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miércoles 26 de junio del 2019
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Ovnis 21

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La siguiente información es extraída del pequeño libro del señor Mario Lleget titulado ‘Dossier Ovnis hoy’ con algunas modificaciones para su perfecta comprensión. Y tratando de resumir el contenido para que no sea tedioso el tema.

CONCLUSION:

Ya al final de este breve informe vamos a comentar lo que dio de sí el I Congreso Mediterráneo de Ufología, celebrado en el barcelonés Palacio de Congresos de Montjuic los días 16 y 17 de junio de 1979.

Durante los días de apretadas sesiones de trabajo se leyeron interesantes ponencias, algunas de las cuales eran obra de prestigiosos científicos extranjeros. El tema OVNI fue estudiado desde las más inéditas vertientes, pero al término de este Congreso su presidente. Antonio Ribera, tuvo que preguntarse por enésima vez: “¿Jamás resolveremos el problema OVNI?”

El ingeniero rumano Floris Gheorghitá se habría referido poco antes a la posibilidad de que muchos OVNIS fuesen simples “plasmoides” (teoría del físico norteamericano Philip Klass, y añadió que el estudio de las fotografías tomadas por él en el bosque rumano de Cluj, le invitaban a sospechar que el fenómeno se enmarcaba también, en “un esquema cósmico más amplio de la inteligencia”, siendo tal vez la manifestación de sucesos que se desarrollarían conforme a leyes físicas poco o mal conocidas. “Por ejemplo – dijo – estoy plenamente convencido de la materialización – desmaterialización de los OVNIS; es decir, que los OVNIS, no vienen directamente de otros planetas como objetos sólidos, sino desmaterializándose y volviéndose a materializar una vez llegados aquí”.

Esto demostraría, según el ingeniero rumano, que los verdaderos OVNIS, serían incomparablemente pocos, al lado de los OVNIS ilusorios (plasmoides ópticos, objetos adiabáticos, nubes en torbellino, globos sonda, estrellas muy brillantes, etc.).

Las tareas del I Congreso Mediterráneo de Ufología constituyen, en cierto modo un buen resumen del estado actual de la cuestión, después de treinta y tantos años de estudias un fenómeno que cada vez se nos complica más. Cada día disponemos de nuevas hipótesis, ésta es la verdad, pero ello no significa que se haya adelantado mucho en la explicación del fenómeno OVNI.  Se trata, como es obvio, de nuevas ideas que vienen a aportar un poco más de luz sobre determinados hechos. Pero, a la larga, se ha dado la paradójica situación de que, a mayor número de explicaciones, mayor confusión: se ha producido una auténtica Babel, una intrincada maraña de hipótesis y teorías acerca del fenómeno, de forma que nadie, a estas alturas es capaz de decirnos que es – o qué pudiera ser, en todo caso – un OVNI.

De ahí que hagamos nuestra la pregunta con que Antonio Rivera concluyera el citado Congreso: “¿Resolveremos jamás el problema OVNI?”

Sin embargo, no desesperamos de encontrar algún día la tan ansiada explicación. Más, por el momento, no es posible pasar de ahí: de la división de todas las hipótesis en estos cuatro grandes grupos:

1.- OVNIS producidos por plasmas (OVNIS  plasmoides).

2.- OVNIS de origen psíquicos o producto de alucinaciones.

3.- OVNIS surgidos de errores de interpretación.

4.- OVNIS físicos, incluidos más de 400 casos de aterrizajes (cifras mínimas).

Estos últimos serían los OVNIS auténticos, los registrados por toda clase de aparatos (ópticos, eléctricos y otros), incluidos los radares. Si bien no cabe descartar la posibilidad de que, en ocasiones, también pudiera tratarse de pruebas militares, no es menos verosímil la hipótesis según la cual – y dentro de un reducidísimo tanto por ciento – sean astronaves automáticas procedentes de otros mundos.

Resulta difícil estimar qué tanto por ciento aproximadamente corresponde a cada una de dichas categorías, dentro de la cifra global de avistamientos (cifra evidentemente millonaria); pero es obvio que las tres primeras cubren más de un 95% de los casos, supuestos o reales, de avistamientos de OVNIS. Y también es evidente que la última categoría, la más interesante desde todos los puntos de vista nos enfrenta con la formidable posibilidad de que determinadas observaciones corresponden a auténticos objetos voladores de características insólitas, es decir, incluidos dentro de la hipótesis de un no imposible origen exterior (hipótesis de naves extraterrestres incluso tripuladas).

Es más, si recordamos que aproximadamente entre el 1 y el 2 % de casos OVNI  no han sido satisfactoriamente explicados, esto arroja un número máximo de 600 objetos volantes no identificados, 400 de los cuales, por lo menos – según demostraciones computarizadas por el técnico de la NASA Jacques Vallée -, habrían aterrizado. (Estos 600 casos no son el resultado de una estadística global, sino de un proceso más riguroso, lo cual contribuye a valorar mayormente la posibilidad de alguna o varias naves procedentes de los sistemas planetarios vecinos – y quizá no tan vecinos – hayan llegado hasta nuestro planeta, en misión exploradora automática o tripulada.)

Esto constituye, me parece, un buen punto de partida para una futura investigación más a fondo, que quizá concluya reconociendo definitivamente la  presencia en nuestro cielo de naves de origen extraterrestre.

Finalmente:

Y ahora, atención al “parche” uno de los casos más recientes, polémicos e interesantes que se han producido en España, relacionados con el fenómeno OVNI,  fue el de la noche del 11 de noviembre de 1979, cuando, según todos los indicios, al principio pudo aceptarse que un avión de Transportes Aéreos Españoles fue seguido por uno o varios objetos volantes no identificados. Pues bien ahora resulta que no hubo tal OVNI…

Por aquellas fechas de noviembre de 1979, igual que ocurrió el verano inmediatamente anterior, con los restos de la estación orbital norteamericana Skylab, se desintegraba en nuestra atmósfera otro gran satélite artificial, también puesto en órbita por los Estados Unidos. Me refiero al Pegaso II. Por aquellas fechas asistimos al fin de este enorme satélite artificial. Instalado en órbita en la pasada década y casi olvidado por todo el mundo, como sus hermanos Pegaso I y Pegaso III, que tuvieron una existencia más efímera que él y que ya hacía tiempo que regresaron a la Tierra, no sin antes desintegrarse en su mayor parte a causa del intenso roce, térmicamente desintegrador, generando por inmersión a velocidad hipersónica en las altas capas de la atmósfera. Pegaso II era una astronave científica construida con uno de los cuerpos (o etapas) que constituían parte del Saturno V, cohetes que en sus días de gloria fueron los impulsores de las naves Apolo que llegaban hasta la Luna y pesaba más de 10 toneladas, con una longitud superior a 20 metros. Y Pegaso II, como ya anunció la NASA, perdido el equilibrio gravitacional que lo mantenía en órbita, dejó de existir coincidiendo con la alarma del supuesto OVNI de Manises (Valencia). Se quemó, se fundió literalmente al sumergirse en la atmosfera , océano incompatible con el vuelo astronáutico, de forma que solo algunos kilos de su enorme fuselaje penetraron en las capas bajas de la atmósfera, ejecutando extrañas evoluciones, como las de papel que lanzamos desde el piso más alto de un edificio, o prolongando su agonía en sucesivas mutaciones que varían desde el fraccionamiento a la ionización, dando lugar a que los restos de un artefacto de esta naturaleza se convirtieran en rayas luminosas en el cielo, o en bolas de fuego, o en husos de perfiles variables.

Algunos de estos fragmentos luminosos pudieron haber sido arrastrados por el túnel de viento que origina un avión en ruta, sobre todo si como en el caso del aparato antes mencionado, se trata de un turborreactor. Pensemos que el aire que empuja y al propio tiempo arrastra consigo un avión de este tipo, es como un tifón o como un engullidor de agua, de modo que, a su vez, arrastra las materias que encuentra a su paso. Todo ello explicaría el extraño comportamiento de los cuatro OVNIS, que al parecer, siguieron al avión de Manises, y que acabaron reuniéndose en una sola masa (según las primeras noticias) como si una fuerza magnética irresistible les obligase a ello. Y también daría razón de sus locas evoluciones finales y definitivas, hasta esfumarse con el paso del avión.

Es evidente, pues, que en el caso que comentamos no hubo suerte. No fue un OVNI, ni mucho menos cuatro. De modo parecido a como, en verano de 1979, los restos del Skylab fueron confundidos por más de un ciudadano terrestre con un posible OVNI, meses después, en Manises, se confundió el fenómeno de desintegración del gran satélite norteamericano Pegaso II, con uno o varios OVNIS, según el lugar y el momento en que se produjo el avistamiento.

En esta ocasión los OVNIS fueron cosa nuestra, cosa de los hombres. Satélite que desciende a una altura crítica en nuestra atmósfera, satélite que parece desintegrado. Conviene pensar en esas posibilidades cuando se habla de algunos OVNIS. Pero ello no debe impedirnos reflexionar sobre este punto: siendo prácticamente indudable que los mundos habitados suman muchos millones, la Ufología y la llamada doctrina de la pluralidad de mundos no se contradicen, sino todo lo contrario. Como dicen los ingleses, cada cosa en su sitio. Lo cual significa que hemos de saber esperar que los acontecimientos se definan y clarifiquen. Porque el tiempo todo lo resuelve. Esperar y ver, ésta es la consigna.

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Acerca del autor

Andrés Arbulú Martínez

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