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tarde para volver Capitulo 10

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Le costó mucho a Alex permanecer solo en España, a la espera que regresara su novia. Tenía tanto que contarle! Ahora podía abrirle su corazón y hablar sin interponer en el medio ninguna mentira.

La llamaba todos los días, era la única forma de acortar su ausencia, pero por supuesto no iba a decirle nada hasta que no estuvieran frente a frente.

Charlaban por más de una hora, a través del Messenger.

A Mabel también le hacia mucho bien estas conversaciones.

Su padre estaba viviendo sus últimos días, y la tristeza que imperaba en la casa, especialmente la de su madre, la agobiaba bastante.

Habían estado casados durante 35 años, y no era fácil para ella pensar en la soledad que a partir de ahora la acompañaría.

Aunque tenía otros dos hijos casados que vivían cerca de ella y que estuvieron a su lado todo el tiempo, la ausencia de nietos, sabía que haría más notable su soledad.

Mabel permaneció unos días junto a su madre después de la muerte de su padre, hasta que se acabaron sus vacaciones.

Quería acompañarla la mayor cantidad de tiempo posible. Entonces se dio cuenta que, si la llevaba a España, podría alargar ese período.

Le propuso que viniera con ella. Le haría mucho bien alejarse de todos los recuerdos que encerraba esa casa.

Sus hermanos estuvieron de acuerdo. Entre los tres hijos juntaron el dinero para el pasaje.

En un primer momento, Ester no aceptó la propuesta. Nunca se había movido de su país, ni siquiera lo había hecho dentro de su país. En realidad nunca se había movido del barrio. Allí vivían sus padres y, cuando se casó, se quedó muy cerca de ellos. No había tenido luna de miel, pues sus recursos no se lo permitieron. Tampoco nunca había tenido vacaciones, por eso la idea de ir a España, que en su imaginación quedaba tan pero tan lejos, la asustó en lugar de alegrarla.

Pero Mabel, con su característica paciencia, supo encontrar las palabras apropiadas para hacerle cambiar de idea.

-Mamá te hará mucho bien alejarte por un tiempo, además podrás conocer a mi novio y darme tu bendición si así lo crees conveniente- le había dicho con ternura. -No sabes lo que significaría para mí que te gustara. Por favor, necesito tanto que lo conozcas y conozcas el lugar donde vivo. Te va a gustar tanto! Estoy tan segura! – Y así continuó dándole motivos y ánimos.

Ester, después de escuchar todas las explicaciones y ruegos de Mabel durante más de dos horas, terminó encontrando las fuerzas necesarias para vencer su reticencia.

-Aunque sea por mi hija tengo que hacerlo-, se había dicho interiormente.- Ella se lo merece y tal vez, tenga mucha razón al decirme que me hará bien alejarme por un tiempo de todo esto, hasta que mi corazón vaya entendiendo que ya no lo tendré más a mi lado. Lo entenderá alguna vez?- dijo en un suspiro lleno de tristeza.

Apenas su madre aceptó la propuesta, llamó a Alex para comunicárselo. A él también le pareció una buena idea. Conocía perfectamente lo que es la separación de sus seres queridos y lo que significa la soledad.

A la mañana siguiente fueron a obtener el pasaporte de Ester y comprar su pasaje. Aprovechó además para actualizar su fecha de regreso.

Al subir al avión, Ester sintió pánico y casi desiste del viaje. Pero ahí estaba Mabel y su increíble capacidad de dar ánimo a la gente.

Durante el viaje mostró cierta desazón, pero terminó tranquilizándose y quedándose profundamente dormida apoyada en el hombro de Mabel.

Cuando llegaron a España, Alex las estaba esperando en el aeropuerto.

Él la vio tan triste que sintió deseos de abrazarla. No pudo dejar de pensar que probablemente su madre tendría la misma tristeza o al menos la había tenido mucho tiempo después de su partida. Por eso abrazó con fuerzas a Ester con la mente puesta en su madre.

-Bienvenida a España, Ester!- le dijo con alegría. -Me alegro mucho que hayas decidido venir. No te arrepentirás, te lo aseguro-.

Ya sentados en el coche, hablaron durante todo el viaje.

-Lamentablemente- dijo Alex- mañana tenemos que empezar a trabajar y como sabes, tenemos que concurrir a nuestras clases en la universidad, por lo que espero que no te sientas demasiado sola en esta ciudad desconocida. La zona de Alcobendas, donde vivimos, es un barrio tranquilo. Puedes salir a caminar sin temor. Te dejaremos nuestros teléfonos para que nos llames si no te encuentras bien o te sientes perdida. No titubees en hacerlo. Mejor que eso- dijo Alex reflexionando- te dejaremos uno de nuestros celulares para que puedas llamarnos desde donde estés sin necesidad de estar buscando una cabina telefónica-.

Ester se sintió muy bien acogida por su yerno y miró con cara de complicidad a Mabel, para hacerle entender que le gustaba mucho su novio. Hizo un gesto en el aire de la señal de la cruz para hacerle entender que le daba su bendición tal como ella le había pedido que lo hiciera si en realidad le gustaba.

Mabel sonrió, también con un gesto cómplice de que le había entendido.

Cuando llegaron al departamento se encontraron que Alex le había preparado la habitación a Ester y había colocado un ramo de rosas en la mesita de luz.

Por supuesto había otro ramo de rosas junto a la de Mabel.

Se fueron a acostar temprano. Todos estaban cansados, incluso Alex, porque el avión había llegado muy temprano y había tenido que madrugar para ir a buscarlas.

Esa noche, cuando se quedaron solos, Alex le dijo a Mabel que tenía que hablar con ella. Estaba entre excitado y asustado. Era mucho lo que tenía que decirle y sobre todo eran cosas demasiado fuertes e importantes.

Le contó todo lo sucedido hasta el día que tuvo que marcharse de Inglaterra.

Ante cada palabra del relato, él estudiaba la reacción de Mabel. Tenía tanto miedo que ella lo dejara!

En lugar de un gesto de rechazo, recibió de Mabel la sonrisa más dulce y comprensiva que había visto jamás, quien con un gesto cariñoso, le dijo:

-Alex, desde el primer día que te vi supe que detrás de esa encantadora sonrisa se escondía una gran tristeza. Tengo la facilidad de adivinar cuando una persona necesita ayuda. Es como un don que me acompaña desde mi niñez. Mi corazón podía ver tu gran pena. Creo que esa fue la causa por la que acepté tu invitación. Cuando el tiempo pasaba y nuestra relación iba creciendo, siempre esperaba que un día te decidieras a contarme aquello que te producía tanto dolor. Me decía a mi misma que tenía que ser paciente. Que no debía apurar la situación. Que el día que sintieras que podías hacerlo, lo harías. Por lo que puedo ver, hoy es ese día. Me alegro que por fin te hayas animado. Debe haber sido muy difícil para ti, puesto que has esperado tanto tiempo. Tengo que confesarte que cuando no querías hablar de tus padres yo pensé que habías tenido una infancia de abusos y maltratos. Lamento haber pensado así de ellos pero fue lo único que se me ocurrió cuando te negabas tan terminantemente a hablar sobre ese tema-.

-No sé cómo agradecerte tus palabras amor mío- le dijo mientras miraba con ternura y admiración a Mabel. -Tenía tanto temor que al saber mi verdad te alejaras de mí! Que huyeras espantada por lo que había hecho-.

-Y porqué iba a hacer eso? Que habías hecho para que te dejara?- le dijo.

-Ya te conté que todas las chicas que conocí en Ibiza huían espantadas por mis pesadillas. Imaginaba que si las pesadillas podían separarlas, cuanto más lo haría mi historia. Tú fuiste la única que me ofreció su abrazo para consolarme. Gracias a ti, logré que con el tiempo casi desaparecieran. No obstante, temía que esta verdad fuera demasiado grande para ti-.

-Que verdad Alex? Que tuviste un accidente? Quién no tiene, en su vida, algo que lo avergüenza o lo atemoriza? Yo no conozco a nadie-. Y agregó:

-Y no creo, verdaderamente, que debas sentir vergüenza. Si por supuesto, culpa, eso lo entiendo, sobre todo por haber manejado borracho. Pero muchas personas creen que pueden dominar sus impulsos aunque su cerebro esté obnubilado por el alcohol. No te estoy justificando. En absoluto. Estuvo mal. Y eso sí, no tiene cambio, simplemente estoy tratando de que entiendas que no lo hiciste a propósito. Que no te subiste al auto pensando que podrías atropellar a alguien. Ni siquiera pensaste que podrías haber chocado, y haber sido tú el que perdiera la vida. Simplemente no pensaste porque el alcohol no te lo permitió. Y vuelvo a repetirte que no estoy justificando lo que pasó. Sólo estoy tratando de entenderlo y sobre todo que tú lo entiendas. Un accidente es solo eso, Alex. Un accidente. Algo que ocurre sin que uno se lo proponga. No buscaste atropellar a aquel hombre, verdad? Simplemente ocurrió- dijo dulcemente.

-Escuchado de tus labios y con tus palabras, todo parece tan sencillo, que lamento no habértelo dicho antes. Hubiera encontrado consuelo hace mucho tiempo. Lo lamento muchísimo- contestó Alex.

-Como te dije antes. Hay un momento para todo. Y éste fue tu momento para hablar- dijo Mabel, mientras le acariciaba la mejilla.

Alex respiró profundamente.

Todavía tenía que contarle a Mabel lo de Joey.

-Que ocurre Alex, porque esa cara de angustia? Es que acaso falta algo más en tu relato-.

-Si- le respondió inhalando con fuerza el aire. -Todavía falta algo más que tengo que contarte. Algo que descubrí en mi viaje y de lo que todavía no me repongo- le dijo en un tono de profunda tristeza.

Se lo contó todo, con todos los detalles que recordó. Le abrió su corazón completamente. Le contó toda su relación con Sophie y Pete desde su infancia. Su amor por ella. Su dolor de irse sin una explicación, ni siquiera un saludo, para las dos personas que habían sido después de su familia, lo más importante en su vida. Todo lo que pensó al respecto. Sus dudas de marcharse o preferir la cárcel. Lo que supuso que podrían haber pensado de él su novia y su amigo. Trató de que ella supiera absolutamente todo sobre él como compensando los años de silencio.

Mabel lo abrazó con todas sus fuerzas, lo besó en las mejillas, en los ojos, en la frente y por último en los labios. Lo besó apasionadamente. Quería transmitirle no sólo su amor sino su apoyo incondicional.

-No sé que decirte con respecto a Joey- le dijo con verdadera pena -Es verdad que es muy pequeño para contarle la verdad, pero pienso que de alguna manera, deberías tener algún tipo de relación con él. Es tu hijo después de todo!-.

-Lo sé, no hago más que pensar en ello!- contestó Alex.

Mabel se quedó pensativa durante unos instantes tratando de imaginar en que forma podrían relacionarse ambos.

Tenía que existir alguna forma de que Joey supiera que su padre no se había desentendido de su hijo. Algo que lo uniera aunque fuera a la distancia.

Cuando no conocía su existencia era una cosa. Pero otra muy distinta, ahora que la conocía. Lo primero no había sido técnicamente un abandono, pero este último, Joey sí podría, en algún momento de su vida, interpretarlo como tal.

Entonces tuvo una idea.

-Creo que podrías empezar mandándole tarjetas para su cumpleaños y para navidad y que Kelly se las fuera guardando para mostrárselas cuando llegue el momento de hablarle. En ellas, podrías ir contándole cuántos deseos tienes de abrazarlo y compartir su vida, para que, cuando él se entere de todo, no sienta que lo abandonaste. Sería una manera de estar hablándole, aunque él todavía no pueda enterarse de tu conversación. Pienso que cuando él las lea, no sólo podrá comprender la situación, sino entender todos esos sentimientos tuyos hacia él que guardaste durante todo ese tiempo pensando siempre que todo lo que hacías era para su propio bien en menoscabo del dolor que te producía estar separado de él. Tendrá la certeza que no te olvidaste de él en ningún momento desde que supiste de su existencia. Que seguiste paso a paso su vida. En pocas palabras, que cuando él las lea, sepa cuánto quisiste compartir tu vida con la de él- concluyó Mabel.

-Es una magnífica idea, Mabel. Realmente Dios, en lugar de castigarme por lo que había hecho, me premió con tu existencia!. A ninguno de nosotros tres ni a mis padres, se nos ocurrió esa idea. Gracias de nuevo, amor mío. No se que haría sin ti-.

Mabel sonrió y le dio un apasionado beso de amor.

Se abrazaron e hicieron el amor como no lo habían hecho antes.

A la mañana siguiente retornaron a sus respectivos trabajos.

Alex se sentía completamente relajado después de la tensión vivida.

Mabel tenía la capacidad de provocar en él un estado de tranquilidad absoluta. Siempre tenía las palabras justas y esos gestos cariñoso, que estaban en ella a flor de piel, cuantas veces él los necesitara.

Esther había decidido permanecer en la casa. No se animaba a salir sola, pese a lo que le había dicho Alex. Nunca lo había hecho antes. Se había casado muy joven, y el mismo día que se había separado de la protección de sus padres, había empezado a sostenerse de las manos de su marido.

Por eso, cuando tenían sus días libres y no estaban muy atareados con el estudio, llevaban a Ester a pasear y conocer Madrid.

Ester, que jamás se había movido de un circuito reducido a pocas calles en su ciudad natal, se entusiasmaba con todo.

Lo que más le llamó la atención fue el palacio real. Nunca antes había visitado un palacio. Ni siquiera lo había visto en fotos.

Ella no estaba acostumbrada a vivir en un reino, y le gustaba enterarse de las novedades de los reyes, del príncipe y de Doña Leticia, próxima a convertirse en princesa cuando la desposaran.

Le resultaba extraño pensar que todavía existieran reyes, príncipes y princesas en la vida real.

Nunca había sido una gran lectora. No solía leer los periódicos ni ver muchos noticiarios. Ocupada con su casa y sus tres hijos, nunca se había dado mucho tiempo para ella.

Aquí, en España, disponía de mucho tiempo libre y miraba durante muchas horas los programas televisivos. Y casi todos los días mostraban algo de sus actividades. Le llamaba mucho la atención que los españoles quisieran tanto a sus reyes y príncipes.

También le gustaba ver por televisión a la duquesa de Alba.

Le parecía una mujer muy graciosa por la forma en que combinaba los colores de su vestimenta.

En pocas palabras, Ester se sentía realmente a gusto en España.

Con el tiempo se animó a salir sola por los alrededores aunque nunca se alejaba mucho.

Le daba tristeza pensar que tenía que volverse, pero tenía que hacerlo. Habían quedado muchos trámites pendientes que tenía que finalizar.

Sentía que había sido una excelente idea la de Mabel de traerla y alejarla de sus recuerdos, que en su casa hubiera encontrado en cada mueble, retrato u objeto visible a cada instante o estuviera haciendo lo que estuviera haciendo.

Aquí no había nada material que estuviese al alcance de su vista. Los recuerdo estaban en su corazón, y esos si que estarían allí para siempre. Ester tenía la absoluta seguridad que jamás nada, ni el tiempo ni la vida, iban a poder menguar la tristeza que les producían.

Alex y Mabel también sabían que tendría que marcharse y también a ellos les daba tristeza.

Alex empezó a pensar que su relación de noviazgo tenía que tocar su fin y comprometerse seriamente y que no habría mejor momento para ello que eso ocurriera antes que la madre se marchara, para que pudiera compartir el día de la boda. La situación económica no era buena para ninguno como para pensar que Ester volvería pronto a visitarlos.

Él había escuchado infinidad de veces como su padre le había propuesto matrimonio a su madre y suponía que a Mabel también le gustaría el romanticismo y la sorpresa así que decidió repetir la escena.

Le compró el mejor anillo que le permitió su presupuesto.

Le contó a Ester de sus planes y le pidió su complicidad para llevarlos a cabo. Le pidió que se hiciera la indispuesta el día que él la llevara al parque para pedirle que se casara. De esa manera Mabel no sospecharía porque su madre no salía con ellos como era la costumbre.

Organizaron la salida el día domingo.

Cuando estaban a punto de partir, Ester dijo que tenía un repentino cólico intestinal. Fue al baño y cuando volvió les comunicó que no se animaba a moverse de la casa porque temía que tuviera necesidad urgente de un toilette y no lo tuviera a mano.

Mabel le contestó que no se preocupara. -Todos nos quedaremos a hacerte compañía- le había dicho con un beso en la mejilla. -Era un simple paseo por el parque el que estaba planeado, lo podemos dejar para otro día- había dicho sin darle ninguna importancia.

Ester le rogó que por favor no hiciera eso, puesto que ella se sentiría muy mal al saber que, por su culpa, iban a desperdiciar ese hermoso y soleado día de domingo.

-Pero mamá, si no te sientes bien, es mejor que estemos a tu lado-.

-Y para que?- le había dicho su madre- me vais a acompañar al baño cuando lo necesite?- agregó.

-Es que jamás te quejas por nada. Me preocupa que no te sientas bien. Tenías tanta alegría con los preparativos de este paseo que me entristece dejarte sola en casa. Eso, sin tener en cuenta que podrías no sentirte bien y necesitar ayuda-.

-Claro, eso es posible -contestó Ester, -pero se arregla muy fácilmente. Si necesito ayuda, los llamaré al móvil. Vayan al parque y disfruten, por favor. No me hagan rogárselo nuevamente-.

Alex le dijo a Mabel que su madre tenía razón en lo que le estaba diciendo. -Es un día maravilloso, no perdamos el paseo. Quiero llevarte a almorzar a ese restaurant que tanto te gusta. Ester nos llamará si nos necesita y nosotros vendremos corriendo-.

Un poco a regañadientes Mabel aceptó.

Alex la llevó al parque, y tal como había hecho su padre, la invitó a sentarse en un banco. El lugar estaba rodeado de hermosas flores, aunque faltaba el lago con los cisnes, pero no le importó.

-Que hermoso día! -dijo Alex aspirando el perfume del aire.

-En verdad lo es- contestó ella.- Pero que raro estás!. No entiendo que te pasa. No sueles ser tan romántico. En realidad, creo que es la primera vez que te veo tan romántico. Nunca fue tu fuerte-.

-Es que siento que este día será un día diferente para ambos-.

-Y porqué?-, preguntó curiosa.

Mabel, que siempre había sido tan sensitiva, no presintió en ningún momento lo que estaban a punto de proponerle. Él había sabido ocultarlo muy perspicazmente. Había tomado todas las precauciones posibles, incluso ocultar sus emociones, y eso si que le había resultado difícil. Pero, evidentemente, lo había logrado.

Y tal como lo hizo su padre, se arrodilló en el parque, que estaba repleto de gente, muchas de las cuales se quedaron contemplando la escena, sacó de su bolsillo el estuche y abriéndolo, tomó las manos de Mabel en su mano vacía y le dijo tiernamente: -Aceptarías ser mi esposa?-

Mabel sintió que la felicidad la embargaba totalmente. No esperaba esta propuesta ni mucho menos una escena semejante. Alex nunca había tenido manifestaciones románticas con ella hasta ese momento.

-Claro que acepto. Es que acaso lo dudabas?- le contestó una vez que se hubo repuesto de la sorpresa.

-No- le respondió con una sonrisa, -no lo hubiera hecho si tenía dudas, pero quería cumplir con un procedimiento establecido y por primera vez mostrarte que soy capaz de ser romántico, aunque no sea mi principal característica. Y además, por sobre todas las cosas, sorprenderte-.

-Espera un momento,- dijo Mabel reaccionando y con una sonrisa picarona,- mi madre no esta indispuesta, o si?-

-No, claro que no lo está. Fue todo un complot que organizamos entre los dos. Actúa muy bien tu madre. Te lo hizo creer, no es cierto?-

-Por supuesto que me lo hizo creer. Hasta hace unos instantes estaba pensando si me estaba necesitando. Pues si que lo habéis organizado en completo secreto. No entiendo cuando lo hicieron. No recuerdo que hayan estado solos-.

-Buenos- dijo Alex, divertido- tú también tienes necesidad de ir al baño, no?-

-Eres increíble, mi amor. No te imaginas cuanto te agradezco este regalo que me has hecho. El del anillo con la proposición, por supuesto, pero la forma en que has organizado todo para darme esta sorpresa me demuestra cuánto piensas en mí y cómo me quieres. Ha sido el mejor regalo de boda que podías haber imaginado. Volvamos a casa a buscar a mi madre y vayamos todos juntos a almorzar. No me parece justo que la dejemos sola-.

-Iba a proponerte exactamente lo mismo. Vayamos a buscarla-.

-Y cuando has pensado que nos casaremos?- le preguntó Mabel.

-He apresurado el pedido para poder hacerlo antes que tu madre se vuelva a Uruguay. Cuánto tiempo crees que te pueden llevar los preparativos?-

-Hummm- dijo sonriente, -como un minuto estaría bien? Bueno, tal vez necesite dos-.

-Estoy hablando en serio le contestó. Cuánto tiempo?-

-Es la primera vez que voy a casarme así que no tengo ninguna experiencia al respecto. Tendremos que preguntar en el registro civil-.

-Y el resto de los preparativos?- Le preguntó. -Cuánto tiempo crees que te llevaran?-

-A que preparativos te refieres? -

-No lo se, le contestó. Para mi también es la primera vez, pero es que mi madre me comentó que durante cuatro meses estuvo tan ajetreada que no paraba un momento de ir de un lado a otro y yo nunca le pregunté en que consistió semejante ajetreo-.

-Deduzco de lo que me cuentas que tu madre debe haber hecho un gran festejo. Yo no quiero fiesta. Siempre me imaginé que el día de mi boda se celebraría en total intimidad. Que sólo estarían presentes mis seres más queridos. Y fíjate lo que son las circunstancias de la vida! Mi padre no estará y no creo que mis hermanos puedan viajar. Me queda solamente que pueda hacerlo tu familia. No sabes cuánto te agradezco que hayas pensado en que todo sucediese antes que mi madre volviese a su casa. Que ella esté cerca de mí ese día va a compensar en parte la ausencia del resto-.

-Entonces, mañana iremos al registro civil y decidiremos la fecha. Ahora, vayamos a buscar a tu mamá-.

Ester se asombró al verlos regresar tan pronto. -Que pasó?- preguntó ansiosa.

-Estaba muy preocupada por ti- le dijo con ironía Mabel -sabiendo que estás tan mal y yo tan lejos-.

Ester ya había observado el anillo en el dedo de Mabel, por lo que pudo interpretar con claridad su ironía.

-Hemos venido a buscarte. Iremos todos juntos a almorzar y a celebrar- le respondió con mucha alegría.

Ester abrazó con fuerzas a ambos y les deseó que fueran muy felices. Se fue a vestir y partieron.

Al día siguiente, a la hora del almuerzo, ambos fueron al registro civil y fijaron la fecha en un mes.

Esa misma tarde, al salir del trabajo, fueron a hablar con el sacerdote que oficiaba misa en la iglesia a la que Mabel solía ir con frecuencia.

Apenas llegaron a su casa se comunicaron por Messenger con los hermanos de Mabel para darles la noticia. Luego hicieron lo mismo con los padres de Alex.

-No sabes lo contenta que estoy- le había dicho Kelly y realmente su cara reflejaba esa felicidad a través de la cámara. Conozco a esa chica nada más que por lo que puedo verla a través de este sistema, lo poco que hemos hablado y lo mucho que me has contado de ella, pero puedo asegurarte que ya la quiero como a mi hija.-

-Creen que podrán venir los tres para la boda? Conseguirán permiso en el trabajo Cleve y Bob- le preguntó ansiosa Mabel.

Los cuatro hablaban casi a la vez a través del Messenger, por lo que a veces había que repetir la pregunta porque se mezclaban las voces, y nadie entendía nada.

-Preguntaremos mañana en el trabajo- le había contestado Cleve. -Han hablado con Bob?-

-No, todavía no pudimos hacerlo. No estaba conectado y como vimos que ustedes si lo estaban, los llamamos primero. Cuando terminemos, lo llamaré por teléfono.-

-Quieren que vaya a ayudarlos en los preparativos? Un mes me parece bastante poco tiempo para hacer todo lo que se necesita-.

-No habrá preparativos Kelly- le contestó Mabel. -Ya he hablado con mis hermanos y no pueden viajar. El viaje es demasiado costoso, y está totalmente fuera de su alcance. Tampoco lo está en el nuestro, sino lo haríamos con mucho gusto. Sólo habrá una ceremonia sencilla. Y luego iremos los ocho a almorzar. Preparar esto no me llevará mucho tiempo, pero gracias por el ofrecimiento- le dijo amablemente.

-Ocho?, preguntó Kelly asombrada. Quién más vendrá?-

-Todavía no lo hemos llamado, pero supongo que John y su esposa aceptarán nuestra invitación. Han sido tan buenos con nosotros cuando fuimos a visitarlo. Nos demostró tanto cariño, que supongo que no tendrán inconvenientes en venir. Continuando con lo que conversábamos sobre la recepción, yo nunca soñé con una gran fiesta, pero de todas formas, tampoco tenemos dinero para hacerla. Ni siquiera para irnos de luna de miel. En verdad no tenemos ni dinero ni tiempo-.

Kelly se sintió muy triste porque su hijo y su nuera no iban a tener una boda completa, según sus sentimientos.

Cuando cerraron el Messenger, Kelly le preguntó a Cleve sino podían hacerse ellos cargo de los gastos, de la misma manera que Antonio lo había hecho con ellos.

-Por supuesto que lo haremos. Ya mismo vuelvo a comunicarme con ellos-.

-Déjame hacerlo a mí- le suplicó Kelly,- sabes lo importante que es para mí todo esto.

-Por supuesto- contestó Cleve. –Hazlo-.

Kelly volvió a llamar a Mabel para contarle lo que habían decidido.

-Gracias por todo lo que quieren hacer por nosotros- le dijo realmente agradecida Mabel- pero de verdad Kelly, yo siempre quise una ceremonia sencilla y el hecho de que ni mi padre ni mis hermanos puedan estar presentes me hace redoblar ese sentimiento. No es sólo por el dinero que no quiero la fiesta, es que aquí no tenemos verdaderos amigos ninguno de los dos. Tenemos ciertas amistades del trabajo y de la facultad, pero no las sentimos como una amistad profunda y no tendría mucho sentido organizar una fiesta-.

-De acuerdo- dijo Kelly con una tristeza que no podía disimular, -entonces, déjennos regalarles la luna de miel-.

-Otra vez tengo que darte las gracias, pero lamentablemente, tampoco eso podemos aceptar, puesto que ninguno de los dos tenemos días de vacaciones por lo que resta del año. Las hemos tomado para ir a Uruguay y a Inglaterra respectivamente-.

Kelly sintió que no podía hacer nada para brindarles a sus hijos una gran boda y eso la entristeció mucho, porque para ella eran cosas muy importantes que duran para siempre en el recuerdo.

-Puedo al menos regalarte el vestido de novia? por favor- le dijo humildemente en un intento por ayudar en los preparativos.

-Eso si que puedes. Pero recuerda que tiene que ser muy sencillo. Nos casaremos cerca del mediodía y luego iremos a almorzar a un restaurant común, así que no puedo ir con un vestido muy pomposo. Me parece que lo más apropiado es que tampoco sea largo hasta el piso. A mitad de piernas, creo que estaría más acorde con las circunstancias. No olvides además, que no tengo tiempo para que me hagan uno a medida, por lo que pienso ir mañana sin falta a la tienda, a probarme los que están a la venta, para que tengan tiempo suficiente para hacerme los retoques que sean necesarios. Se que no cumplo con lo que te gustaría- le dijo Mabel tratando que Kelly no se sintiera decepcionada con sus decisiones.

-Entiendo perfectamente lo que significa para ti todo esto, pero mi visión es completamente diferente y por suerte Alex me apoya sin retaceos.-

-Será como tú lo quieras- le contestó. -Tengo que entender que es tu boda y no la mía- Ambas rieron ante esta acotación. Siguieron charlando por un largo rato sobre cosas relacionadas con el tema.

Por la noche llamaron a John, quién no sólo se alegró muchísimo con la noticia sino que les había contestado que por nada del mundo se perdería la boda de sus sobrinos predilectos.

Ya estaban todas las invitaciones realizadas y aceptadas.

Al día siguiente Kelly la llamó para decirle que ni Bob ni Cleve habían podido conseguir días de vacaciones, pero que habían podido cambiar sus dos días libres en el trabajo por ese fin de semana. Dispondremos sólo de esos días. Nos hubiera gustado que fuera más pero nos conformamos con poder estar todos presentes en la ceremonia.

-Serán suficientes- le contestó. -Lo importante es que estemos todos juntos en ese momento.- se despidieron como siempre después de intercambiar opiniones por un período prolongado de tiempo.

En la noche anterior al día de la boda, en el último vuelo disponible, que por suerte consiguieron en una compañía de bajo coste, habían llegado sus padres y su hermano con la novia. Era cerca de la medianoche.

Fue una hermosa sorpresa para Alex y Mabel ver que Bob había venido con su novia. No les había dicho nada y les encantó a ambos.

Se fueron todos a acostar. Habían preparado un par de colchones inflables para dormir ellos, dejándoles la cama matrimonial a sus padres. Para Bob habían preparado el diván del living, que era muy cómodo, pero para una sola persona. La otra cama disponible era de mediano tamaño, pero la estaba usando Ester, así que tuvieron que pedirle a ella que por favor se mudara al diván y les dejara su cama a Bob y su novia.

Ester no tuvo ningún problema. De esta forma encontraron ubicación para todos en la casa y ninguno tuvo que ir a un hotel, lo cual les pareció una maravillosa demostración de afecto.

Kelly y Cleve se sintieron muy felices porque sus hijos, como ya los llamaba, le habían cedido su habitación.

A la mañana siguiente descubrieron que casi ninguno había podido dormir por la excitación que tenían.

Bob, porque iba a ser el padrino de su hermano y eso lo hacía sentirse muy importante. Nunca antes había actuado como tal y temía no saber hacerlo bien.

Kelly, porque no hacía más que pensar en la ceremonia. De que manera se desarrollaría y sino cometería ningún error. Lo había despertado a Cleve varias veces durante la noche, preguntándole cosas sin ninguna importancia.

Ester, porque su hija se casaba, y aunque no era el primer hijo que lo hacía, si era la primera vez que su esposo no estaría. Temía que la tristeza no le permitiera disfrutar de ese día tan importante para su hija.

Y por supuesto ellos dos, porque eran los verdaderos protagonistas de todo esto.

John y su esposa vendrían en avión e irían directamente a la iglesia, puesto que el vuelo llegaba cerca del mediodía.

Bob, Cleve y Alex, tuvieron que ir a tomar algo al bar de la esquina, Mabel, tenía que vestirse y Alex no podía verla. Cuando estuviera lista, los llamarían al móvil.

Bob y Alex partirían para la iglesia y Cleve se encargaría de llevar a la novia en el coche. Aunque la iglesia estaba a pocos metros de la casa, era lógico que no fuera caminando. Él estaba acostumbrado a manejar en España. Lo hacía siempre que venía a visitar a su hermano a Barcelona.

Mabel estaba bellísima. Su vestido era muy sencillo, solo estaba realzado por un bordado de perlas y flores de azahar en el busto. En la cabeza lucía un pequeña coronita de las mismas flores. La falda se abría en varios volados de distinto largo, pero ninguno llegaba más allá de la media pierna.

Su madre lucía un sencillísimo vestido negro. Ella se encargaría de llevar a su hija al altar.

Cleve vino a buscar a Mabel apenas ella lo llamó.

Ester y Kelly se fueron caminando a la iglesia. Kelly vestía un traje de dos piezas de color verde aceituna, y una blusa blanca. Llevaba además cartera y zapatos al tono.

Cuando Mabel entró a la iglesia del brazo de su madre y llevando un pequeño ramo de flores de azahar en las manos que mostraban un leve temblor de emoción, Alex no pudo menos que mirarla con total admiración. La que sería su esposa en pocos minutos, estaba increíblemente bella.

Él estaba parado en el altar junto a su madre. Tenía puesto traje y corbata azul y una camisa blanca con alforzas en la delantera.

La ceremonia fue tan sencilla como Mabel había deseado, pero sumamente emotiva. Las palabras del sacerdote habían sido muy cálidas y en varias oportunidades, las cinco mujeres estuvieron a punto de llorar. Cleve las había observado y había pensado, riéndose para sus adentros,- las mujeres son todas iguales! Lloronas! Cualquier cosa las emociona al punto de hacerlas llorar-.

John también había observado la escena y pensado exactamente lo mismo.

Cuando ambos lo comentaron, ya sentados en el restaurant, se rieron con fuerzas. Ambos estaban de acuerdo que las mujeres, sino todas, la mayoría eran “romanticonas incurables”. Y que les encantaba llorar.

Cuando el oficio religioso terminó, luego de los saludos habituales, y tal como estaba planeado, se fueron todos a almorzar.

Al entrar al mismo, Mabel se sacó la corona de azahares que lucía sobre su cabello.

Todos se sentaron alrededor de la mesa.

Sirvieron un bandeja de jamón crudo y variedad de quesos como entrada, luego pulpo a la gallega con diversos acompañamientos de vegetales y por último helado de fresa con crema chantilly y confites de chocolate por encima.

Cuando recién terminaban de servir los postres, Cleve miró el reloj y mostró cara de preocupación. Estaba disfrutando tanto de la reunión que no había notado la hora que era.

Con cara de circunstancias y voz grave, dijo: -Todo ha salido perfecto hasta ahora pero sino salimos corriendo perderemos el avión-.

Mabel inmediatamente le pregunto, con aire de tristeza.- El avión?, pero es que no partían mañana por la nochecita?-

-Por supuesto, hija, nosotros partimos mañana, pero ustedes salen dentro de una hora y media y si no nos apuramos no llegaremos a tiempo-.

-Que nosotros que? -Preguntaron a dúo Alex y Mabel.

-Que ustedes perderán el avión que va a llevarlos a Granada. Aquí tienen los pasajes y la reserva del hotel. Tu madre, con su incurable romanticismo, me pidió que lo hiciéramos de esta forma. Que no les avisáramos hasta este momento que teníamos preparado un pequeño viaje de boda. Se que no serán más que 30 horas, y eso que aquí estoy incluyendo el tiempo de viaje, pero tu madre pensó que era mejor poco que nada y yo, como siempre, acaté sus órdenes sin oponer resistencia- dijo riéndose.

-Vamos, no hay tiempo que perder. Tendremos que dejar los brindis para otra ocasión-Kelly te trajo un vestido y un par de zapatos para que vayas a cambiarte en el toilette. Lo depositamos en la recepción del restaurant para que ustedes no lo vieran. Hazlo pronto, o de verdad perderemos el avión. En complicidad, tu madre les preparó una maleta con lo necesario para el escaso tiempo que estarán fuera-.

Mabel se levantó y le dio un beso a cada uno. -Son unos padres maravillosos. No importa el tiempo, será nuestra luna de miel y jamás la olvidaremos. Gracias por haber pensado en esto. Gracias también por esperar este momento para decírnoslo. En un minuto estoy de vuelta.-

Cuando volvió estaban las copas llenas de champagne, por lo que hicieron el brindis más rápido de la historia de los acontecimientos de esta naturaleza, se besaron y se despidieron de todos.

Cleve los llevó al aeropuerto.

Kelly pensó que, aunque su hijo no viviera cerca de ellos, tampoco vivía tan lejos como para sentirse triste. Después de todo, eran sólo dos horas y cuarto de avión desde Bristol, y la felicidad de Alex era más importante que la distancia.

Cleve, en cambio, mientras los llevaba al aeropuerto, volvió a preguntarle a su hijo sino pensaba en algún momento volver a Inglaterra.

-Papá- le respondió, -sabes que ya hemos comenzado nuestros estudios aquí. Sabes también que estamos bastante entusiasmados y que pensamos que vamos a tener mejor futuro en España con esta carrera que en Inglaterra. Y vuelvo a repetirte papá, por enésima vez que Mabel no quiere ir a vivir a Inglaterra.-

Mabel hizo un gesto de asentimiento con la cabeza, sin decir una palabra.

-Cómo sabes que no te gustaría vivir en nuestro país si nunca has estado en él?- le increpó Cleve. Mabel no contestó nada. No le pareció el momento adecuado para dar explicaciones.

-Porque no la traes a conocerlo y después que decida?- le dijo a Alex.

-Te prometo que lo haremos papá. En nuestras próximas vacaciones iremos a visitarlos-.

-No lo dudes que lo haremos Cleve- dijo Mabel. -Nuestras primeras vacaciones serán para conocer Inglaterra. Te pone contento esto?-

-Por supuesto. Espero que no dejen de cumplir con esta promesa-.

Ambos prometieron que la cumplirían fuese como fuese.

Ya habían llegado al aeropuerto y tuvieron que salir corriendo, pues era la hora del último aviso de embarque.

Mabel le tiró un último beso a Cleve desde lejos y luego desapareció.

Cuando llegó a la casa le comentó a Kelly y a Bob sobre la promesa que había recibido de ambos. Ellos se habían vuelto en un taxi del restaurant y estaban sentados en el living, en silencio. Ni Bob ni Kelly sabían hablar español y Ester no sabía una palabra de inglés.

Bob, que al igual que su padre deseaba que su hermano volviera a Inglaterra, se alegró mucho con esta noticia. -Todavía seguía siendo su héroe, su mejor amigo y además ahora-, se dijo con orgullo,- su ahijado-. Deseaba mucho que volviera.

Le resultó muy difícil a Ester compartir con ellos ese fin de semana.

Por suerte Cleve sabía hablar español y actuaba de intermediario, pero resultaba aburrido hablar y que alguien tradujera permanentemente.

Habían tenido muy poco tiempo en Granada y sólo habían alcanzado a conocer la Alhambra, sus maravillosos jardines, los palacios Nazaríes y la Alcazaba. Se vinieron maravillados con lo que habían visto y se habían prometido volver con tiempo suficiente para recorrerla en su totalidad.

Estaban cansados, puesto que llevaban tres días descansando muy poco.

Al otro día tenían que volver al trabajo y a la facultad, lo que no les dejaba tiempo para reponerse.

Cuando llegaron a la casa, Ester los esperaba con una cena frugal. Imaginaba su cansancio y pensó que era oportuno que la cena fuera liviana. Y por supuesto no se había equivocado.

Esta sería la última semana en España para Ester.-Volveré algún día se preguntaba? Supongo que sí. Tendré que venir a conocer a mis nietos, aún cuando el presupuesto no me facilite la vuelta-.

Mabel se quedó muy triste el día que se despidieron, pero en el tiempo que estuvo viviendo con ellos, ella le había enseñado a usar el Messenger, y eso acortaría la distancia.

Ester estaba muy orgullosa de haber aprendido a usarlo. También había aprendido a mandar mails.

Nunca antes se había sentado frente a un ordenador, y siempre lo había visto como algo inentendible. Cuando, lentamente, fue dando los primeros pasos sola, se dio cuenta cuán equivocada había estado. No sólo no lo había encontrado difícil, sino que lo encontraba divertido.

Dos o tres veces por semana conversaba con su hija. Mabel pudo ir viendo como su madre se iba adaptando a su nueva vida. Nunca pensó que se recuperara tan bien. Como siempre, agradecía a la cámara darle la oportunidad de ver estos cambios en su madre, como lo haría si estuviese a su lado.

Alex y Mabel habían planeado esperar a que sus estudios estuviesen adelantados para empezar a agrandar la familia, pero la vida no siempre permite conseguir llevar adelante los planes.

Cuando Mabel supo que estaba embarazada, en un principio, se sintió apenada. Temía no poder hacer frente a la situación. Su trabajo y la facultad le insumían bastante tiempo.

-Cómo haré cuando tenga al bebé- se preguntaba con miedo. -No quisiera dejar los estudios, ni siquiera posponerlos. Nos gusta tanto estudiar juntos! Tampoco sería lógico que él abandonara para esperarme-. Y si de algo estaba segura, es que no podía dejar de trabajar. Necesitaban ambos ingresos. La vida estaba bastante difícil para sobrevivir con uno solo.

Alex compartía sus miedos, pero trataba de alentarla. Ninguno de los dos pensó nunca en abortar.

Cuando llegaron las vacaciones, tal como habían prometido, fueron a Taunton.

Mabel, ya estaba embarazada de 3 meses y lucía con orgullo su incipiente pancita. El miedo a no poder desempeñarse en el futuro no le hacía perder el orgullo de sentir que sería mamá.

Una de las primeras cosas que hizo Alex fue llamar a Sophie. Le pidió por favor que volvieran a encontrarse en el parque, como la última vez, para poder observar a Joey desde lejos.

Ella no tuvo ningún inconveniente y durante el tiempo que estuvieron en Inglaterra, Alex tuvo oportunidad de verlo en cuatro ocasiones. Siempre desde lejos, alegrándose por poder observar como había crecido, y entristeciéndose por no poder abrazarlo, besarlo y llamarlo hijo.

Cleve se había reservado las vacaciones para tener todo el tiempo libre y dedicárselo a ambos.

Inconsciente o tal vez muy consciente, quería convencer a Mabel que Inglaterra no era como ella pensaba, aunque por supuesto quería pasar tiempo juntos.

Los cuatro salieron muy temprano rumbo a Londres, ese día. Cleve había planeado hacerle conocer a Mabel la mayor cantidad posible de esa ciudad.

Los llevó a pasear por todos lados.

Recorrieron las calles de Picadilly Circus. Cleve estaba convencido que Alex tenía que volver a ver ese lugar para poder sentir que el pasado ya había pasado y nada podía modificarse. Kelly estaba de acuerdo con su marido en esto.

Le costó mucho caminar por sus calles, pero terminó agradeciéndole a su padre. -Creo que tenía que volver tal como lo habías dicho- le dijo-No recuerdo mucho los lugares que recorrí esa noche, pero si me acuerdo del bar. Quiero volver a entrar. Tomaré un café, esta vez no habrá cerveza-.

Fueron al bar y Alex sintió una extraña sensación en el pecho. Recordaba cómo se había divertido esa noche. Tomó conciencia, por primera vez, que había salido sólo del bar. Hasta ese momento no había pensado nunca que esa aventura que había ido a buscar, nunca la había encontrado. Ninguna de las muchachitas del bar lo acompañó, como había imaginado que sucedería al partir de su casa .- Qué extraño- pensó,- que hasta hoy nunca haya pensado en eso-. Realmente se quedó asombrado ante esta reflexión.

Cuando salieron trató de recordar las calles que había estado caminando esa noche, pero no lo logró. Todo estaba demasiado confuso en su mente. Sólo recordaba haber salido del bar y caminar sin rumbo. Luego recordaba estar conduciendo y, por último, y eso si lo tenía presente, el momento que sintió el impacto del cuerpo contra su coche. Sintió un escalofrío que le recorrió toda la columna vertebral.

Su padre, adivinando lo que estaba pensando, le dijo que tratara de poner un punto final a sus recuerdos. Que no ganaba nada dejándose atormentar por ellos.

Kelly sólo se limitaba a asentir lo que su marido decía. Mabel le estaba apretando fuerte su mano, tratando de hacerle sentir que ella estaba a su lado.

Después fueron a la Abadía de Westminster, a las torres y al museo británico.

Mabel pensaba, sin hacer ningún comentario, como podría ese museo poseer tantas piezas de Egipto, Roma, y Grecia. Le impresionaba que prácticamente toda la historia antigua estuviera dentro de este museo. -Que habrá en sus países de origen, si está todo prácticamente aquí?- se preguntaba sin obtener respuesta.

En el viaje de vuelta, Alex casi no pronunció palabra. Mabel quiso respetar su silencio. Había sido un reencuentro con un pasado que no le resultaba agradable y del que nunca dejaría de sentirse culpable. No importaba lo que le aconsejara su padre. Los sentimientos estarían siempre presentes. Ciertas cosas no se pueden olvidar fácilmente.

Alex pensaba que tal vez, ese dolor que le producían esos recuerdos, era una manera de purgar su culpa.

En los días siguientes los llevó a conocer las ciudades importantes del sur de Inglaterra, como Exeter, Bath, Weston y otras. Siempre iban los cuatro juntos.

Cuando estuvieron en Weston, Alex recordó ese verano que los tres habían compartido y disfrutado. Le parecía tan lejano todo aquello!

Aunque no quería que nadie viera su tristeza, ésta era demasiado evidente, sobre todo para Mabel que siempre estaba atenta a sus sentimientos.

Los quince días pasaron rápidamente para todos.

Cuando ya estaban por partir Cleve le preguntó a Mabel que le había parecido Inglaterra.

-Me gusto muchísimo- dijo Mabel.- Me gusta mucho el estilo arquitectónico del país-.

-Y porque no te gustaría vivir aquí?- le pregunto algo cargoso.

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