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domingo 26 de mayo del 2019
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El discípulo secreto ¿Quién era?

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Por: Alejandro Rutto Martínez

Evangelio de Juan: "El que cree en él, no es juzgado; pero el que no cree, ya está juzgado, porque no ha creído en el Nombre del Hijo único de Dios".

Era tarde en la noche y la figura de un hombre se desplaza solitaria por las calles de la ciudad. Una suave brisa muévelos bordes de su túnica y su sombra proyectada por la luz tenue de la luna se oculta casi bajo sus pies. Parece que tiene prisa y pocos deseos de que lo vean porque prefiere caminar aprisa y protegerse entre los árboles. La ciudad duerme plácidamente: cada uno de sus habitantes ha tenido una jordana agotadora y por eso se abandonan plácidamente al nocturno descanso. También recuperan sus fuerzas pues al día siguiente habrá negocios por hacer, camino por recorrer...problemas por resolver.

Quien se desplaza con tanto sigilo es Nicodemo, miembro prominente del sanedrín, figura pública en su pueblo, hombre de buenas costumbres y de gran aceptación entre los suyos. Como miembro del más importante foro de decisiones de su pueblo ha tenido mucho trabajo durante los últimos días: cierto hombre, proveniente de Galilea, ha causado un gran impacto en el país al curar a los enfermos, sanar a los endemoniados y enseñar sobre el amor al prójimo y la misericordia de Dios como nadie lo había hecho hasta entonces. Para algunos es un profeta para otros un maestro y para un número cada vez mayor de personas es, ni más ni menos, que el Mesías que tanto se espera. Otros han ido al extremo de considerarlo como el Hijo de Dios. Él, Nicodemo, ha tenido noticias de sus enseñanzas, de su actitud, de sus curaciones milagrosas y del celo con que expulsó a los mercaderes del templo. Poco a poco le ha ido tomando cierto aprecio pero no llega al extremo de considerarlo el Hijo de Dios. Para él es simplemente un maestro y precisamente se dirige a un lugar secreto en el Monte de los Olivos para tener una entrevista con el más famoso predicador del momento: Jesús de Nazareth.

Al llegar donde estaba Jesús, se sintió invadido por la emoción. Con un poco de timidez alcanzó a decir: "Rabbí, sabemos que has venido de Dios como maestro, porque nadie puede realizar las señales que tú realizas si Dios no está con él"

Nicodemo encontró una buena forma de romper el hielo en los minutos iniciales de aquel histórico encuentro. Empezó por reconocer que Jesús era un hombre de Dios por las señales vista durante los últimos días.

Pero Jesús no estaba para cortesías innecesarias ni rodeos inútiles y por eso fue directo al corazón del asunto: "En verdad, en verdad te digo: el que no nazca de lo alto no puede ver el Reino de Dios"

Nicodemo no entendió del todo las palabras de su interlocutor pero su experiencia le decía que la única forma de aprender era despojarse de la soberbia y preguntar con humildad. Por eso hace una pregunta cargada de inocencia, casi infantil: « ¿Cómo puede uno nacer siendo ya viejo? ¿Puede acaso entrar otra vez en el seno de su madre y nacer?»

Jesús decide explicarle con paciencia porque entiende que a través de este discípulo casual podrá darle una enseñanza a los discípulos de todos los tiempos: «En verdad, te digo: el que no nazca de agua y de Espíritu no puede entrar en el Reino de Dios. Lo nacido de la carne, es carne; lo nacido del Espíritu, es espíritu. No te asombres de que te haya dicho: Tienes que nacer de lo alto. El viento sopla donde quiere, y oyes su voz, pero no sabes de dónde viene ni a dónde va. Así es todo el que nace del Espíritu.»

Los dos hombres siguen su diálogo. El uno enseña y el otro aprende. El uno pregunta y el otro responde. El uno amonesta y el otro acepta con humildad la exhortación. La entrevista avanza y la noche sigue su curso. Los pájaros descansan en sus nidos pero de vez en cuando la voz de algún animal se confunde con las voces del Profeta y el magistrado.

Jesús enseñaba a ese solo hombre con la misma emoción con la que enseñaría a las grandes multitudes. Y en medio de la conversación revela uno de los mensajes más importantes de su ministerio: "Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna".

La entrevista terminó y Nicodemo regresa a casa sin olvidar las precauciones tan necesarias en su situación. Jesús se dedica a la oración y luego se dedica a un breve descanso pues lo esperaba un día de trabajo arduo como todos los anteriores.

El plan de salvación había sido explicado a un miembro del Sanedrín. Uno de los dos, Jesús o Nicodemo le contaría a Juan los detalles de la entrevista y éste los perpetuaría en el evangelio que lleva su nombre.

Nicodemo obstaculizó todo lo que pudo el proyecto de sus compañeros de acabar con la vida terrenal de Jesús. Finalmente, cuando el maestro fue crucificado, apareció con una mezcla de mirra y áloe de unas cien libras. Luego no se vuelve a saber más de él en la Biblia, excepto que su vida debió quedar marcada por aquella entrevista y por esas palabras que aún se escuchan a pesar del paso incesante del tiempo: "Porque Dios no ha enviado a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él".

Por: Alejandro Rutto Martínez

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