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lunes 29 de noviembre del 2021
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Una visión critica a la realidad politica

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Cultura Política: un enfrascamiento de la participación ciudadana  en la costumbre política

I. Introducción.

Plantear el problema del futuro no

sólo implica observar cuáles han

sido las tendencias recientes y

extrapolarlas en formas lineales o cíclicas.

Y ni siquiera basta prever puntos de

ruptura y cambios de tendencias. Todo

eso es muy importante pero no basta.

Prever el futuro implica también construir

el futuro.

Pablo González Casanova

Situarse en el marco político del Estado de México conlleva a dirigir el análisis hacia la cultura política y democrática practicada, partiendo de las premisas que le caracterizan. La cuestión política ha sido y será una encrucijada para aquellos sujetos vírgenes que intenten por primera vez sumergirse en sus mareas complejas pero entendibles y que no esta lleno de sorpresas, más bien son los sujetos políticos quienes vienen con sorpresas o sorprenden una vez que han hecho de la política una cultura de la corrupción, entonces tales paradigmas actitudinales individualistas son motivo de los modos vivendus. Basta echar una mirada a la cultura política reciente muy rica en información que nos da elementos para dudar de la vigencia partidista y de algunas versiones históricas. Al estilo verbal de Álvaro Matute, en el Estado de México convergen tres ideologemas: Libertad, Trabajo y Cultura, plasmados en el Escudo del Estado de México. Tal parece que el Estado ha dejado atrás la lucha partidista de hace más de 100 años[1], y entonces la historia oficial del Estado de México esta dada por el grupo político en poder, por los triunfantes y no por los acaecidos. Este diferendo entre clases partidistas es hoy el fruto germinado y no queda más que mediante el lenguaje, expresar la sedienta democracia anhelada por la ciudadanía, por el reclamo mismo de los ayeres, de las voces de las luchas sociales, pero ello se ha perdido y el horizonte se vislumbra muy lejano. El partidismo demócrata ha quedado atrás y la realidad interactuante y su dinamismo ya no responden a las interrogantes planteadas por la sociedad, solo plantean vagamente preámbulos particulares. La realidad del Estado de México esta en pugna entre la política populista y la elitista.

No solamente hablo como expositor, ni como político, sino como ciudadano comprometido con el Estado de México y con mis conciudadanos. Este pequeño bosquejo interpretativo y analítico da muestras empíricas, empero, proporciona respaldo apara aquellos interesados en la cultura política actual, que sin embargo, sigue siendo practicada como si los años parecieran están estáticos. La política del Estado de México ha quedado enfrascada en el pleno costumbrismo y amenaza con deterior cada vez más la identidad ciudadana. Esta política de élite permea a la sociedad con la institucionalización de la mentira y la corrupción. Es un Estado ya no de Derecho sino de castas privilegiadas, es cuestión de agandalle y no de equidad social. El Estado de México queda fraguado bajo las ruinas históricas de luchas sociales y encima de ello se construye el monstruo político odiado por las masas y querido por la política partidista. Queda en este escrito solo expresiones culturales vivenciadas provenientes de la sociedad civil y no del gobierno. Por ende la cultura política del Estado de México bajo la óptica del presente ensayo no pretende el grado de mayor reconocimiento que el ser leído. No es cuestión de exclusividad ni de un partido es momento de compartimiento social, es alzar el vuelo no en retrospectiva, es entrar en un estado de conciliación entre pueblo y justicia. Porque el Estado de México cuenta con identidad propia y escribir para él y para el lector es empezar a formar una cultura política basada en la democracia y en la importancia misma del Estado de México.

II. Ciudadanía y política: dos contrastes enfrascados y encontrados solo electoralmente.

El proceso político dentro del marco ciudadano se ha enfrascado en una política de costumbrismo y en tanto, la confianza se torna en un trastorno político, desvaneciéndose en cada comicio electoral a falta de credibilidad, ya lo decía Francisco Reveles Vázquez en su breviario publicado en 2008: “La separación entre dirigentes y bases es una realidad, pero no es común a todo tipo de organizaciones partidistas. Un elemento influyente en el grado de democracia interna es el de los valores ideológicos”[2]. Por tanto la participación que cada ciudadano haga al interior de una militancia partidista o bien, una adepción sobre un candidato público, esta definida por la caracterización del partido o de la persona dirigida a un cargo público. Y es que la cultura política generada por cada aspirante hacia la política actual muestra rasgos inclinados cada vez más a un tradicionalismo más de adepto y de negocia que hacia un umbral de carácter ideológico razonable, pues resulta desvinculado el carácter social (a falta de un plan de desarrollo) sobre el discurso emanado de los aspirantes a representación pública y entonces se ocasiona la esperada ruptura entre la credibilidad y confianza por parte de la ciudadanía y por otra con los compromisos, hoy vistos como meras promesas por parte de los políticos. Entonces al respecto Ricardo Rocha en la Revista del IEEM afirma: “Si el panorama social se plantea como reto gigantesco, el espectro político también está marcado por el contraste: alianzas de lo que pudo haber sido y no fue, arreglos de última hora que prueban que 2 más 2 no son necesariamente 4. Y en este ámbito de intereses políticos y de dinero se viene dando sin embargo una revolución silenciosa que es la de la sociedad cada vez más sensible, enterada, participativa y exigente”[3]. Definitivamente en el ámbito político se escapan a la luz de todo político la confianza del ciudadano y es que la forma hoy en día de hacer política esta lejana de una verdadera participación social debido a los viejos paradigmas que una y otra vez se repiten. A decir verdad los grupos políticos son los más beneficiados y posesionados de puestos públicos una vez logrado el triunfo o la negociación y a posteriori los programas sociales quedan minimizados a una vaga retribución por falta de un gobierno gestionante. Resulta evidente la pugna entre grupos políticos y participación ciudadana, esto ocasionado por la vulnerabilidad  misma del círculo regresivo político, haciendo de los militantes y simpatizantes solo un recurso efectivo para el logro de un objetivo de interés colectivo  o bien partidista si así se desea verlo. Pero vale la pena también decir que hoy existen liderazgos de trayectoria sobre liderazgos tan solo partidistas y entonces resulta así, la inclinación tradicional hacia un candidato más de carisma que de buen plan de trabajo.

Otro aspecto relevante para dar a conocer la cultura política es el hecho de participar de forma directa y también externa, ya sea como propuesta a un cargo público o bien como un militante comprometido a una ideología con un candidato o a un partido que al fin y al cabo viene resultando lo mismo. Bien cabe resaltar lo trascendente en experiencia de uno u otro lado. Si bien no es fácil acuñarse en cualquiera de ambos casos, si es necesario inmiscuirse para lograr una participación ciudadana dirigida al temor político: el cambio. Pero ese mismo temor no permite lograr una inclusión hasta pasado un proceso electoral y entonces surge otro problema, que es la abstinencia, un medio para declararse evasivo ante los problemas actuales de la cultura política, pero con ello solo se logra acrecentar tiempos más difíciles para la llegada democracia: el ascenso del pueblo. Más bien veo soluciones viables pero antes habría entonces la tendencia a terminar de enajenar los medios políticos ya acrecentados con las viejas prácticas políticas y aún vigentes sostendría, en casi la mayoría de los rincones del Estado de México. Es indiscutible en la actualidad el debate del diálogo político y  las practicas por el poder. De ello solo puedo aseverar la consistencia de los grupos políticos en cada periodo electoral y la naturaleza de la búsqueda por el poder unidireccional. Ya es sabido que en la práctica política la cultura activa se basa en mecanismos de la mentira como el arma racional por el convencimiento de la confianza y se deja a un lado la afinidad ideológica buscada en un primer principio y eso responde a la disfuncionalidad del régimen cuando esta en pugna gobernante. A los ciudadanos solo se les visita en tiempo electoral bajo el slogan “no soy igual, busco un cambio”, sin embargo interiormente  toda comunidad política termina con el colapso del régimen en cuestión y así de esta forma desaparece también en forma porcentual toda participación ciudadana.

No cabe duda sobre el “compromiso” entre comunidad política y sociedad en un rango de disposición al acuerdo y a la negociación, eso es hoy el pan de cada día en la tendencia a los nuevos políticos. Hablar de esfera política y esfera social tiene un tono desarticulado por las prácticas suscitadas en un marco de bajo nivel de confianza. Más bien la traba esta sitiada por la competencia política y a hecho de los partidos y de sus seguidores un afán por lograr un status social más que un refrendo por igualdad social y bienestar partidario. Cabe señalar que las contiendas políticas ya no son secularización cultural, son en realidad un enigma para el ciudadano. Aquí bien vale la pena volver a citar a Ricardo Rocha con su premisa: “Tenemos que firmar el compromiso de la equidad. Juntos con la sociedad, el IFE, los partidos y los medios para restaurar el valor de los valores. Y sobre esa base correr juntos los riesgos de la confrontación y el debate permanente. Las recompensas siempre valdrán el arrojo”[4]. Entonces tenemos un postulado más de la cultura política: la transición democrática, establecida a partir desde el momento en decidir participar ya sea apoyando a un candidato o a un partido en particular. El proceso debiera ser gradual y limitado sin embargo existen dos mundos: demócratas y autoritarios, o bien, minimalistas y maximalistas; dictadores-dictablandos, para el caso da lo mismo, se trata en suma de respaldar un proyecto y no a una persona con un grupo de interés que más tarde llegara a ser quien conquiste la línea de trabajo y por ende desentrañar de la política ciudadana al mismo ciudadano. Por tal motivo recurriendo a Ernesto Villanueva en una publicación de la Revista del IEEM, comparto su ideal en cuanto que “Una tarea tan centrada para construir nuestra sociedad democrática y equilibrada, no puede quedar expuesta a los altibajos objetivos caprichosos o discrecionales de los intereses del poder o sujeta de la dinámica, de la mano invisible del mercado, sino que debe ser reglamentada con toda exactitud por el interés colectivo como cualquier otro derecho social básico para garantizar una sana convivencia comunitaria”[5].

La modernización política supone visualizar otro aspecto más de cultura política en el sentido de poner en marcha una estrategia adaptativa al contexto en donde es el escenario por excelencia del político: la sociedad. Dicha estrategia permite el camuflaje para algunos, manipulación de confianzas, para otros, acrecentar posicionamiento a terceros y, en el deber ser: si no la democracia, si la transición de las formas ideológicas. Luego entonces el próximo umbral de la política esta en controlar tiempos y fases de desenvolvimiento del cambio político, considerando toda participación ciudadana. Pero resulta siempre dualista de una u otra manera el hecho ya no raro de actores políticos en vuelo de rapiña sobre líderes sociales para sostener un plano de negociación por cuestión de nobleza y entonces el círculo político regresivo vuelve a resurgir como un fénix de la política ya tan sabida. A la vez existe la confesión de no tener en manos una receta de cocina y es que la cuestión política no es asunto de predicción, solo electorera, pues así ya lo han dejado claro las prácticas costumbristas, al enajenar al verdadero engranaje de la democracia: la participación ciudadana.

“El síndrome de incompetencia que exhiben los viejos mediadores políticos por excelencia, es decir los partidos, cada vez más mediados por los medios, es inocultable por su dimensión y efectos. La política tiende a perder autonomía y a ser desplazada por las arenas públicas, pero éstas a su vez dependen de facilidades que ofrece la persistencia de un régimen con componentes aún predominantemente autoritarios”[6]. Con apego a lo citado por Juan Francisco Escobedo, coincido ampliamente y agregaría otro factor más de la cultura política que ha alienado a la participación ciudadana en el costumbrismo de la política, esto es: pluralismo político. Las rupturas también son parte esencial y un grado tal por la génesis  diversificada de grupos políticos en busca de tan solo espacios a cargos públicos con el mero objetivo de ratificar la coyuntura necesaria de la negociación. En términos reales, todo grupo político de un mismo partido político cuando su cultura no le permite visión madura, termina por optar bien o mal, en un acuerdo político con otro partido o ideología distinta y eso la práctica lo satisface. A decir de la experiencia, el otro ángulo político da muestra de las fehacientes formas  en como es llevada a cabo la elección de un candidato o candidatos o si se prefiere ver de como los comicios electorales internos de un partido son culpables en un alto porcentaje, el que un partido político no alcance la victoria. También otro aspecto no menos importante es: el conocimiento ideológico de las personas a quien se deposita la confianza y para ello Benjamín Fernández Bogado lo  confirma: “Conocemos más de los candidatos y su personalidad, pero menos de sus ideas y de las formas de cómo implementarlas, escuchamos más y hablamos menos, vivimos en apariencia más juntos pero curiosamente más solos”[7]. O será acaso la falta de propuestas y de trabajo, pero servirá la pena cuando se dan acciones concretas y la cultura del costumbrismo dicta y determina candidaturas no aceptadas por imposición o llamémosles mecanismos injustos. También no dejemos a un lado el carácter voluble social, porque existe, y constituye un factor más en referente a alcanzar al menos una compresión del proceso político que al fin y al cabo merma ideologización de cultura carente de referentes ostentables  en el conocimiento de la transición democrática, pero a la vez la misma cultura política partidista en estado estático no permite tiempos de explicación quedándose en tabula raza la mentalidad confusa del ciudadano propenso a la volubilidad social, sabiendo de antemano la falta de tiempos para un cumplimiento totalitario. Así, es de nuestro conocimiento que desde las bases cotidianamente se da toda retroalimentación hacia la cultura política partidista y es a ella a quien debe de volver la beneficencia; sin embargo también hay especial cuidado en la delicadeza de la distribución de los recursos logrados partiendo de una contienda y es que no se quiere entender ni a priori ni a posteriori, una vez logrado un triunfo, ya no se pertenece a un grupo político, ni a un partido, ni a un grupo minoritario, aunque las evidencias así lo enmarquen, porque el mismo costumbrismo de la cultura política existente lo la hecho historia y trascendente a la vez, siendo exigencia misma de sus allegados, militantes, simpatizantes o avaricia personificada con afán familiar hasta el pago de facturas comprometidas en precampaña y campaña. Si bien es cierto los pocos recursos no son suficientes para una población en su totalidad, puede coexistir el diseño de la reformulación distributiva con los mejores acuerdos en forma tal, de poder estar armónicamente inclusive con el grupo político más pequeño. El problema a lo anterior deriva del afanamiento sobre un candidato por ser el líder y entonces en la medida de convivencia suscitada cotidianamente en reuniones, en interacciones, en pláticas, en el mismo diálogo del líder junto a sus seguidores, de pronto surge una dependencia, una identificación y sobre todo apropiación ideológica de cada seguidor a los ideales del líder y así la génesis de cada grupo político se va conformando, no importando el partido político, pues el seguimiento es hacia el líder y más aún, hacia la coincidencia de pensamiento con ideales que tarde o temprano constituye la defensiva en la contienda política. Esta problemática es indiscutible y a decir verdad, los líderes inconsciente o conscientemente ejercen influencia sobre sus seguidores, así mismo el basto trabajo político para algunos líderes no les permite visualizar tal problema y entonces se agudiza, llegando al extremo más tarde de volverse afán a un pensamiento ideológico que pudiera estar mal encauzado, sin embargo el mismo contexto político indica en un principio el darse cuenta de este error y recuperarse rápidamente para evitar a la postre la pluralidad política. Al respecto Benjamín Fernández Bogado comenta: “Vemos que la política por ese camino está cada vez más alejada del ciudadano y más cerca de los grupos de intereses que lucran de ella y que sólo consiguen gobiernos alejados de los intereses colectivos y, como consecuencia, una ciudadanía raquítica a la que se le ofrece una democracia de baja calidad todos los días”[8]. Sin embargo ese círculo vicioso puede ser un firme sostenimiento de postura ideológica, misma que puede llegar a ser motivo de orgullo para sus militantes y permite el fortalecimiento de la identidad partidista en contextos adversos. Tomada de esta manera constituye un pilar para el avance en la democracia y de la participación plural.

III. La mentira: enroque a la participación ciudadana

La cultura política emergente con los distintos partidos políticos o grupos políticos al interior de los mismos, subyacen en la posibilidad de plantear un perfil en el cual el ciudadano se siente identificado y a medida de su crecimiento o expansión por el laberinto del contexto político, buscan caminos más cortos para facilitar su evaluación y a la vez para alcanzar mayores logros con menor tiempo y esfuerzo. El problema intrínseco esta en como dijera Benjamín Fernández: “Reconstruir el espacio de plaza pública no es una tarea fácil. Dividir o fraccionar a los colectivos supone ventajas a los grupos de intereses encaminados hacia ese fin, pero a la larga acaba con los ciudadanos que se convierten en sujetos de campañas proselitistas cuya propaganda son encomendadas a los mismos agentes que venden por igual un detergente como un congresista o una gaseosa como un presidente”[9]. El denominador común políticamente hablando y que sirve de vinculo entre la participación ciudadana y la política misma, es el interés por la búsqueda del poder, mientras para los primeros lo es adquisitivo en recursos, para la otra parte, los políticos, apuntala a lo financiero. Endeblemente la participación ciudadana puede encabezar interés social solo porque responde a la fatalidad vinculación con una ideología divaga. Hoy lejos de lograr una participación incluyente parece advertirse el advenimiento de la exclusividad elitista en pro de la recuperación del poder político, mismo que es perfilado hacia la permanencia de cualquier grupo político en la cima. Es un encuentro identitario entre poder y partido político, es un escenario contemplativo en el costumbrismo político a reserva de nuevas ideologías surgiendo a gritos entre sombras utópicas. Tal como lo plantea Bogado: “Vivimos en un tiempo de cambios, de dudas, de tribulaciones y de angustias, y en medio de eso descreemos muchas veces de nuestras propias fuerzas. Buscamos evasivas, en el camino queremos justificar la inacción”[10]. De esta forma toda pretensión política expuesta al saneamiento contextual debiera apoyarse en consenso y en tanto alejarse de políticas absurdas sumergidas en el mar de la costumbre y virar a vapor sobre hielo denso con cautela, evitando así, la manipulación política atañida al monstruo enajenante sobre el compas de la estática. Porque el poder absorbe toda inocencia y debemos entender la cruel realidad: incorporación tardía o temprana en el mar político clásico por excelencia.

Otro elemento no menos importante dentro de la cultura política es el quehacer protagónico de los estilos de gobernar, iniciándose en el seno, por un lado, del desconcierto para la sanidad y, alevosía en aquellos con empiria ya trazada. La política así resulta de compleja, de inmadura, de impredecible y a veces peca con grado de inocencia. En caso de sanidad, muy usualmente la directriz política esta sostenido bajo asesorías, pudiendo ser o no, apegadas a una realidad en igualdad competitiva frente a adversarios con pirámide experimental, siendo estos últimos habitualmente, ejes promotores del régimen en boga. Mientras el liderazgo en el primer caso se mantiene cotidianamente inmovilizado, en el segundo, coexiste manipulación de confianzas. A tal respecto, Ludolfo Paramio acerta: “Un rasgo llamativo de la cultura política de los países democráticos en la actualidad es la combinación entre el apoyo mayoritario a las instituciones y valores de la democracia y un extendido sentimiento de desconfianza hacia la política, los partidos y los políticos profesionales”[11]. En común acuerdo esta la base ciudadana quien en todo momento a participado independientemente del abstencionismo, ya que aparece como juez único de toda práctica política indistintamente del escenario en cada época vivido hasta el momento. También es posible coincidir con prácticas nuevas, empero, faltantes como lo demuestra la novatez, de experiencia. Si el pragmatismo no resulta mejor doctrina, tampoco hablar democráticamente significa excelencia. El punto de partido en tal caso corresponde al hecho notorio y patente sobre el impulso acomodaticio del grupo político al que se pertenece, mediante mecanismos tanto tradicionales como innovativos, anhelando llegar al poder de esta forma y entonces ser protegidos y el grupo en declive, pasa a forma parte del ciclo de convección política, es decir, unos bajan, otros ascienden. Diferencialmente este marco referente no pretende evocar conflicto alguno, más bien, busca la alternancia de pensamiento en contraste con nuestra realidad actuante, a mi parecer resulta estimulación sobre la salud democrática que ansia sedientamente el pueblo mexicano. Estas letras tienen firme aspiración a pasar a formar parte del vocabulario cotidiano de los ciudadanos, pues a ellos debemos construir textos apegados a su realidad vivida. El hablar de cultura política permite al ciudadano ponerle como principal protagonista y darle valor apreciable, provocando de alguna manera llegar a sus entrañas políticas como ser racional y político, propiciando más participación a integrarse en capacitaciones o diálogos con líderes sociales de su comunidad acerca de cuáles son las líneas políticas escritas durante la historia mexicana y solo así logre comprender lo importante de su participación en coordinación con sus institutos oficiales a la mano. También elemento esencial resulta y debe saberlo el ciudadano, mantener estrecha relación con el grupo a que pertenece, así como develar sus principios en un análisis paralelo a lo acaecido en la realidad. Es cierto, los tiempos políticos necesitan madurez y, el cinismo necesita desaparecer, para que el ciudadano obtenga confianza y sacarlo del costumbrismo político; ya tanto daño ha hecho, dijera Ludolfo Paramio en sus palabras: “El cinismo político (los políticos no se ocupan de los problemas de la gente común, sino de sus propios intereses) es un rasgo fundamental de la desafección política. Pero no se ha traducido en simple apatía, ni en disminución de la participación, aunque se pueda pensar que ésas debieran ser sus consecuencias lógicas: a lo largo de los años 80, no ha disminuido significativamente la participación electoral”[12]. Con ello el ciudadano debe tener firmes planteamientos, dejando a un lado su indiferencia y pasar a un estado de análisis con una visión prospectiva, incluyendo su rol en la transición buscada hasta el momento. No se trata aunque así lo reafirma el pragmatismo político, en sostener posturas dogmáticas y excepticistas porque ello solo conduce automáticamente a la realidad feacente: el abstencionismo. En la nueva cultura democrática toda participación ciudadana fuera de quedar emancipada al margen del costumbrismo debe estar alternada con su fuerza, con seguridad, no con aficionamiento a un partido o a una persona, tiene que tener el compromiso fijo con todo un proyecto político, en donde todas las fuerzas confluyan en armonía. Parecieran especulaciones, en realidad este enfoque vierte lo grotesco de las prácticas políticas vivenciadas en el marco de referencia actual. Quizás la pasividad suele entenderse como falta de participación, así resulta plantear a los sectores públicos como parte integral de dicha pasividad. El sector juvenil por su parte usualmente no se siente identificado y cuando suele suceder, quedan desalentados por la incapacidad de la gobernabilidad en quienes depositaron su confianza. Al respecto Pablo González Casanova aporta dato importante: “La nueva mentira consiste en ofrecer empleo, alimentación, vivienda, educación y servicios de salud sin el menor razonamiento sobre las medidas que se requieren para alcanzar esos objetivos”[13]…No se trata de llegar al puesto público sin saber gobernar o llegar por ascenso por un grupo político y ocasionalmente sucede, o bien, aparece perdida de memoria o en segundo plano, buscar alguien quien resuelva problemas y todo a falta comprometida sobre un plan de desarrollo. Quimeramente así la juventud queda desprotegida al no contemplársele en proyecto público y entonces luego los políticos tocando puertas quieren reiniciar el juego, pero ahora culpando al sector juvenil en su afán por no apoyar. Así también demás sectores restantes por mencionar, cada uno encuentra falta de credibilidad y entonces la democracia en la cultura política no asume los retos durante la gobernabilidad. No esta mal la aseveración de Pablo González Casanova, quien sostiene: “La democracia de pocos para pocos con pocos se seguirá llamando democracia y dirá luchar por el bienestar de todo México. Sus partidarios pretenderán que al aplicar la misma política económica que nos ha llevado al desastre nacional y social, sólo por un corto tiempo sacrificarán a los pobres y más pobres, a los menos ricos o menos acomodados y a los que “nomás la van pasando”, pero a todos les dirán que obran con la certeza de que si les va mal en el corto plazo, a la larga serán los más beneficiados”[14]. Esas promesas durante la precampaña y la campaña en comicios electorales, y aún, aumentaría todo el tiempo, son conocidas, y no es jugar con disyuntivas, pero la política no significa beneficencia, por una parte, a causa del gran rezago político acumulado en la génesis política hasta la falta de incumplimiento actualmente; por otra parte, los líderes sociales llegando al poder parecen más protectores de sectores que preocupados por la misma sociedad. En un tercer aspecto burocráticamente coexiste posiblemente sobre el comprometido a quienes apoyaron al ascenso del grupo político y entonces, vagamente podrá haber repartición para toda ciudadanía. El hecho estriba en entender a la cultura política como tal e implica en un segundo entendido manifestar concreciones y entrar en materia de negociación más que de competitividad, tal había sido el caso del municipio de  Netzahualcóyotl, ahora priista; el caso de Cocotitlán, municipio del distrito XXXIII federal, parece avocarse a la persona pero el rasgo negociable entre sectores y lideres con fuerza hacen el diferendo (claro con negociación). Un tercer caso más, pudiera citar el municipio de Temamatla, también del mismo distrito, quien sigue siendo priísta por arraigo con sus simpatizantes y militantes, consiguiendo al parecer con mismo dialogo la confianza ciudadana. Otro caso lo conforma Valle de Chalco, deja entrever que las fracturas o falta de negociación marcaron diferendum para que el PRI ascendiera nuevamente. Claramente la realidad puede dar testimonio en quienes han quedado los puestos públicos y, en contraparte aquellos líderes aun cuando no acceden al poder obtienen mayor legitimación por el simple hecho encontrado en la identificación ciudadana, claro, mientras a los ojos de ella permanezca fiel postura.

Aquellos ciudadanos con inconformidades o ya dispares de una ideología a la postre del fracaso con su grupo político, existe tendencia separatista o indiferencia en próximos comicios, y en ello confluye el comentario acertado con Pablo González Casanova: “Lograr el triunfo de las fuerzas que pugnen por esa política y que se apoyen en los ciudadanos y los pueblos, implica luchar contra el abstencionismo, por el sufragio efectivo y por la más amplia participación de la ciudadanía en el proceso electoral”[15]. Esta premisa implica un gran trabajo continuo y gradual en conjunto con las instituciones gubernamentales locales y federales para encontrar el vínculo que ayude a imantar en alto porcentaje al ciudadano, permitiéndole mediante programas sociales el acceso sobre credibilidad, a reserva del comentario en que aun todos los programas son insuficientes en cobertura totalitaria y de alguna u otro manera tenemos el compromiso como líderes sociales a explicar del porqué la insuficiencia y cómo sería el mecanismo sin dejar menor inconformidad.

IV. Cultura política: desarrollo y transición política, un caos de grupo. Alternativa: la institucionalización.

Cultura política esta corta en tiempos porque una mirada retrospectiva bastara para dar cuenta fehaciente  sobre errores acumulados a lo largo de la historia de México. Enrique Krauze en su articulo de amanecer político sostiene: “La palabra clave en el México de los próximos años será "tiempo". México, es verdad, no tiene tiempo de perder el tiempo”[16]. La experiencia y los intelectuales políticos dan cuenta relativamente o parcialmente  sobre aspectos en donde se han cometido fallas, así resulta que la cualidad de formar cuadros políticos  pertenecientes a una corriente partidista socaba con la identidad ciudadana, ya que se les confiere un peso sustancial más a los grupos políticos que a los mismos ciudadanos y entonces pasa a segundo plano toda participación social. La estructura de cuadros esta supeditada a las directrices del líder máximo (hablando partidistamente), aún como lo dijera Francisco Reveles, palabras más palabras menos, aun cuando en ella participen los dirigentes más importantes  de la mayoría de las fracciones. Podemos establecer que la finalidad de todo partido político esta bajo el principio de representación proporcional mediante la personificación mediatizadora de la dirección nacional y, ello conlleva a negociaciones en donde los líderes sociales a nivel micro no encajan en el reparto de cargos de poder interno, pero si posibilitan la distribución de candidaturas a negociar por un partido político. Al respecto Enrique Krauze argumenta que “si no hay condición de un sistema democrático no hay reconocimiento a la diversidad o pluralidad política, y por tanto, el asunto de la gobernabilidad estará en crisis”[17]. Si bien el pluralismo político ofrece gama posibilitoria para ostentar afinidad por un grupo político antes tendríamos que plantear la pregunta de  Enrique Krauze hacia el ciudadano “¿Qué significa ser pluralista? Ser pluralista significa reconocer lo valiosa que resulta para una sociedad la existencia de distintas ideas, creencias y formas de organización”[18]. El pecado soslayado por los grupos a posteriori resulta cuando por expansión o posicionamiento a corto o largo plazo pierden aplicabilidad ideológica y convierten al grupo político en elitista, despertando del régimen republicano a la regresión del régimen autoritario, ahí surge inconformidad ciudadana  y fracaso político, empieza el enfrascamiento de participación social en el costumbrismo político. Así la cultura política pretendida bajo el régimen republicano queda minimizada a un sueño y en consecuencia los cuadros políticos están impregnados de participación reducida o bien, cuando se crean, hay que reiniciar de nuevo, “borrón y cuenta nueva”, ¿acaso no es así?, pero no nos aflijamos esto es política, buena o mala, pero lo es. El mundo paradigmático lleno de enigmas y sombras postula una cultura política ya no de asombro y quienes tienen decisión incluyente atienden sin menos cabo las premisas como un credo a seguir y quienes no estén de acuerdo quedan fuera del fotograma político. A veces análogamente ciudadanía y actuación política van de la mano. Políticos van, políticos vienen, líderes que obran con buena fe e ideales firmes tarde o temprano asimilan la cruel realidad: enfrascamiento en el monstruo político elitista. Quizás pretensión saludable corresponde a sinónimo de estupidez y será quizá porque defiende derechos vía derecha, pero para mala fortuna no resulta mejor propuesta sobre aquella respaldada por un grupo político dominante. La población quizá prefiera no experimentar cambio por el desanimo causado cuando a quien se deposita confianza no corresponde a lo que se esperaba. Parte culpable también esta en la ciudadanía y en la falta de interacción de líderes sociales que buscan cada quien por su parte interés colectivo más no social. En tanto la ciudadanía busca tener eco con la participación en comicios y, que no ve reflejada, luego entonces, viene el resentimiento y sentimiento de culpa. Pero bien lo decía Voltaire y para ello hago uso nuevamente de Enrique Krauze: “Cabe la idea de Voltaire: “Podré no estar de acuerdo con lo que dices, pero daría la vida por defender tu derecho a decirlo”[19]. Esta frase tan humana pero ocupada para manipular confianzas manifiesta sinceridad y valores y eso precisamente en el vértice apolítico interesa, pero hoy la cultura política ciudadana tiene sed de justicia (diría Luis Donaldo Colosio), empero, el juicio final permite tolerancia, el problema esta en falta de tiempo y el Estado de México necesita acciones prácticas y concretas, en definitiva, en lograr trabajo holístico, en tener líderes preparados y comprometidos, contar con capacitación ciudadana, con participación ciudadana (salir a buscarla), romper con esquema políticos, compartir el poder desde municipal, estatal y federal. Estamos en tiempos antagónicos, estamos en tiempos de ira, de cólera hacia nosotros mismos porque somos quienes construimos el Estado de México, debemos por tanto reivindicar ideologías, analizar qué cultura política queremos para nuestros habitantes y qué queremos para la formación hereditaria en futuros líderes democráticos. El Estado de México necesita mirar y crear una cultura basada en ciudadanos comprometidos y no ambiciosos, necesita permitir la llegada de líderes sociales que saben de su región, de su municipio, de su gente, necesita la cultura política un parte aguas, y así entonces podremos mirar las deficiencias de nuestra gente del Edomex. Los políticos y nosotros los líderes sociales tenemos el firme compromiso de bajar a los sectores marginados y trabajar para ello no para un grupo político, a ello a lo mejor a de corresponderles algún cargo público bajo negociación, pero lo demás tiene sentido digno de volver al pueblo a quienes ya han elegido en quien confiar. La veracidad oculta con mentiras y falsas promesas equidista al asecho y la cultura política va a estar de acuerdo con la ciudadanía, no es hablar de una política populista, es convocar a los líderes sociales más no a manipuladores, a trabajar por el Estado de México y por cada uno de sus 125 municipios. Hoy por hoy la cultura política debe connotar en primer lugar a los ciudadanos y no a quienes afirma muy acertadamente bajo su convicción de Jesús Galindo sosteniendo: “La cultura política connota entonces en primer lugar a los actores políticos, aquellos que tienen interés y que lo manifiestan en acción, por dirigir la vida pública”[20]. Sin embargo existen líderes negativos o ventajosos en quienes no esta presente el interés social sino particular a su servicio, quienes quieren vivir de la política y no vivir trabajando para la ciudadanía.  Podemos estar de acuerdo en seguir pautas, pero también tenemos que aprender mutuamente todos y cada uno de nosotros en interacción y aprender a ver las reglas de pensamiento ideológico en varios enfoques. No es lo mismo una critica como ciudadano votante a un ciudadano participe de un cuadro político. También tenemos que saber pensar y criticar como un postulante a cargo público, como un coordinador de campaña, como un aficionado político hasta como un triunfador con y sin experiencia dentro de la administración pública. Esto si es transmitido al ciudadano verán que estará en mejores condiciones para orientar su critica y cuáles aspectos hacer a un lado. Se trata en otras palabras, en considerarse como actor político visto en diferentes escenarios y en acuerdo estoy con Jesús Galindo Cáceres cuando afirma: “El actor social puede pasar de un status de relativa inactividad política porque su cultura aumentó o se complejizó, porque su deseo de intervención en la vida pública y su gestión se desarrolló. Puede darse el caso inverso, que el desinterés y la inactividad aumenten”[21]. Ello depende en cada actor político a consciencia personal y reitero de acuerdo en la posición que muestre el ciudadano pero a sabiendas de los roles ya arriba enmarcados. Así resultará más sencillo en la ciudadanía estar mejor informada y permitirle estar en mejor situación de actuar o de optar. El papel protagónico desenvuelto por la ciudadanía mejor preparada ha de plasmar los parámetros buscados a lo largo de la historia política del Estado de México, sabremos con acciones concretas establecer vínculos con los grupos políticos, tenderán puentes ciudadanía, políticos y líderes sociales, sólo así la cultura política del Estado de México estará satisfecha estructurando verdaderos cuadros con arraigo y apego a una filosofía democrática y participativa. Tal vez existirá resistencia al cambio, pero normalmente la cultura política alcanzada hoy día, deja mucho que desear. Innegablemente el canal comunicativo a falta de interacción social y político, permite rupturarse continuamente haciendo un caudal poco navegable en so pena democrática, consecuentemente existiría una cultura política con tendencia vertical más que horizontal, así lo plasmaría Jesús Galindo. Alternamente estaríamos hablando de líderes enfocados al grupo(s) que lo(s) sostiene(n) y menos enfocados al ciudadano. A la par la cultura política tiende a enfrentar el proceso de transición (“T” para César Cansino significa transición) y a lo cual voy a evocar en este momento: “Una primera concepción de la T., cuya influencia es más práctica que científica, es la concepción finalista de la T. Para esta concepción, la T. es una etapa más o menos fugaz que conduce a un estado social o político de mayor estabilidad. La T. puede ser imaginada como un puente que se apoya en un futuro cuasi-existente”[22]. Esta demarcación muestra la desestabilización al interior de los grupos políticos, en donde un periodo de comicios, al lograr el triunfo, tiende a estabilizar o pasar a la transición, con objeción a la postre en recaer nuevamente en un periodo conflictivo, seguido de la búsqueda de esa transición. Lo que tal vez no queda claro es saber si existe un futuro para la transición o si la T como dice Cansino tiene vínculo con el futuro. Lo preocupante dentro de la cultura política del Estado de México no es la transición misma, sino, volver a errar buscando los mecanismos que tiendan el puente entre el abismo existente del costumbrismo y el advenimiento hacia la democracia. Convencido estoy para formar parte del cambio, pero en la cultura política los militantes partidistas son muchos, pero tienen pocos derechos o bien están limitados. Este constituye un primer reto a vencer, si bien es cierto que debe existir al interior un reglamento, éste a de respetarse y no contribuir solo al grupo político que sostiene a una representación ciudadana. Para ello conviene traer a colación a Francisco Reveles Vázquez quien comenta: “En la actualidad el elitismo está muy extendido pero no por ello es inevitable. En los partidos políticos es posible el fomento de la participación democrática de las bases. Sin caer en un democratismo ingenuo, esto parece viable por lo menos en el debate ideológico que da sustento a la toma de decisiones”[23]. Con ello queda fundamentada la probable participación ciudadana hacia la contribución de la cultura política del Estado de México, así mismo existirá el reto formador hacia el termómetro del 2012.

Cultura política en el Estado de México no tiene que ver con el cambio absoluto, sino, tiene que ser gradual, porque empezar de cero puede costar mayores problemas, tanto en incapacidad de toma de decisiones, en enfrentar y dar solución a retos, en plantear estrategias y organizar la nueva experiencia con los mecanismos ya hechos moda. De esta forma resulta la cultura política un mundo complejo ante cualquier transición, en tal caso la rotación de cargos públicos pareciera ser óptima siempre y cuando los responsables de asumir tal cargo tengan eficiente capacitación, a la vez que estén dispuestos a trabajar para la ciudadanía. En compartimiento a tal propuesta, otro elemento de la cultura política a considerarse lo es el desarrollo político que en César Cansino “alude al conjunto de factores que propician o impulsan la evolución de un sistema político desde formas tradicionales o premodernas a formas modernas y en consecuencias democráticas”[24]. Esto en la praxis política irrumpe con las viejas prácticas, sin embargo aun persisten líderes cimentados en ostentar poder tradicional y cuando ven fraguado su interés personal optan por la desatención a la ciudadanía, empero , existen también en los hechos líderes formadores de gran ímpetu en búsqueda de bienestar y armonía social; aun cuando en la elección en busca de líderes sociales identificados por la ciudadanía, coexisten probabilísticamente en caer en una mala elección o bien, por otra parte, el ascenso al poder ocasiona fracturas ideológicas del mismo sujeto gubernamentario, ya sea porque un ascenso político le permite un status social válido y a la vez una nueva era en su vida, pero ello no significa tal postura aunque el ego salga a relucir; otro factor por el cual no se alcanza un desarrollo político esta sustentado en el quehacer mismo del partidismo y es que hablar coyunturalmente entre gobernantes y comités estatales o nacionales, pareciera existir un gran vacío en el canal comunicativo y entonces los primeros inclinan la balanza a una política de grupo, mientras los segundos están perpetuamente preocupados por el consenso de acuerdos suscitados al interior del comité. De ello emana el comentario ciudadano: “los políticos llegando al poder se olvidan del pueblo”, también: “todos los políticos son lo mismo”, cuantas veces no hemos escuchado estos y más comentarios; en lo absoluto a falta de compromiso menor credibilidad; a falta de testimonio mayor abstencionismo. Coincido nuevamente con César Cansino en lograr una institucionalización y para ello tenemos el compromiso político en acordar mecanismos o al menos poner en marcha los ya establecidos, respetándolos axiológicamente, al pie de la letra. Los comicios del pasado 5 de julio de 2009, muestran la institucionalización como dijera Octavio Paz, del ogro filantrópico, puntualizando, sería la segunda, después de los 71 años de hegemonía priísta. Esta contienda del 2009 deja entrever el compromiso ya generado de pasar de 3 millones de habitantes gobernados a 13 millones de habitantes, ¿un gran reto no?, así el Estado de México ha generado una cultura pluralista en la que hoy toco al ogro filantrópico (EL PRI) puntear el triunfo contundente y es esta cultura la que finalmente el ciudadano con su participación ha plasmado en la primer década del siglo XXI. Por tanto emprender una institucionalización implica en palabras de César Cansino: “el proceso por el cual organizaciones y procedimientos logran valor (legitimidad) y estabilidad, cuestión que se determina en función de su flexibilidad (capacidad de adaptarse a las circunstancias cambiantes), complejidad (número y variedad de las unidades organizativas), autonomía (independencia respecto a otros reagrupamientos sociales) y coherencia (consenso interno sobre sus confines funcionales)”[25]. Esto en el sonar utópico parece ser leal y justo, y también lo es en administración pública, así como en el consenso ciudadano, pero resulta la muestra de prácticas políticas opuesta en un porcentaje mayor o menor como guste vérsele es que el costumbrismo político en el cual la participación ciudadana se ha enfrascado en el marco del Estado de México, resulta hoy día, prueba fehaciente, en tal caso hay que virar hacia una nueva integración política de todos los sectores y reconsiderar los valores electorales y políticos para emprender vuelo sobre el gran costumbrismo ya extendido. No se trata en dar el cómo sino en propiciar la generación ambiental armónica en sentido proyectivo hacia el fortalecimiento identitario con el Estado de México y ser participe de la cultura política ciudadana avocada a una interacción no simbólica, sino realista junto con las implicaciones suscitas con la política social de gobernabilidad. Establecer la institucionalización no es tarea fácil, la confiabilidad social ya vimos no es tarea fácil ni mucho menos volver a lograrla cuando no hay correspondencia con la ciudadanía, ahora bien, la estabilidad esta basada en parámetros generacionales, es decir, una vez alcanzada adaptación al medio político, el marchar mismo del actuar, logra estabilización temporal, durante el periodo gubernamental o de otra índole. En cuanto a la flexibilidad, considero, ha sido un aspecto totalmente presente en el Estado de México, se ha demostrado adherencia a los cambios contextuales planteados por las circunstancias socio-políticas, además cada cambio contextual, marca nuevas generaciones y retos a vencer, claro, no como génesis de pretensión inmediata, pero con todo y sus contra, el ambiente de la cultura política institucionalizada deja a la ciudadanía un marco reflexivo y referencial al mismo tiempo. La flexibilidad aparece hasta en el mismo ciudadano al colocar en plataforma selectiva postulados ideológicos por los cuales a de surgir una decisión unánime.

El aspecto de la flexibilidad queda claro, pertenece a la circunscripción contextual e inevitablemente un político puede evadirla, ello, llevaría a situarlo fuera del juego político e inclusive a su propia identidad.

Por otro lado, el asunto tocante a la complejidad, pertenece al ámbito sinérgico, de otra forma cualquier grupo, partido u organización, en razón a una pretensión individualista esta destinada al fracaso y a considerarse egopolítica, más bien, en el juego político, el objetivo esta en razón a integrar dentro de la negociación, a todos los sectores y grupos políticos para de esta manera entrar en la probabilística competitiva por el poder político. A la vez, la autonomía aparece como aspecto medular y va de la mano para la toma de decisiones en cuanto surjan nuevas reagrupaciones o negociaciones coyunturales y entonces el líder y el grupo político que lo respalda, han de tener una necesaria adecuación a su proyecto con la finalidad inclusiva a todo grupo, por pequeño que sea. Junto con ello aparece el estado de coherencia para no salirse del margen político ya planteado, en primera instancia, de la normatividad cultural del Estado de México, en segundo, del quehacer finalista del objetivo y en tercer lugar, del respeto ideológico a los ciudadanos y a hacia la integración política.

V. Creer, saber y conocer: categorías ejes en la cultura política del Estado de México.

Dado el escenario, menester merece puntualizar sobre cambio de mentalidad y a ello no responde precisamente institucionalización, puesto tal cambio esta dado por pautas del proceso de acostumbrarse a las prácticas y respeto a la divergencia de pensamiento acontecido en la cultura política democrática. Partiendo de ello, en primera instancia habría preocupación y cobertura en atención a las demandas y expectativas generada por la ciudadanía, porque el tránsito modernizador permea de condiciones exigentes a las cuales todo gobierno tiende a subyugarse, de otra forma estaría en la mira excluyente. En un segundo momento tenemos entonces que hacer un saneamiento homogéneo en razón a los conceptos emanados de la cultura política para así lograr el entendimiento entre ciudadanía y actores políticos, y para tal efecto viene a colación la diferencia entre la actitud política y cultura política. Muchas de las veces la tendencia cosiste en confundirlos por medio de la crítica social como sinónimos y he ahí un primer problema epistémico de sentido cognoscitivo, así resulta para la cultura política un primer obstáculo, en tanto la ciudadanía llena de desconcierto produce comentarios, saberes o creencias sin llegar a la confinidad del propio conocimiento y entonces las propuestas suelen establecerse en un plano vano. Aquí quiero puntualizar ambos conceptos para que el ciudadano tenga a bien un mayor entendimiento y por tanto una orientación hacia lo que acostumbra a emitir. Comenzaré por decir que la cultura política es toda una gama de valores, de ideas, de normas, las cuales ya están insertas dentro del sistema político y responden a la necesidad organizativa consensuada de los procedimientos a seguir quienes pretendan establecerse dentro del juego político y a diferencia de ello, la actitud política, esta orientada en un sentido conductual y delimitativo decisional hacia un tipo de pensamiento ideológico, es decir, haciendo uso analógico, estaría considerando al primer término como la escuela genérica de la cosa política y pública, mientras el segundo término constituye doctrinas críticas sobre la cultura política, son los modos vivendus que conforman al primer término y por los cuales se inclinan tal o cual grupo de ciudadanos. También tengo que reafirmar el concepto divago de libertad política para no interpretarlo como actitud política (puesto que es un referente actitudinal y decisional), más bien libertad implica autonomía con crítica reflexiva y en tanto actitud es el comportamiento a favor o en contra del mismo sistema gubernamental, dado un proceso dinámico de proyección y alcance de objetivos  a corto o largo plazo, que más tarde los seguidores de una corriente política tienden a evaluar. Estas categorías básicas y esenciales están presentes en cada uno de los procesos competitivos en comicios electorales antes y después de su proceso. Estos conceptos también forman parte de las reglas del juego y si no son entendidas en su plenitud suelen ocasionar incomodidad o un campo desvirtuado. Con esa óptica los valores y normas respaldan a las instituciones y entonces ya una vez que los ciudadanos hayan comprendido al menos aquellos interesados en el ir i venir de la cultura política, estarán en condiciones optimas para emprender su crítica de forma correcta. Cabe señalar que las criticas de los ciudadanos van más avocadas a la inconformidades suscitadas alrededor de la reciprocidad de su voto hacia las promesa de precampaña y campaña. Ya Dieter Nohlen en su publicación de Instituciones y Cultura Política lo plantea firmemente: “El mayor inconveniente en el desarrollo de la confianza es el problema de la falta de reciprocidad. Respecto a las reglas, por ejemplo, el que no corresponde en su propio comportamiento a las reglas, lo legitima por suponer que el otro tampoco las respeta. Las experiencias cotidianas lo confirman”[26]. Pero precisamente no es cuestión de imitación o de creer lo que pensamos que vemos, por ende, prescindible urge delimitar las categorías de creer, saber y conocer. Al respecto la obra de Luis Villoro que tiene por titulo esa tres categorías puede apoyarnos para explicar cada una y lograr hacerles ver ya en plano político a cada ciudadano, lo importante de la justificación ante la emisión de una opinión pública o verbal con un sentido crítico. Manifiesta Villoro: “Mientras la creencia sería la disposición determinada por hechos tal como son aprehendidos por un sujeto, el conocimiento sería la disposición determinada por hechos tal como son en realidad”[27]. Partiendo con sentido amplio, podemos percatarnos en la realidad de la cultura política del Estado de México, la falta comunicativa entre las instituciones, líderes sociales, comités municipales, estatales, nacionales y ciudadanía. La cultura política esta ahí, está en espera de ser atendida y aprehendida por el sujeto político, sobre todo por el abstencionismo y de alguna manera por desempolvarse e iniciar en la proclamación de la cultura democrática. Esa condición marcada por Villoro, pega en el meollo del asunto o cosa política y pública, y resulta que ocasionalmente a falta de forma comunicativa o de acercar la información con solidez y canal claro, los emisores ciudadanos cuando ratifican una postura analítica de opinión pública, carece en amplio sentido aunque no en su totalidad de veracidad o al menos de objetividad a la realidad política y esa pretensión del ciudadano por incertidumbre a su correspondencia electoral, finiquita en una creencia, ni siquiera en un saber. Creemos que conocemos el asunto público, sin embargo al momento de contrastarlo con la realidad política emerge una disgregación en certeza y lo que creían, se torna un asunto de doxa. Creemos determinar la creencia por el objeto  sin siquiera conocerlo en su génesis y sólo empieza la lluvia de criticas, aquí vale la pena reafirma que la actitud política recae en esta categoría de solo un mera creencia y entonces retomando a Villoro, se tiene que: “tanto la intención como la actitud suponen creencias y están determinadas por una pulsión (apetito, deseo, querer) hacia un objeto o situación”[28]. Aquí la cosa pública corresponde al objeto de la cultura política y los ciudadanos tienen que aprender a considerar sus erratas sobre los comentarios vertidos cotidianamente y sujetarlos a la consideración cognoscitiva, permitiéndoles o acercarles los medios y formas para la adopción en búsqueda de información real y, sus comentarios u opiniones pasen a formar parte de la comunidad política a que corresponden contextualmente. Considero a cada ciudadano apto para conformar parte importante del quehacer político, finalmente el voto emitido en las contiendas electorales son los determinantes en colocar el régimen en poder. Se trata en definitiva de buscar orientaciones y actitudes basadas en el conocimiento y menos en impresiones.

El sujeto es la cosa pública y da cuenta de legitimación cuando corresponde con su participación a una determinada ideología partidista o se identifica con quien representa el liderazgo social. Deben saber los ciudadanos secularizar su cultura política para desprenderse del pensamiento clásico y dejar a un lado la política de dogmas y de rigidez. La cuestión radica en ver al adversario como un proyecto en donde compare ideas más que el fanatismo se seguidor.

Si atendemos a estas cuestiones nada fáciles pero tampoco difíciles, podremos establecer un modelo basado en relaciones horizontales y no verticales de poder, en donde ambos sectores: ciudadanía y políticos no estén peleados, y estaría dándose margen a un alto grado de participación ciudadana. Así los criterios de unanimidad que hasta el momento persiste a favor de un determinado grupo político, según la forma de ver las cosas desde los ciudadanos, vendría a establecerse un gobierno impersonal a favor de la cosa pública. Con esos postulados de entendimiento de la cultura política del Estado de México, logramos insertarnos en un juego igualitario, donde coexistan las condiciones propias y una minoría se convierta en mayoría. Al respecto Nohlen Dieter comenta: “En el ejercicio del poder se impone la concepción de la política que está profundamente enraizada en la cultura política de la gente: el provecho de lo público por intereses privados”[29]. A decir verdad los mitos existentes al interior de la cultura política van a seguir persistiendo y la indiferencia construye puentes evidentes ante la realidad participativa ciudadana, mientras solo aparecen las buenas intenciones como sombras entre la multitud. No se trata de la construcción de escaleras políticas en donde las castas sociales salgan a la luz, debemos establecer vehículos democráticos para que los procesos electorales no sean vistos por la ciudadanía como el fin último. En este apartado bien vale la pena abordar la dicotomía de representación política y participación ciudadana. En muchas de las veces el primer término implica prácticamente solo el ascenso a la administración pública, valiéndose del segundo término.

La participación ciudadana no se agota en las elecciones al momento de votar, sino, marca la pauta para el trabajo ulterior. Más bien tenemos que corregir los defectos de la representación política, mostrar a la ciudadanía lo que su participación comprende al haber hecho una elección, porque más que decidir a actuar o a no hacerlo, es más importante conocer la dirección de los actos. Por tanto hemos de particularizar un compromiso como lo comenta Dieter: “La cultura del compromiso requiere cierta racionalidad en la controversia política, en el discurso político. Se sabe que el discurso político no aspira a la verdad, aunque a menudo la posición ideológica propia sea presentada como la verdad y la del otro como mentira”[30]. Esto la población entera lo sabe y sólo espera tener en alguna propuesta en la cual encuentre los elementos necesarios que satisfagan su identificación ideológica o al menos el intercambio de su voto por lo materialista. Es una cultura creada ahora casi en su mayoría por la compra de votos (debido a la competencia) más que a la conquista de confianzas. A decir verdad la ciudadanía y el círculo político han acabado con la cultura política o al menos la han enterrado en el olvido. Los sueños hoy provistos de alguna esperanza de cultura democrática se ven lejanos y así como marchan los tiempos, seguro más tardaremos en el Estado de México en establecer un verdadero compromiso secular.

No es cuestión de poner a pelear a la ciudadanía y a los políticos, más de lo que ya está, consiste entonces en crear los lazos necesarios aunque no suficientes, es decir, habría que ajustar los procedimientos políticos, pero quienes estamos familiarizados con el mundo complejo de la política, vemos las cosas de diferente manera y ya lo mencionaba en el transcurso del presente ensayo, se trata de crear una cultura de entendimiento y comprensión para poder exigir a la ciudadanía un apego a la normatividad política ciudadana y así considerar las criticas como tales y no como meras opiniones. Tratamos a menudo de congeniar acuerdos racionales con la ciudadanía, sin embargo, volvemos al círculo regresivo de falta de información y nuevamente encontramos inconformidades o dejémoslo en creencias políticas ciudadanas. El compromiso lo lograremos en el momento de crear un Estado de Derecho acorde a los parámetros requeridos por nuestro Estado de México. Además los líderes que alcanzan la administración pública en la mayoría de los casos por las mismas ocupaciones o por interés personal ya alcanzado rebelan al parecer contrariedad con la participación ciudadana.

Aquí el estribo de las tres categorías (creer, saber y conocer) solo pretende ser parte de la cultura ciudadana del Estado de México, propiciando el mejor clima de comunicación para un mayor entendimiento entre la ciudadanos y políticos. Esas categorías enmarcan un apego como respuesta a la falta de interacción cotidiana de la política, pero entonces siguiendo con esta breve digresión, tiene que saber la respuesta a la interrogante: ¿qué condiciones deben cumplir las razones de una creencia para que esta sea saber?, a tal contraste, es menester traer al caso la respuesta a partir de la obra de Villoro: “Ante todo, deben ser suficientes para creer en sentido fuerte; como vimos, las razones deben ser concluyentes, completas y coherentes para quien las sustenta. Además, acabamos de ver, deben ser suficientes para garantizar la verdad de la creencia, con independencia del juicio de quien las sustenta; y el criterio seguro de ello es que sean suficientes para cualquier sujeto que las considere”[31]. Con ello los ciudadanos al emitir una opinión, lograrán que al conocer las razones del círculo político lo hagan de una manera coherente y no disparatada, así cuando se entable una plática o un dialogo político, todos y cada unos de los sujetos estén en el mismo canal de la comunicación a reserva del punto de vista sostenido bajo una doctrina. Por tanto la comunidad política epistémica se conjuntará cuando cada participe de la política sea cual fuere su rol y clase social, pertenezcan al mismo círculo con las mismas reglas y con el mismo canal de comunicación. Hablar de política bajo criterios de creencias, de saberes y/o conocimientos, fortalece la cultura política en su mayor esplendor. Ya no es tiempo de basarse en creencias, mínimamente elevemos a nuestra ciudadanía a nivel de saberes que pueden ser proposicional como lo sostuviera Aristóteles o bien testimonial como lo plasma Villoro. Hay que enseñar a cada sujeto político a sostener cada uno de sus planteamientos con razones no necesarias sino suficientes, tal que así pueda corresponder un grado mayor de madurez política.

Ya para finalizar este bloque queda a reflexión de los lectores que tengan a bien leer este presente ensayo, bajo la siguiente premisa que a titulo personal propongo para tratar de entender el juego político, cimentado en el saber testimonial ya que para llegar al conocimiento como totalidad, la política es siempre compleja y esta llena de nuevos conocimientos, más bien existen especializaciones dentro del campo político que resulta difícil de conocerse y entonces el conocimiento acumulado en cada ciudadano no es más que un saber testimonial por lo siguiente: “El saber por testimonio se basa en una inferencia que comprende, entre sus premisas, saber que el otro conoce, podríamos resumir así sus pasos:

1)    A estuvo en situación de conocer x,

y/o: A sabe cosa sobre x, que suponen un conocimiento de x,

y/o: A sabe hacer cosas con x, que suponen su conocimiento de x,

2)    A conoce a x,

3)    A asevera “p” acerca de x,

4)    A es persona fidedigna,

5)    “P” es comprobable por cualquier sujeto normal y no es incompatible con saberes anteriores,

6)    “P” esta objetivamente justificada, y,

7)    B (o cualquier otro sujeto pertinente) sabe que p”[32].

VI. A manera de conclusión.

La cultura política del Estado de México tiene que ir hacia una política igualitaria donde únicamente se respeten las reglas del juego porque ya están, solo hace falta estar en el mismo canal de comunicación bajo una aprehensión del código político. Es tiempo de cultivar saberes en vez de creencias y no dejarse llevar por meras doxas. Es posible que en el camino haya dudas pero estas serán respondidas con el mismo contacto entre el ciudadano y el círculo político o  ya sea con los actores políticos. No es cuestión de creer saber hacer las cosas y saber hacer política, es cuestión tanto de conjuntar epistemología política con la experiencia que se vaya adquiriendo durante los balbuceos y primeros pasos del actuar político, y será la misma realidad política de cada actor, quien juzgue y haga ver los errores que pudieran estar presentes para una calidad de cultura política. Cabe señalar que el ángulo desde el cual se provee este bosquejo de cultura política, es derivado de la experiencia política dentro del DTTO XXXIII FEDERAL que abarca 12 municipios y que están considerados dentro de la zona suroriente del Estado de México. Singularmente a excepción del municipio de Chalco, los 11 municipios restantes parecen avocarse más a la persona que al partido y en Chalco pareciera darse más la negociación entre grupos políticos dominantes y menos avocados al candidato. En ambos municipios el proyecto no es lo que cuenta, al fin y al cabo el diálogo empleado por los políticos es el mismo, solo vanas promesas, y digo diálogo porque no utilizan una oratoria y es que a decir verdad los candidatos no se preparan  su discurso tal pareciera que existen asesores y entonces el debate entre ciudadano y político desde ahí comienza. En caso del municipio de Cocotitlán, el alcalde actual se debe su triunfo al desquebrajamiento interno de los partidos existentes y no tanto a su carisma, ni a su proyecto, por ejemplo el partido de Convergencia, su candidato del pasado 5 de julio del año en curso no fue del agrado del grupo fuerte de dicho partido. Esto provoco quizá más balance hacia el grado de porcentaje hacia el PAN. En el caso del Partido del Trabajo resulto que el candidato ya había sido una vez presidente por el PRD y el trabajo juzgado por los ciudadanos llevo a no emitirle un voto duro. En caso del PRD como en el caso del PRI, los candidatos que salieron elegidos pareciera ser que fue por balance de las reglas a su favor y entonces como resultado se tienen que los demás aspirantes a la candidatura por ambos partidos, llevan la tendencia a no apoyar al candidato electo de cada partido y esto ocasiona un balance más al PAN. Es bien sabido que quien en estos dos últimos partidos, sale electo como candidato a la presidencia municipal por Cocotitlán, se quedan solos a falta de una buena negociación, además de que la gente (que así se emplea el termino como si fuera de posesivo) no acepta la forma en como se elige al candidato y entonces al no tener carisma con él, se ve en declive su triunfo. Estos y otros factores ocasionaron que el PRI no obtuviera el gane en Cocotitlán, como en los demás municipios lo hizo.

A decir verdad, la política del ganador pareciera apoyarse de la premisa: “ya gane, después trabajaré” y esto ocasiona que el trabajo de campo con los ciudadanos quede al olvido, sólo volviendo a tocar puertas hasta nuevos comicios, y entonces la ciudadanía queda en estado de inconformidad.

Vale la pena dar a conocer propuestas de cómo  ayudar a disminuir el porcentaje de improvisaciones políticas y cómo entrarle al juego político porque hasta un juego tiene reglas. Estamos en un tiempo de cambio pero sólo se ve cambio de manos del recurso del erario público y menos beneficencia hacia los verdaderos actores políticos: los ciudadanos. Por tanto los políticos tienen que entender que hacer una estructura política tiene que estar  conformada por actores políticos empapados del mismo quehacer político y de los riesgos que implica el movimiento de piezas claves, no se trata de colocar al frente a personas allegadas al candidato o a amistades que no hacen más que restar adeptos. Bien iniciaré por citar las carencias presentes en terreno político y luego entonces verteré propuestas alternativas para apoyar a recuperarse rápidamente:

Carencias en la cultura política del Estado de México, bajo la óptica del Dtto XXXIII Federal, zona suroriente

a)    Falta de cuadros políticos en donde únicamente se establecen equipos de trabajo con un divago conocimiento de actuación política.

b)    Ausencia de un cuerpo de capacitadores políticos, donde sólo algún compañero imparte “el curso de capacitación”, pero sin embargo en el momento de los comicios se da el fenómeno de ausencias de RG´s o funcionario (s) de casilla y sólo acuden el día de la emisión de su retribución económica.

c)    Implementación de personal para cubrir espacios en comicios electorales ante la vigilancia del proceso electoral, a falta de responsabilidad de personal asignado para el día de elecciones.

d)    Elección de candidatos sin carisma para algunos partidos políticos y sin proyecto real de necesidades del municipio a contender.

e)    Reglas a favor (de información anticipada) hacia algún candidato debido al respaldo del grupo político a que pertenece.

f)     Asignación de asesores políticos a candidatos en “x” partido político con la finalidad de obstaculizar el posible triunfo y por tanto se da el fenómeno de negociación de candidato o en otras palabras, venta de candidato.

g)    No se respetan las reglas del juego político, por citar un ejemplo, suele superarse el tope de gasto de campaña, valiéndose algún candidato y su grupo político de recursos hacia la ciudadanía (compra de votos) o bien mediante apoyos valiéndose de terceras personas y después al momento de comicios regresan para decir el nombre del candidato del que proviene el recurso.

h)   Ausencia de un proyecto político de desarrollo durante la campaña electoral.

i)     Candidatos mal preparados con falta de oratoria y con discursos pobres.

j)     Cinturón político de seguridad hacia algún candidato a cargo público con personas contenidas en un ego enorme.

k)    Al ascender a un puesto público, dichos funcionarios cambian pareciera ser de personalidad y sólo atienden a amigos, conocidos, allegados o familiares y ante todo al grupo que los llevo al poder.

l)     Falta de una política de atención ciudadana y de un canal de comunicación para la interacción entre ciudadanos y políticos.

m)  Asignación de puestos administrativos a personalidades que no muestran trabajo durante una campaña pero por el hecho de estar “barbeando” al candidato se les asigna un espacio laboral y entonces líderes sociales que trabajan de manera fiel pierden la posibilidad de un espacio.

n)   Ausencia de una cultura del compromiso hacia la ciudadanía.

o)    Opiniones más de creencia que de saberes en algunos ciudadanos o personas que critican la política.

p)    Existencia de un modelo de relaciones verticales.

q)    Cultura pluralista elitista.

r)     Costumbrismo político y enfrascamiento de la ciudadanía.

s)    Actor social por interés particular.

t)     Apego al pensamiento ideológico del candadita a cargo público.

u)   Pluralismo elitista.

v)    Pasividad ciudadana.

Recomendaciones para superar las carencias

A)   Cuadros políticos incluyentes con todos los sectores a participar en una contienda electoral.

B)   Proyecto de capacitación permanente en cada municipio para ciudadanos interesados en formar el cuerpo de funcionarios públicos o RG´s.

C)   Elegir ciudadanos plenamente interesados en la responsabilidad de comicios y evitar elección de ciudadanos interesados en el dinero (formar cuadros desde antes).

D)   Elección de candidatos por voto universal al interior de cada partido político con reglas igualitarias, y, no mediante delegados que en ocasiones se inclinan por interés particular.

E)   Juntas informativas entre candidatos de cada partido político para evadir inclinación ventajosa de comicios electorales.

F)   Capacitación a ciudadanos quienes quieran aspirar a candidaturas de puestos públicos en todos los aspectos, desde lo electoral hasta lo político.

G)   Revisión permanente durante la precampaña y campaña de candidatos a puestos públicos con ciudadanos capacitados sobre topes de campaña.

H)   Análisis del proyecto político de desarrollo bajo la lupa de expertos en la materia y en condiciones municipales.

I)     Curso de oratoria obligatorio como tipo examen para aspirar a cargo público o candidatura común.

J)    Curso de relaciones humanas a personas allegadas a un candidato y revisión permanente baja el análisis del ciudadano respecto de la estructura política.

K)   Evitar asignar candidaturas públicas a personas no comprometidas con la ciudadanía.

L)    Más interacción a menudo entre ciudadano y político antes y después de los comicios electorales. A la vez agendar audiencias con sectores públicos y con líderes sociales.

M)  Asignación de puestos públicos a líderes sociales bajo un proyecto social y con evidencias.

N)   Asignación de espacios públicos a líderes de cada sector público para ser equitativos.

O)   Cursos de capacitación permanente en cada municipio sobre las reglas políticas y de otra índole del interés de las dudas del ciudadano.

P)   Implantación de un modelo basado en relaciones horizontales.

Q)   Institucionalización democrática.

R)   Transición política democrática con asesoramiento político permanente hacia el ciudadano.

S)   Actor político social con interés hacia la ciudadanía y no a un grupo político.

T)    Apego no a una ideología sino a un programa equitativo social y no particular.

U)   Pluralismo social.

V)   Participación democrática ciudadana con asesoramiento permanente del porqué las reglas del juego político y porque no se puede empezar de cero.

Ante todo considero que los pilares claves para una cultura política ciudadana son en simplicidad: un proyecto basado en la permanencia de mecanismos de asesoramiento político, electoral y de participación ciudadana, con la formación de un cuerpo colegiado especializado en cada terreno de interés a la ciudadanía. Empero primero tendríamos que iniciar por darle su lugar a la ciudadanía y que los procesos electivos de candidaturas a puestos públicos sean democráticos y no de grupos políticos que sólo manifiestan la extensión del elitismo político y hegemónico que muestra la realidad de la cultura política de la zona suroriente del Estado de México. Así la participación ciudadana saldría del enfrascamiento tradicional y entraría a la transición democrática del verdadero quehacer político y entonces la cultura política de la zona suroriente del Estado de México rompería esquemas elitistas hegemónicos.

El cambio de una cultura política tradicional a democrática esta en las manos de cada actor social político interesado en manifestar a la ciudadanía en una política de compromiso leal y no de interés particular. La ciudadanía es y será el juez calificador por tiempos inmemorables del rumbo de la cultura política del Estado de México.

Bibliografía

nReveles, Vázquez Francisco. 2008. “La democracia en los partidos políticos: premisas, cointenidos y posibilidades”. 4 serie Breviarios de cultura política democrática. Revista del Instituto Electoral del Estado de México. Apuntes electorales. Juan Carlos Villarreal Martínez, editor responsable. Toluca, Estado de México: Instituto Electoral del Estado de México, núm. 1, junio de 2000. Trimestral. Revista del Instituto Electoral del Estado de México. Apuntes electorales. Juan Carlos Villarreal Martínez, director editorial. Toluca, Estado de México: Instituto Electoral del Estado de México, núm. 2, septiembre de 2000. Trimestral. Revista del Instituto Electoral del Estado de México. Apuntes electorales. Juan Carlos Villarreal Martínez, editor responsable. Toluca, Estado de México: Instituto Electoral del Estado de México, núm. 3, diciembre de 2000. Trimestral.

[1] Matute, Álvaro. “La interpretación de la historia y los paridos políticos en México”. [Documento en línea] Disponible desde Internet en: <http://www.bibliojuridica.org/libros/3/1015/13.pdf> El Estado puede dar signos de madurez en la medida en que abandone su ortodoxia y piense que la lucha partidista de hace más de 100 años quedo atrás; sin que ello implique modificar el calendario cívico. La historia es de todos no de un Estado que se asume como producto de un triunfo de partido. En ese sentido, reescribir y asumir una nueva interpretación de la historia es síntoma de salud.

[2] Reveles, Vázquez Francisco. 2008. “La democracia en los partidos políticos: premisas, contenidos y posibilidades”. 4 serie Breviarios de cultura política democrática: 11

[3] Rocha,  Reynaga Ricardo. 2000. “La responsabilidad de los comunicadores en los procesos electorales”. Revista del Instituto Electoral del Estado de México, apuntes electorales (junio – agosto): 48

[4] Ibid., p. 50

[5] Villanueva, Villanueva Ernesto. 2000. “Campañas y precampañas: algunos ejes para el debate”. Revista del Instituto Electoral del Estado de México, apuntes electorales (junio – agosto): 90

[6] Escobedo, Delgado Juan Francisco. 2000. “Comunicación, medios y mediaciones políticas del PRI como partido de régimen”. Revista del Instituto Electoral del Estado de México, apuntes electorales (junio – agosto): 96

[7] Fernández, Bogado Benjamín.  2000. “La responsabilidad de los comunicadores en los procesos electorales”. Revista del Instituto Electoral del Estado de México, apuntes electorales (junio – agosto): 105

[8] Ibid., p.105

[9] Ibid., p. 106

[10] Idib., p. 108

[11] Paramio, Ludolfo.  2000. “Cambios sociales y desconfianza política: el problema de la agregación de las preferencias”. Revista del Instituto Electoral del Estado de México, núm. 2, apuntes electorales (septiembre-noviembre): 45

[12] Ibid., p. 47

[13] González, Casanova Pablo. “¿A dónde va México?”. Revista del Instituto Electoral del Estado de México, núm. 2, apuntes electorales (septiembre-noviembre): 97

[14] Ibid., p.104

[15] Ibid., p.118

[16] Krauze, Enrique. 2000. “Amanecer democrático”. Revista del Instituto Electoral del Estado de México, núm. 2, apuntes electorales (septiembre-noviembre): 127

[17] Ibid., p. 128

[18] Ibidem p. 137

[19] Ibidem., p. 139

[20] Galindo, Cáceres Jésus. 2000. “Cultura política, comunicación y democracia”. Revista del Instituto Electoral del Estado de México, núm. 3, apuntes electorales (septiembre-noviembre): 30

[21] Ibid., p. 31

[22] Cansino, César. 2000. “El léxico del cambio político”. Revista del Instituto Electoral del Estado de México, núm. 3, apuntes electorales (septiembre-noviembre): 44

[23] Reveles, Vázquez Francisco, ob. cit., p. 68.

[24] Cansino, César, ob. cit., p. 53.

[25] Ibid., p. 62.

[26] Nohlen, Dieter. 2007. “Instituciones y Cultura Política”. Serie Breviarios de Cultura Política Democrática No.3:  12

[27] Villoro, Luis. 2004. “Creer, saber, conocer”. México, ed. Siglo veintiuno editores, pág. 61

[28] Ibid., p. 69.

[29] Nohlen, Dieter, ob. cit., p.  12.

[30] Ibid., p. 14.

[31] Villoro, Luis, ob. cit., p. 145-147

[32] Ibidem., p. 215.

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FguzmanT

Comentarios
alex1 22 de Ago, 2011
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saludos se me ace intersante el articulo usted a tenido o a participado en pollitica? que nos aconsejaria para las proximas elecciones en el estado de mexico? gracias

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