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miércoles 22 de mayo del 2019
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La tendencia negativa de las hipotecas en España

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La tendencia negativa de las hipotecas en EspañaLa tendencia negativa y decreciente que la economía española arrastra desde hace años se refleja, de una manera particularmente alarmante, en el Euríbor, el indicador más utilizado en España para medir las hipotecas solicitadas en el país. De hecho, en marzo de 2018 alcanzó su mínimo histórico, y la situación actual es de absoluto estancamiento. Ello nos lleva a predecir que el futuro de las hipotecas en España no se presenta precisamente halagüeño, aunque realmente no es imprescindible atender al Euríbor para saber eso. Sobre todo se aprecia en los hábitos de vida de las personas de treinta años o menos, que alquilan y comparten piso porque es la única opción que tienen. En otras palabras, solicitar una hipoteca se ha convertido en un lujo. Aquí y allá, la prensa tendenciosa, los medios de comunicación poco fiables y las personalidades acomodadas del país, inventan términos para maquillar la realidad económica española. Ahora, malvivir compartiendo piso porque la economía privada no da para más se denomina coliving, de igual modo que verse obligado a recurrir a la economía colaborativa para disponer de un local o un despacho para abrir un negocio es el coworking. La pobreza, pues ese es el nombre real y no eufemístico con el que deberíamos hablar de la realidad de los españoles y las españolas de clase obrera, campa a sus anchas y convierte los recursos vitales en lujos al alcance de unos pocos. No solo las hipotecas y, por extensión, las opciones de tener una casa en propiedad. Hoy en día, y lo sabemos, el mileurismo ya no es una situación poco deseable, sino algo a lo que aspirar. En esas circunstancias, ¿cómo podemos exigir a una persona con unos ingresos insuficientes que solicite una hipoteca? ¿De qué manera podemos animarle a alquilar su propio piso, y no una habitación? En realidad, el primer paso esencial es relativamente fácil de llevar a cabo: hablar de la realidad tal y como es, sin eufemismos ni medias verdades. El desempleo elevado, las viviendas encarecidas y los sueldos precarios no son situaciones ventajosas, sino realidades terribles que deben desaparecer.

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