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sábado 18 de septiembre del 2021
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Metas propias, presiones propias

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Metas propias, presiones propias

Desde que tengo memoria, he sabido que iba a estudiar una carrera universitaria, sin importar cuál. Todos los compañeros del último año de bachillerato teníamos la misma certeza: graduarnos en la universidad. Una amiga en particular soñaba con recibir algún día el título de licenciada. Al terminar el último año de bachillerato, la decisión fue sencilla: le apasionaba la redacción e iba a estudiar periodismo, específicamente el periodismo escrito. Estaba feliz con su decisión y podría sentir el orgullo de su familia, lo cual la llenaba de gozo a ella también.

No fue hasta entrado el primer semestre que comenzó a sentir cierta presión por desempeñar su papel de estudiante. Sin darse cuenta, estudiar se había vuelto una obligación y la satisfacción de sus padres un apremio constante que tenía que cumplir. Fue así que tomó la salida más fácil: no enfrentar los problemas.

De a poco fue dejando de asistir a clase, le costaba cumplir con sus compañeros en las horas de estudio acordadas y su desinterés por la carrera fue tomando protagonismo. Lógicamente, como no podía asumir esta situación frente a su familia, tomó la peor decisión: mentirles. Esto significaba una cuota de culpa mortal cada vez que le preguntaban sobre los estudios y se alegraban porque, según lo que les decía, le iba muy bien. Fue luego de un año que ya no pudo sostener más la situación y tuvo que enfrentarse a la realidad. Estaba a punto de perder todas las materias y seguramente la oportunidad de hacer una carrera en lo que le apasionaba.

Fue entonces cuando tuvo que enfrentar el problema y tomar la decisión: o dejaba la carrera definitivamente o cumplía con su sueño. Entonces se dio cuenta. Su familia no la había presionado, sino apoyado. La coacción que sentía era de ella misma, y si hubiera enfrentado el problema en el momento, seguramente hubiera llegado a la conclusión que llegó entonces. Ella no quería dejar de estudiar lo que le gustaba, y no por graduarse de algo, sino por saber más sobre aquello que le apasionaba. En cuanto lo vio materializado en las notas, advirtió el error que había cometido. En ese momento reaccionó, lo hacía por ella y por nadie más.

Esta realidad de mi amiga me hizo pensar sobre las presiones externas que recibimos y como a veces nuestras coerciones internas las interpretamos como externas solo por miedo a la frustración. Es muy importante saber enfrentar las tensiones y que, como en la anécdota, es mejor enfrentarlas desde el primer momento que ahogarnos en nuestra propia imposición.

Es muy probable que si sientes que tu medio social te presiona, solo sea una proyección de tu propia tensión. Si esto te sucede, no escondas la cabeza y dejes que tu meta se escape sin lograr tu objetivo. Debes ser conciente de que siempre que te pongas metas a cumplir crearás expectativas y, por ende, tendrás apremio por cumplirlas. La clave es lograr controlarla y recordar por qué nos propusimos, en primer momento, alcanzar ese objetivo.

“Incluso el camino sinuoso, difícil, nos puede conducir a la meta si no lo abandonamos hasta el final”

P. Coelho

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Acerca del autor

Jaime Mora Director de www.impulsate.com

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