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sábado 17 de agosto del 2019
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Placer Artificial. La nueva era del sexo con robots.

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Placer Artificial. La nueva era del sexo con robots.

La enorme aceptación que tiene el uso de muñecas eróticas, unido al creciente desarrollo de la Inteligencia Artificial, ha hecho que muchas empresas empiecen a percibir el enorme potencial económico de los robots sexuales.

Algunas de ellas como Realbotix, Android Love Dolls, True Companion y The Sex Bot ya han empezado a admitir pedidos.

La revolución robótico-sexual ha comenzado.

La integración de androides en la vida social para satisfacer los deseos íntimos de las personas deriva en un sinfín de dudas éticas y morales que no hacen más que aumentar y para las que aún no hay respuesta.

Uno de los más importantes debates se centra en cómo va a afectar el uso normalizado de humanoides de compañía en los comportamientos sociales relativos al sexo. ¿Van a empeorar las relaciones íntimas entre las personas? ¿Aumentará la brecha de género y con ella la violencia machista? ¿Servirán como terapia sexual para aquellas personas que tengan problemas en ese área? ¿Qué ocurrirá con la prostitución? ¿Y con los comportamientos antisociales como las violaciones o la pedofilia?

Las respuestas son muy variadas y han suscitado ya varios estudios al respecto. Aquí te presento algunos de los más importantes.

Robot sex

En 2017, 18 expertos en humanidades redactaron el tratado Robot Sex. Social and Ethical Implications. En él se hace un recorrido por la historia de los instrumentos sexuales hasta la actualidad.

Los planteamientos éticos que aborda se dividen en 3 grupos:

  • beneficios y perjuicios para los seres humanos
  • beneficios y perjuicios para los robots
  • beneficios y perjuicios para la sociedad

Puesto que aún no existen como tales el tipo de robots de los que habla esta investigación, todo el estudio ético se hace en base a futuribles. ¿Serán los robots siempre esclavos al servicio de los individuos? ¿Habrá que otorgarles derechos como “personas no humanas”?

Sugiere que, una vez que los robots inteligentes desarrollen su propia personalidad e incluso conciencia, entrarán a debate temas tan importantes como el consentimiento, la fidelidad, la pornografía o los lazos emocionales. También discute sobre los planteamientos filosóficos de tener sexo con robots desde perspectivas psicológicas, religiosas, económicas y sociales.

Relaciones Humanas Artificiales

El término digisexual fue acuñado en 2017 por Neil McArthur, director del Centro de Ética Profesional y Aplicada de la universidad de Manitoba, en Canadá, y Markie L. C. Twist en su estudio The rise of digisexuality: therapeutic challenges and possibilities.

Ambos autores definen la digisexualidad como una nueva orientación en la que las personas se sienten sexual o románticamente atraídas por robots o elementos tecnológicos o virtuales, “personas cuya identidad sexual primaria proviene del uso de la tecnología” según sus propias palabras.

El estudio indica también la necesidad de que los psicoterapeutas comiencen a especializarse en este tipo de conductas, pues pronto será un fenómeno común.

La era de los sexrobots ya está aquí y es imparable.

Las personas van a generar profundos vínculos emocionales con ellos y, además, podrán personalizarlos para que cumplan todos sus deseos y hagan lo que sus parejas humanas no puedan o no quieran hacer.

Las conclusiones negativas del estudio apuntan a un posible daño en las relaciones, llegando a causar divorcios y sentimientos de vergüenza o culpa. También inciden en la posibilidad de que los usuarios de robots sexuales adquieran deudas y tenga una repercusión económica negativa.

McArthur y Twist creen, sin embargo, que el impacto general va a ser positivo, permitiendo que las personas experimenten más y mejores formas de placer sexual. De manera remarcable mejorarán la vida de personas que tengan dificultades para encontrar parejas humanas así como de aquellas que sufran de algún tipo de trauma sexual.

El amor en los tiempos de los robots

La revista Wired, dedicada a la tecnología y el futurismo, publicó en su ejemplar de noviembre de 2017 un extenso reportaje llamado Love in the times of robots.

En él se habla del ingeniero japonés Hiroshi Ishiguro, creador de varios androides y muy reconocido por su interés en perfeccionar al máximo el aspecto humano de sus criaturas. Célebre también por diseñar un androide, el Geminoid HI4, que tiene su mismo aspecto.

Su propio clon robótico.

Ishiguro no sólo busca depurar al máximo el aspecto físico de sus creaciones sino también la programación que permita una interacción lo más real posible entre la persona y la máquina.

En el artículo se compara a Ishiguro con Pigmalión, enamorado de la escultura que él mismo había concebido, incapaz de encontrar una mujer real tan perfecta como su creación.

Contra los robots sexuales

Kathleen Richardson, antropóloga y profesora de ética robótica e Inteligencia Artificial en la Universidad de Leicester , es a su vez la iniciadora de Campaign against sex robots. Esta organización pretende crear conciencia sobre los perjuicios que conlleva este tipo de relaciones. Tal es su preocupación que ha trasladado sus reflexiones, incluso, a la Cámara de los Lores británica y a Bruselas.

Según Richardson, una de las consecuencias directas más importante es que se afianza aún más la visión cosificada del cuerpo de las mujeres puesto que la amplia mayoría de los consumidores son hombres. Al normalizar el sexo con entes no humanos, también se promueve una mayor desinhibición a la hora de decidir consumir prostitución y deriva en un trato hacia las prostitutas mucho menos empático. Se tiende a tratarlas como si fueran robots produciéndose un aumento de la violencia sexual y las prácticas poco ortodoxas.

Otras consecuencias igualmente funestas serían un aumento de la soledad, las disfunciones sociales o el aislamiento. En sociedades como la asiática, el enorme desarrollo de la tecnología que se ha producido en las últimas décadas ha traído consigo todas estas secuelas junto con aumentos significativos y preocupantes de depresión, alienación, insatisfacción y disminución de las relaciones sexuales.

El punto más controvertido sobre el que Richardson pretende poner foco es el uso de robots por parte de violadores y pederastas. No solo no cree que los robots puedan sustituir a las personas para evitar que sean agredidas sexualmente sin su consentimiento, sino que sostiene que la práctica habitual con humanoides alentará a los agresores a extrapolar sus perversiones al mundo real.

El portavoz de la ONG inglesa NSPCC (Sociedad Nacional para la Prevención de la Crueldad contra los Niños) se pronunciaba de esta manera a favor de esa afirmación: “No hay pruebas que apoyen la idea de que el uso de las muñecas sexuales con forma de menores ayuden a evitar que los delincuentes sexuales cometan delitos contra niños reales”.

Reimaginando el futuro

Aunque aún no haya un consenso claro al respecto de las consecuencias que tendrá en las sociedades la implantación normalizada de robots de uso sexual, las perspectivas menos amables nos plantean un futuro en el que se verán agravadas las relaciones basadas en desequilibrios de poder y, por tanto, que pondrán en peligro la integridad física, sexual y emocional de las personas.

Este planteamiento por sí mismo debería ser suficiente para llevar a cabo cuanto antes estudios rigurosos que permitan hacer las regulaciones legales y morales necesarias para el bienestar de la personas y de las sociedades en general.

Estas nuevas relaciones no son ninguna quimera. En Dublín abrió en 2017 un burdel con muñecas robóticas sexuales. Uno de los dueños explicaba a los medios que la respuesta a este nuevo tipo de ocio sexual había sido “abrumadoramente positiva”. En España el inventor, ingeniero y experto en nanotecnología Sergi Santos creó a la robot sexual Samantha que, según él, salvó su matrimonio y ya hay varias empresas en todo el mundo desarrollando prototipos para sus próximas creaciones robótico-sexuales.

Si los seres humanos aún no han sido capaces de mantener relaciones igualitarias, equilibradas y sanas entre ellos, ¿qué nos deparará un mundo lleno de máquinas sexuales con las que no hay que empatizar ni interactuar ni generar vínculos afectivos? Más vale que lo vayamos averiguando porque los robots sexuales ya están aquí.

Y han venido a quedarse.

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