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lunes 25 de marzo del 2019
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Magistralmente

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El 10 de diciembre del año pasado publiqué mi primer artículo en este sitio que tiene a bien publicarlos de una manera generosa. Al cumplir mi primer año de hacer esto que para mí es muy gratificante, quiero en esta oportunidad realizar mi modesto y sencillo comentario sobre algunos de los párrafos del discurso de Mario Vargas Llosa realizado el 7 de diciembre del año en curso en Estocolmo. Párrafos que en lo particular me impresionan mucho, y me causan gran emoción.

Creo que en este párrafo se refleja todo lo que de alguna manera sentimos los que nos dedicamos a  esta actividad. Y de alguna manera podemos identificarnos con aquello. Pero por supuesto, que los niveles son de diferentes magnitudes en cada caso. En mi caso es como un invitarme a realizar lo mismo. Tomar historias y cambiarles el final. Apasionante y alucinante a la vez. Mario dice:

“La lectura convertía el sueño en vida y la vida en sueño y ponía al alcance del pedacito de hombre que era yo el universo de la literatura. Mi madre me contó que las primeras cosas que escribí fueron continuaciones de las historias que leía pues me apenaba que se terminaran o quería enmendarles el final. Y acaso sea eso lo que me he pasado la vida haciendo sin saberlo: prologando en el tiempo. Mientras crecía, maduraba y envejecía, las historias que llenaron mi infancia de exaltación de aventuras”

El escribir es una pasión que se toma con terquedad y en la cual nos tiene que tocar un poco de suerte necesariamente, para que llegue a más lectores lo que escribimos. Creo que eso es lo que nos quiere decir Mario en este párrafo. Y verdaderamente es como un vicio maravilloso.

“Gracias sin duda también a mi terquedad y algo de suerte, he podido dedicar buena parte de mi tiempo a esta pasión, vicio y maravilla que es escribir, crear una vida paralela donde refugiarnos con la adversidad, que vuelve natural lo extraordinario y extraordinario lo natural, disipa el caos, embellece lo feo, eterniza el instante y torna la muerte un espectáculo pasajero”

Cada historia, cada aventura que podamos escribir con mucha dedicación, verdaderamente son como vidas paralelas a la nuestra que quisiéramos de alguna manera vivirlas en ficción. Mario dice:

“Igual que escribir, leer es protestar contra las insuficiencias de la vida. Quien busca en la ficción lo que no tiene, dice, sin necesidad de decirlo, ni siquiera saberlo, que la vida tal como es no nos basta para colmar nuestra sed de absoluto, fundamento de la condición humana, y que debería ser mejor. Inventarnos las ficciones para poder vivir de alguna manera las muchas vidas que quisiéramos tener cuando apenas disponemos de una sola”

Una invitación a todos los que nos gusta escribir es la que nos hace Mario, pero una invitación a crear ficciones en donde nunca se permita que gobiernos autoritarios vuelvan a gobernar países. Pero ¿Por qué ficción? Porque ese enemigo está latente en nuestras sociedades, y siempre es probable que ocurra esto:

“Nuevas formas de barbarie proliferan atizadas por el fanatismo y, con la multiplicación de armas de destrucción masiva, no puede excluir que cualquier grupúsculo de enloquecidos redentores provoquen un día un cataclismo nuclear. Hay que salirles al paso, enfrentarlos y derrotarlos……. No debemos dejarnos intimidar por quienes quisieran arrebatarnos la libertad que hemos ido conquistando en la larga hazaña de la civilización. Defendamos la democracia liberal, que, con todas sus limitaciones, sigue significando el pluralismo político, la convivencia, la tolerancia, los derechos humanos, el respeto a la crítica, la legalidad, las elecciones libres, la alternancia en el poder, todo aquello que nos ha ido sacando de la vida feral y acercándonos – aunque nunca llegaremos a alcanzarla – a la hermosa y perfecta vida que finge la literatura, aquella que sólo inventándola, escribiéndola y leyéndola podemos merecer. Enfrentándonos a los fanáticos homicidas defendemos nuestro derecho a soñar y a hacer nuestros sueños realidad”

El escribir, es una manera que tenemos para levantar nuestra voz y no permitir que gobiernos totalitarios como los de Cuba y Venezuela sigan ganando adeptos, como ocurre con Bolivia y Nicaragua:

“Y la verdad es que debo a Francia, a la cultura francesa, enseñanzas inolvidables, como que la literatura es tanto una vocación como una disciplina, un trabajo y una terquedad….   De entonces a esta época, no sin tropiezos y resbalones. América Latina ha ido progresando, aunque, como decía el verso de Cesar Vallejo, “Todavía hay hermanos muchísimo que hacer” Padecemos menos dictaduras que antaño, solo Cuba y su candidata a secundarla, Venezuela, y algunas seudo democracias populistas y payasas, como las de Bolivia y Nicaragua”

Sabias palabras las de Mario Vargas Llosa cuando dice que el amor en todas sus manifestaciones no puede ser obligatorio. Para algunos de repente les puede sonar chocante cuando esto se refiere a la patria, pero es así.

“El amor al país en que uno nació no puede ser obligatorio, sino, al igual que cualquier otro amor, un movimiento espontaneo del corazón, como el que une a los amantes, a padres e hijos, a los amigos entre sí…. Al Perú yo lo llevo en las entrañas porque en el nací, crecí, me formé, y viví aquellas experiencias de niñez y juventud que modelaron mi personalidad, fraguaron mi vocación, y porque allí amé, odié, gocé, sufrí y soñé”

Creo que debemos ser consientes de nuestra insignificancia intelectual, si queremos criticar alguna actitud de Mario Vargas Llosa. Pienso que los que en su momento llamaron traidor a Mario, fueron periodistas que estaban parametrados con el gobierno totalitario de aquellos días.

“Algunos compatriotas me acusaron de traidor y estuve a punto de perder la ciudadanía cuando, durante la última dictadura, pedí a los gobiernos democráticos del mundo que penalizaran al régimen con sanciones diplomáticas y económicas, como lo he hecho siempre con todas las dictaduras….   y lo volvería a hacer mañana si – el destino no lo quiera y los peruanos no lo permitan – el Perú fuera víctima una vez mas de un golpe de estado que aniquilaría nuestra frágil democracia….  Aquella no fue la acción precipitada y pasional de un resentido, como escribieron algunos polígrafos acostumbrados a juzgar a los demás desde su propia pequeñez”

El análisis de los acontecimientos debe hacerse de una manera profunda y abierta, para poder ser objetivos en nuestras apreciaciones. Por eso Mario nos dice lo siguiente:

“La conquista de América fue cruel y violenta, como todas las conquistas, desde luego, y debemos criticarla, pero sin olvidar, al hacerlo, que quienes cometieron aquellos despojos y crímenes fueron, en gran número nuestros bisabuelos y tatarabuelos, los españoles que fueron a América y allí se acriollaron, no los que se quedaron en su tierra. Aquellas críticas, para ser justas, deben ser una autocrítica. Porque, al independizarnos de España, hace doscientos años, quienes asumieron el poder en las antiguas colonias, en vez de redimir al indio y hacerle justicia por los antiguos agravios, siguieron explotándolos con tanta codicia y ferocidad que los conquistadores”

En artículos anteriores escritos por este humilde servidor, no me canso de decir que la gratitud es un valor muy importante. Ser agradecidos en algún momento con aquellas personas que de una u otra manera nos ayudaron para salir adelante. Y es por eso que Mario tiene mucha razón cuando dice:

“Quiero a España tanto como el Perú y mi deuda con ella es tan grande como el agradecimiento que le tengo. Si no hubiera sido por España jamás hubiera llegado a esta tribuna, ni a ser un escritor conocido, y tal vez como tantos colegas desafortunados, andaría en el limbo de los escribidores sin suerte, sin editores, ni premios, ni lectores”

Este párrafo que sigue, debería tenerse bien en cuenta para las próximas curriculas en los colegios. Pero será bien difícil cambiar esto que es bien cierto, en la mentalidad de los docentes:

“No hay que confundir el nacionalismo de orejeras y su rechazo del “otro” siempre semilla de violencia, con el patriotismo, sentimiento sano y generoso, de amor a la tierra donde una vio la luz, donde vivieron sus ancestros y se forjaron los primeros sueños, paisajes familiares de geografías, seres queridos y ocurrencias que se convierten en hitos de la memoria y escudos contra la soledad. La patria no son las banderas ni los himnos, ni los discursos apodícticos sobre los héroes emblemáticos, sino un puñado de lugares y personas que pueblan nuestros recuerdos y los tiñen de melancolía, la sensación cálida de que no importa donde estemos, existe un hogar al que podemos volver”

Y el párrafo preferido por más de uno. Un párrafo lleno de sensibilidad. Un párrafo que está lleno de algo que algunos a lo mejor no crean que pueda existir. Quizás algunos dirán que eso es anticuado y pasado de moda, que no es posible. Pero para mí – y para muchos también – es el ejemplo vivo de lo que significa el amor conyugal. Y pienso que al quebrar su voz Mario, da a entender que ya casi nadie cree en eso.

“El Perú es Patricia, la prima de naricita respingada y carácter indomable con la que tuve la fortuna de casarme hace 45 años y que todavía soporta las manías, neurosis y rabietas que me ayudan a escribir. Sin ella mi vida se hubiera disuelto hace tiempo en un torbellino caótico y no hubieran nacido Álvaro, Gonzalo, Morgana ni los seis nietos que nos prolongan y alegran la existencia. Ella hace todo y todo lo hace bien. Resuelve los problemas, administra la economía, pone orden en el caos, mantiene a raya a los periodistas y a los intrusos, defiende mí tiempo, decide las citas y los viajes, hace y deshace las maletas, y es tan generosa que, hasta cuándo cree que me riñe me hace el mejor de los elogios: “Mario, para lo único que tú sirves es para escribir”

Mas que un discurso, una clase magistral de cómo escribir. Como apasionarnos con lo que hacemos.

“Nada me ha hecho gozar en la vida tanto como pasarme los meses y los años construyendo una historia, desde su incierto despuntar, esa imagen que la memoria almacenó de alguna experiencia vivida, que se volvió un desasosiego, un entusiasmo, un fantaseo que germinó luego en un proyecto y en la decisión de intentar convertir esa niebla agitada de fantasmas en una historia. “Escribir es una manera de vivir”, dijo Flaubert. Si , muy cierto, una manera de vivir con ilusión y alegría y un fuego chisporreante en la cabeza, peleando con las palabras díscolas hasta amaestrarlas, explorando el ancho mundo como un cazador en pos de presas codiciables para alimentar la ficción en ciernes y aplacar ese apetito voraz de toda historia que al crecer quisiera tragarse todas las historias. Llegar a sentir el vértigo al que nos conduce una novela en gestación, cuando toma forma y parece empezar a vivir por cuenta propia, con personajes que se mueven, actúan, piensan, sienten y exigen respeto y consideración a los que ya no es posible imponer arbitrariamente una conducta, ni privarlos de su libre albedrio sin matarlos, sin que la historia pierda poder de persuasión, es una experiencia que me sigue hechizando como la primera vez, tan plena y vertiginosa como hacer el amor con la mujer amada días, semanas, y meses, sin cesar”

Finalmente. Gracias Mario Vargas Llosa, porque despiertas e incentivas en todos aquellos que nos gusta realizar este noble oficio – en diferentes magnitudes por supuesto – seguir escribiendo. Gracias por enseñarnos y volvernos a recordar que escribir es una pasión, un vicio incontrolable, algo que los que ya empezamos a hacerlo, nunca lo podremos dejar de hacer. Y sobre todo que si queremos tomarlo como forma de vida, debemos ponerle mucha disciplina y empeño con mucha terquedad como dices. Gracias Mario.

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Acerca del autor

Andrés Arbulú Martínez

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