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miércoles 19 de febrero del 2020
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No hay muerte en ningún punto del Universo

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El dos de noviembre, en Brasil, es llamado día de los muertos.

Cierta vez un periodista me preguntó si solía orar por ellos. Le respondí: "Por supuesto. Sentimos nostalgia de los que nos antecedieron en el camino a la gran Patria Espiritual, la Patria de la Verdad. Recordemos a nuestros parientes y amigos con mucho cariño, pero no con tristeza. Ellos están más vivos que nunca. Nada muere. Es suficiente observar que el cadáver, que vistió el Espíritu, también se transforma en Vida. La muerte es un rumor. La Religión de Dios enseña que no hay muerte en ningún punto del Universo. DIOS no es muerte. Es Vida. Y Vida Eterna. El mismo Jesús reveló a Sus discípulos que el Padre Celestial, universalmente, gobierna seres inmortales. Y concluyó: Por no creer en esta realidad, vivís equivocadamente. Los que amamos no mueren jamás, aunque se encuentren en el Mundo Espiritual. Muchos permanecen a nuestro lado, ayudándonos; otros pueden estar necesitando de nuestras oraciones. Oremos por ellos, para que cuando nos llegue el momento alguien ore por nosotros, y agradezcamos a Dios que es Dios de vivos."

Pascal definió: "La inmortalidad del Alma tiene para el Hombre tanta importancia, le interesa tan profundamente, que es necesario haber perdido toda sensibilidad para ser indiferente a su conocimiento."

Que los muertos entierren a sus muertos

Insistiendo, el joven preguntó: "¿Por qué entonces Jesús declaró: Deja a los muertos el cuidado de enterrar sus muertos? ¿De qué muertos hablaba?"Buscando inspiración en la Doctrina del Centro Espiritual Universal, el CEU de la LBV, le expliqué nuestro punto de vista: "Los muertos de que Jesús hablaba son los que viven exclusivamente para el cuerpo, olvidando el Espíritu. Son aquellos para quienes el cuerpo es todo y el Espíritu nada; los que, teniendo ojos para ver, oídos para oír y comprender, no ven, no oyen, no comprenden, ¡se muestran incapaces de hacerlo!" En la misma situación se encuentran los que, afirmando tener una creencia, actúan como si no la tuvieran, pues viven como si solo existiera la carne y sus gozos, y en la carne acabara todo. Están como muertos, a la espera de que un soplo de Vida Espiritual les sea transmitido.

La paz de los hombres y la Paz de Dios

Al reflexionar sobre la Paz, cuya conquista tanto angustia a la Humanidad, que cada vez más vive con la "espada de Damocles" suspendida sobre su cabeza, escribí: "En un futuro que nosotros, civiles y militares de sentido común, deseamos que esté cerca, la Paz nunca más se firmará bajo las orugas de los tanques o al tronar de los cañones; sobre pilas de cadáveres o multitudes de viudas y huérfanos; ni siquiera sobre grandiosas realizaciones del progreso material sin Dios. Es decir, sin el correspondiente avance ético, moral y espiritual. El Hombre, por el camino del Amor, o si se prefiere, del Dolor, descubrirá que no es solamente sexo, estómago e intelecto. Hay en él un Espíritu Eterno, que le habla de otras vidas y otros mundos, que busca por la Intuición o por la Razón. La paz de los hombres es todavía hoy la paz de los lobos y de algunos locos imprudentes que dirigen los pueblos de la Tierra."

Poema del Inmortal

Alziro Zarur, el ilustre Fundador de la Legión de la Buena Voluntad, nos dejó este ilustrativo Poema del Inmortal:

Dos de noviembre es un día, en verdad,/ Rico en lecciones para quién sabe ver:/ La más grande ilusión es la realidad,/ Ya enseñaba el excelente Paul Gibier.

Los vivos (seudovivos) llevan flores/ Y lágrimas a los muertos (seudomuertos);/ Y los muertos se conmueven ante los dolores/ De los vivos que siguen caminos sinuosos.

Legítimos difuntos, en la ignorancia/ De esos espirituales, importantes asuntos/ Parece que aún están en plena infancia,/ Y van a homenajear a falsos difuntos.

No es necesario ser muy sagaz/ Para entender que la vida tiene sus abrigos:/ Un día, El Cristo dijo a un buen muchacho/ "Que los muertos entierren a sus muertos."

Amigos, por favor, no supongáis/ Que la muerte sea el fin de nuestra vida;/ La vida continúa, no subyugada/ A los círculos de los caminos celestiales.

Los muertos no están ahí, cautivos/ En las tumbas que tenéis ante vosotros:/ Los fallecidos, ahora, son los vivos;/ Fallecidos, más o menos, somos nosotros.

El suicidio no soluciona las angustias de nadie

De acuerdo con esto podemos ver que, nadie resuelve nada con el suicidio. Continuará vivo, vivísimo, teniendo que enfrentar horrores al descubrir que no consiguió liberarse de lo que huía. Repetirá entonces en otras existencias las antiguas pruebas, aumentadas a las nuevas...

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Acerca del autor

José de Paiva Netto Presidente de la Legión de la Buena Voluntad.

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