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domingo 05 de abril del 2020
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¿Tiene sentido práctico todo lo que haces?

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El hombre actual no solo vive más tiempo. También realiza más actividades. Porque el mundo, como se sabe, es más agitado. Cada cual tiene sobre sí muchas exigencias. Que no vienen solo de lo complicado de las tareas. También son debidas al poco tiempo que puede dársele a cada cosa. Casi siempre estamos apurados.

Ahí tenemos una de las razones de que hayamos dejado de hacer muchas cosas. Posiblemente, miles de nimiedades que solíamos disfrutar. Ya no tenemos tiempo y nuestra forma de proceder tiende a simplificarse.

Cuando alguien nos va a decir algo queremos que vaya directo al grano. Por favor, nada de rodeos. Algunos de nosotros prefieren comer de pie o en cualquier establecimiento de comida rápida. Tampoco es frecuente que redactemos cartas. Ahora usamos mensajes electrónicos para ahorrar tiempo.

Ya no se usan aquellos largos cortejos para seducir mujeres. Antes los hombres teníamos que dedicar bastante tiempo al romance. Afortunadamente en este momento suele ser más rápido. La mayoría de los modales se han desechado. Se requiere ser más práctico en todo.

Muchos si pudieran pasarían por alto todo el proceso de conquistar a una mujer. Irían directo a la cama con ellas. Con un tono medio en broma puedo decir que hay mujeres que también son muy prácticas en ese sentido.

Esa es la idea: ser más práctico. Se ha llegado incluso a darle valor a las cosas en función de la utilidad práctica. Si algo parece no tener un fin inmediato pues entonces se considera superfluo y se decanta.

El proceso de enrevesamiento de nuestra vida va acompañado de otro proceso, este de simplificación. Queremos que todo sea práctico y rápido. Si podemos prescindir de los saludos lo hacemos. Hablamos lo menos posible y la mayoría de las cosas las damos por sobrentendidas. Aborrecemos las ceremonias. Y preferimos siempre ir directo sin adornos al objetivo que andamos buscando.

Otra gran simplificación se nota en el lenguaje. La mayoría de las palabras del castellano están en desuso, permítanme exagerar un poco. Y los diccionarios se han convertido en museos del léxico. Es otra consecuencia de ser cada vez más prácticos.

Simplificar, abreviar, eliminar ceremonias y formalismos inútiles, ser prácticos, ahorrar tiempo y esfuerzo, ir directo; esas son las consignas. Y, por cierto, es algo muy moderno. El complicarse con tanta parafernalia sería cosa del pasado, de la Edad Media tal vez.

¿Pero realmente estamos ante algo nuevo y moderno? ¿Realmente nuestra cultura está evolucionando? Bueno, no estoy seguro. El hombre más práctico del que yo tenga conocimiento no es moderno. Pudiera ser nuestro ideal ya que él sí que aborrecía toda complicación a la hora de hacer las cosas. El hombre más práctico del que se tenga conocimiento es el hombre primitivo. Tan poco moderno es, que vivió antes de que comenzara la Historia.

Ese es el riesgo que tenemos: volvernos elementales y primitivos. Porque ese es el final del camino cuando se cercena la sofisticación de nuestro proceder. Por esa vía una persona normal llega a volverse tosca y escasa. Y pierde así toda la distinción que el buen gusto pueda darle.

Es bueno evitar los excesos de formalismos y ser prácticos. Pero el verdadero hombre no puede ser tan práctico que desprecie los modales. Son ellos precisamente los que lo hacen civilizado, superior. El ser humano por definición es una criatura poco práctica, vive de rituales. Tiende a complicar hasta el acto más elemental con nutridas ceremonias. Un ejemplo abreviado de miles: para el hombre prehistórico sería problemático invitar al hombre actual a cenar.

En lugar de tomar el alimento crudo con las manos y llevárselo a la boca se complica con inútiles ceremonias. Exige cocinarlo primero de determinada forma bien específica llamada receta. Para luego esperar determinados horarios y sentarse ante un objeto llamado mesa. Y como si fuera poco, el alimento tiene que ser servido en otros objetos llamados platos. Terminando por fin de tomar los alimentos con algunos implementos especiales destinados solo para tales fines.

Somos complicados por definición, lo necesitamos. Así que tratemos de ser prácticos pero con un límite. No te aniquiles espiritualmente. Conserva la riqueza espiritual que solo dan las cosas que no sirven para nada.

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Acerca del autor

Alejandro Capdevila

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