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miércoles 28 de octubre del 2020
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COVID - 19. 22.- Covidolocos en transformación.

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COVID - 19. 22.- Covidolocos en transformación.

Serie Cuentos de Cuarentena

Escribir es lo mejor que puedes hacer cuando estás en cuarentena. Dejar volar la imaginación para salir del aburrimiento cotidiano. Mezclar lo real con lo fantástico es un buen ejercicio para la mente: estimula el cerebro y las neuronas dejan de morirse por falta de uso. Éste es un resultado positivo – creo – de la cuarentena entre marzo y agosto de 2020.

22.- Covidolocos en transformación.

 

&iqu est;Qué pasa cuando un virus “respiratorio” te afecta el cerebro?

Además de las fuertes migrañas, la gente empezó a tener pensamientos extraños sobre las demás personas: se sentían amenazadas hasta por sus propios amigos y parientes. Se fueron aislando cada vez más. Mucha gente dejó de ir a la escuela o a trabajar. No era posible soportar la cercanía de otros individuos ya que muchos de ellos también los miraban raro. De por sí el nivel intelectual de la población no era muy alto que digamos, ahora estaba mucho peor. Mejor se quedaban en su casa, rumiando loqueras.

También tenían sueños extraños. Se veían en mundos donde muchos microrganismos estaban al acecho de su cuerpo y de su cerebro. Al principio, la gente hasta comentaba esos sueños raros pero después prefirieron no hacerlo porque se fueron tornando más oscuros, con tendencias caníbales y destructivas.

Las medicinas no sirvieron de nada. Las pastillas para dormir sólo lograban que la gente tuviera sueños locos más tiempo. Algunos ya ni querían dormir y andaban todos ojerosos y como zombies. Los remedios caseros tampoco funcionaron: ¡Ni la bendita miel con limón! ¡Imagínense!

Algo más extraño sucedió con los afectados: comenzaron a reunirse en lugares oscuros y aislados con otros enfermos pero no hablaban ni hacían nada. Sólo se quedaban viendo y entendían el sufrimiento de los demás. Parecía que usaban la telepatía para ponerse de acuerdo en dónde se iban a juntar. Llegaban de uno en uno o de pocos si eran familia. No se saludaban de mano ni de beso ni se abrazaban. Lo que abrasaba eran sus miradas ya enloquecidas.

¿De qué sirve la Humanidad? ¿Qué cosas positivas le hemos aportado al planeta? ¿Qué va a pasar con Jonas y con Martha? Ésos y otros pensamientos trascendentales bullían en sus cabezas ya medio locas. Algunos empezaron a tener hemorragias de tantas aspirinas que tomaban para los dolorones de cabeza. Otros veían que sus manos iban cambiando de forma para transformarse en garras. ¿Para qué quiero garras? Si las que traigo ¡ya no me quedan!

El olfato se les agudizó, empezaron a detectar a los humanos sanos por sus olores. ¡Ni que fueran lobos! La gente olía a sudor, a marrano, a comida echándose a perder, a orina y a otras cosas más desagradables. El grito de la mayoría de los covidolocos era:

¡Me están volviendo loco esos olores!

 

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Cuentista Chido

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