estos agentes para que la persona no desarrolle enfermedades. Pueden pasar varios años para que la persona enferme, comience a presentar síntomas y aparezca el Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida (SIDA), es decir el SIDA ocurre como consecuencia de la infección por virus del HIV.

El virus del HIV se transmite principalmente por la sangre, fluidos sexuales y por la lactancia materna de la madre a su bebé. Muchos de los pacientes una vez contagiados pueden pasar por una fase aguda sintomática que se comporta de manera similar a una infección viral cualquiera, esto ocurre de días a pocas semanas después de la penetración del virus a la sangre del individuo, nombramos algunos de los síntomas que pudieran aparecer: fiebre, dolor de cabeza, ganglios inflamados, cansancio y dolor muscular. Sin embargo otro grupo de paciente pueden pasar inadvertidos durante este periodo y permanecer muchos años asintomáticos, es decir sin síntoma alguno. 

Según la Organización Mundial de la Salud,  se estima que en la actualidad viven con HIV, 33,5 millones de personas en todo el mundo, siendo el continente africano el más afectado. Gracias al esfuerzo de varias organizaciones de salud a nivel global, el número de pacientes que muere cada año a causa del SIDA ha disminuido considerablemente, no solo porque se ha tratado aumentar el nivel de conocimiento acerca de esta enfermedad sino también por la extensión de la disponibilidad de tratamiento, tanto biológico como psicológico, incluso en las zonas más afectadas.

Pese a estas conquistas la pandemia del SIDA sigue siendo un problema de gran magnitud que afecta al mundo y de forma más acusada a algunas regiones como, por ejemplo, África subsahariana, Europa oriental y América Latina. En Cuba esta enfermedad afecta un porciento muy bajo de la población, debido a la existencia de un sistema de salud totalmente gratuito, donde todos estos paciente poseen un libre acceso a la terapia biológica y psicológica correspondiente,  además que se han creado programas que rigurosamente lleva a cabo el país en aras de erradicar, o al menos disminuir la aparición de nuevos casos positivos al HIV. 

Las personas que viven con el virus del HIV pueden desarrollar a largo plazo el SIDA, esta enfermedad crónica por ende  complicaciones que muchas veces incapacitan a los pacientes, lo que exige de ellos una modificación de su estilo de vida. Con la llegada de los tratamientos antirretrovirales altamente activos (HAART en inglés: Highly Active Anti-Retroviral Therapy)

se ha demostrado su capacidad para suprimir la carga viral hasta niveles indetectables, incrementar los indicadores de funcionamiento inmunitario -tales como recuento de linfocitos CD4-, mejorar el estado clínico y disminuir la mortalidad. Estos resultados han hecho posible comenzar a hablar del VIH/Sida como una enfermedad crónica y compleja que implica un proceso multifactorial desde un modelo biopsicosocial.

En estos pacientes no solo su salud física se ve afectada sino también su salud mental,  sobre todo por la serie de factores estresantes  de índole social, que muchas veces se ven obligados a enfrentar. Una confianza en sí mismo y una elevada autoestima son dos de los factores protectores  más importante para la salud mental  que deberían fomentar estos pacientes para una adecuada adaptación al medio y consiguiente salud en general.

Muchos pacientes diagnosticados con HIV, se sienten en ocasiones despreciados o rechazados  por el resto de la población no seropositiva, ya que pueden ser tildados de promiscuos, practicantes de la prostitución, personas inmorales y hasta de enfermos mentales y todo esto por la sencilla razón de que la forma de transmisión de la enfermedad que portan es predominante  la vía sexual. Lo cual ha convertido a la infección por HIV en un elemento que acentúa cada vez más el estigma y rechazo a estas personas y a los que los rodean.

Desde el surgimiento del VIH/Sida varios estudios han apuntado la depresión como una de su principal comorbilidad. Su prevalencia en las personas infectadas o enfermas de VIH/Sida presenta diferencias significativas en comparación con la población general, frecuentemente influenciadas por las diferentes variables sociodemográficas.

La depresión es un problema de salud pública y un predictor importante de discapacidad funcional y mortalidad, esta enfermedad contribuye a una disminución en la calidad de vida, disminución funcional, discapacidad marcada y un incremento en la utilización de servicios así como incremento en la mortalidad por comorbilidad con otras condiciones médicas como por ejemplo la infección por HIV. Este cuadro está caracterizado por bajo estado de ánimo, dificultades para disfrutar, pensamientos pesimistas, sensación de falta de energía, con consecuencias sobre el rendimiento habitual del paciente. La depresión es causa importante de sufrimiento personal con pérdida de calidad de vida física, funcional, social y laboral.

Los pacientes con HIV a menudo se deprimen y en ellos están implicados factores biológicos, psicológicos y sociales.  Y en ocasiones se hace difícil efectuar el diagnostico de depresión en pacientes que viven con HIV. En primer lugar es poco frecuente que estos pacientes acudan a servicios de salud mental por notal alguna alteración en su estado de ánimo, atribuyendo todo su mal a su enfermedad física, y en segundo lugar los profesionales de la salud a veces  interpretan la depresión como una reacción resultante de la infección y no como una condición psíquica que necesite un diagnóstico precoz y un tratamiento adecuado.

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Acerca del autor

Dr. Frank Pacheco Alvarez Departameto de Psiquiatr

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