Anunciese Aquí

Registro automático

Acceder con Twitter Acceder con Linkedin Acceder con Facebook

top articulo
twitter
facebook
Rss
martes 21 de enero del 2020
Lea, publique artículos gratis, y comparta su conocimiento
Usuario Clave ¿Olvidó su clave?
¿Iniciar sesión automáticamente en cada visita?
Inserte su correo electronico

Poesía necesaria como el pan de cada día

veces visto 8638 Veces vista   comentario 0 Comentarios

 

Jamás hubiera imaginado Gabriel Celaya, a quien ahora recuerdo con estimación y respeto, cuánto se iban a ensanchar los horizontes de la poesía desde que su pluma escribiera el verso que da título a nuestra reflexión. Tanto ha sido así, que en estos días de decadencia extrema han surgido, a pesar del ocaso socio-cultural, infinitas corrientes literarias donde cualquier individuo sediento de lectura puede apagar esa sed insufrible que suele acompañarle. Pero si somos realistas, pocas personas consumen poesía en la actualidad y quienes tienen el privilegio envidiable de acercarse a ella o están condicionados por la opinión del gusto lector o sienten en su propia carne una vocación incuestionable por la creación poética. ¡Ay, amigos míos! ¡Cuán maniqueo es el mundo teniendo siempre que escoger entre dos opciones para sobrevivir! ¡Cuán difícil es para la literatura encontrar a alguien con unos criterios perfectamente definidos sin que se deje influir por las masas! Ciertamente de entre todos los géneros literarios acaso la poesía es el que se encuentra más olvidado, más distante y más desprestigiado por la sociedad.

Ahora bien, el sufrimiento de la poesía actual tiene que desaparecer para que esos pocos que ya por iniciativa personal o ya por consejo ajeno han descubierto a la musa dejen de ser unos agraciados y compartan con todos su hermético saber. No en vano la poesía es una necesidad para el hombre, es un paisaje por cuyas veredas transitan la imaginación humana, la experiencia y los sueños; es una revelación casi apocalíptica de cuanto preocupa al ser humano. Más todavía, aun a riesgo de parecer exagerados, la poesía es, como escribió Gabriel Celaya, “el pan de cada día”, “el aire que exigimos trece veces por minuto”. La sociedad actual es incapaz de imaginar hasta qué límites puede la creación poética transformar la realidad, más incluso que cualquier reivindicación impregnada de política. Los poetas, así pues, son afortunados, puesto que una fuerza misteriosa y secreta les ha concedido un obsequio con el cual dibujar primaveras donde sólo hay inviernos, y, si se examina bien, sembrar la justicia en aquellos lugares donde no existe. En otras palabras, no encuentro más que elogios hacia la poesía que tan imprescindible se me antoja, aunque actualmente se haya convertido en un adorno silencioso, tal como si se tratara de un jarrón de porcelana china o una figurita exótica.

Ignoro si a algún lector le ronda la misma idea que a mí por la mente, pero yo, cuando oigo la palabra “poesía”, pienso en inconformismo respecto al orden que siguen los acontecimientos. En efecto, quien hace ejercicio de creación literaria o poética  está, por así decirlo, rebelándose contra el sistema, está exigiendo con sus versos lo que otros reclaman mediante consignas y golpes. En este sentido, no creo que exista vía más pacífica para la expresión de nuestros desacuerdos como no sea el canto de las musas. Otra cuestión, sin embargo, es si esos poetas están concienciados con su alrededor o, por el contrario, viven reclusos en aquella célebre torre de marfil, ajenos al pesar y al amargo licor de la rutina. Pero por mucho que pretendan aislarse, tarde o temprano la propia realidad golpeará a su puerta y entonces se verán obligados a deambular entre el común de los mortales. El poeta, al igual que el hombre de a pie, no es ningún dios, sino que nace y va forjando su obra a través de la experiencia.

Creo haber ofrecido ya motivos suficientes para defender a la musa y pedir que llene un espacio más amplio que el que ocupa a día de hoy. Pero siempre hay una sombra que a todos amenaza y de cuyo influjo apenas podemos escapar: la duda. Por lo tanto, que yo haya escrito aquí un cúmulo de ideas y argumentos más o menos discutibles no significa que la situación vaya a cambiar tajantemente. Como mucho, habré concienciado a algún lector inquieto de lo necesaria que es la poesía en su papel de instrumento potenciador para cuantas aptitudes tiene el ser humano. Estas palabras, sin embargo, son solamente opiniones y el viento acabará por llevárselas. Ahora vuelvo a recordar a Gabriel Celaya, el poeta comprometido por excelencia: “Cuando se miran de frente los vertiginosos ojos claros de la muerte, se dicen las verdades, las bárbaras, terribles y amorosas crueldades”. ¡Ay, poesía de ayer y hoy! ¿Hasta cuándo van seguir ignorándote, vieja, entrañable y estimada compañera? ¿Hasta que el mundo juzgue tu oficio necesario?   

Clasificación: 3.3 (23 votos)
Está prohibido copiar este artículo. Artículo.org no permite la sindicación de sus artículos.
Acerca del autor

Abraham Ferreira Khalil

¿Tiene comentarios o preguntas para el autor?

Lo sentimos, pero no podemos procesar su petición en este momento. Por favor pruebe mas tarde. Si el problema persiste, puede contactar con nosotros pinchando sobre el enlace aquí.