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jueves 23 de mayo del 2024
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tarde para volver capitulo cinco

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Alex aterrizó en Ibiza cuando era de noche.

Se sentía exhausto y un poco atemorizado. Nunca había estado solo en un lugar desconocido. Esta era su primera experiencia y su juventud no lo ayudaba mucho. Sabía que no estaba allí de vacaciones. No tenía dudas que eso hubiera transformado su visión.

Era una noche calma y cálida típica de esos días de fines de verano.

Se quedó unos instantes en el aeropuerto pensando que haría de ahora en adelante. No tenía la más mínima idea.

Se dirigió a información y preguntó como llegar al centro de la ciudad. Se dio cuenta entonces que aunque su idioma no era bueno, la gente le entendía y él entendía también lo que le respondían. Tenía el típico acento español que su abuelo había sabido transmitirle y eso le ayudaba bastante.

Agradeció en silencio a su abuelo que siempre hubiese deseado que sus nietos hablaran su idioma y se agradeció a si mismo por el interés que siempre demostró en tratar de aprenderlo, pues recordaba perfectamente como Bob huía ante la mínima insinuación de él.

No sabía cuanto tiempo podía pasar hasta que consiguiera trabajo y no disponía de mucho dinero. Sus padres le habían dado todo lo que pudieron reunir en esas circunstancias, pero por cierto no era mucho.

Prefería no tener gastos innecesarios como un taxi por eso espero el bus que lo transportaría al centro.

Cuando llegó se asombro de ver tanto movimiento de gente a esa hora de la noche. En Inglaterra, específicamente en su ciudad natal, casi no se veía movimiento.

Había gente de todas las nacionalidades pero le pareció notar que los que más abundaban eran los ingleses, tal como le había anticipado su amigo y su padre.

Eso lo alegró, por lo menos no se sentiría tan extraño pese a no conocer a nadie.

Recordó que ya había pasado dos aduanas, la de Francia primero y la de Ibiza después sin ningún problema.

No titubeó en buscar un hotel donde poder registrarse, pese a que no olvidaba las palabras de su padre recomendándole que fuera “invisible”.

Preguntó por un hotel económico. Le indicaron una especie de pensión

a donde solían ir muchos de los jóvenes que se animaban a vacacionar contando con escasos recursos.

Cuando llegó a su habitación no tuvo conciencia si era grande o pequeña, limpia o sucia, agradable o desagradable, cayó como un plomo sobre la cama y se quedó completamente dormido.

Despertó en la madrugada, en medio de sudores gritando el nombre de Sophie con voz ronca y entrecortada.

Miró a su alrededor desconcertado. Por un momento no supo donde estaba. Todo era desconocido para él.

Su corazón latía apresuradamente, estaba empapado en sudor y sentía una opresión en el pecho que no le permitía respirar con facilidad.

Tardó en darse cuenta que había sido sólo una pesadilla.

Una horrible pesadilla en la que Sophie le pedía ayuda y él estaba inmovilizado y no podía socorrerla. Ni siquiera podía emitir un sonido para hacerle saber que estaba allí y que intentaba ayudarla. Sophie lo llamaba desesperadamente, y al no poder hacer nada por acudir en su ayuda, se sentía sofocado y respiraba agitadamente.

Se tranquilizó un poco al pensar que había sido una pesadilla. Nada más.- Una pesadilla- se repitió. -Una pesadilla que ya pasó-.

Lo que él todavía no sabía que volverían a repetirse con frecuencia despertándolo en medio de su sueño como un delirio atormentador.

Se dirigió al baño con la intención de tomar un baño de inmersión pero notó que en ese hotel no había bañera. Se puso bajo la ducha de agua caliente y se quedó allí perdiendo la noción del tiempo.

Cuando sintió que estaba más tranquilo y que podía respirar con facilidad se dijo que era tiempo de salir de ella.

Se secó y envolvió su cuerpo con la toalla. En esas condiciones volvió a tirarse sobre la cama. Se volvió a quedar profundamente dormido

A la mañana siguiente se levantó muy temprano. Despertó con cefaleas por lo que debió recurrir a su clásico blister de paracetamol.

Se sentía mejor y ya no pensaba con angustia en esa horrible pesadilla que lo había despertado la noche anterior, aunque sí se preguntaba si Sophie estaría necesitándolo.

Pensó en ella con tristeza. Cuánto tiempo pasaría sin volver a verla? Y qué haría o qué le diría el día que volviera a verla. Querría ella volver a hablarle? Lo perdonaría algún día? Alex concluyó que jamás volvería a tener a Sophie a su lado. Jamás. Y en sus ojos sintió una nube que le nublaba la visión. Tenía que empezar a entender toda la realidad que estaba viviendo si quería seguir adelante. Pero esa verdad lo llevaba a una soledad total y sobre todo a saber que no la tendría más a su lado, que jamás sentiría el calor y el sabor de sus labios, el placer de hacer el amor con ella, de vivir la pasión que le despertaba en cada encuentro.

-Y ella - se preguntó - que estará pensando de mí, y de mi abandono?. Me olvidará fácilmente? Encontrará pronto a alguien que ocupe mi lugar? O estará como yo, condenada a vivir esta soledad desgarradora? Podrá borrar de su mente todo lo que hemos vivido juntos? Podrá volver a creer en alguien? O los que sigan detrás de mí pagaran lo que ella considera mi desamor y mi abandono? Si tan sólo pudiera decirle que la sigo amando igual que siempre. Y entonces, como le explicaría mi separación?

Cómo podría entender un mensaje tan contradictorio como el de te amo pero te dejo, me voy? -

Y Pete, su amigo de toda la vida, que estaría pensando de él? Él que lo conocía a fondo. Que conocía su manera de pensar y de actuar. Que conocía sus sentimientos por Sophie.

Alguno de los dos creería la versión que iban a darle sus padres? Las creería él si la situación fuera a la inversa. Suponía que no. Pero si no la creyera, que creería en cambio?

-Será mejor que a partir de ahora deje definitivamente de pensar en esto

porque sino voy a enloquecer. Tengo que poner un punto final a mi vida anterior y empezar a construir una nueva aquí. Sino logro esto, será mejor que me vuelva y declare lo sucedido- razonó con lógica.

Sintió que tenía hambre, recordó entonces que no había cenado la noche anterior y salió a desayunar por los alrededores.

Salio del bar y busco un puesto donde comprar su periódico ingles favorito, el Sun. Quería ver si había alguna noticia del accidente. Le dio una ojeada superficial hasta que la encontró. Empezó a sentir un escalofrío que le recorría todo el cuerpo que se continuó con una ola de calor que lo sofocó. Tuvo náuseas y pensó que iba a vomitar. Se apoyó contra la pared del local, sintiendo que las piernas le temblaban. Un hombre que pasaba por el lugar le preguntó si se sentía bien o necesitaba ayuda. Le hizo un gesto con la cabeza que no necesitaba nada pero ni siquiera pudo decir “gracias”, no consiguió que su garganta emitiera sonido. Hizo varias respiraciones profundas y leyó el artículo en su totalidad. Era bastante escueto.

¨ Un peatón fue atropellado en la madrugada de ayer en Green Street, en la intersección con Rooksmead road, en Sunbury on Thames, por un automovilista que se dio a la fuga sin prestarle ayuda humanitaria, por lo que el peatón falleció. Una testigo del lugar ha dado datos fidedignos del probable conductor quien se encuentra prófugo…¨

Alex sabía ahora que no sólo lo buscaban por homicidio sino también por abandono de persona. No quiso pensar que pena podrían imponerle si lo encontraban.

Se preguntó como les habría ido a sus padres. Si los habrían llamado a declarar y en ese caso como les habría ido. No tenía manera de averiguar nada. El único contacto, su tío John, probablemente todavía no sabía nada, pues aunque su padre ya le hubiese escrito la carta, todavía no lo podía haber recibido.

Miró desesperadamente a su alrededor, sin saber que hacer. Fue a un supermercado y compró dos botellas de whisky. Volvió al hotel y se encerró en su habitación. Bebió hasta quedarse dormido. Cuando se despertó todos los recuerdos volvieron a su mente. Volvió a leer el artículo del diario. Se emborrachó nuevamente.

Durante dos días lo único que hizo fue emborracharse en la habitación del hotel, de la que salía sólo para comprar mas bebida. No probó un bocado de comida.

Al tercer día, cuando despertó con una intensa cefalea, después de tomar dos paracetamoles, se puso bajo la ducha caliente durante un tiempo y decidió pasarla a agua fría. El impacto que sintió con el cambio de temperatura lo hizo estremecer pero le provocó una sensación de alivio en el cuerpo y sintió que su mente se despejaba bastante. Se envolvió en una toalla y se sentó sobre la cama.

- No puedo seguir haciendo esto. Tengo que empezar a afrontar la situación si pretendo seguir adelante- se dijo en silencio. -Tengo que dejar de ser Alexander para transformarme en Alejandro. Tengo que esperar a que las cosas sucedan para saber donde estoy parado, puesto que no tengo manera de enterarme de nada. Tengo que tener fe y alegrarme cada día si la policía no viene a detenerme. Tengo que buscar un trabajo y comenzar una nueva vida. Tengo que ponerle punto final a mis pensamientos negativos. Nada puede cambiar lo sucedido. Nada. Me parece que son muchos “tengo”, pero creo que es la única forma de no hundirme en un pozo del que no podré salir si se profundiza. Mis padres han hecho mucho por ayudarme y lo siguen haciendo, supongo, no puedo defraudarles. Tengo. Tengo. Tengo. Tengo que hacerlo y voy a hacerlo-.

Se vistió y salió a la calle.

Hacía casi tres días que no comía nada. Entró a un bar y pidió un desayuno inglés.

Después de comer un par de huevos revueltos con bacon, pidió un té y se puso a leer los diarios disponibles para los clientes. Se trataban de diarios locales y no le interesó mucho.

Se levantó, se dirigió a la barra del bar y le preguntó al camarero si sabía de algún trabajo.

-Yo no tiene todavía los papeles en regla - le dijo titubeante, en un español del cual no se consideraba un experto – pero yo necesita encontrar un trabajo. No tiene preferencias ni horarios - Estaba cumpliendo con lo prometido a su padre de no mostrar demasiado su documentación. Primero trataría de conseguir un trabajo como lo hacen los inmigrantes ilegales, si no lo conseguía, recién entonces, recurriría a su documento y tendría que esperar a ver que sucedía.

El camarero le contestó, sin demostrar mucha compasión por su situación, que lo lamentaba, pero no tenía conocimiento de ningún pedido. -Sabes si alguien puede ayudarlo a mi ?- volvió a insistir Alex con la esperanza de conseguir una respuesta. El camarero levantó sus hombros en gesto de “no se y no me importa” y se alejó.

Miró a su alrededor para imaginar quién podría ser el encargado. Vio a una persona de unos 40 años, que estaba a cargo de la caja. Decidió probar suerte con él.

Se dirigió hacia donde estaba para hacerle la misma pregunta.

Este se mostró bastante más amable que el camarero, le preguntó cual era su idioma de origen, pues era bastante evidente que no era español. - Tu pronunciación y acento son muy buenos, podrías confundir a cualquiera pero no te ofendas si te digo que con la conjugación de los verbos, tienes muy poco conocimiento -

- Porque ofendermi de la realidad que ya conoce perfecta - le contestó. - Es que en ingles tuviste tres tiempos verbales básicos, y solo a veces las personas se conjuegan distintas. La conjuegación aquí es diferente para cada persona y además usaste cientos de tiempos diferentes. No entiende para que necesitan tanta variedad! Te asegura que con los tres tiempos nuestras te manejaste perfecta en la vida -.

El encargado sonrió ante el reproche y le respondió casi riendo - No te imaginas la cantidad de veces que he oído a lo largo de mi vida esta aseveración que acabas de hacerme! Casi todas las personas que no hablan idiomas latinos, porque todos ellos, tienen variedad de tiempo y de conjugación, opinan lo mismo que tú. Recuerdo que cuando iba al colegio y tenía que estudiarlo, yo también protestaba por lo mismo, pero el idioma es así y no va a cambiar porque protestemos, así que te aconsejo que si piensas quedarte, trates de aceptarlo y aprenderlo - .

Alex le contestó con una sonrisa de aprobación. - Lo intentara - le dijo - de hecho yo ha comprado el curso para estudiarla -.

- Me parece muy buena tu actitud – replicó el encargado. - No te desanimes. Al principio parece como que no lo vas a lograr nunca, pero después aprendes a hacer las relaciones y el camino se allana sin darte cuenta. Eso nos ha pasado a todos en el colegio. Voy a buscarte la dirección - . Se la anotó en un papel. - Es una discoteca - le dijo al entregársela. - Allí siempre necesitan personal porque los empleados no duran mucho aunque no puedo decirte si, específicamente en este momento se da esa situación, pero si no consigues otra cosa te aseguro que no pasará mucho tiempo hasta que consigas un trabajo allí. Sobre todo tú que hablas inglés-.

-La mayoría de la gente que trabaja allí es ilegal así que no tendrás problemas por tu falta de papeles. La paga no es buena, pero te ofrecen un lugar donde dormir, y, se me ocurre que eso la mejora – y continuó - El trabajo es duro. Creo que no tienen días libres y trabajan entre 12 y 14 horas diarias, así que piénsalo antes de ir. – Y agregó sintiéndose como culpable - Lo lamento, pero no tengo otra cosa para ofrecerte. No es el mejor momento para buscar trabajo. El turismo empieza a disminuir en esta época.-

Alex pensó, que tal vez, le convendría trabajar muchas horas, así no tendría mucho tiempo para pensar, por lo menos al principio, por lo que dedujo que los datos que le habían dado podían no eran tan malos. Tomó el papel con la dirección y se lo agradeció con una sonrisa.

Al salir compró un ejemplar del Sun, para leer las noticias de su país pero específicamente para ver si encontraba algún artículo referente al accidente, pero no encontró nada. A partir de ese día Alex compró a diario el Sun, buscando alguna noticia referente pero jamás volvió a encontrar nada.

Supuso que habría demasiados accidentes similares en Inglaterra a diario y que una vez dada la noticia ya no se interesaban en seguir tras las posibles novedades que se produjeran a no ser que fueran muy atractivas. No obstante le causaba mucha extrañeza. Lamentó desde un principio haberse perdido los dos ejemplares que siguieron al día que leyó la noticia por haber estado bebiendo en su habitación, pero por mucho que preguntó en la pensión y en los bares no los consiguió.

Cerró el periódico y se prometió no pensar.

Cuando llegó a la discoteca la encontró cerrada. Nadie respondió al timbre que había en una puerta lateral. Insistió en varias oportunidades pero no consiguió ninguna respuesta. Dio un paseo, bordeándola para ver si veía otra entrada, pero no la encontró. -Volveré al bar y le preguntaré al encargado si sabe porqué no obtengo ninguna respuesta-.

-No puedo garantizarte con exactitud lo que te digo- le contestó el encargado- pero tal vez tendrías que probar a ir después de las 5 de la tarde. Creo haber escuchado a alguno de los empleados en alguna oportunidad, que a esa hora comienzan con los preparativos para la noche-.

-Sino, otro consejo que puedo darte es que lo intentes a distintos horarios. O tal vez sería mejor que te quedaras en la puerta a esperar que alguien entre o salga. Lo siento, no tengo una información más precisa. Lo que se me ocurre es que no vas a conseguir que te presten mucha atención si llegas cuando todos están ocupados. Hay un movimiento intenso desde que se abre al público-.

-No se preocupaste, gracias por todo. Volvió y esperó- le contestó Alex.

Todavía no era ni siquiera mediodía, le dio un poco de pereza quedarse en la puerta esperando a alguien, cuando podía ocurrir que el movimiento recién empezara a las 5 de la tarde. Decidió que era su primer día y que no tenía que exagerar sobre la urgencia de conseguir un trabajo. -Volveré a las 5 de la tarde- se dijo- me parece que es la mejor opción que tengo-.

A las 5 en punto, llegó a la puerta y golpeó. Al segundo llamado lo atendieron. Le explicó a la persona que tenía frente a él, y que supuso que era un latinoamericano por su aspecto y acento, lo que estaba buscando.

-Creo que llegas en el momento oportuno- le dijo con una sonrisa- están buscando a una persona y no ha aparecido ninguna durante toda la semana. Puede que consigas lo que quieres. Te quiero aclarar antes que entres, que esto no es el paraíso. El trabajo es duro de verdad, no hay días libres durante la temporada y no se te ocurra pensar que te van a ofrecer una buena paga. Ahora que te he puesto al tanto de todo esto, todavía quieres entrar?- le preguntó con otra sonrisa burlona, mientras observaba su reacción.

-Ya me pusiste al tanto de las condiciones. Lo que ocurre que quien me lo dijiste también me aclaraste que aquí pudiste trabajar sin papeles y los míos todavía no estuvieron en mi poder-.

-Entiendo, todos estamos más o menos en la misma situación, no te preocupes, ahora si puedo decirte que has llegado al lugar apropiado. Mi nombre es Enrique. Pasa te presentaré al encargado. Es un tipo macanudo. Hace una semana, uno de mis compañeros se marchó con una turista inglesa, de mediana edad y con bastante dinero y desde entonces están buscando quién lo reemplace. Como la temporada se está acabando, en general no son muchos los que emigran en esta época en busca de trabajo-.

Se dirigieron ambos adonde estaba el encargado, ocupado en controlar que todo estuviera en orden para el momento de abrir las puertas. Era una persona bastante meticulosa y le gustaba que todo estuviera en su lugar.

Enrique le explicó el motivo de su presencia.

-A veces- pensó Alex con alegría, no importa que tiempo de la temporada sea, o si ésta es buena o mala, sino que lo que importa es llegar en el momento que te necesitan-.

Le gustó mucho al encargado tener a alguien que realmente supiera hablar inglés. Los otros camareros, otros dos ecuatorianos y un venezolano, solo decían algunas frases hechas y entendían bastante poco cuando les hablaban, aunque sabían disimularlo con una sonrisa lo que hacia que los clientes nunca se quejaran.

Conformaban el plantel de empleados, un lavaplatos llegado de Colombia hacía menos de un mes y uno que se encargaba de la limpieza , proveniente de Nicaragua.

Ninguno de ellos, tenían sus papeles en regla por lo que todos cobraban sin nómina.

El salario era bastante magro, por no decir que era casi inexistente, pero todos habían huído de la pobreza de sus respectivos países, y, encontraban que esta situación era mejor que la que vivían allá.

No sólo lograban sobrevivir ellos, sino que podían enviarle euros a la familia que se había quedado al otro lado del mar, y aunque los euros fueran escasos convertidos al dinero local le permitía a cada familia una mejor supervivencia en su país de origen. Por ese motivo aceptaban la situación sin quejarse.

Los camareros eran los que estaban en la mejor situación, pues generalmente obtenían jugosas propinas.

Ya sabían que cuando los turistas se emborrachaban, se hacían más generosos con las propinas, por lo que habían aprendido varias técnicas para incitar al mayor consumo posible. Era muy raro que alguien saliera de la discoteca sin estar borracho.

Esa misma tarde también conoció al disc jockey, un español nativo joven y huraño, que se encerraba en la habitación superior para combinar los discos que sonaban en el local. Nunca tenía una palabra con el resto del personal.

Todos compartían la misma habitación que le ofrecía el dueño del local excepto el discjockey.

Era una habitación bastante amplia, donde estaban ubicadas las 6 camas. Tres y tres enfrentadas. Tenían un baño, con una única toalla de manos para todos. Cada uno tenía una de baño que se mandaba a la lavandería junto con la mantelería del local una vez por semana.

A Alex, no le pareció que las condiciones de higiene fueran las esperadas pero se adaptó a la situación.

Se prometió que lo primero que haría sería comprarse una toalla individual y guardarla con sus cosas.

Cada uno tenía una especie de placard vertical de unos 50 centímetros de ancho, con dos estantes, para guardar sus ropas.

Él compraría un gancho y colgaría la toalla, en la parte interior del mismo.- También- se dijo, -me compraré otra toalla de baño y yo me encargaré de lavarlla-.

Como el encargado le dijo que comenzaría a trabajar esa misma tarde, fue a buscar la maleta a la pensión y saldó la cuenta.

Volvió a la discoteca, sabiendo que ya lo estaban esperando para comenzar su trabajo. Se dirigió a la habitación y guardó su maleta sin ordenar, dentro de su placard. Ya tendría tiempo más tarde para eso.

Estaba ansioso por ver en que consistiría su trabajo pues todavía no se lo habían dicho.

Moisés, el encargado lo puso en la barra del bar. El conocimiento del inglés lo hacía apropiado para eso.

Alex nunca había tenido antes un trabajo de bartender. En Weston había trabajado como camarero, pero le gustó saber que trabajaría de ese lado del mostrador solo, y que la mayor parte del tiempo la compartiría con los clientes, hablando en inglés por lo que no tendría que esforzarse hablando español.

Observó con atención todas las bebidas que había. Pensó que estaban bastante desordenadas y le preguntó a Moisés si podía ordenarla con un estilo.-Me parece más apropiado que estén ubicadas según la combinación que puede hacerse con ellas. Conozco bastante sobre cócteles-.

-Tengo conocimiento y gusto para preparar tragos no porque hubiera trabajado en esto antes, sino porque siempre me encargaba de hacerlo con mis amigos. Ellos siempre disfrutaban de mis preparaciones y por lo que me han contado, aquí voy a encontrarme con muchos que tendrán las mismas preferencias- le explicó Alex a Moisés.

A él no le importó en que forma ordenara las botellas sólo le interesaba que se vendieran. Lo dejó en libertad de acción.

Alex cambió toda la estantería, agrupando las botellas no sólo con orden sino con estética. La estantería presentaba ahora, un aspecto totalmente diferente al que tenía antes que él pusiera su toque personal.

Cuando Moisés lo vio felicitó a Alex por su buen gusto. Las bebidas estaban agrupadas por graduación alcohólica y era muy fácil ver la variedad que había de cada una.

-Realmente se ve distinto y resulta muy agradable a la vista - pensó Moisés- aunque no creo que a los clientes les interese mucho-.

Desde ese primer día a Alex le gustó mucho su trabajo. Era más cómodo que el de camarero pues no tenía que moverse del lugar

Casi todos los que venían a la discoteca eran ingleses. Alex era un conversador nato, siempre lo había sido, siempre había sabido bromear con sus amigos y sabía contar con mucha chispa los chistes, además de poseer una gran memoria para recordarlos.

Por lo tanto conversar con ellos, hacer chistes, comentar las últimas noticias del Sun, y compartir comentarios de su Inglaterra natal terminaba siendo un oásis para él.

A Moisés le encantó ver como las ventas aumentaban considerablemente.

Alex con su sonrisa siempre a flor de piel, tenía un gran poder de sugestión y parecía nacido para vender, además de ser como él se había autocatalogado, un gran conocedor de bebidas sabía realmente combinarlas muy bien. Aconsejaba permanentemente a sus clientes que probaran unas y otras, y nadie quedaba insatisfecho. Por ese motivo recibía propinas abundantes y eso transformaba su magra paga en un buen sueldo.

Casi todos los días, puesto que su trabajo era nocturno y lo obligaba a dormir de día, se despertaba empapado en sudor y con una pesadilla distinta. Con mucha frecuencia Sophie estaba en ellas. Siempre estaba clamando por su ayuda y él jamás podía brindársela.

En otras, la policía venía a buscarlo y él trataba de esconderse, pero no encontraba un lugar para hacerlo, y terminaban por encerrarlo en la cárcel de la que intentaba escapar haciendo túneles, pero jamás lograba terminarlos.

El tema de las pesadillas lo tenía bastante apesadumbrado y al no permitirle dormir bien, lo hacía sentir cansado con bastante frecuencia.

Comenzó a beber cuando terminaba su trabajo y a fumar marihuana. Todos sus compañeros de habitación lo hacían. Terminó por aceptar que era algo natural y que aunque sólo fuera en parte, lo ayudaban con sus pesadillas, o eso era lo que él creía probablemente como una autojustificación.

Cuando finalizaban su trabajo se iban todos juntos a la playa. Bebían y fumaban mientras bailaban al compás de la música que siempre llevaban consigo, hasta que se quedaban tendidos sobre la blanca arena.

Casi siempre iban acompañados por hermosas turistas inglesas que venían a Ibiza en busca de aventuras y sexo.

Cuando la luz del sol les daba de pleno sobre sus caras y eso generalmente ocurría al mediodía, volvían a su habitación con pasos tambaleantes y tarareando las canciones que habían estado bailando poco antes.

Muchas veces Alex se despertó en medio de su propio vómito.

Otras desnudo junto a alguna chica sin recordar como habían terminado así. Aunque no era difícil suponerlo él se apenaba por no recordar el momento que había pasado junto a ellas.

En una oportunidad se despertó al lado de uno de sus compañeros de habitación. Ambos estaban desnudos.

Ninguno recordaba nada de lo sucedido y prometieron mutuamente no volver a hablar del tema.

A Alex no le gustó nada la idea de pensar que tal vez había tenido una relación sexual con él. Aunque hubiera sido en estado de semiinconsciencia, no podía soportar la idea de que eso hubiera ocurrido.

No era que él viera mal las conductas de los homosexuales, por el contrario las entendía y apoyaba. Pero se sabía heterosexual. Y quería seguir siéndolo.

Su padre tenía ideas muy cerradas al respecto y le hubiera causado un gran dolor enterarse de esta posibilidad. Él no entendía ni justificaba la conducta homosexual. Siempre los catalogaba con desprecio de “maricas” y hacía gestos desagradables al referirse a ellos. Alex pensó que su padre jamás le perdonaría algo así aun cuando lo hubiera hecho drogado.

A todos sus compañeros le llamaba la atención que Alex no usara móvil.

Debía ser el único joven de los países desarrollados que no lo tenía.

-Cómo puedes vivir sin un móvil- le preguntaban todos. -Yo sería incapaz de dar un paso sin él. Lo primero que preparo cuando me dispongo a salir es el móvil, luego las llaves-.

-No pudiste imaginar lo cómodo que es no usarlo- contestaba. Nadie te despertó si estuviste durmiendo una siesta, ni interrumpiste si estás compartiendo caricias con una chica.

-En realidad, soy yo quién no entendiste a ustedes. Estuvieron siempre pendientes de él, como si fuera parte de su cuerpo. Muchas veces me preguntaste cuánto él pudo hablar por teléfono y a cuantas personas, puesto que los viste, siempre en sus tiempos libres, hablaste sin cesar. Y les garantizo que no tuviste respuestas. Vió que lo primero que hiciste, cuando terminaste vuestro trabajo, es ir a fijaste si alguien los llamaste o les dejaste algún mensaje. De verdad, yo tampoco los entendiste a vosotros, pero les pudiste garantizar plenamente que se vivo mas libre sin teléfono-.

Alex siempre trataba con esta u otra broma, de contestar a la curiosidad de sus compañeros, para que nadie pudiera pensar porqué era que él no lo usaba. Y lógicamente nadie lo adivinó.

También se reía en su interior con sus propias respuestas porque en Inglaterra, él no se separaba del teléfono ni por un instante. Hasta lo llevaba consigo al baño. -De todas maneras,-pensaba sin comentarlo con nadie- aquí no tengo a quien llamar así que es verdad que no lo necesito-.

Nunca se olvidaba de llamar a su tío cada 15 días. Preguntaba por su familia gatuna y le informaba que él estaba bien.

En muchas ocasiones, cuando estaba de buen humor, al sentir la voz de su tío al otro lado del teléfono, le contestaba con un guau, guau. Y ambos se reían. Al cabo de un tiempo dejó de parecerle gracioso y no lo volvió a hacer más. En una oportunidad, su tío, viendo en el identificador de llamada que decía desconocido, suponiendo con lógica de antemano que era él, en lugar de hola le dijo miau esperando que él le contestara con su clásico guau, pero Alex ya había decidido no hacerlo más y le dijo simplemente -:como estás-. Su tío jamás volvió a contestarle de esa forma.

John jamás pronunció su nombre por teléfono. Cumplía estrictamente las reglas que su hermano le había indicado, aunque muchas veces pensaba que era exagerado, no quería que por su culpa pasara nada de lo que tuviera que lamentarse.

A John le pareció que muchas veces el habla de Alex era balbuceante.

-Estas bebiendo demasiado o tomando drogas- le había preguntado sin retaceos.

-Ni más ni menos que el resto de la gente de la isla- había sido la respuesta tajante de él.

John se preocupó bastante ante esta respuesta. De alguna manera en su carácter de intermediario, se sentía con una cierta responsabilidad aunque más no fuera tácita y se lo comentó a Cleve. Realmente le había preocupado la respuesta de su sobrino y no quería quedarse con esa sensación. Consideró que sus padres debían saberlo aunque entendía muy bien que ellos no podían hacer nada.

Cleve y Kelly se pusieron muy tristes al pensar que no podían ayudar a su hijo en esa situación.

No se animaban a viajar a España. Temían que si los estaban vigilando, abrían a la policía la pista sobre el paradero de su hijo. Tuvieron que aceptar que era parte de todo lo que estaba sucediendo y que no podían solucionar nada. Fue otro golpe duro para ambos.

Lo único que Alex no cumplió en lo absoluto, fue la promesa que le había hecho a su padre de estudiar el español.

El curso de DVD y los libros seguían envueltos tal como el día en que se lo habían vendido. Ni siquiera había revisado su contenido. El trabajo le insumía casi todo el día y salir de parranda en forma sistemática no le dejaba tiempo libre para estudiar. De todas formas tampoco intentaba hacerse ningún tiempo libre.

Por suerte sus compañeros de trabajo, tenían interés de aprender ingles,

Sabían lo importante que era en esa isla. Por eso durante sus jornadas de labor, intercambiaban conocimientos. De esta forma aunque Alex no usara el curso, fue incrementando su vocabulario y corrigiendo los errores típicos sobre la conjugación de los distintos tiempos verbales.

Tal como le habían dicho todos al principio, sus compañeros no duraban mucho tiempo, el recambio era permanente, pero los que venían nuevos se ajustaban siempre a las mismas reglas, y como no había mucho tiempo para la amistad puesto que cuando no estaban trabajando estaban borrachos, él sentía que los cambios consistían simplemente en cambiar de nombres, por lo que no le afectaba en absoluto.

Cuando llegó la temporada de invierno el trabajo mermó un poco y sobre todo Alex notó un gran cambio. La discoteca ya no se atestaba de jóvenes bulliciosos. Los nativos de la isla seguían concurriendo pero no eran demasiados los que elegían este lugar para su distracción. A ellos no les gustaba mucho la cultura inglesa y por lo tanto no tenían interés en compartir el tiempo de diversión con ellos. Solían llamarlos guidis en tono despectivo, y aunque sabían perfectamente que la isla dependía casi exclusivamente del turismo y ellos eran gran parte del mismo, no le tenían mucha simpatía.

Esta época del año se caracterizaba por el arribo de parejas ya mayores, que aprovechando el clima favorable que tiene la isla, se alejaban del crudo invierno de sus países, para disfrutar su calidez. Y por las noches aprovechaban para beber y escuchar música.

La clientela ya no era tan inglesa, venía mucha gente de Suecia y Noruega, y cada tanto alguno de Dinamarca, Finlandia o Islandia.

Los países escandinavos tienen un crudo clima que dura casi todo el año. Apenas si gozan del sol durante 2 meses por eso, los mayores retirados ya de sus trabajos, llegaban a la isla en esa época en que el bullicio de la juventud veraniega no existía, a gozar de ese sol y esa tranquilidad que no podrían encontrar en otro momento.

El sol es un visitante habitual en Ibiza, y aunque no entraran al mar lo seleccionaban como lugar de vacaciones. Muchos de ellos no obstante, no tenían miedo al agua más fría de esa época y disfrutaban del mismo como si fuera verano.

-Sol y tranquilidad- decían frecuentemente - Que maravilla tenerlo a raudales como lo encontramos aquí- le comentaban a Alex en perfecto inglés, pues era raro que alguno de ellos no lo hablara correctamente.

A tal punto venían en busca de ese sol, que el día que estaba nublado, se enojaban y protestaban, preguntando con insistencia a los empleados cuando aparecería, como si ellos pudiesen manejar el clima a su antojo.

No era que no hubiese ingleses, pero el número era marcadamente reducido y todos optaban por acercarse a la barra, a hablar con Alex.

De esa forma sus ingresos no se vieron tan resentidos como los del resto de sus compañeros, aunque de todas formas habían descendido.

En España se acostumbra a hacer un bote, así lo llaman, que consiste en juntar las propinas de todos y luego repartirlas en partes iguales pero en esta discoteca no lo hacían. Cada cual se quedaba con lo que había obtenido.

Y eso le resultó muy favorable a Alex puesto que era el que recibía las mejores.

Sin demasiadas variantes transcurrieron dos años.

En ese tiempo, jamás vino la policía al lugar.

Alex se preguntaba con frecuencia cómo podía trabajar la discoteca con empleados ilegales y jamás tener problemas, pero nunca se le ocurrió averiguarlo. No era algo que le concerniera y no tenía porqué ser curioso ante los demás. A él le convenía que esto sucediese y eso era lo único que en verdad le importaba.

Hacía tiempo que sentía que podía moverse a su antojo y sin temor. Cavilaba mucho sobre la suerte que tenía que nunca lo pararan y le pidieran documentos. Tampoco veía que hicieran controles con el resto de las personas de la isla.

Por eso, al cabo de un tiempo de estar estudiando y sopesando las consecuencias, comenzó a pensar que era tiempo de intentar conseguir un trabajo más rentable y menos esclavizante. Que había sido un buen trabajo para recomenzar su vida pero que era tiempo de cambiar.

Se dijo a si mismo que lo primero que tenía que hacer era un curriculum. Decidió entonces que uno o dos días por semana, en lugar de ir con sus compañeros a emborracharse se dedicaría a leer los diarios locales para enterarse de las ofertas de trabajo.

Hizo esto en forma sistemática durante dos meses. Presentó su

curriculum en todos aquellos que le pareció interesante y que se sentía capaz de realizar. Nunca lo llamaron de ninguno.

Le gustaba la isla pero no quería seguir haciendo siempre el mismo trabajo, que si bien le agradaba, durante la época de verano que duraba más de 6 meses, no tenía ni un solo día libre. Y si bien esta circunstancia al principio le ayudaba a no pensar, ahora iba sintiendo el cansancio pese a su juventud. Por suerte en invierno, como el trabajo disminuía, podía tomarse algún descanso.

Hacía tiempo que había comprendido porqué muchos abandonaban ese trabajo. Es que en verdad terminaba agotando físicamente a cualquiera.

Se le pasó por la mente uno de sus compañeros, justamente Enrique, aquel que lo había recibido la primera vez que golpeó la puerta en la discoteca. El se había ido a Madrid hacía un par de meses.

Gracias a que su padre había estado trabajando unos años atrás en España, lo que le había permitido obtener la ciudadanía, después de largos y engorrosos trámites había logrado la tarjeta de residencia. Apenas la tuvo en su poder decidió que era tiempo de marcharse de la isla.

Había estado averiguando todo ese tiempo sobre los posibles destinos y había elegido Madrid, porque todos los comentarios coincidían en que las posibilidades de trabajo eran mayores al igual que en Barcelona.

Durante el tiempo que vivió en la isla había intentado aprender el catalán, pero se había dado cuenta que era una lengua muy rica y por lo tanto muy difícil y él no tenía facilidad para los idiomas. En su trabajo no había tenido nunca necesidad de usarla, pero sabía que si se quería radicar en Barcelona, tarde o temprano tendría que hablarla si tal como pensaba quería progresar. Y considerando que ese deseo de progreso era justamente lo que lo impulsaba a cambiar de residencia, había descartado esta segunda opción y elegido Madrid.

Desde que se había marchado de la isla no había sabido nada de él, pero tenía sus datos personales con lo que suponía que podría encontrarlo.

Pese a que mucha de sus ganancias las gastó en drogas y alcohol había ahorrado suficiente dinero como para animarse a intentar este cambio.

Pensó que era mejor hacerlo sin decírselo a sus padres. No quería preocuparlos y sabría que esto sucedería en cuanto lo supieran.

Él empezaba a sentirse seguro en España pero no estaba tan seguro que sus padres compartieran su punto de vista.

Alex sabía que podía estar exponiéndose a ser detenido, pero sus dos años de tranquilidad absoluta en la isla le dieron valor. Además se había dicho a si mismo que todo en la vida tiene un riesgo y que valía la pena correrlo. Por sobre todas las cosas no quería seguir escondiéndose más. Consideraba que el tiempo de ser invisible había expirado. Quería caminar como un ciudadano más, poder decir sin temor su nombre. Usar su documentación. Tener un trabajo con nómina. Quería sentir que no tenía que continuar siendo invisible..

No pasó mucho tiempo desde que empezó a pensar en este tema hasta que se marchó.

Como él no tenía móvil no se le había ocurrido anotar el de Enrique antes que se marchara. Se le ocurrió pensar que a lo mejor alguien podría haberlo hecho. -Es bastante seguro que alguno de mis compañeros lo haya anotado- se dijo.- Á todos les encanta hablar por teléfono-. Pero no fue así, nadie lo tenía. Esto ponía bien en evidencia que no los había unido más que una simple relación de trabajo y orgías, pero que no había nacido ni una pizca de amistad entre los componentes del plantel.

Por suerte se le ocurrió preguntarle a Moisés. Él lo tenía registrado en su ficha personal y no tuvo inconveniente en dárselo. -Supongo que seguirá con el mismo número le había dicho. No tiene mucho sentido que lo haya cambiado-.

Aprovechó la ocasión para volverle a reiterar que sentía mucho que se fuera y que si por alguna razón quería volver siempre encontraría un lugar disponible.

Se lo agradeció con una sonrisa, mientras pensaba que lo último que desearía que le pasase, sería encontrarse en la situación de tener que volver para pedirle trabajo. Moisés resultó como le había dicho Enrique el primer día, un tipo macanudo de verdad. Pero eso no cambiaba la situación esclavizante del trabajo. Si de algo estaba seguro era que si se había decidido a partir, no era con intención de volver.

Tomó nota del teléfono y se despidió. Ahora pensaba que iba a localizarlo sin problemas.

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