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lunes 16 de diciembre del 2019
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La majestad de Jehová

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La majestad de Jehová

Salmos 93:1 Jehová reina; se vistió de magnificencia;      Jehová se vistió, se ciñó de poder.      Afirmó también el mundo, y no se moverá.

2 Firme es tu trono desde entonces;      Tú eres eternamente.

3 Alzaron los ríos, oh Jehová,      Los ríos alzaron su sonido;      Alzaron los ríos sus ondas.

4 Jehová en las alturas es más poderoso      Que el estruendo de las muchas aguas,      Más que las recias ondas del mar.

5 Tus testimonios son muy firmes;      La santidad conviene a tu casa,      Oh Jehová, por los siglos y para siempre.

Escribir sobre la majestad de Jehová requiere del auxilio del Espíritu Santo y el Espíritu Santo se manifestará en nosotros en la medida en que nosotros abramos nuestro corazón a Él. Mientras más predispuestos estemos en entablar una relación con Dios, más se manifestará su Espíritu en nosotros y podremos prorrumpir espontáneamente en alabanzas hablando de su majestuosidad eterna.

En este Salmo, que no sabemos quién lo escribió, se nos habla, primeramente, que “…….Jehová reina…….”; es un hecho consumado y establecido, sin lugar a dudas y, si reina, es también nuestro Rey y nosotros sus súbditos. Cuando se dice que “…….se vistió de magnificencia…….” y lo creemos, también le atribuimos la potestad de su superioridad por encima de toda criatura. A Él nadie lo vistió de magnificencia; Él solo se vistió con su poder, “…….se ciñó de poder…….” Y junto con eso y muchas cosas más, “…….Afirmó también el mundo…….” Y Él es el único que lo puede mover.

La firmeza de su trono es inescrutable, inconmovible. Nadie ha podido moverlo de ahí ni nadie podrá porque entonces no sería Dios. Él es eterno, no ha tenido un principio y, por lo tanto, no tendrá un fin. Absolutamente todo lo contrario que nosotros quienes hemos nacido y moriremos.

El salmista evoca a los ríos como manifestación de su poder porque, todos sabemos que los mismos no pueden ser detenidos por ninguna presa, por más pequeño que sea su cauce. Siempre los ríos se desbordarán y, aunque así lo hagan, ninguna manifestación extraordinaria de la naturaleza puede evocar el poder de Jehová. Él es más poderoso que todo el poder del universo.

“…….Tus testimonios son muy firmes…….” Tan firmes son que prevalecen desde el inicio de la historia de la humanidad y nadie ha podido ni podrá cambiarlos. La santidad de Dios es el sino de su cometido y el estatuto de su casa, de su estadía del lugar en donde los santificados por la sangre de Cristo estamos. Él es nuestra esperanza de vida eterna, el regocijo de nuestro espíritu, el cometido de nuestra vida, la garantía de nuestra santidad y salvación. Bendito sea Dios por los siglos de los siglos…….

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Dante Chalco Vargas

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