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martes 23 de julio del 2019
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Refranes interesantes y misteriosos

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Quien se fue a Sevilla perdió su silla. 
 
Todos hemos oído alguna vez la famosa expresión: “Quien se fue a Sevilla, perdió su silla”. Una expresión que da rabia cuando la oyes, porque significa que has perdido tu sitio, por moverte un momentito. Es una de esas reglas infantiles tontas que se seguían a rajatabla porque si. Como dormirte pronto por si venia el hombre del saco, o callarte porque si no tu padre te iba hacer saltar todos los dientes.
 
 
A mí de niño esa expresión me mosqueaba un montón, todo lo más, porque yo nunca estuve en Sevilla, en cambio yo me iba un momentito al baño y me quitaban el sitio… Por culpa de esta infantil expresión pase mis primeros años de vida pensando que Sevilla era el nombre que recibía el cuarto de baño… Hoy me doy cuenta porque todo el mundo me miraba raro cuando decía: “Me voy a Sevilla que me estoy cagando”, o “Acabo de plantar un pino en Sevilla” o “Que vergüenza mi madre me ha pillado haciéndome una paja en Sevilla”
Cuando me hice mayor y comprendí el significado de esta frase lo primero que pensé fue…” ¿Y los de Sevilla que hacen?”… Ellos ya están en Sevilla, ya se tienen que mover mucho para haber cambiado de ciudad y luego volver a Sevilla y perder la silla. ¿En Sevilla no se perdían las sillas?…¿Eran los sevillanos poseedores de sillas inservibles?… O por el contrario Sevilla es un ir y venir de gente buscando siempre sillas perdidas por otros sevillanos que pierden su silla al estar allí?
 
Después de esto di con la respuesta correcta. En Sevilla deben tener la mejor industria de sillas del mundo, de hecho el nombre nos da la pista s(ev)illa. Por eso pierdes tu silla… Porque tu vuelves de Sevilla con tu silla sevillana, y es tan espectacular que la que tenias se te pierde en el olvido. Una silla sevillana debe ser casi mágica, que te sientas y te descansa de todos tus cansancios… una silla que te descarga de toda la carga diaria… Una silla que se traga toda tu mierda… Vamos como la taza del váter… Vamos que cuando era niño no iba yo tan desencaminado…
 
A quién Madriga Dios le ayuda.
 
A quien madruga Dios le ayuda”. Ésta es una de las frases más defraudadoras del refranero español.
 
Para empezar es imprecisa. ¿Es a quien madruga una vez?… Con una vez que madrugue, ¿Dios ya me ayudará a encontrar un trabajo en el que no tenga que madrugar nunca más? ¿O tengo que madrugar todos los días para encontrar el favor divino? Favor que, por otro lado, no sería tan grande si tengo que seguir madrugando todos los días para conseguirlo.
 
 
Pero sigamos viendo imprecisiones. “A quien”… ¿es singular? ¿Significa que es solo el que más madrugue del día quien va a ser ayudado? Si es así, somos más de seis mil millones de personas en el mundo. ¿Como sé yo que no se me adelanta alguien? ¿Merece la pena arriesgarse al madrugón con tan pocas posibilidades?
 
Si por el contrario es en plural…. ¿Ha cuantos ayuda al día?, ¿hay un limite?. Imaginad un campo de batalla, si los dos bandos madrugan por igual. ¿A quién ayuda Dios?, ¿Sería empate? ¿Y eso es ayudar?. Eso es alargar la guerra un día más. No ayuda: incomoda. (En el caso de la guerra, desde aquí aconsejamos atacar nada más llegar para evitar esta paradoja)
 
A parte, la frase plantea muchas dudas. Madrugas y…. ¿Cuándo te puedes acostar? ¿Yo me puedo levantar a las cinco de la mañana, y pedir a Dios ayuda para poder dormir todo el día sin que me tiren del trabajo?
 
Otra cosa, faltan datos en el refrán: ¿Para Dios qué es madrugar?…. Para mí madrugar es levantarte antes de primera hora: la una… Esa es la primera.  Dios, en su infinita sabiduría, puso bien las horas: la una, las dos, las tres… todas ordenadas numéricamente. De hecho, yo creo que quien entra a trabajar a las ocho de la mañana es porque tiene trabajo nocturno.
 
Es más, el dichoso refrán es incoherente con la idea de Dios (sujeto principal de la frase). Dios te quiere siempre… hagas lo que hagas. ¿Por qué no te va a querer si te quedas dormido? Es más, si duermes más, te querrá más… ya que calladito estás más guapo. Si duermes, no pecas (y si pecas… como es soñando, no cuenta). Igual, el tío que ha madrugado es para hacer alguna maldad. ¿Va a ayudar antes a alguien malo que a ti, que no pecas ya que estas dormidito como un niño bueno?
 
Pero lo más importante y lo que demuestra que esta frase es mentira es… ¡que Dios no madruga… es el jefe! Ningún jefe en condiciones madruga… Es decir… Dios no está ahí para ver si has madrugado o no. Y si tiene que madrugar para ayudarte, seguro que entonces no es tan poderoso.
 
En fin… que estoy cabreado con el autor de esta frase, así que me voy a acostar pronto… a ver si madrugo y Dios me ayuda a encontrarlo y a partirle los piños.
 

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Acerca del autor

Emilio Tomás es director de , diario digital de noticias oficiales, confirmadas por sus protagonistas. 

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