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viernes 30 de octubre del 2020
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COVID - 19. 19.- Covidolocos: el origen. Parte 2.

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COVID - 19. 19.- Covidolocos: el origen. Parte 2.

Serie Cuentos de Cuarentena

Escribir es lo mejor que puedes hacer cuando estás en cuarentena. Dejar volar la imaginación para salir del aburrimiento cotidiano. Mezclar lo real con lo fantástico es un buen ejercicio para la mente: estimula el cerebro y las neuronas dejan de morirse por falta de uso. Éste es un resultado positivo – creo – de la cuarentena entre marzo y julio de 2020.

19.- Covidolocos: el origen. Parte 2.

La leche de murciélaga funcionó. Era muy similar a la humana: tibia y dulce. Claro que tenía que atrapar varias para sentirse satisfecho. El olor a guano a veces era insoportable pero tenía que aguantarlo. Algunas crías de murciélago se caían y ya no podían subir a buscar a sus mamás. Cuando las mamás bajaban, él aprovechaba para alimentarse. Lo malo es que así fue cómo adquirió una variante nueva del virus, más insidiosa, más voluble, que quería salir al exterior.

JP fue rescatado por unos espeleólogos chinos y vietnamitas que andaban en lo suyo. Como él no conocía sus idiomas y los otros no hablaban inglés, no se entendían. No se explicaban cómo pudo sobrevivir en esa inmundicia tantos días; lo llevaron al arroyo más cercano para que se bañara y le dieron ropa limpia. Después le ofrecieron comida normal y la vomitaba. Al siguiente día ya pudo comer algo. Tomaba mucha agua pero no tenía fiebre. Lo dejaron en un pueblo cercano, donde vivió varios días. Finalmente, un turista que sí hablaba inglés entendió quién era, le ayudó a salir de ahí y a conseguir un boleto aéreo, partiendo de Hong Kong. El vuelo que consiguió llegaba hasta París, JP nunca había estado en esa maravillosa ciudad y se quedó 3 días.

En París, JP estuvo en contacto con gente de más de 10 países europeos, de Estados Unidos, Canadá y Brasil. Visitó los lugares más turísticos, hizo muchas colas y bromeó con muchas personas. ¡Estaba tan feliz de estar vivo! La gente que lo rodeaba estaba contenta de verlo, de percibir su felicidad y sus ganas de vivir. No tenían la menor idea de lo que había pasado en las cuevas y en la manera en que pudo sobrevivir.

JP regresó a su universidad y sólo contó una parte de lo que había vivido. La parte más sórdida se la guardó. En la semana siguiente empezó a sentirse diferente. También tenía sueños extraños: vagaba en oscuras cuevas interminables y unos murciélagos gigantes lo atrapaban. Al paso de los días, la gente a su alrededor empezó a enfermarse de una enfermedad misteriosa. En Europa, Asia y Sudamérica detectaron también casos similares.

Queriendo curar la nueva enfermedad, JP el Epidemiólogo Estrella,

¡la distribuyó en 3 continentes!

 

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Cuentista Chido

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