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miércoles 15 de agosto del 2018
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En familia

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Educar supone una oportunidad y una obligación para todos. Aunque es de conocimiento popular que la educación está principalmente destinada como labor privilegiada a los profesores, cabe precisar que muchos de  aquellos que han recibido un título profesional no realizan efectivamente su labor juramentada ante Dios y la Patria; y más aún de aquellos que habiendo obtenido una plaza docente de manera irregular por la propia corrupción de autoridades, tampoco cumplen con el propósito para la cual está dirigida esta loable labor.

Es menester realizar en cada centro educativo, una rigurosa observación y oportuna evaluación para corregir equivocadas prácticas docentes, porque en la equivocada praxis docente quienes son afectados directamente son los más vulnerables: los estudiantes, y a quienes nuestra Constitución y normas adjuntas pretende proteger.

Pero vamos más allá. Los primeros formadores son los padres de familia, y es en ellos en los que recae fuertemente el cumplimiento de sus funciones formadoras hacia sus descendientes. No es en vano la gracia y la capacidad dada para traer a nuestro mundo nuevos seres. Es una gran responsabilidad que recae en los progenitores el especial encargo de formar en valores y en civismo, a los nuevos integrantes de nuestra sociedad.

Por eso es que en muchas escuelas se evidencia actualmente las carencias con las que llegan los pequeños, Carentes de orden, de disciplina, de respeto, de obediencia, y por si fuera poco, carentes de afecto. Lo que conlleva a una autoestima enferma. Condiciones difíciles para los pequeños que empiezan una educación fuera de casa.

La labor de padres y profesores debe ser una fusión de esfuerzos y voluntades en favor de aquellos. No puede haber un divorcio entre ambos. La razón y fin último de unos y otros es sencillamente el desarrollo de capacidades que conlleven a una condición permanente de que los estudiantes sean competentes en l a vida.

No es por lo tanto, una labor tan simple como podría pensarse. Las diferentes condiciones con las que cada niño y niña se pressentan a la escuela, debe ser evaluadas para que luego de tomar las mejores decisiones en función de una educación real, precisa, y necesaria para que al fin, cada estudiante tenga las oportunidades permanentes que le permitan ser competente, con confianza propia en sus conocimientos y valores, y sobre todo premunido del afecto que tanta falta existe actualmente en ellos.

Observar, tomar decisiones oportunas, elaborar planes de acción confiables, manejar estrategias adecuadas, son parte de la labor que todo padre de familia y profesor debe asumir.

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