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sábado 19 de septiembre del 2020
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Horarios de oficina

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Hace un tiempo me preguntaba el primer jefe que tuve (en relación con temas de consultoría), cómo me había ido en un reciente encuentro de trabajo en una firma de ámbito regional, de reconocido prestigio en ciertos sectores.

Le comenté que fue muy larga, kilométrica diría, pero que tuve una sensación bonita y similar a la que registré la primera vez que entré en su despacho para la entrevista de selección, a principios de la década de los ochenta del siglo pasado.

¡Dios mío!, cuánto tiempo ha pasado; si parece que fue ayer.Este primer empresario, del sector servicios financieros y fiscales, que me contrató no podía pagarme mucho, ya que, además de que yo estaba inmaduro total en temas administrativos y contables, el hombre, junto con su socio, emprendía el camino de la consultoría, la auditoría y la asesoría fiscal.

El sueldo era reducido pero, aunque había meses que el presupuesto se ajustaba, siempre cumplía su palabra. Sin embargo, años después concluí que el paquete de retribuciones que recibí era mucho más importante. Sí, porque esta persona tuvo la paciencia de enseñarme, de instruirme, de permitirme aprender y evolucionar.

También tuve otros beneficios que hoy pueden considerarse relativos pero que entonces tenían otro valor. Por ejemplo, me hizo un contrato indefinido, sujeto al convenio de oficinas y despachos. De junio a septiembre teníamos jornada intensiva y los viernes por la tarde no trabajábamos.

En síntesis, creo que fui muy feliz en esos años en su empresa y deseo haber aportado valor a su proyecto profesional.

Todo esto viene porque recordé los titulares de un periódico gratuito, “Qué” con el siguiente titular en portada: “Salir a las tres nos gusta y es rentable”. “No trabajar por las tardes nos hace más felices y mejora la productividad” Creo que sobran más palabras. Gracias, jefe (mejor, gracias, amigo). Te estoy agradecido. Cuídate.

Manuel Velasco Carretero 

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