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El Moisés cornudo de Florencia. Ni Miguel Ángel ni Jerónimo de Estridón no se equivocaron

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El Moisés cornudo de Florencia. Ni Miguel Ángel ni  Jerónimo de Estridón no se equivocaron

El Moisés cornudo de Florencia. Ni Miguel Ángel ni  Jerónimo de Estridón no se equivocaron.

Con respecto a los supuestos errores en la traducción de la Biblia hecha por Jerónimo de Estridón (Estridón, Dalmacia, c. 340 – Belén, 30 de septiembre de 420), San Jerónimo para los cristianos. En defensa del método de estudio, para preservar y custodiar el debido procedimiento en las conclusiones científicas pero básicamente en defensa de las prácticas utilizadas y ratificadas por la comunidad científica como válidas a la hora de proceder, exponer y confirmar las teorías, debemos hacer alguna precisiones y antes que nada, explicar las razones por la cuales quiero difundir este trabajo.

Hemos asistido recientemente a la enorme difusión, más de medio millón de menciones en Google, de una supuesta teoría, o hipótesis de trabajo muy débilmente fundamentada, que fuera divulgada por primera vez en el año 2004 por los estadounidenses Ian Caldwell  y Dustin Thomason  en su ópera prima The Rule of Four (editado en español por la editorial Roca en el año 2004 bajo el título de "El enigma del cuatro"). Estos novelistas en su trabajo, muy sueltos de cuerpo y sin ningún prurito académico, nos participan y nos invitan a compartir con ellos de un  sensacional descubrimiento. La escultura de Miguel Ángel Buonarroti que representa a un Moisés cornudo, esculpida en 1509 D.C.,  es una monumental metida de pata del Florentino, porque tomo literalmente una mala traducción de la Biblia, una equivocación o traspié del traductor y lo traslado directamente al mármol sin medir las consecuencias de su fallida interpretación. Por eso, los  cuernos que ostenta la estatua se deben simplemente a que Jerónimo de Estridón se equivocó al traducir la Biblia y confundió el verbo hebreo que significa «irradiar luz» por el sustantivo griego que significa «cuernos». Ya esta, lo escribimos y listo. Jeronimo le pifio a la traducción y Miguel Ángel repitió cualquier cosa.

A partir de ese momento, comenzó el desconcierto y  la cuestión se transformo en una especie de fábula urbana que gracias a la generosidad, disipación e incontinencia del medio Internet, se ha "viralizado", es decir que ha tenido una enorme trascendencia, ha corrido como reguero de pólvora y muchísima gente, por supuesto que absolutamente bien intencionada, ha tomado este argumento como  "rem consummatum est" y ya nadie discute ni cuestiona mas el asunto.

Con Internet y desde este punto de vista, estamos frente a un fenómeno absolutamente nuevo, estamos definitivamente frente a un desconocido y prodigioso nuevo evento en la aventura del conocimiento de la Humanidad, evento que ya esta trastocando todos los sistemas de acumulación de conocimientos y básicamente esta perturbando su difusión.  Internet, el medio de comunicación que sin duda regirá los destinos de la comunicación social y por ende, nuestros destinos, por los próximos 100 años, creo que es un arma de doble filo.

Seamos conscientes, Nada parecido a esto, ni siquiera la invención de  la Imprenta, la Radio o la Televisión se le parecen, ninguno de estos dispositivos produjeron una revolución semejante y tan inmediata.

 

De los tres medios que mencione antes, imprenta, radio y televisión, (deje intencionalmente fuera de la lista al teléfono, y esto es porque no cumple con uno de los requisitos de la serie,  que es la masividad de la comunicación.  El teléfono, es un sistema de comunicación simple, es como el habla, funciona como dispositivo emisor-receptor).

Pero los otros tres son diferentes, en la imprenta, la radio y  la televisión hay una variable, que se mantiene y se presenta de esta manera. Emisor- Canal - miles o millones de receptores.

Esta particularidad dio origen a una cantidad de fenómenos sociales que aun hoy no hemos terminado de analizar, como el surgimiento de los Mass Media, los Multimedios, etc.

Entendamos que Internet lo cambio todo, desde hace unos quince años ya no existe más la tranquilizadora referencia al emisor, el respaldo, el apoyo académico hoy es definitivamente relativo, dejo de funcionar el filtro de autoridad, ahora hay millones de emisores y millones de receptores que interactúan entre sí, dejando de lado el método científico y la especialización, apoyándose para emitir, solamente en las emociones, las circunstancias, los intereses particulares o las creencias personales.

Con solo verificar que la teoría, o mejor dicho la presunción de la supuesta falta de Jerónimo de Estridón en la traducción de la biblia, tiene ya más de un millón de búsquedas o impresiones en Google.  Con solo analizar que directamente, esta hipótesis de losNovelistas estadounidenses,  por ostentar o exhibir ese discutible atributo, el de un montón increíble de búsquedas, ya paso a formar parte activa de la Wikipedia, que en realidad es algo parecido a una enciclopedia pero sin atribución ni autoridad y que no obstante es consultada por millones de personas, todos los días, desde cualquier parte del planeta, nos podremos hacer una idea de la magnitud del problema que afrontamos. 

Por esta razón creo que es de vital importancia para mantener, no digo ya el rigor científico, ahora solo hablo y me conformo, con guardar la cordura y el método del conocimiento académico.  Método por el cual los seres humanos han dado hasta la vida para ampararlo, instalarlo y mantenerlo vigente durante siglos.

No cuestiono Internet, al contrario, me fascina y me atrae como un destello de colores en el medio de la oscuridad de la noche, pero si buscamos alguna faceta oscura y confusa para determinar si es positivo o negativo este medio o canal de comunicación para el conocimiento y la cultura, sin duda este costado negativo lo encontraremos en la vertiginosa, atropellada e instantánea difusión que adopta la  información por Internet.  

Por esta sola razón, todos debiéramos contestar a la pregunta ?si este  medio es favorable a la cultura y a la acumulación del conocimiento del Hombre?, creo que hoy, definitivamente mi respuesta es  no.

Y esto, como decía anteriormente, se debe precisamente a un fenómeno absolutamente nuevo, algo para lo cual no estábamos preparados y nos tomo de sorpresa. El apuro con que se transmiten las conclusiones no cotejadas ni confrontadas, la precipitación en el traslado de etimologías y fuentes levemente conjeturadas, la enorme carencia en testimonios acríticos, la difusión inmediata de conocimientos aventurados, caprichosos e infundados, pero básicamente debemos cuestionar la vertiginosidad con que se difunden los conocimientos no cotejados, no confrontados, creando una enorme barullo en los receptores no avisados.

En este entorno cibernético, basta con situar cualquier información en sitios estratégicos y después darles difusión entre la población poco ilustrada para que por su sola apariencia exterior se multiplique en webs y blogs particulares, se transmita a través de listas de correo, prolifere en forma exacerbada en las  redes sociales y adquiera, de esta forma, al fin un derecho en el campo del conocimiento Humano.

Así, lo que para un laborioso y esforzado historiador, pudo haber sido una simple hipótesis, un proyecto de trabajo, un borrador primario, no totalmente respaldado, con escaso fundamento, insuficiente rigor científico y carente de sustento académico, para el lector poco exigente que se conforma con beber de fuentes no cotejadas de Internet, esta endeble información se convierte rápidamente en realidad científica. Este ha sido lamentablemente el camino seguido por esta hipótesis, el camino que ha transitado la curiosa e imprudente explicación de que los cuernos del Moisés de Miguel Ángel, son debidos a un tonto y poco feliz error de traducción.

Por arte de la magia informática, la absolutamente discutible opinión de unos novelistas estadounidenses ya está instalada, nadie discute ni debate que Miguel Ángel le puso los cuernos a Moisés  porque Jerónimo de Estridon se equivoco en la traducción y el Florentino, tontamente, se monto en este error.

Creo que este es el principal riesgo que debemos afrontar en esta nueva época de enciclopedismo falso y fundamentalmente acrítico en la que vivimos. Debemos afrontar la tergiversación desenfrenada y evasiva del método científico y por sobre todo, oponernos a la proliferación de teorías "facilongas", poco acreditadas y sin confirmación.

Yo debo decir que luego de haber examinado desde varios aspectos este asunto del Moises Cornudo, (básicamente porque soy Historiador del Arte Renacentista y Semiologo)  y habiendo revisado bastante bibliografía, considero que la representación instalada del supuesto error de traducción de Jerónimo de Estridón, es tan inventada, inexistente y enteramente simulada como muchas de las brillantes e inventadas interpretaciones históricas  a las que nos tienen acostumbrados en los últimos años, varios autores de bestsellers estadounidenses.

 

 &nbs p;En el proceso de traducción de la Vulgata Jerónimo de Estridón, (Nació en Estridón oppidum, ya destruido por los godos en 392, situado en la frontera de Dalmacia y Panonia) entre el año 331 y el 347, según distintos autores. San Jerónimo, cuyo nombre significa 'el que tiene un nombre sagrado', consagró toda su vida al estudio de las Escrituras que sustentan a la Iglesia Católica de Rito Romano y es considerado uno de los mejores, si no el mejor, en este oficio.

En Roma, Jerónimo estudió latín bajo la dirección del más grande gramático en lengua latina de su tiempo, Elio Donato, que era pagano y lo introducido en todos los secretos del decadente Imperio Romano de Occidente. Jerónimo llegó a ser considerado como un gran latinista  maestro además del idioma griego y de otros varios idiomas y dialectos Helénicos. Pasaba horas y días leyendo a los grandes autores latinos, Cicerón (quien fue su principal modelo cuyo estilo imitó), Virgilio, Horacio, Tácito y Quintiliano, y a los autores griegos Homero, y Platón. Esta profunda formación intelectual le valió que el Papa Dalmaso I, lo nombrara su secretario. Más tarde lo designó para hacer la recopilación de la Biblia y traducirla. Las traducciones de la Biblia que existían en ese tiempo (llamadas actualmente Vetus Latina, "Vieja Latina") tenían muchas imperfecciones de lenguaje y varias imprecisiones o traducciones no muy exactas. Jerónimo, que escribía con gran elegancia el latín, tradujo a este idioma toda la Biblia, en la traducción conocida como la Vulgata (lit. "la de uso común").

Por eso en el Concilio de Roma de 382, el papa san Dámaso I expidió un decreto conocido como «Decreto de Dámaso», que contenía un listado de los libros canónicos del Antiguo y del Nuevo Testamento. En este decreto le pedía a Jerónimo, utilizar este canon para escribir una nueva traducción de la Biblia que incluyera un Antiguo Testamento de 46 libros, los cuales estaban todos en la Septuaginta, la traducción griega de la Torat y también los del Nuevo Testamento con sus 27 libros en arameo o hebreo antiguo y también en griego.

Otra cosa que es importante de destacar, es que Jerónimo de Estridón, situémonos  geográficamente para facilitar la comprensión y comprender que  Estridón  fue una ciudad en la provincia romana de Dalmacia. Su localización exacta hoy es desconocida. En 379 D.C. la ciudad fue destruida por los godos. Es posible que Estridón estuviera situada en territorio de la actual Croacia o Eslovenia. Posibles localizaciones son: Sdrin, Štrigova, Zrenj (Croacia), Starod (Eslovenia).  Destaco estos datos porque nos dan la pauta de que Jerónimo dominaba el griego, el latín a la perfección ya que en esa zona de frontera, cualquiera habitante manejaba las dos lenguas, y Jerónimo además era una persona muy culta, pertenecía a una familia importante y había tenido una formación muy completa con los mejores latinistas de la época.

 Si bien queda establecido que manejaba a la perfección el griego y el latín, sus conocimientos del hebreo eran más rudimentarios (La prueba de esto es que se trasladó a vivir a la ciudad de Belén para aprender el idioma y entrar en contacto directo con la cultura judía de la época).

Ahora bien, los novelistas estadounidenses Caldwell  y Thomason toman los versículos del  Éxodo (34, 29) de la versión septuaginta, donde se menciona a Moisés bajando del Sinaí. El verbo que se utiliza en griego es dedocastai (algo así como «glorificar»), en el sentido de que el rostro de Moisés estaba «resplandeciente», «henchido de divinidad» o cosa semejante. (La versión de Reina Valera de la Biblia, que se apoya explícitamente en la traducción de Jerónimo, casi mil años después, dice aquí: «Y aconteció que descendiendo Moisés del monte Sinaí con las dos tablas del testimonio en su mano, al descender del monte, no sabía Moisés que la piel de su rostro resplandecía, después que hubo hablado con Dios») (Cambian, por mandato de La Iglesia Católica de Culto Romano, la frase "su rostro estaba cornudo") por el de menor referencia a los cultos paganos, tanto Griegos como Romanos de que era, "poseedor de cuernos".

Continuando con el hilo de los autores estadounidenses, sin embargo, decíamos que al llegar a ese versículo, los reclamantes y acusadores del error de traducción afirman sin ningún prurito o paso previo de constatación ni verificación, que Jerónimo deja de lado la versión griega de la Biblia y toma la hebrea; el traductor inmediatamente se encuentra con el verbo hebreo qaran y, en lugar de darle el significado original Hebreo, que significa y expresa la función de «irradiar luz» o <<rayo>>, que además sería definitivamente el adecuado a este contexto. No, resulta que el intérprete en un arrebato absolutamente inexplicable, se decide por darle el significado que ese mismo verbo tiene en Salmos, 69, 31 («Y agradará a Jehová más que sacrificio de buey, o becerro que tiene cuernos y pezuñas». Entonces, según los autores estadounidenses, Jerónimo, ya en el colmo del paroxismo y de la enajenación, sumido en una especie de embriaguez, contrariando todo lo que había hecho hasta ahora como traductor, a continuación, en latín, escribe «Quod cornuta esset facies sua», que literalmente significa «que su rostro estaba cornudo».

Ahí se queda escrito: Jerónimo se equivoca porque confunde una palabra hebrea que puede significar «luz» con una griega que significa «cuernos».

Entiendo que quedarse con esta explicación resulta, a mi entender, bastante arriesgado, imprudente e irreflexivo, si nuestros motivos de estudio son el conocimiento y la verdad científica. Debemos entender que Jerónimo, como decía antes, es un traductor muy culto, con una gran formación y vastos conocimientos lingüísticos de su época, que tiene a su disposición el texto griego, en el que para el qaran hebreo, aparece indiscutiblemente el dodicastai griego, que significa «glorificado» y que definitivamente no tiene nada que ver con cuernos.

Suponer que Jerónimo leyó qaran en hebreo y asumió precipitada y erróneamente que significaba lo mismo que el keras griego es hacer un rebote demasiado apresurado y superficial, teniendo en cuenta además que keras no aparece en ese capítulo del Éxodo en la Septuaginta, y que en la II Epístola a los Corintios (3, 7), también traducida por Jerónimo, Pablo de Tarso, (san Pablo para los cristianos), se refiere a que el rostro de Moisés en Éxodo 34, 29, resplandece como algo glorioso («Y si el ministerio de muerte grabado con letras en piedras fue con gloria, tanto que los hijos de Israel no pudieron fijar la vista en el rostro de Moisés a causa de la gloria de su rostro, la cual había de perecer»). Este texto en griego y arameo, debemos suponer que dos siglos después de su, llámenosle publicación, figuraba entre los textos de cabecera de Jerónimo, el Papa Dalmaso I seguramente se los facilito, porque formaban parte del decreto y estaban en el canon  y  sin duda Jerónimo se baso en gran parte para su trabajo.  

Por otra parte si efectivamente leemos con algo más de profundidad la obra completa de Jerónimo de Estridón, en textos anteriores y posteriores a la Vulgata, resulta que en su comentario al Libro de Amón por ejemplo, Jerónimo explicó claramente que la voz latina <<cornuta>> era una referencia metafórica a la glorificación. Luego, en los comentarios a los libros de Isaías y Ezequiel, y también en el Diálogo contra los Pelagianos, Jerónimo vuelve a manifestar que los cuernos de Moisés constituyen una metáfora de «fuerza», «poder», «sabiduría» o «conocimiento de Dios»

Por lo tanto me inclino a asumir, más bien, que la razón de que  Jerónimo se decidiera a traducir del griego al latín, como «Quod cornuta esset facies sua», fue simplemente porque en esa expresión (cornuta), Jerónimo, trasladaba un simbolismo teológico que hoy somos incapaces de identificar ni de percibir.

Los cuernos de Moisés definitivamente no son producto de una mala traducción, son la expresión de una simbología largamente perdida. Mil doscientos años después, en Florencia, Michelangelo Buonarroti, un iniciado, también  podía leer el mensaje simbólico de Jerónimo de Estridon y también lograba trasladar esos símbolos a la inerte piedra, transformándola en una obra de arte que nos comunica, que hace de puente y nos conecta a los hombres a través de dos mil años de distancia.

Hace muchos años, en Buenos Aires, escuche expresar al genial Gabriel García Marquez la mejor definición de cultura que he escuchado en mi vida. Gabo, frente a la pregunta sobre ?que era la cultura? dijo solamente que "Cultura era el sistema de acumulación y distribución del conocimiento de determinada sociedad".

La pregunta que debemos hacernos, es ?qué clase? y principalmente ?que calidad de conocimientos? estamos acumulando nosotros como sociedad, en la era de Internet. 

Profesor Roberto Gonzalez Oliveira

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