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miércoles 08 de abril del 2020
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La fuerza del Paradigma

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Yo siempre he dicho que paradigma es una palabra elegante para un concepto sencillo pero poderoso: La fuerza que las creencias, muchas de ellas inconscientes, tienen sobre nuestra vida y que nos hacen reaccionar sin apenas darnos cuenta de que los estamos haciendo y mucho menos, de los resultados.

 En mis libros sobre Potenciación Cerebral y en las conferencias que doy, siempre hablo de este tema, porque darse cuenta de sus propios paradigmas, puede fácilmente cambiar la vida de las personas

 En este artículo pretendo aportar reflexiones sobre paradigmas, ejemplos amenos sobre ellos y sobretodo, una mayor consciencia sobre como afectan nuestra vida y sobretodo, como podemos hacer para utilizarlos a nuestro favor.

 Una definición formal de paradigma podría ser: acepciones de ideas, pensamientos, creencias incorporadas generalmente durante nuestra primera etapa de vida que se aceptan como verdaderas o falsas sin ponerla a prueba de un nuevo análisis.

 En otras palabras, un paradigma es una creencia que rige nuestra vida o parte de ella y que jamás la hemos analizado, cuestionado y validado o rechazado.  El poder que puede llegar a tener en nuestra vida es increíble, tanto para bien, como para mal. Afortunadamente ahora hay material en la red que utilizando la tecnología, nos ayuda a reprogramar nuestras creencias, por ejemplo, reprogramación mental.

 ¿Alguna vez te has preguntado por qué un animal tan potente, majestuoso, poderoso y grande como el elefante puede llegar a ser domesticado y controlado por un entrenador que ni remotamente se puede comparar con su fuerza? La explicación la encontramos en la forma en que fue entrenado cuando era pequeño. Lo encadenaron con cadenas especiales que cuando el elefantito quería escapar le producían un gran dolor en su pata.  Un tiempo relativamente corto con este sistema bastó para que se diera por vencido y se convenciera de que no podía escapar. Una vez el elefante aceptó esta “realidad”, ya no había riesgo de que se escapara. Aún y cuando era más grande y poderoso.  Pero ya había creado un callo muy fuerte en su pata y otro más fuerte aún en su mente. DECIDIÓ QUE NO PODÍA ESCAPAR Y ASÍ FUE.

 Hace algún tiempo leí como entrenan las pulgas para los circos. Únicamente hay que atrapar las pulgas y meterlas en un frasco de vidrio. Luego se tapa el frasco y se le abren unos pequeños agujeros para que puedan respirar pero que no se puedan escapar. La pulga intentará escapar y se dará de topes contra la tapadera. Eso le dolerá y su sistema nervioso se modificará saltando más bajo cada vez.  Después de unas cuantas horas podremos abrir el frasco y las pulgas no se escaparán. ¡Olvidaron como saltar alto! Te recuerdas cuando eras niño y te preguntaban que querías ser. Dios, Súperman, Astronauta o algo así. Pero en el camino nos han dado golpecitos psicológicos, como los que las pulgas recibían contra la tapadera, y fuimos saltando cada vez más bajo. Nos convencieron de que lo que queríamos ser no era posible. Hoy, muchos ya no quieren ser súperman o astronautas o ingenieros o empresarios o gerentes o grandes trabajadores o grandes padres de familia o… Lo importante es ¿Qué quieres ser tú? O ya olvidaste como saltar alto. Si sientes que este es tu caso, también puedes probar con opciones subliminales como: Programación Subliminal.

 Los grandes cambios de la sociedad, los más significativos, han sido gracias a que ha habido seres que creen que las cosas pueden mejorar. Ejemplos sobran: Jesús creyó que todos podemos encontrar nuestro camino hacia Dios. La madre Teresa creyó que valía la pena ayudar a “los más pobres entre los pobres”.  Mahatma Gandhi creyó que se podía alcanzar la liberación de la India a través de la no violencia. Martin Luther King creyó que se podía alcanzar la igualdad de derechos entre blancos y negros.

 Y entre los empresarios también hay ejemplos: Henry Ford creyó que se podía fabricar vehículos accesibles para todos. Thomas Alva Edison creyó que se podía iluminar cada calle y cada casa con luz artificial. Los hermanos Wright y muchos otros antes de ellos, creyeron que  el ser humano podía volar. No tenía alas, pero tenía la inteligencia.

 Piénsalo por un momento. Observa tu mundo y todos los grandes inventos: la televisión, la computadora, un carro, un celular, un equipo de sonido, una cámara digital, un avión y miles de cosas más, han sido posible gracias a que alguien ha creído que es posible cambiar la forma en que se hacen las cosas.

 ¿Qué crees tú? ¿Qué es posible o no?

 Si en este momento estuviera frente a un grupo de estudiantes, les preguntaría algo así:

 Si hasta ahora, tus calificaciones no han sido las mejores en todas o algunas áreas, ¿no será porque en el fondo no te creías capaz? Si  tú no te crees capaz, harás todo lo necesario para hacer realidad esa creencia: Te auto sabotearás, tendrás malos hábitos, te convencerás que esa materia es aburrida o inútil, te equivocarás en un examen o te bloquearás a las explicaciones del profesor.

Piénsalo. Tu potencial está ahí en tu cerebro. Es ilimitado e independiente de tu edad o antecedentes.  Este libro pretende desarrollar ese potencial, pero si tú no te crees capaz, será poco lo que se pueda lograr. Sé honesto contigo mismo. Este es el primer paso.

 En las conferencias que doy, siempre trato de contar bastantes historias sobre el poder de las creencias, para que la gente tenga bien claro la influencia que tienen en nuestras vidas, para bien o para mal.

 En un curso de “Como hablar en público”, le pedí a los alumnos que pasaran a contar anécdotas personales y que tuvieran un matiz cómico. Uno de los participantes contó que años atrás, estuvo severamente afectado por una infección en el ojo izquierdo.  Visitó varios oculistas y médicos generales, quienes les prescribían distintos medicamentos, pero ninguno de ellos lo lograba curar.  Llevaba varios días así y estaba desesperado.  Fue a visitar a un amigo a quien le contó su problema. Éste le dijo que tuviera paciencia y se dispusieron a ver televisión. A medio programa, el amigo le dijo: “Me acabo de recordar que una vez tuve un problema como el tuyo en mi ojo y alguien me dijo de un remedio, pero es feo, no sé si te atrevas a hacerlo. De todas formas te lo voy a decir: Tienes que agarrar un calcetín sucio y pasártelo por el ojo tres veces”.  El alumno en cuestión, pensó que era asqueroso, pero como estaba desesperado lo intentó. Cual sería su sorpresa al día siguiente cuando se levantó y se vio completamente sano. Corrió donde su amigo y le dio las gracias por el consejo. Éste al verlo, no pudo aguantar la risa y le confesó que se había inventado todo para molestarlo y que él nunca había tenido infección en los ojos.  Conclusión: Según creas, así será.

 Otro ejemplo del poder de las creencias.  En África hay una tribu que tiene un sistema judicial perfecto.  A los inocentes siempre los liberan y los culpables los castigan o los matan.  Nunca fallan. ¿En qué consiste su secreto?  Cuando no logran determinar sin lugar a dudas la inocencia o culpabilidad del sindicado, le dan a beber una pócima que es un veneno y le dicen: “Entra a esa tienda. Si eres inocente los Dioses te liberarán y si eres culpable, los dioses te dejarán morir”. Los inocentes pensaban “Ellos no me creyeron, pero los dioses que todo lo saben, saben que soy inocente y me salvarán”. En cambio, los culpables pensaban “A ellos los pude engañar, pero los dioses que todo lo saben, saben que soy culpable y me dejarán morir”.  Invariablemente, los inocentes vivían y los culpables morían.  Lo curioso es que al estudiar la pócima, se determinó que no era más que una toxina incapaz de matar a un ser humano, pero al estar presente en un cuerpo muy estresado, su poder se potenciaba hasta convertirse en un veneno mortal.

Un tercer ejemplo.  Este es sobre la historia de un maestro espiritual que viajaba con su discípulo y aprovechaba cada oportunidad para enseñarle sobre la vida.  En una ocasión, vio una choza muy humilde y le dijo al discípulo que pedirían posada en ella y se quedarían esa noche.  Así lo hicieron y al llegar el momento de la cena, le preguntaron al jefe de la casa como hacían para vivir, porque no se miraba cultivos o alguna otra fuente de sustento. Éste le dijo que tenían una vaca que les daba un poco de leche todos los días, de la cual consumían un poco y el resto la vendían en el pueblo más cercano y con el dinero que recaudaban compraban unos pocos alimentos. Esta había sido su forma de vida por años. Antes del amanecer, el maestro despertó a su discípulo y le dijo que se levantara sin hacer ruido y que arrojara a la vaca por el precipicio que estaba detrás de la casa.  Al principio, el discípulo se negó ya que creyó que era totalmente injusto e inmoral hacer algo así, sabiendo que era la única fuente de sustento de la familia, pero como discípulo tenía que acatar la orden del maestro. Muy temprano, ese mismo día partieron.

  El discípulo seguía tan atormentado por lo que había hecho que después de dos años dejó a su maestro y regresó a aquella humilde choza para tratar de compensar a la familia.  Se llevó una gran sorpresa al ver que ya no estaba la humilde choza, sino que estaba una casa formal. Pensó que seguramente, al perder a su fuente de sustento, la familia se había tenido que mudar. Decidió llamar a la puerta de aquella casa para preguntar sobre el paradero de la familia que allí vivía. Sin embargo, al tocar le abrió el mismo hombre que él había conocido en la choza. El hombre también le reconoció y le pidió que pasara. El discípulo no soportó más la curiosidad y le preguntó que había pasado, como habían logrado mejorar su situación. El hombre le contestó: “Curiosamente, el día que ustedes partieron, nuestra vaca sufrió un accidente y se fue por el precipicio. Al no tener ya esa fuente de ingresos, tuvimos que ver que hacíamos y sembramos en nuestra tierra y yo busqué un empleo y poco a poco las cosas mejoraron y hoy estamos mucho mejor. ¡Gracias a Dios que la vaca se murió¡”. Conclusión: TODOS TENEMOS VACAS A LAS QUE NOS AFERRAMOS Y NO NOS ABRIMOS A LA POSIBILIDAD DE MEJORES CIRCUNSTANCIAS PARA NUESTRA VIDA. ¿Cuál es tu vaca?

 Debes tener bien claro lo siguiente: Ni una sola.  Ni un solo de los pensamientos que ahora tienes, es tuyo. Todos te han sido otorgados por la sociedad, a través de programación verbal, por observación o por experiencias que has tenido. En otras palabras, ¿En qué cree un recién nacido?  En nada.  ¿En qué creerá cuándo sea mayor?  Depende de donde, cuando y con quien  haya nacido.

 Este tema de las creencias es apasionante y me atrevo a decir, uno de los más importantes sobre los que se puede reflexionar.  La Santa Biblia y todos los libros sagrados hablan de ellas.  Todos los motivadores hablan de ellas. La Física Cuántica habla de ellas. Los filósofos se pasan la vida hablando de ellas. ¿Por qué?  Porque todo lo que hacemos y obtenemos en la vida depende de ellas.

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Autor: José Luis Hernández

Asesor y gerente de empresas. Catedrático de cursos de Economía Industrial, Seguridad Industrial, Comunicación Oral y Escrita, Organización de Talleres, Programación de Computadoras, Neurociencias Cognitivas y otros. Capacitador y conferencista de temas de crecimiento humano.

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