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martes 26 de marzo del 2019
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Ovnis 18

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La siguiente información es extraída del pequeño libro del señor Mario Lleget titulado ‘Dossier Ovnis hoy’ con algunas modificaciones para su perfecta comprensión. Y tratando de resumir el contenido para que no sea tedioso el tema.

Ahora entramos en lo que podríamos llamar la última moda española en materia de OVNIS. Desde hace muchos años se ha impuesto hablar de “humanoides” y de “documentos oficiales” a propósito de nuestro tema. No es cuestión de decir no, como tampoco es posible decir sí. Pienso que nos hemos metido en un callejón sin salida, y que por el momento sólo tenemos una opción: informar con prudencia y que le lector opine, que para esto está. Así que, a modo de simples ejemplos, le ofrezco a continuación algunos casos, entre divertidos y no tan divertidos, siquiera sea para “estar al día”

Estas son las propias palabras del protagonista de una aventura tan singular como insólita. El personaje se llama “Julio” (no quiere dar más señas ni se deja fotografiar) y es madrileño y joyero de profesión. No duda en relatar personalmente su caso, pero rehúye toda publicidad…

Nos hallamos en el citado Congreso de Ufología “Julio” obliga a reducir al mínimo las luces de la sala, se pone de espaldas al nutrido auditorio y entra y sale a escondidas. Acaba de protagonizar un auténtico show, pero antes había contestado puntualmente las preguntas – que fueron muchas – que le dirigieron los congresistas. En determinado momento, literalmente asaeteado por el público, hubierase dicho que el insólito show consistía en un psicodélico numerito a base de bombardear con preguntas de todos los colores, aun un moderno San Sebastián… con vocación de hombre invisible.

Voy a intentar resumir cuanto aconteció y dio de sí tan singular “espectáculo”. El tema ya lo conoce el lector. Se titula ‘Estuve en un OVNI con mi perro’ ahora, preste atención, el show comienza, y no encendiendo las luces – como es de rigor – sino precisamente al revés, amortiguándolas de forma ostensible. Entonces “Julio” nos hace retroceder en el tiempo y asistimos a la siguiente historia:

Es la madrugada del 5 de febrero de 1978. Como todos los domingos, “Julio” sale a cazar codornices, con la única compañía de su fiel perro Mus. Se encuentra en la provincia de Soria. A 10 o 12 kilómetros de donde suele ir todos los domingos. (Después de situarnos en el lugar de la acción, “Julio” envuelto en sombras y de espaldas al atento auditorio, dice):

“Algo me impulsa a entrar por un camino, situado a la izquierda de la carretera. Es un descampado, y mi coche se detiene. La radio deja de funcionar y se apagan todas las luces. Pienso que es una avería de las bobinas. Salgo del coche, levanto el capó… y Mus empieza a mostrar síntomas de nerviosismo. El “susto” se me contagia y cargo la escopeta” (“Julio” dijo esto, y lo repitió prácticamente igual, con las mismas palabras que se publicaron en el semanario barcelonés ‘Gaceta Ilustrada de 10 de Junio de 1979, ¿Se lo había aprendido de memoria¿ ¿Se hallaba auto hipnotizado? No entremos en prolijos análisis y prosigamos con su relato.)

“De pronto – sigue explicando “Julio” con voz tranquila y algo monótona – veo aparecer dos figuras detrás de una loma. Son dos figuras humanas que se acercan. Deben de tener una estatura aproximadamente de 1.90 a 1.95, o sea, que son don individuos muy altos. Visten un mono manzana y llevan en la cabeza una especie de “verdugos” de color amarillo. Guantes también amarillos. El mono es de una sola pieza, sin cremalleras ni costuras de ningún tipo. Telepáticamente me piden que les acompañe, y muestran mucho interés por el perro. Nos dirigimos hacia un OVNI, que es una nave muy grande, calculo que de unos 50 metros de diámetro, y está suspendida como a unos 3 metros sobre el nivel del suelo. El OVNI  tiene un tono plateado y es totalmente metálico…”

Ya en el interior del extraño artefacto, aquellos seres – que ahora son tres – le preguntan cosas sobre la Tierra. “Julio” ve muchos signos, y se fija en uno parecido al de Géminis, “quien es muy semejante – dice – al del planeta Ummo”. A continuación aquellos seres le piden permiso para examinar al perro, y después, le examinan a él y le dicen que van a tomarle muestras de jugos. Le llenan prácticamente de “hilos”: “Uno de los “hilos” – comenta “Julio” – me entra por el esófago. Me molesta. El otro se queda en la boca. También me molesta. Hay “hilos” por todas partes. Otro va al ojo. Me pinchan. En la espalda. Me tomas muestras de líquido encefalorraquideo. También de orina y semen…”

En un momento determinado, el OVNI se pone en marcha y “Julio” se asoma a una especie de tragaluz. “Siento miedo de que me rapten y me lleven a su planeta – dice -, cuando veo muchos cráteres. Puede ser la Luna. Tengo, sin embargo, la sensación de que sigo en la Tierra. Ahora me siento muy feliz. Damos una vuelta cerca de la Luna, que es muy grande y muy brillante…”

Finalmente – pasado cierto tiempo – los tres seres del OVNI le dicen que han llegado. Que se vaya. Y le acompañan hasta el “cilindro” de salida. Cuando “Julio” vuelve a pisar la Tierra, ya es de día. Y tanto él como su perro se encuentran perfectamente. Pero, eso sí, “Julio” asegura que no quisiera repetir su experiencia. Así lo declaró sin ambages ante el atento y dividido auditorio del Primer Congreso Mediterráneo de Ufología que tuvo lugar en Barcelona.

¿Conclusión? Anteriormente “Julio” había relatado ya, en estado normal y en estado hipnótico, su extraña aventura. Los expertos no descubrieron contradicciones entre ambos relatos, pero esto no significa que más de un investigador siga encontrando lagunas y puntos oscuros en la aventura de “Julio”. Por de pronto, se parece demasiado a determinadas historias de ciencia-ficción. Concretamente, en el citado Congreso ufológico de Barcelona, “Julio” no convenció. El caso es que, psicológicamente, “Julio” no presenta el menos síntoma de esquizofrenia, y tampoco roza, ni de lejos, la sintomatología típica del clásico paranoico fabulador. El diagnóstico clínico es éste: “No es lo que se dice un “loco de manicomio”. Si miente, lo hace inconscientemente.”  Pero, ¿Quién puede demostrar que no miente? Y además, ¿Qué ha demostrado “Julio” Nada…

Continua.

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Acerca del autor

Andrés Arbulú Martínez

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