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domingo 25 de octubre del 2020
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Cicerón: el primer abogado de la historia.

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Cicerón: el primer abogado de la historia.

Marco Tulio Cicerón.

Poco podían suponer los habitantes de Arpino, aquella fría mañana del 3 de enero, que ese mismo día, una de sus vecinas iba a dar a luz a un niño, que sería una de las mentes más preclaras de su tiempo: Marco Tulio Cicerón. Hoy en día, la mayoría de los juristas coinciden, en que aquel día del año 106 a.C, nació el primer gran abogado de la historia.

Su familia era plebeya, pero no exenta de cultura. Su padre, un hombre con la salud muy quebrantada, se había ido a vivir a aquel pequeño pueblo, y allí se dedicó a la literatura. Años atrás, había ejercido como orador en Roma. Probablemente, la actividad del padre tuvo una gran influencia en el joven Marco y le marcó para dedicar una buena parte de su vida a la oratoria y la literatura.

Su madre, Helvia, murió cuando Cicerón era aún muy joven y en su mente quedó grabada la imagen de la típica matrona de la época. Fue enviado a la capital del Imperio, por su padre, para que estudiara derecho. En Roma contó con alguna de las figuras jurídicas de mayor relieve de la época, como Escévola o Craso Orator, que le dieron una sólida formación. Entre sus maestros cabe destacar a Diodoto y Filón de Larisa, que inculcaron en el joven el amor por la filosofía.

Antes de marchar al servicio militar hizo sus primeros poemas, posiblemente influenciado por el fervor hacia la poesía griega, que le había sido inculcado por un poeta heleno, de nombre Archias. En sus obras, Plutarco, el célebre historiador, se refiere a la actividad de Cicerón en aquellos años juveniles, y le describe “como un alumno sobresaliente y precoz”.

Estreno como abogado: Pro Quinctio.

A los 25 años de edad acabó sus estudios en Derecho, tras varios años de interrupción por la guerra mársica entre Roma y sus aliados. A esa edad, Cicerón se estrenó como abogado. Su primer caso fue un conflicto por una herencia. Cicerón tuvo que sustituir de forma súbita al abogado Marco Junio, que iba a defender a Publio Quincio en un litigio contra Sexto Nevio. A la muerte de Gayo Quincio, su hermano Publio recibió la herencia de unas tierras y trató de venderlas, pero un socio del fallecido, Sexto Nevio, se interpuso en sus pretensiones.

Cicerón se enfrentó en este juicio, al notable abogado Quinto Hortensio Hortalo, y se encontró en franca desventaja, al haberse encontrado el caso de forma repentina tras el abandono de Marco Junio. Cicerón acabó ganando la causa y durante el juicio dejó algunas de sus ya célebres frases: ''Es una ruina ser despojado de los bienes que merece, pero mucho más lo es cuando un pariente lo hace con injusticia''.

Enfrentamiento con Sila: Pro Roscio Amerino.

A los 27 años de edad tuvo una destacada actuación y pronunció uno de sus más notables discursos (Pro Roscio Amerino), consiguiendo la liberación del acusado, Sexto Roscio, y ganándose la enemistad del todopoderoso dictador, Lucio Cornelio Sila.

Un rico aristócrata romano, Sexto Rocio, fue asesinado una noche al volver a casa tras una fiesta. La noticia llegó a oídos de Lucio Cornelio Crisógono, que valiéndose de su gran amistad con el dictador Sila, consiguió quedarse por un bajo precio con los bienes del fallecido y culpar al hijo de éste, también llamado Sexto Rocio, de la muerte de su padre.

En este caso Cicerón afrontó un difícil caso de parricidio y se enfrentó a uno de los favoritos de Sila. Cicerón, durante el curso del juicio, trató de desmontar la acusación de parricidio, mediante la “probabile ex vita”, es decir mediante la conducta irreprochable del acusado trató de desmontar el asesinato. "Si el hijo tenía una conducta irreprochable ¿qué vicio pudo inducirlo a matar a su padre?".

Cicerón pudo demostrar que Crisógono se había apoderado de los bienes de Sexto Rocio sin haber mediado un juicio justo. Nos encontramos ante uno de los primeros litigios en los que el abogado defensor plantea el “Cui bono est (¿Quién sale beneficiado?)” y el “Cui prodest (¿Quién se aprovecha?)”. Este principio plantea que se considera culpable a quién obtiene provecho del asesinato. El acusado quedó libre, pero Crisógono fue acusado de corrupción. Cicerón obtuvo una victoria inesperada, pero se ganó la enemistad de Sila, y ante el temor a posibles represalias decidió huir a Grecia donde estuvo los dos siguientes años.

Viaje a Grecia.

Su estancia en tierras griegas fue especialmente fructífera pues allí conoció a grandes pensadores como Antíoco de Ascalón, Posidonio de Apamea o Apolonio Molón. Todos ellos dejaron una profunda huella en el joven Cicerón. Estando en Atenas conoció al que sería una de sus grandes amistades, el historiador romano Tito Pomponio Ático, que editaría años más tarde todas sus obras y con el que mantuvo una larga relación epistolar.

Volvió a Roma, se casó con Terencia, tuvo dos hijos (Tulia y Marco) y, siendo ya un conocido abogado, emprendió una fulgurante carrera política, donde se fue granjeando no pocos enemigos, que envidiaban la carrera del prestigioso abogado.

El caso Verres.

En el año 70 a.C. un nuevo caso catapultó a la fama a Marco Tulio Cicerón. Ese año había vuelto a Roma, precedido por una mala reputación el pretor de Sicilia, Cayo Verres, que había cometido en la isla toda clase de atrocidades, robos y saqueos que condujeron a los habitantes de la fértil isla a padecer una de las mayores hambrunas conocidas, peor incluso al hambre que asoló Sicilia durante las guerras púnicas.

Los sicilianos, indignados ante tantos atropellos, instaron a Cicerón a procesar a Verros, pero éste se aseguró la asistencia jurídica de un auténtico experto, Quinto Hortensio Hortalo, que ya había estado frente a Cicerón en el juicio contra Publio Quincio. Cayo Verros consiguió que en el tribunal, compuesto solamente por senadores, se incluyeran a muchas de sus notables amistades. Pero, para desgracia de Verros, el presidente del tribunal, Manio Acilio Glabrión gozaba de una merecida fama de hombre insobornable.

Ante un previsible fallo en su contra, su abogado trató, sin éxito, de retrasar el juicio. Su táctica era demorar el proceso todo lo posible, pues al año siguiente Glabrión sería sustituido por un amigo de Verres, Quinto Crético. Cicerón neutralizó las artimañas de Hortensio y en un demoledor discurso, que ha quedado para la posteridad, demostró tan fehacientemente los cargos contra Verres, que éste huyó a Marsella, por recomendación de su abogado, antes de conocerse el veredicto final.

Las Catilinarias.

En el año 63 a.C. con la ayuda de su hermano, venció a Catilina y se proclamó cónsul. Esto produjo una notable indignación en los sectores más aristocráticos, que veían en Cicerón un plebeyo indigno del cargo de cónsul. Catilina planeó un golpe de Estado, pero fue descubierto por Cicerón, quién en el Senado declama su primera Catilinaria, ya famosa en todo el mundo:

“¿Hasta cuándo, Catilina, abusarás de nuestra paciencia?”

Catilina se marchó al exilio, pero instigó el levantamiento de sus seguidores contra Roma. Cicerón dejó constancia de la brillantez de su retórica, pronunciando en el Senado tres discursos más, las Catilinarias, que suponen un ejemplo de oratoria, que aún en nuestros días, sigue siendo imitado por los políticos.

La decapitación de Cicerón.

Fue un fervoroso defensor de los valores de la República, defendiendo a Pompeyo, como el mejor representante de estos valores. Se mostró en contra del triunvirato formado por Pompeyo, César y Craso. Años más tarde fue acusado de asesinato por Clodio y hubo de marchar al exilio.

Volvió años más tarde a Roma, pero de nuevo, en la lucha entre Pompeyo y César, se posicionó a favor del primero. Esto le granjeó la antipatía de Julio César y su enemistad se hizo notoria, pues detestaba los modos del dictador. Tras el asesinato de César, promovió en el Senado el perdón de los acusados de su muerte.

Se vio inmerso en la lucha por el poder entre Marco Antonio y Augusto. Escribió las Filípicas atacando a Marco Antonio, pero no obtuvo el mismo éxito que con sus Catilinarias. En el año 43 a.C. es ordenado ejecutar por Marco Antonio y su cabeza decapitada fue expuesta en el Foro. Junto a él murieron otros familiares y sólo sobrevivió su hijo.

Hoy en día Cicerón está considerado no sólo como el primer gran abogado de la historia, sino como un notable político, un gran filósofo, un brillante escritor y uno de los mejores oradores de todos los tiempos.

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Acerca del autor

Pilar González Arteaga dirige el despacho Arteaga - Abogados Illescas

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