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lunes 06 de abril del 2020
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Risoterapia

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Sara camina por el mercado que se pone a dos cuadras de su casa como todos los miércoles, junto con Ale, su roomate, arrastran el carrito por entre los puestos eligiendo manzanas, espinacas, tarros con miel. Ya son conocidas por los tenderos y siempre van a los mismos puestos. Paradas frente al señor de los quesos, pidieron por ocasión especial un cuarto de crema porque traían antojo de rajas desde hace tres días. Sara de repente mira a su alrededor, ve muchas caras serias, distraídas con reflexiones que les provocaba fruncir el seño, y de repente fue capaz de leer lo pensamientos de la gente.

Espero que cuando llegue a casa no esté Don Rentas esperándome. Esta maldita gastritis me está matando. ¿Qué fregados me voy a poner para la boda en Veracruz con el calor que hace? No le puse monedas al parquímetro. Ni siquiera me alcanza con lo que traigo. Odio los vestidos de novia.

Las orejas de Sara comienzan a zumbar picándole la garganta y el cerebro, sacudió la cabeza para sacarse los murmullos tormentosos, se estremeció hasta la médula, cuando abrió los ojos la mano del hombre le entregaba a Ale dos panelas de kilo, una barra de mantequilla y el cuarto de crema para las rajas. Odio los vestidos de novia - te acuerdas.

¿Es todo señoritas? Son 137 pesos. Sara recibió los 63 de cambio, los guardó en su bolsillo, metió las cosas en el carrito y grito con fuerza ¡Colección de carcajadas, colección de carcajadas! Y fingidamente comenzó a reírse, una carcajada estruendosa que invadió varios puestos a la redonda, Ale al verla no tuvo más remedio que unirse con risas no menos sonoras, al verse la una a la otra convertidas en maquina de risotadas un impetuosa y natural risa surgió por sí sola y comenzó a contagiarse, el señor que les vendió los quesos fue el primero en caer sin remedió, luego la doña de a lado y así uno tras otro se fueron uniendo inevitablemente al alborozo alegre, donde todos, al verse las caras rojas y los ojos lagrimosos, más y más caían en el la epidemia de una felicidad sin motivo.

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Acerca del autor

Lorena Somocurcio

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