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jueves 06 de mayo del 2021
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La crisis ideológica de España

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España vive una de las mayores crisis en su historia democrática y no me refiero a la crisis económica, que evidentemente es importante, sino a una crisis mucho más profunda y de difícil solución, una crisis de las ideologías, del espíritu crítico y la democracia participativa. Este es un tema que no se habla, no nos preocupamos, sin llegar a saber muy bien porqué. Estamos hartos de oír hablar de la crisis económica desde hace mucho tiempo, buscar culpables, y no ver soluciones. Nadie se plantea que está pasando en la política y en la ideología de las personas,  ¿por qué vivimos esta crisis del pensamiento crítico?

Este no es un problema que depende de una economía exterior como la crisis económica, es mucho más intrínseca al pueblo español, depende de la conciencia política y el nivel educativo de un país. Atención con esto no quiero decir que la educación en nuestro país sea mala, de hecho tenemos una de las generaciones mejor formadas y unos profesionales en el sector educativo con muchas ganas de superarse pero cada vez menos medios. La falta la educación social, la política y ciudadana es el problema de esta crisis. Participar de la política no es ir cada 4 años a depositar un voto sin ni siquiera conocer más que un político y un solo programa. Votar es analizar, es criticar, es debatir, es respetar otras ideologías, pero sabiendo cual es la tuya, y que defiende el partido al que se vota.

La televisión hace un flaco favor al proceso democrático participativo, nos dan titulares que repiten sin entrar en profundidad. Una frase nunca puede ser criticable por si sola, se necesita de un contexto y un cuerpo desarrollado sin sesgos para poder juzgar. Por parte de los ciudadanos también se necesita tiempo y ganas para leerlo, para analizarlo, procesarlo, madurarlo y finalmente juzgarlo y decidir.

La polaridad, izquierda/derechas es otro gran problema que aumenta esta crisis. Nos da igual el partido, nos importa saber que etiqueta tiene, para saber si les podemos votar o no porque es igual que la etiqueta que nos hemos puesto, y no siempre nosotros mismos, a lo largo de nuestra vida. No todo es blanco o negro, existen matices, la categorías no ayudan a profundizar porque si se definen a los partidos por izquierdas o derechas, se pierde la profundidad de los programas políticos, si nos definimos las personas  de la misma manera perdemos la profundidad critica a los programas. Se deshumaniza la política, y se define como una simple decisión de dos opciones en las que se repite la frase “yo no voto a estos que son de derechas” y viceversa.

El  miedo y el conformismo nos impiden avanzar, ¿quién dijo a miedo? ¿a qué? ¿al cambio? Dicen que más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer, lo siento pero no puedo estar más en desacuerdo. Sin cambios e innovación no existe el progreso ni social, ni tecnológico, ni de muchos otros tipos. Una sociedad sin ganas de cambiar, con miedo y reticencia a lo nuevo nunca será una sociedad avanzada, porque nunca llegará a explorar nuevas opciones.

Por último una ley electoral obsoleta, pensada para una nueva democracia no es justa ni adecuada 40 años después. Un ejemplo más de que el cambio no es malo, pues se adaptan a las nuevas épocas de la sociedad. ¡Un voto una persona! Por una ley electoral más justa.

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