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miércoles 28 de octubre del 2020
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COVID - 19. 16.- Día 1. Los covidolocos.

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COVID - 19. 16.- Día 1. Los covidolocos.

Serie Cuentos de Cuarentena

Escribir es lo mejor que puedes hacer cuando estás en cuarentena. Dejar volar la imaginación para salir del aburrimiento cotidiano. Mezclar lo real con lo fantástico es un buen ejercicio para la mente: estimula el cerebro y las neuronas dejan de morirse por falta de uso. Éste es un resultado positivo – creo – de la cuarentena entre marzo y junio de 2020.

16.- Día 1. Los covidolocos.

 

José salió de lo que quedó de su casa después de los destrozos causados por la gente enloquecida por el Covid-19. Fueron semanas y semanas de destrucción cuando la gente entendió que la enfermedad afectaba cada vez a más personas y de distintas maneras. ¡Y decían que no era un virus modificado!

El SARS-CoV-2 barrió con la mayoría de los viejos (y no tan viejos) que tenían otras enfermedades crónicas, ocasionadas por décadas de mala alimentación y la falta de ejercicio diario. Muchos sobrevivientes quedaron tan afectados que después también fallecieron por los daños colaterales al corazón, pulmones, intestinos o al cerebro.

Lo peor es cómo afectó el cerebro del resto de la población, los mentados asintomáticos: empezaron con dolores de cabeza intensos, continuaron con alucinaciones y finalmente perdieron la cordura y se atacaron unos a otros, los carros y las casas; los edificios tampoco se salvaron. La civilización cayó.

José iba protegido con casco, triple cubrebocas, doble careta y con ropa sobrepuesta, aguantando el calor. También traía un bate para defenderse, si era necesario. Ya no había tienditas de la esquina, los Oxxos fueron saqueados y los supers quemados; ni siquiera las farmacias se salvaron. Para conseguir comida era necesario buscar en el Mercado Negro de las Cosas, un sitio de internet que afortunadamente todavía funcionaba. Había que pagar en efectivo y muy caro. Él había encontrado la manera de tener suficiente efectivo en un banco medio destruído que tenía un trozo de pared abierta que él había camuflajeado muy bien.

“Afortunadamente”, la mayoría de la población había perecido y no había mucha competencia (ni efectivo) para conseguir comida, agua y algunas medicinas. Caminó durante 3 horas para llegar al oscuro lugar que le habían indicado. Un hombre con pasamontañas le cubrió la cabeza con un pedazo de tela negra y lo llevó a la tienda, donde José compró lo que necesitaba. Al salir, el hombre le pateó el trasero y le gritó ¡Vuelve con más dinero!

¿Qué tipo de vida es ésta? Estar encerrado casi todo el tiempo, sobrevivir con poca comida y agua, y estar anhelando el pasado. José había perdido a toda su familia y a su novia, de milagro se salvó porque se había quedado dormido en el piso fresco, debajo de la cama, un día de mucho calor. Se despertó cuando escuchó los fuertes ruidos y los gritos de sus parientes y de los enloquecidos. Al principio, creyó que era una pesadilla pero se dió cuenta de la realidad cuando un covidoloco entró a su cuarto.

¿Qué más nos depara el destino?

 

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Cuentista Chido

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