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domingo 26 de mayo del 2019
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Cómo obtener el éxito: un camino de ocho pasos

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Ralph Waldo Emerson: “El éxito consiste en obtener lo que se desea. La felicidad, en disfrutar lo que se obtiene”.

El gran secreto para alcanzar el éxito consiste en…que no hay ningún secreto, ni una fórmula que funcione en todos los casos, ni una poción mágica ni un ritual. El éxito se sustenta, de manera fundamental, en el  trabajo. Trabajo duro y continuo para ser más explícitos y una fe fuerte en lo que se hace y en los resultados que  se desean obtener.

Es posible que algunas recetas hayan funcionado en unos casos específicos pero eso no quiere decir que siempre vayan a dar el mismo resultado. Por eso cada cual deberá recorrer su propio camino según las circunstancias que se estén dando en el momento, pero sin olvidar que  nada remplazará las metas concebidas previamente, el esfuerzo que se haga para lograrlas, las personas de las que estemos rodeados, la confianza en nosotros y mismos y fe, mucha fe en todas las fuerzas que se están aplicando para que el proyecto  se convierta en una feliz realidad.

Es bueno decir que si bien no hay recetarios infalibles sí existen algunos  elementos factores que nos pueden ayudar de gran manera a encontrarnos en la cumbre de nuestras más grandes ilusiones. Entre éstos podemos mencionar los siguientes:

Dedicarnos a algo que nos entusiasme y apasione.  Cuando trabajamos en algo que verdaderamente nos apasiona nos pasa como a los niños cuando se sumergen en sus juegos infantiles: nadie logra sacarlos de esa actividad que disfrutan al máximo, ni siquiera la voz, tierna o firme, de mamá llamándolos para el almuerzo.   En esa edad el juego es la pasión, la comida es el deber  y los humanos siempre tenemos mejor ánimo para el placer que para el deber.   Un paso adelante en el camino hacia el éxito será convertir  el deber en placer y esto solo podemos lograrlo cuando invertimos nuestro tiempo y energías en algo que realmente nos gusta y que hacemos con ganas, sin que nadie deba vigilarnos. Tal como hacemos con nuestras aficiones: nadie nos empuja a leernos el libro que nos gusta o a ver el partido de fútbol que tanto hemos esperado. Aprender, aprender cada vez más de aquello en lo que nos desempeñamos. Esto implica estudiar, asistir a conferencias y seminarios, ver programas de televisión relacionados con las habilidades y saberes en los que queremos ser especialistas.   Una hora de lectura diaria alcanza para leer veinte páginas de un buen, sin ninguna prisa.  Al mes serán seiscientas páginas, lo que representa tres libros, aproximadamente. En el año serán treinta y seis. Después de haber leído esa cantidad de textos sobre un mismo tema,   estaremos cerca de ingresar a la categoría de expertos, pero sobre todo, se habrá despertado en nosotros un enorme interés por seguir aprendiendo. Esté atento a los cambios. Los  cambios pueden ayudarnos cuando estamos alerta y no nos toman desprevenidos. Más aún, el cambio puede catapultarnos al éxito cuando somos los que lo propiciamos.  Alguien se quejaba porque vivía en un pueblo pequeño de los que se quejaba por que no había oportunidades. Y era de aquellos que frecuentemente decían: “aquí no hay ni en qué divertirse”. Otra persona del mismo pueblo afirmaba:   “aquí nadie ha hecho nada hasta ahora, todo está por hacer y yo voy a comenzar a hacerlo”.   No es difícil cuál de los dos alcanzó el éxito. Aprovechar la experiencia.    Lo que enseña la experiencia  es  tan importante, y tal vez más que lo que nos enseña la escuela, los libros y los sabios. No hay nada como aquello que sabemos porque lo hemos vivido en carne propia y podemos ejercerlo, enseñarlo y aplicarlo con propiedad.    La vida es una escuela desde que comienza, pues nos ofrece la posibilidad de aprender mientras estamos en acción.  Recordar las experiencias vividas y extraer  de ellas los aprendizajes, se constituye en un apreciable escalón hacia el éxito. Aprendamos de los errores. Sí los errores son   buenos maestros y no solo los errores nuestros sino lo de los demás.   Si nos equivocamos en alguna ocasión recibiremos enseñanzas, casi siempre muy dolorosas, pero las recibiremos.  Si otras personas se equivocan, también tendremos ante nuestros ojos una valiosa enseñanza con la ventaja de que no aprendimos con el dolor propio sino “en pellejo ajeno”.     Tome nota de sus errores del pasado, evítelos en el presente y haga un inventario de lo que puede aprender en cada caso.   De los errores ajenos, saque conclusiones y trate de no actuar a la manera en que otros lo hicieron y fracasaron. Confíen Dios y en usted mismo. Ese es el orden, primero en Dios y luego en usted mismo. Si lo varía, estimulado por la creencia de que usted es el ser más importante del universo, podría verse en dificultades. Dios estará siempre al alcance de nuestra fe y nos concederá nuestras peticiones según sea SU voluntad.  La Biblia  nos ha enseñado que  todo lo que pidamos  en oración, creyendo, lo recibiremos (Mt 21:22).   También debemos confiar en nosotros mismos, pues Dios hace su obra a través de nosotros y nos manda a que no temamos ni desmayemos, lo cual indica que el éxito está reservado a quienes lo busquen con valentía. Rodearnos de las personas adecuadas.   En parte somos lo que somos debido a las personas con las cuales transitamos por la vida.  Eurípides, uno de los tres grandes poetas trágicos griegos de la antigüedad,  decía: “Todo hombre es como las compañías que frecuenta.”.  Por su parte Platón, el gran filósofo, afirmaba: “El hombre sabio querrá estar siempre con quien sea mejor que él."     En resumidas cuentas,  es posible que estemos solos y triunfar; es posible que estando en compañía no adecuada, tengamos un golpe de suerte y hallemos el éxito. Pero si no queremos correr riesgos innecesarios, es mejor acercarnos a la buena sombra que nos puede dar el árbol de una compañía apropiada. Entrar en acción.   Prepararse es solo parte de la liturgia de los  triunfadores. Pero entrar en acción es definitivo. No podemos estar todo el tiempo estudiando, todo el tiempo preparándonos, todo el tiempo esperando una oportunidad, y quedarnos así, sin acción, sin poner en práctica lo aprendido, sin ejercer lo estudiado, sin abrirle la puerta a las oportunidades que decepcionadas, pasarán de largo ante nosotros.   Una persona dedicada a triunfar no tendrá tiempo de pensar en sus dudas, en sus temores y debilidades. Llegado el momento hay que darle campo a esa capacidad que todos tenemos de asumir riesgos calculados y de lanzarnos a la acción, con la seguridad de que todo lo que hemos planeado  nos ayudará a llegar al puerto seguro de los logros y las realizaciones.

 

Alejandro Rutto Martínez es un prestigioso periodista y escritor colombiano, vinculado como docente a varias universidades colombianas. Es autor de cuatro libros y coautor de otros tres en los que se aborda el tema del liderazgo, la ética y el Desarrollo Humano. Con frecuencia es invitadocomo conferencista a congresos, foros y otros eventos académicos. Póngase en contacto con él a través del corrreo alejandrorutto@gmail.com o llámelo al celular 300 8055526. Visite su página www.maicaoaldia.blogspot.com

 

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