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La verdad sobre la heroicidad de Kristoff en Frozen II

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La verdad sobre la heroicidad de Kristoff en Frozen II

Durante los seis años que siguieron a la coronación de Elsa, el pueblo de Arendelle gozaba de paz y tranquilidad. Sin embargo, a la reina comenzaba a acecharla una voz misteriosa que la invitaba a descubrir una verdad. Elsa, acompañada por Ana, Kristoff, Sven y Olaf, llega, guiada siempre por la misteriosa voz, al bosque embrujado que está en los alrededores del reino, y de allí parte a los mares oscuros. En su trayecto por el bosque, Elsa y Ana descubren de dónde provenían sus padres y de dónde los poderes de la reina, mientras que al cruzar el mar oscuro, Elsa descubrió  quién era ella en realidad, y la necesidad de liberar a Arendelle, junto a su hermana, de una antigua traición para que el reino no desapareciera completamente.

En Frozen, Kristoff rompe con el modelo del héroe clásico en el mundo de Disney, el príncipe azul, y actualiza la imagen del héroe moderno. En la película, disfrutamos la caracterización de un hombre común algo extraño: robusto y tosco en el trato, huérfano de padre y madre, criado por los trols, con un reno como su mejor amigo y recolector de hielo. Aun así, hacemos un pacto con la ficción porque observamos un héroe que resuelve los conflictos usando los valores que dominan el imaginario social: la humildad, la sinceridad, el bienestar y el amor incondicional.

En los mundos posibles que nos ha contado Disney, los personajes masculinos han impresionado-para bien o para mal- al público en general por su heroicidad. Esto se debe a que los ideales que soportan el retrato físico, moral, social y sicológico del personaje masculino, se han instalado en el imaginario colectivo a través de un pacto con la ficción.

Citando sólo algunos ejemplos, no deja de asombrar lo mucho que aún cautiva ver al príncipe venciendo el mal para traer a la vida la joven que lo ha enamorado con su voz y con su físico, como en La Bella Durmiente y Blanca Nieves, o recuperar a la doncella que lo ha cautivado, como ocurre en Cenicienta o en Rapunzel. Tampoco deja de impresionar el príncipe cuya proeza es trascender las apariencias y llegar a la esencia del ser, para recuperar el sentido del amor propio, hacia los demás y hacia la amada, como pasa en la Bella y la Bestia. A esto habría que añadir al héroe encarnado en el joven común, con débiles valores éticos-morales, quien, gracias al amor, reconduce su vida y renueva la imagen clásica del príncipe azul al obrar correctamente entregando a la princesa y casándose con ella, como ocurre en la versión moderna de Rapunzel, Enredados.  

En estas historias, la proeza que enfrenta el personaje masculino pone en escena la valentía en lugar de la mesura y del valor. En protagonistas como Bestia y Flynn Rider esto implica que su heroicidad esté atravesada por el lucimiento, la arrogancia y el deseo del aplauso.  Actitudes que se suavizan por el amor y el agradecimiento de la princesa, mas no desaparecen, sino que coexisten en la trasformación del personaje mitigados por el amor verdadero.

Otro tanto habría que decir del príncipe azul en La Bella Durmiente, Blanca Nieves o Cenicienta, donde la breve aparición del personaje masculino da a pensar en su heroicidad como valentía en cuanto a su decisión y arrojo para afrontar el peligro o peripecia que supone rescatar a la princesa.

En Frozen, las adversidades que atraviesa Kristoff son productos de lo que les toca vivir a Elsa y a Ana. En la primera parte de la película, la aventura y la proeza llegan por su servicio pago, claro está, a Ana, quien necesita que alguien la lleve a las montañas del Sur para hablar con su hermana Elsa. El viaje fue el escenario ideal para que fuese naciendo la atracción de Kristoff hacia la princesa, y la traición de Hans la condición necesaria para que Ana se diera cuenta de lo que implica el amor verdadero, al igual que el reconocimiento del mismo a través del regreso de Kristoff, aunque no será su amor lo que la salve.

En la segunda parte, en cambio,  su amor incondicional lo lleva a asumir con decisión y arrojo la travesía de las princesas de Arendelle. Kristoff asume el viaje de Elsa por su amor a Ana. Durante toda la película se observa un personaje enamorado, preocupado por perder a su amada. Como en los clásicos de Disney que hemos mencionado anteriormente, el amor es un aspecto decisivo en la configuración de la heroicidad del personaje masculino. Es el rescate del amor lo que motiva a actuar al personaje masculino como héroe.

Pero, en Frozen, el amor trasciende la frontera de lo masculino, tiene distintos matices, y articula la trama de la película. Aquí, es el amor fraternal lo que salva a Elsa y a Ana, no el príncipe azul. El amor de pareja necesita ser incondicional, y con tal intención ama Kristoff en la segunda parte de la película. La idea del amor en ambas partes del film tiene que ver con algo que se trabaja y se gana. Nada que ver con el amor a primera vista.

En este contexto, la heroicidad de Kristoff muestra valentía en cuanto a su decisión y arrojo al seguir a Ana y cuidar de ella, pero sin buscar protagonismo. En él resalta más bien su espíritu noble, su carácter y su inteligencia, convirtiéndose en un personaje valeroso, capaz de reconocer cuándo es obligatorio y necesario enfrentar los lances. Así, el nuevo rostro del héroe moderno de Disney usa el valor para afrontar las dificultades, sin más ayuda que su carácter, su nobleza e inteligencia.

Para la cuarentena conviene ver Frozen II, porque el valor es una propiedad del amor, y cuando ambos dominan nuestros ideales, se rompe el miedo y nos fortalece.

 

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Acerca del autor

Jessica Labrador

Comentarios
Jinette Gabriela 03 de May, 2020
+2

A la autora mis más sinceras felicitaciones por tan impecable hilo conductor epistémico sobre el personaje de Kristoff de Frozen II. Este artículo abrió mis sentidos y la reflexión sobre el amor en nuestro vivir-convivir y los valores que se necesitan aflorar en este tiempo de cuarentena tan difícil para todos.
Muchas gracias a Labrador por tan majestuoso artículo.

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