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lunes 26 de julio del 2021
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una de racismo gratis

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La verdad es que a veces nos escupimos nosotros mismos a la cara sin darnos cuenta. En este caso, aparte de dar a conocer otros particulares escabrosos, el "autolesionado" es otra persona que no la mía, es decir, el portero del colegio donde estudian mis hijos (no diré cual).

Este señor, agradable, aparentemente siempre simpático, hasta "tocón" de madres, como si fuera familia o amigo íntimo de todas ellas, y no se sabe si víctima de un profundo y quizá ficticio amor por los críos que tanto acaricia al paso, para sorpresa de mi esposa, ésta se lo topó hablando con otras progenitoras sobre los inmigrantes en España (quizá ese tema quejica y odioso que se plantea cuando casi no se sabe qué decir, o ya se ha hablado del tiempo), encontrándole un lado oscuro que no parecía poseer ni por asomo. Excusándose luego conque no "iba con ella", tras sacarla de quicio (ella es colombiana), una vez mi mujer se unió casi sin querer en la tertulia a pie y portal del cole, el tipo alegó sobre lo que abiertamente declaró "sudacas", es decir, sudamericanos de mierda. Sus argumentos nacían a partir del hecho de las pateras que arriban a Canarias cargadas de inmigrantes ilegales africanos, comentando con rabia que esas barcuchas debían pincharlas para que los pobres negros se fueran a pique. Ciertamente, por primero que me avergüenza la falsa humanidad y el racismo oculto que convive entre nosotros, tan cerca como en la casa del vecino. Luego, "pecado" es que sin venir a cuento no sólo declare sus mundanos pareceres, sino que participe en la apología (vaya palabra) del racismo más esencial, con unas palabras que pueden despertar en esas madres o cualquiera que pase por allí nuevas opiniones adictas al odio del que viene de lejos, acrecentando entre nosotros esa comunión para con el rechazo a los extraños. Y, al fin de cuentas, por un problema que no afecta para nada su cómodo puesta de trabajo, si acaso que ocupe más veces de las deseables los turnos de noticias en el telediario, que, si no, no me explico tanta su indignación porque esas personas busquen una solución a sus vidas, aunque para ello tengan que apostarlas físicamente en aguas turbulentas.

Volviendo a los "sudacas", el amigo confundía en sus argumentos a toda Sudamérica con la imagen del típico mejicano tirado con la botella de tequila en la mano, descalzo, roncando al mediodía, pues, de no ser así, no es posible comprender cómo ese tipo no comprendía cómo son realmente las cosas. A su entender, el sudaca trabaja de ilegal y no aporta al estado, aparte de robarle a los canarios los puestos de trabajo (y las mujeres seguramente pensando que, en este caso las sudacas, usurpando futuros maridos). Quizá tendrían que haberle explicado que los extranjeros deben cotizar para renovar su residencia y que llegan a un país extraño y cumplen tanto, y de ello se han dado cuenta hasta los bancos, que compran una vivienda en propiedad mientras nuestros hijos no salen de casa hasta los 30 ó 35 años... y quizá, todavía construyéndose otra vivienda en su propio país.

Por mi parte, y quien se ofenda que se rasque, mi empresa iba viento en popa cuando tenía trabajadores colombianos a mis órdenes, pues me cumplían todo el día con nervios de que yo llegase a la obra y no viera progresos. Que conste que no soy explotador, más bien todo lo contrario (no tengo carácter para mandar o exigir), pero mis proyectos de hacer algo grande se fueron al traste cuando busque personal más "especializado", que sí lo era, e introduje en nómina a trabajadores nativos (de mi tierra). Ciertamente, creo que no busqué a los adecuados, pues parecía que hubiera contratado abogados, pues se las sabían todas de convenios, horas extra, derechos, liquidaciones... tantos conocimientos y obligaciones sobre el empresario, mi persona, como para tirar las herramientas al suelo y tomarse un cigarrito tan largo como de varias horas cuando yo no estaba presente. Entre eso y los cafetitos la jugada me salió bastante cara... tanto como una enfermedad de músculos y huesos que todavía arrastro.

Total, que si comparo lo que me ofrecieron unos y otros trabajadores, no puedo más que alabar la voluntad y fuerza de los extranjeros.

Ratifico la desgana del trabajador autóctono en que cuando compré mi piso, hasta 8 meses estuve esperando a que me llamasen de no sé qué oficina para que me hicieran un seguro de vida por el valor de la hipoteca, todo a través de la financiera. Yo, durante esos 8 meses, me imaginaba a los empleados de dicha oficina hablando del puente que viene o del coche del compañero que más odian mientras mi solicitud se pudría en algún cajón. Lo sé aparte por mi esposa, que, trabajando hace poco en una oficina, me comentó que "la gente aquí" no paraba de ir en todo el día a tomar cafés y cigarritos. También por cierto papel que fui a legalizar en una institución del estado y al llegar al despacho, que atendía de 9 de la mañana a 1 de la tarde, estaba desierto. A las 9:30 llegó la encargada excusándose de que había salido porque dentro no dejaban fumar. ¡Había salido antes de que yo llegara, puntual, a tiempo de cuando empezaba su jornada laboral! ¡Por un cigarrito! Y gracias a que era funcionaria, intocable, que tenía la desfachatez de darme esa excusa.

Apelo a un artículo que leí en una revista del motor, concretamente sobre la fábrica donde se hacen los Rolls Royce, que en Inglaterra los empleados se sienten parte de la empresa y se preocupan por ella de verdad, porque saben que la prosperidad de la fábrica es la perpetuidad de su puesto de trabajo, su carrera... A cierto señor alemán que le trabajé le era imposible llevarse a casa productos lácteo y yogures de la fábrica donde era contable, mientras que el resto de trabajadores, nativos, se ponían las botas. En contra a todo eso, en boca de algún amigo cercano escuché durante una temporada bastante precaria de la empresa donde trabajaba que si ésta se iba a pique le daba igual, que en esa crisis estaba día tras día y en su puesto de trabajo "tocándose los cojones" y que si se iba al paro se tomaría ese lapso como unas vacaciones. ¿Habremos creado un país de vagos con eso del paro?

Conozco a mucha gente que aprovecha la circunstancia del paro para cobrar esa sustanciosa mensualidad y trabajar por otro lado... otros tantos que curran un determinado tiempo y luego, sin muchas más aspiraciones, se toman esos períodos de carencia laboral. Incluso conocí a un taxista, con treinta y tantos, cuya única meta en la vida era conseguir de una maldita vez cierta invalidez para no trabajar nunca más en su vida y subsistir en casa de sus padres con una pensión de 500 euros. Patético.

...Pero es que lo de las bajas es todavía peor. La persona a la cual compré el piso llevaba ya un año de baja por depresión, y ahí estaba, feliz como en unas pascuas, pintándome la casa y todo para que yo la recibiera correctamente. En estos días he vuelto a verle, ya volvió al trabajo, y no he notado ni la más mínima diferencia entre su estado sano con relación a cuando lo conocí incapaz de alzar un pico por esos dichosos problemas mentales.

...Depresión... la misma que yo tengo todos los días cuando me levanto a trabajar con dolores del día anterior.

A cuento viene, completamente, y volviendo al famoso portero del colegio, que alega y alega de la vagancia del foráneo en nuestra tierra y ahora resulta que ese tipo rezongón también ha pasado por el trance de una idílica baja por depresión, y nada más y nada menos que por ¡dos años! Vaya forma de comer del cuento para tener boca para criticar a los demás.

Vergonzoso... y más vergonzoso aún el cinismo.

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