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viernes 27 de noviembre del 2020
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Enfermería en la prevención de la salud

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La salud y la educación hoy en día van unidas en nuestro contexto social, en tal grado que pueden ofrecer valores muy aproximados de la calidad y bienestar de nuestra sociedad.

La visión de nuestra población respecto de la triada: salud, enfermedad y cultura, está siempre marcada por la cultura en la que estamos inmersos y la educación recibida.

La actual diversidad cultural exige, aún más, a esforzarse en descifrar los códigos simbólicos utilizados por los pacientes externos a nuestra propia cultura, con tal de conocer sus necesidades reales de salud.  Además, siempre deberíamos tener presente como futuro personal de enfermería, el riesgo de categorizar como problemas médicos, situaciones que simplemente puedan corresponder a problemáticas de otra naturaleza: económica, social, cultural o educativa.

La intervención y algunas veces la intrusión de la medicina – y con todo mi respeto por la profesión – en ámbitos que no le son propios resulta con demasiada frecuencia una particular característica muy propia de nuestro tiempo. Este afán de poner remedios dónde a veces pueden resultar innecesarios, contribuye a practicar unas medidas correctivas de salud en unos desequilibrios que tienen  un fundamento de carácter sociocultural.

Una comunicación adecuada podría ser ayudar en los diagnósticos y la interpretación subjetiva de los síntomas que presenta el enfermo, al tiempo que se analizan sus matices socioculturales. Por estos motivos, resulta necesario realizar un esfuerzo pata comprender los contextos relativos a la salud y creencias de otras culturas, así como distanciarnos de nuestros referentes culturales de occidente. Sólo así, conseguiremos observar a los pacientes de una manera más objetiva y valorarlos en su conjunto,

Todo conocimiento cultural se obtiene a dos niveles, uno general y otro específico. En un nivel general, el profesional sanitario entiende que la cultura, la etnia, la raza y el mismo proceso de la emigración pueden afectar la adquisición de valores, a la manera de abordar los problemas personales o la enfermedad, a las relaciones sociales y profesionales, la visión “emic” de la sociedad y sus costumbres. A nivel específico, el profesional podrá conocer estos comportamientos desde un punto “etic”.

Así pues, hay que entender que dichos componentes culturales ejercen una influencia poderosa en la visión y aceptación de la enfermedad como tal, el cumplimiento y la adherencia al proceso terapéutico y de los resultados del mismo, ya que los comportamientos sociales están influenciados por la pertenencia a un grupo cultural determinado.

En el aspecto terapéutico, la relación asistencial deberá focalizar matices diferentes, según cuales sean los objetivos del acto asistencial: preventivo, curativo o de simple asesoramiento.

Por otra parte, conocemos sobradamente que en determinadas culturas los procesos de salud-enfermedad están muy ligados a los síntomas. A menudo estas culturas opuestas o simplemente diferentes a la nuestra no tienen tradición en el uso de una medicina preventiva, ya que para ellas y, si no existe un problema manifiesto, no hay actuación terapéutica implicada. Sólo cuando aparecen los síntomas y éstos son incapacitantes, se asume una conciencia de estar enfermo. Es probable que el grupo cultural,  no entienda qué significa la medicina preventiva y la labor de esta. Culturas que por sus creencias en lo divino, religioso o espiritual puede explicar una  sintomatología  determinada y, en consecuencia, el caso no se vive propiamente como enfermedad.

En la cultura occidental, la enfermedad a menudo es considerada como una entidad en sí misma, con un origen fisiopatológico que la explica. Así pues, es susceptible de recibir un tratamiento concreto. Pero en otras culturas, esta percepción no es ciertamente así. A menudo, los pacientes de estas culturas utilizan las medicinas prescritas por el sistema sanitario y, al mismo tiempo, medicinas tradicionales. En estos casos convendría ser tolerante y respetuoso con el uso de esta doble terapéutica, salvo en el caso de que haya indicios de perjuicios para la salud.

De igual forma, hay que tener presente que existen incompatibilidades biológicas que pueden explicar respuestas diferentes y no tienen porque obedecer a una doble terapéutica.

Actualmente la promoción de la salud se sustenta sobre diversas disciplinas creando así una teoría y práctica de salud pública que permite alcanzar metas y objetivos socioculturales con un mayor bienestar de equilibrio social, mejorando la calidad de vida.

Gemma Llauradó

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Gemma Llauradó Sanz

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