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viernes 30 de octubre del 2020
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¿Dónde vas, Felipe VI? ¿Dónde vas, triste de ti?

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¿Dónde vas, Felipe VI? ¿Dónde vas, triste de ti? En España están ocurriendo fenómenos paranormales dignos de Cuarto milenio.Primero fue el subidón del partido de Pablo Iglesias en las elecciones europeas y ahora el monarca que quiere abdicar en su hijo por hartazgo personal. Y es que al "pobre" Juan Carlos se le han venido encima todas las calamidades del mundo: los achaques de salud, la mano larga del yerno, la dulce Corinna, los elefantes africanos, los tropezones, la cadera, el cabreo monumental de los españoles, pero, sobre todo, la pérdida de confianza de su propio pueblo, que es lo peor que le puede suceder a cualquier gobernante.   Aunque ya nadie se lo crea, quizás por tanta teoría de la conspiración, el Rey cumplió un destino importante en nuestro país. Y ahora es cuando viene el reto de la Transición. Si Juan Carlos hubiera permanecido impasible y lo hubiera dejado todo "atado y bien atado" como lo tenía previsto Franco, España habría continuado bajo una dictadura de las de verdad. En esos momentos ni el apuntador tenía la más remota idea de lo que iba a suceder una vez muerto el Caudillo. Una iluminación tuvo que pasar entonces por la mente del monarca y de aquellos políticos para desmontar todo el tinglado desde dentro del vientre del franquismo. Además, fue el pueblo español el que votó la Constitución del 78; así que sabía, o por lo menos intuía, lo que que iba a ser mejor para España.     Que a día de hoy los resultados de aquella aventura hayan sido más o menos positivos no lo discuto; pero ese esfuerzo tan necesario se llevó a cabo; y por lo menos para mí, es de agradecer. En otro tiempo hasta el Partido Comunista aplaudió al Rey y se postró ante su cetro. Porque se buscaba, ante todo, el consenso y el bienestar de todos los miembros de la sociedad. Fueron tiempos de buena onda entre todos los españoles, fuesen de izquierdas, de derechas, de centro o del Hare Krisna. Pero don Juan Carlos ha metido la pata demasiadas veces y en la jungla de la opinión pública los errores se pagan bien caros.   ¿Y Felipe? ¿Con qué se va a encontrar este monarca novato cuando ocupe el trono? Por lo pronto, tendrá que limpiar la mierda hasta de los muros de la Zarzuela, restregar con un buen estropajo el retrato de la Familia Real y desterrar al cuñado y a la infantita; pero no a Qatar, que les pilla relativamente cerca de España, sino al Polo Sur. Después, digo yo, tendrá que cerrarnos la bocaza a los escépticos demostrándonos que es capaz de estabilizar el corazón de un país con arritmia crónica.       ¡Felipe, hombre de Dios! ¡Piensa en los españoles, chatín! Como se harten de verdad tú y toda tu familia os tendréis que mudar con Urdangarín al Polo Sur, que hace más fresquito en verano. Para que los españoles recuperemos la fe en la Corona tienes que demostrarnos que eres un hombre de consenso, un Rey que hará todo lo posible por mejorar su país y ofrecer una buena imagen en el exterior. Y no te olvides, además, de pararles los pies a los facinerosos que apestan bancos y parlamentos. ¿Lo conseguirás? Veremos si te dejan.     Lo cierto es que don Juan Carlos ya lo está preparando todo para que el príncipe acceda al trono. Siento compasión por este hombre. Desde su posición privilegiada ha sufrido muchos escándalos y ha visto muchos desvaríos de la clase política. Sin embargo, no los ha podido detener a pesar de sus dignidades regias. Ahora es cuando no veo sentido a la figura de un Rey que no puede reinar, de un monigote al que de vez en vez sacan de paseo y en ocasiones la picia.      ¿Monarquía? Vale; pero una monarquía transparente y con ciertos poderes. Que Felipe VI pueda despedir con una patadita en el trasero al gobierno que sólo piense en su billetera y no en los esforzados ciudadanos. ¿Quién sabe? A lo mejor así recupera el aprecio de los españoles. De lo contrario, se las tendrá que arreglar sólo con el cariño de Letizia. Y habiendo visto de qué pie cojea la princesita, yo la mantendría alejada de la cubertería real.¡No vaya a equivocarse con los cuchillos y los clave donde no deba!     De momento, algunos están empezando a esconder el rabo entre las piernas (en sentido figurado, ¿eh?) y otros se preparan para la gresca. Y otros, como yo, que no dejo de ser niño, recuerdan canciones de sus abuelos y las adaptan a los nuevos tiempos: "¿Dónde vas, Felipe VI? ¿Dónde vas triste de ti? Voy al trono de Zarzuela a arreglar este país".¡Estoy como una cabra, lo sé! Pero pregunto: ¿Conseguirá don Felipe detener la ríada que se avecina? Quiero pensar que sí. Veremos si le dejan.  

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Abraham Ferreira Khalil

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