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jueves 23 de mayo del 2019
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Semana Nacional de Liturgia 09

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Los Apóstoles, una palabra “sígueme” y dejas las redes, y dejar la barca en la orilla, y siguen a Cristo. Solamente una palabra y hay un cambio radical de vida. Mateo “sígueme”, y deja los impuestos y sigue a Cristo. De ahí por lo tanto siempre vamos observando que en los encuentros con Cristo, hay un cambio de vida una transformación. También podemos mencionar que Jesús se encontró con fariseos, con el joven rico, con Pilato, con Herodes, pero aquí no hay un cambio ¿Por qué? porque en su corazón hay una autosuficiencia, y entonces la gracia divina del encuentro no actúa. Hay cambio de vida cuando el corazón es sencillo, y se un corazón abierto. Pero incluso, hay otro texto que es necesario poner atención, que es la inspiración del Papa para escribir esta carta “quédate con nosotros Señor” El capítulo 24 de San Lucas, en el versículo 13 al 35, aquellos dos discípulos que huyen de Jerusalén por miedo, hacia Emaus, y Cristo se hace presente. La invitación la tiene El, no los discípulos. Resucitado que se hace caminante con ellos y comienza a compartir la conversación, le invitan a quedarse y comparte el pan, y lo reconocieron, no se quedan en Jerusalén, y ahora vuelven gozosos a comunicar la gran noticia, hay un cambio, una transformación, vuelven contentos y alegres para decir hemos visto a Jesús, se ha aparecido con nosotros.

Podemos mencionar más relatos, a veces son largos, a veces cortos, presentan a Jesús, presentan al interesado, una palabra, varias palabras, varias frases.

Ahora bien, la Eucaristía es un encuentro y es un encuentro con el Misterio de Cristo, es encuentro con Cristo tendrá su ritualidad, como hemos visto la ritualidad en los dos discípulos de Emaus: el saludo, conversación, palabra, partir el pan, y vuelta a dar testimonio, hay un ritualidad, y en es ritualidad se realiza la transformación y el cambio de las personas. Dentro de una ritualidad un lenguaje verbal ¿Qué implica todo esto? Implica que nosotros nos encontramos con El Señor, y ese Misterio y ese encuentro debe realizar en nosotros un cambio. No podemos ir con un corazón autosuficiente, orgulloso delante del Señor, porque entonces no hay transformación en el corazón, no existe un cambio de actitud en la vida, porque nos creemos que somos nosotros, y que nosotros somos perfectos, y que no necesitamos cambio alguno. En cambio con un corazón sencillo nos acercamos a El recibimos el Don de la Eucaristía, esto deber ser en cada Eucaristía que participamos.

El encuentro por lo tanto implica pues unas aptitudes personales, es abierto al encuentro, sencillos, humildes, pero también está el creer en esa persona con la cual no encontramos, pero además de creer abrir nuestra mente y corazón, porque Jesús nos tiene que decir muchas cosas, mucho más que nosotros a Él. Pero antes necesitamos escuchar, para luego responder.

Un hermano carmelita, haya por el siglo XVI, XVII, decía sabiamente: “¿Por qué el Señor nos ha dado dos orejas y una lengua? (risas) Porque hemos de escuchar el doble de lo que hablamos (risas). Porque generalmente hablamos más de lo que escuchamos, en la Liturgia ocurre lo mismo. Usamos las dos orejas para escuchar atentamente, y en lo que Dios quiere decirnos hoy aquí en esta celebración, por que El sabe muy bien lo que nosotros le queremos decir, y no responder antes de que el nos hable.

La Eucaristía es para algunos, ir a perder el tiempo, y sabemos perder el tiempo con nuestras amistades. El hombre celebra en la vida acontecimientos personales, familiares, sociales, y se celebrar acontecimientos, es dedicar un tiempo, algo que tiene importancia, mi cumpleaños, un aniversario, etc. Ese compartir con otras personas, estos acontecimientos, la celebración festiva interrumpe lo que es cotidiano, interrumpe el trabajo que es penoso, por lo tanto el celebra un acontecimiento es dejar todo aquello que es penoso, que es trabajoso. No se celebra en la soledad, sino en compañía de familiares, de amigos, etc. Y siempre que se celebra existe reunión, un grupo de personas donde se comparte la palabra, el canto, la alegría, la amistad, la comida, los refrescos, y se crean lazos amistosos. La celebración es algo que no rinde económicamente, pero encierra en sí un gran valor, el crear esos lazos de amistad y celebrar juntos un acontecimiento en este acontecimiento familiar, social, etc.

La vida se hace presente en la celebración. Ese hombre que celebra ahora con gozo y alegría, es una persona que tiene sus dificultades, sus angustias, sus problemas, etc. Lleva consigo lo que es la vida, no podemos decir: ahora me voy a una celebración de un cumpleaños y entonces todo lo que es mi vida, el trabajo las preocupaciones las dejo fuera, ¿Qué sucede? Dividimos al hombre, a la persona, esa persona que trabaja se fatiga, esa persona que se alegra, es la que comparte el aniversario la celebración festiva. Por lo tanto lleva consigo todo lo que es la vida, su vida a la celebración. Pero ahora se encarna en aquel ambiente festivo.

En la celebración hay símbolos: el regalo, el pastel, etc. Y durante la celebración todos los que participan se comunican a través de la palabra, dicen sus cosas, hacen memoria del pasado, todo eso evidentemente crea un clima, para celebrar ese acontecimiento.

Continua.

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Acerca del autor

Andrés Arbulú Martínez

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