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Intencionalidad colectiva en el trabajo de cuidado en la vejez

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Introducción

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Para poder acercarnos a la comprensión de la propuesta de la intencionalidad colectiva en el mundo de los cuidados en la vejez, se hace necesario colocar la definición de red, describiéndola como aquellas conexiones que tienen la capacidad de relacionarse unas personas con otras, lo destaca McNeill y MacNeill, (2014). Esta apuesta da cuenta en definitiva de que el ser humano no vive solo, ni tampoco se encuentra aislado a lo largo de su desarrollo, sino por el contrario se visibiliza la importancia de las relaciones e interacciones que se dan entre una persona y otra dentro del ciclo vital. En definitiva, no somos seres individuales, sino por el contrario estamos todo el tiempo interactuando con otras personas que conforman parte de nuestra sociedad a través de los distintos grupos en los cuales vamos formando a lo largo de la vida.

Este ensayo se enmarca en la propuesta conceptual de redes humanas de los autores McNeill y MacNeill, (2004) además de retomar elementos de Searle, (2014) en relación a la intencionalidad colectiva, individual y lenguaje. Esta precisión conceptual se hace necesario destacarla ya que se relaciona con el tema de cuidado en la vejez.  Actualmente al referirnos al tema de los cuidados y las implicaciones que conlleva el mismo, da cuenta de una complejidad ante la interacción con los otros, y sobre todo es un tema el cual empieza a instalarse en la agenda pública y en investigaciones académicas, ya que el cuidado es un factor central del bienestar humano destaca Faur, (2021), sin dejar de resaltar que no hay persona que a lo largo de su desarrollo haya sido receptor o facilitador de los mismos. Esta autora, resalta dentro de una perspectiva filosófica que realmente ningún sujeto puede ser del todo autónomo, ni tampoco del todo dependiente, sin duda alguna esta reflexión incluye a las prácticas inmersas en el proceso de cuidar a una persona mayor con algún tipo de dependencia, en donde se hacen presente el trabajo de cuidado remunerado (formal) y/o no remunerado (informal). Esto surge ante el envejecimiento de la población desde la propuesta de Paredes y Pérez, (2014) destacan que muestra un avance en materia de desarrollo humano, ya que ahora las personas viven más tiempo a los avances tecnológicos y la calidad de vida es mejor gracias a estos adelantos.

Y es aquí donde el tema del cuidado y el trabajo de cuidado dirigido a personas mayores no puede ser abordado desde una visión individualista y/o unidisciplinar, ya que se requiere de redes que abonen hacia una contención y atención a las acciones que se brindan y buscan satisfacer las necesidades de las personas mayores, hacer y contar con redes facilitará atender al otro en colaboración, con (in)formación y no desde la propia limitación personal e individual. No hay que dejar de lado que todas las interacciones entre cuidador y cuidado ambos comunican y estas acciones son orientaciones en las siguientes prácticas que dirigirán a los adultos mayores con los que interactúa.

Palabras clave: Redes humanas, grupos, Intencionalidad individual y colectiva, lenguaje, vejez, trabajo de cuidado.

 

Conceptos teórico-metodológicos de referencia

A continuación, se colocan los conceptos que darán sustento en este ensayo al trabajo de cuidado en la vejez en relación a la dimensión social en los grupos que van formando parte las personas mayores.

Retomando el recorrido histórico que realiza McNeil y McNeill (2010) en su propuesta sobre la cooperatividad y la competitividad sobre las redes se retoma el siguiente los siguientes elementos de su abordaje conceptual. Ambos autores colocan cuatro características necesarias para comprender esta realidad: 1) las redes son capaces de entrelazar la cooperación y la rivalidad, en donde resaltan que la comunicación entre individuos es lo que permite mantener la cooperación; 2) aquellos grupos que mantuvieron la cooperación, la comunicación fueron los que se establecieron dinámicas de competitividad y el aumento de posibilidades de sobrevivencia; 3) las redes cuando unían la cooperación y la competencia su tendencia daba hacia el crecimiento; y 4) la comunicación, la cooperación y la competencia abonó al proceso de formación de redes. En definitiva, el elemento que de forma transversal facilita la configuración de redes a lo largo de la historia es el papel de la cooperación.

Ahora vamos a colocar la relevancia del lenguaje en las interacciones, dentro de la propuesta que realizan los autores citados en el párrafo anterior en relación al lenguaje como avance relevante:        ; ;      ”El lenguaje da forma a un mundo inteligible de significados convencionales entre los seres humanos, la fricción entre la expectativa y experiencia no ha dejado de provocar esfuerzos para ajustar significados para cambiar al comportamiento, y obligar al mundo a ajustarse a los deseos, esperanzas y las intenciones de los seres humanos” (pp:11)

Estás propuestas suman y complementan de forma conceptual a lo que Searle (2014) realiza para explicar la realidad social, retomaremos su aporte de como la sociedad es creada a través de la intencionalidad colectiva (planeación y actuación) y aquí la cooperación juega un papel importante, ya que este autor coloca que para entender la sociedad se hace necesario conocer el comportamiento colectivo humano. Es aquí donde esta intencionalidad colectiva va de la mano con la intencionalidad individual (como creo o quiero), ya que esta última suma el entendimiento de la conciencia siendo todas esas acciones que se pueden causar de forma personal. Sin dejar de resaltar que la intencionalidad ya sea colectiva o individual es un hecho que solamente se hace presente en el pensamiento humano, y no hay que olvidar que dentro de la intencionalidad colectiva no se hace necesario de la intencionalidad de cada individuo enterarse cuál es la intencionalidad que tienen los otros, no saben que es lo que realmente están haciendo esos otros, lo importante es compartir esa misma meta colectiva.

Esta propuesta de Searle (2014) acerca a la construcción de comprender y buscar la explicación de la realidad social, no se puede dejar fuera el papel que tiene el lenguaje al cargar de sentido y símbolos a los hechos para describir y analizar el contexto en el que se dan las relaciones de los distintos grupos que conforman a nuestra sociedad.

Y se hace necesario colocar lo que entendemos como trabajo de cuidado lo define Borgeaud-Garcíandía, (2018): 

“Se focaliza a la vez en la centralidad del trabajo ( tanto a nivel individual subjetivo como social), en el cuidado como trabajo, y finalmente en la centralidad del trabajo de cuidado para la reproducción de las personas, familias, los grupos, sociales y las sociedades.” (p.19). Esta propuesta permite acercarnos a comprender el desarrollo humano y el cuidado en la última etapa de la vida, tanto a nivel social como las significaciones que se da a nivel individual.

Estos elementos teóricos son lo que se retomarán para relacionar el trabajo de cuidado dirigido a personas mayores y sobre todo el papel que juega la intencionalidad individual y colectiva al momento de configurar las representaciones de las prácticas del cuidado instaladas y aceptadas en nuestro contexto actual.

Ahora vamos a contextualizar porque focalizar en el fenómeno del envejecimiento en México, sobre todo al tiempo de colocar de forma general el tema del trabajo de cuidado hacia personas mayores.

     &am p;nb sp;     Contexto general de los cuidados y la vejez en México.

Retomando información sociodemográfica del Consejo Nacional de Población (2018), en nuestro país por cada cien habitantes existen siete personas mayores con más de 60 años. Tomando en cuenta la esperanza de vida cuya proyección se espera que se duplique para el 2050 siendo 17 adultos mayores por cada 100 habitantes. A partir de esta información se espera una creciente demanda en servicios de salud y seguridad social en donde los sistemas públicos podrían saturarse, y las opciones para brindar programas en el sector privado para satisfacer necesidades de salud y sobre todo resolver sus necesidades en el tema de cuidados se vuelve de poco alcance adquisitivo para la población general dentro del sector privado.

Los datos sobre el envejecimiento en nuestro país dan cuenta de los cambios que está experimentando la pirámide poblacional y por lo tanto el aumento de personas con más de 60 años es cada vez mayor. Ante esta situación social, el abordar la problemática del cuidado es uno de los objetivos para conocer las necesidades y las condiciones que se brinda dentro del mismo y las demandas que se implicarán a corto, mediano y largo plazo en un contexto en el que se hace presente la atención y demanda de cuidados en personas mayores dependientes. Además, en nuestro contexto actual, prevalece la familiarización y feminización del cuidado en donde se produce una sobre carga para el sexo femenino quienes son las principales proveedoras de cuidados, destaca Enríquez (2014).

Las relaciones humanas dentro del desarrollo humano juegan un papel importante en el que tienen para este caso el tema de los cuidados y su relación con la vejez.

Discusión   &a mp;n bsp;       & ;nbs p;  Retomando elementos de la ontología filosófica esta perspectiva sin duda alguna puede abonar al conocimiento de los significados inmersos en las prácticas del cuidado, sin dejar de visibilizar y describir el vínculo que se configura al tiempo de mantener las lógicas en las acciones de cuidado, mismas que se van instando en lo social y llegan a colocar un reproducción social es aquí donde la intencionalidad colectiva suma  desde la propuesta de Searle, (2014), ya que las acciones instaladas al tiempo de cuidar son las que  suman y reconfigurar aquellas que no satisfacen las necesidades de las personas mayores. Se busca ir más allá de significados individuales, pero desde luego la intencionalidad individual se hace presente, ya que el cómo quiero o creo que el otro requiere de mi apoyo, es en conjunto como ambas acciones del trabajo de cuidado se empiezan a instalar y empiezan a facilitar elementos que lleven a la comprensión de las prácticas sociales ya instaladas, y aquellas capaces de abonar al mundo de los cuidados. Retomando la propuesta de Coreth, (1976) en relación, en definitiva, el proceso hermenéutico en el que la autocomprensión humana se hace presente, cuyas descripciones pueden sumar y/o abonar a las prácticas instaladas que conllevan a crisis en los cuidados al tiempo de buscar satisfacer las necesidades de los otros. La conciencia desde la propuesta de Searle, (2014) es un elemento que caracteriza de forma concreta la subjetividad de las personas que atienden a las personas mayores sean familiares o no, sean de tipo formal o informal, ya que la subjetividad al tiempo de significar las acciones que brindan de cuidados se refleja de forma objetiva en la atención dimensional que brindan a los adultos mayores; ya sean cuidados de tipo físico, instrumental, económico, material y/o emocional.

El experimentarnos como seres sociales, en definitiva, el contexto y/o en los distintos grupos en los cuales se forma parte, el ambiente en cada uno de estos se busca que sea capaz de facilitar un trato digno y fundamental retomando la postulación de Kant citado en Beade (2016), ya que al facilitar estos elementos en la vida de los individuos hace posible su desarrollo como personas en su valor total, pleno y absoluto.  Así como la racionalidad es un elemento indispensable para Kant ante la capacidad de asumir y comportarse dentro de las reglas morales establecidas, de la mano asume al hombre como un ser con dignidad y que nadie puede invalidarla, así como Coreth busca el no cosificar ni objetivar el ser del hombre, la racionalidad en Kant citado en Beade (2016), responde al respeto como un fin para el desarrollo de sí mismo. La humanidad en cada persona deberá de ser respetada en cualquier tiempo, contexto, espacio aun cuando la dependencia se haga presente.

No podemos cosificar a las personas mayores en la última etapa de la vida, al ser una etapa en la que la carga de cuidados actualmente recae en el contexto familiar ya que las reproducciones sociales de las prácticas de cuidado se llevan a cabo ante las demandas instaladas en este contexto familiarista, si lo único constante es el cambio, este no deja de hacerse presente hasta el final de la vida. Es una tarea el empezar a colocar y conocer aquellas significaciones que se carguen de sentido y lógica al tiempo de sumar al bienestar emocional, físico, relacional y cognitivo sobre las propias construcciones cargadas de equilibrio y se apoyan de dinámicas inmersas dentro del trabajo de cuidado más allá del contexto familiarista del cuidado. Sin duda alguna lo que destacan McNeill y McNeill, (2010) para que las redes funcionen es indispensable que entre miembros se experimente la cooperación, y sin duda alguna se lleva a cabo dentro de las dinámicas familiares para atender a sus viejos, sin dejar de visibilizar que, ante las transiciones y las dinámicas de las familias, estás ya se encuentran rebasadas para atender a sus adultos lo resalta Enríquez, (2014).

Al momento de hablar del trabajo de cuidado y la carga emocional que se implica al tiempo de realizar acciones instrumentales que conlleva el cuidar, además de las propias tareas que aparecen en la interacción cuidador-cuidado hay estereotipos y expectativas que demandan las personas quienes son atendidos por el personal profesionalizante y no profesionalizante, estás, tienen que ver con el ser empático, amable, tolerante, compasivo elementos esperados la mayor parte de la ejecución en el trabajo de cuidado en donde  Molinier (2020) resalta que el trabajo nunca es neutral en relación con la salud mental. El acércanos a conocer la subjetividad y las formas de significar a las prácticas de cuidado sobre todo en esta dimensión emocional y todas las dimensiones que se implican en el cuidado al momento de estar en esta dinámica, el lenguaje es clave para la comprensión de los significados según McNeill y McNeill, (2010) hay significaciones que aparecen y realizan las personas mayores al vivir la experiencia de los cuidados, es aquí donde una serie de simbolismos y significaciones acercan a los deseos y al reconocimiento que dibujan a cada intención cuando se brindan distintas acciones al momento de que son atendidos por cuidadores familiares/informales y no familiares/formales.  

Optimizar las prácticas de cuidado que son requeridas para abonar a la calidad de vida y  a la vida cotidiana de personas dependientes, es un reto ya que se hace necesario como sociedad reconfigurar el cuidado concebido como una cuestión del deber ser, en donde la moral aún juega un papel importante, es aquí como seres sociales se da inicio a significaciones que conocemos a través del lenguaje y su símbolos dan cuenta en la atención dirigida a las personas mayores puede ir más allá de lo que pueda brindar la familia, al ser parte de la sociedad, se hace necesario instalar y tomar las nuevas formas de cuidado que se van colocando y estás pueden abonarle a las personas mayores con las que nos desenvolvemos, el dar cuenta de las opciones tomando en cuenta sus propias limitaciones como personas dependientes, sin duda alguna como seres sociales se pueden sumar en grupos diversos: centros de día, ser parte de alguna residencia para mayores, acudir actividad que sumen a su bienestar recreativo, deportivo, cognitivo y de salud, es realmente uno de los retos para que se colocan para dirigir las prácticas de cuidado hacia una vejez saludable, digna y exitosa.

Conclusión

En conclusión, podemos señalar que somos seres de cambio y seres sociales, es el cambio y las relaciones humanas los elementos que no debemos dejar de lado en nuestro desarrollo humano, ya que es una constante que nos acompaña hasta el fin de nuestra existencia y este desarrollo lo configuran elementos en el ámbito social, es aquí donde se coloca el cuestionamiento; ¿qué ocurre primero la intencionalidad colectiva o la intencionalidad individual en el contexto del trabajo de cuidado?, al relacionarnos con los otros somos capaces de ir colocando elementos a nuestra identidad que nos hacen ser seres sociales y sentirnos parte del contexto en el que cual cada persona mayor se encuentra inmerso. La propuesta de red McNeill y McNeill, (2010) sin duda alguna la capacidad de relacionarse con otras personas no podemos dejar esta opción fuera, ya que para que el trabajo de cuidado se realice buscando evitar algún tipo de crisis al momento de facilitar cuidados las interacciones, comunicación y significaciones resultarán elementos clave para la satisfacción de demandas hacia las personas mayores.  En donde el lenguaje y la comprensión de sus significados ante las necesidades de cuidado no la podemos dejar fuera, ya que aquí no podemos interpretar y suponer las demandas de quienes se cuida, sino por el contrario no hay nada mejor que ser capaces de identificar hacia donde la intencionalidad consciente va a direccionar las acciones de cuidado para satisfacer aquello que realmente se demanda, como seres racionales y emocionales tenemos la capacidad de hacerle frente a las crisis de cuidados que se instala dentro del ambiente familiarista, y retomar las alternativas que la sociedad empieza a colocar con el fin de ser un apoyo ante esta dimensión de los cuidados requeridos en la última etapa de la vida.

Es aquí donde la intencionalidad colectiva permite sumar de forma evidente en el campo del trabajo de cuidados, realmente  la cooperación es un elemento esencial para que las configuraciones sociales del cuidado se reproduzcan o re-configuren en nuestra sociedad actual, a través de las acciones colectivas de los trabajadores de cuidado son las que dan cuenta de aquellas acciones de cuidado que son vigente y sobre todo aquellas que ya no responden a las necesidades actuales desde lo social de las personas mayores.

 

Nota: [1] Este ensayo forma parte de una actividad dentro de la asignatura: “Ser social, grupos e instituciones” coordinada por el Dr. Efraín López Molina, misma que se encuentra dentro del programa educativo del doctorado: Ciencias del Desarrollo Humano inserto dentro de la Universidad del Valle de Atemajac, (Univa-Guadalajara).

[2] Acerca de la autora: es doctorante en ciencias del Desarrollo Humano dentro del programa educativo en la UNIVA, Guadalajara.

 

Referencias:

Beade, I. (2016). Acerca del concepto de dignidad humana en la filosofía kantiana: del hombre como fin en sí mismo al hombre como ciudadano del mundo. Revista de Estudios Kantianos 1, 27-42.

Borgeaud-Garciandía, N (2018). Introducción. En El trabajo de cuidado. Edita Fundación Medife.Colección Horizontes del Cuidado. (pp.13-30).

Caldarelli, G. & Catanzaro, M. (2014) Redes: una breve introducción. Madrid: Alianza editorial.        ; ;        & amp; nbsp;       &am p;nb sp; Enríquez, M. R. (2014). Feminización y colectivización del cuidado a la vejez en México. Cadernos de Pesquisa, 44(152), 378-399. doi: 10.1590/198053142873

McNeill, J. & McNeill, W. (2010) Redes humanas, Barcelona: Crítica.

Molinier P. (2019), “La perspectiva del care o la política de los otros”, Revista Políticas Sociales en Europa, n°44

Paredes, M. y Pérez, R. (2014). Personas mayores en Uruguay: configuraciones familiares, participación social y detección de dependencia. En: Las personas mayores ante el cuidado. Aportes Inmayores para la construcción de un Sistema Nacional de Cuidados. Sistema de Cuidados. Instituto Nacional del Adulto Mayor.

Searle, J. (2014). Capítulo 2. Intencionalidad; Capítulo 3. Intencionalidad colectiva y asignación de función; y Capítulo 4. El lenguaje como entidad biológica y social; en Creando el mundo social. México: Paidós.

 

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