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viernes 22 de marzo del 2019
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Testimonios de pastoral primera parte

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Quiero y deseo dar a conocer, todo lo que me ocurrió al empezar a participar activamente en la Iglesia Cristiano Católica. Todo lo que narraré a continuación, es testimonio vivo de un actuar dentro de la pastoral. Pastoral que a veces nos deja recuerdos gratos, como a veces también nos deja recuerdos ingratos. Los nombres de las personas que actúan en estos relatos son reales; quise que fuera así, para no salirme de la veracidad del asunto. 

Muchas veces me he puesto a pensar si es necesario tener un alto grado intelectual, y ser muy versado en asuntos literarios para poder empezar a escribir algo, pero creo que si se tratase de asuntos muy técnicos y complicados, necesariamente tendríamos que proceder teniendo estos conocimientos;  sin embargo pienso que para manifestar la gloria y la grandeza de Dios, solo basta poner mucho amor en lo que se quiere decir, y ordenar un poco las ideas.

 Todo esto empezó en el año 1993, yo venía de haber trabajado en un chifa en mi calidad de músico, formando parte de un grupo musical, digo que  venía, porque ya la orquesta no iba a trabajar  más en ese chifa, y no se si por la preocupación de quedarme sin trabajo o  porque estaba subido de peso,  padecí de una hemorragia nasal por intervalos de dos o tres horas, que durante dos días no paraba por más que me cauterizaban. Al final llegué a una clínica en la cual pudieron detenerla. Estuve internado una semana. Después de salir de la clínica, en mi convalecencia, quedé muy enfermo de los nervios por la idea de que nuevamente tendría la hemorragia, me estaba asustando mucho y esa idea no dejaba alimentarme y la cosa se estaba poniendo fea.

Mi esposa Adriana había conocido a una señora que vivía a dos casas de donde nosotros vivíamos, y le  conto lo que me pasaba. (.  El nombre de la señora es: Carmen de Maurial. Carmen  le sugirió a mi esposa, que su esposo podría hacerme un tratamiento de relajación para poder tranquilizarme. (Jorge Maurial es su nombre, diácono permanente de la Arquidiócesis de Lima).   Conocí a Jorge Maurial, y me comenzó a tratar con técnicas de relajación, también durante las sesiones me habló  mucho de Dios, y me presentó a Jesús en persona, así como lo digo, en persona. Conocí a Jesús, y poco a poco fue entrando en mi vida, y en mi corazón. Los tratamientos de relajación me ayudaron mucho y pude recuperarme y llegar a mi estado normal.

Siempre fui un católico pasivo, respetando todo lo referente a la Iglesia, ya que mis estudios los realicé en un colegio religioso. Mi afición por la música, me llevó en un futuro a tomar esta afición como un modo de ganarme la vida, y a tomarlo de una manera más responsable.

 Recuerdo, ahora se puede (decir de una manera graciosa), como antes asistía a las misas por difuntos, y no veía la hora en que acabara la misa para salir a conversar con los familiares en el atrio del templo. Hoy en día en la parroquia a la que pertenezco, por motivos de servicio pastoral, pero claro no siempre,  escucho a veces con muy buena suerte hasta tres misas seguidas.

 El haber estado muy delicado de salud, y se podría decir, casi al borde de la muerte, nos hizo pensar, (a mi esposa y a mí), que debería estar preparado para esto, en lo que se refiera a tener todos los sacramentos, y a mí me faltaba el de la confirmación, ya que me había casado sin estarlo. Nuevamente solicitamos la ayuda de Jorge Maurial.  Como católico pasivo quería un trámite corto para este sacramento, sin charlas de preparación y algo rápido y práctico.

 La fuerza del Espíritu Santo es tremenda, (con esto no quiero decir que no sea necesario asistir a las charlas de preparación),  esta fuerza y poder impresionante del Espíritu Santo, actuó en mí de una manera increíble, y mejor que haber recibido muchísima preparación.

 Ya toda mi vida es una constante preparación al encuentro final con Jesucristo nuestro Señor, y también ya toda mi vida es hacer conocer a todos ese amor tan grande que Jesús nos tiene.

 Jorge Maurial, me ayudó en esto, me alcanzó una separata del Catecismo de la Iglesia Católica, en la parte referente a la confirmación, y me dijo que la estudiara con mucha dedicación, ya más adelante me diría la fecha en que se efectuaría la ceremonia de confirmación. También me dijo que necesitaría un padrino, y mi esposa y yo, acordamos que el mismo  fuese.    Se lo pedimos y aceptó.   Desde  entonces Jorge Maurial pasó a ser mi padrino en la fe, y también mi consejero espiritual.

 Llegó el día de mi confirmación, que se realizó de manera normal. No puedo dar testimonio de haber sentido ese ardor quemando mi cuerpo, en el momento de la unción, pero si puedo decir por lo que vino después en mi vida, que en ese momento el Espíritu Santo habitó en mi persona; se posó de una manera suave y tranquila. Claro,  porque El sabía que después me iba a remover.

La ceremonia se realizó en la parroquia, Nuestra Señora de las Victorias, en el distrito de la Victoria, en el año 1995.

 Dios se vale de personas para mostrarnos sus caminos, y eso fue lo que pasó en mi vida después de haber sido confirmado. Adriana mi esposa se encontró con una amiga del colegio, que no veía  mucho tiempo atrás. Resulta que esta amiga participaba  en la parroquia de nuestro sector de residencia, y su participación consistía en ser coordinadora de zona. (Carmen Mena es el nombre de la amiga de mi esposa), y digo su nombre porque es muy importante su participación en este relato, ya que ella nos invitó a participar en la parroquia. El llamado ya se había realizado en el momento de mi confirmación, solamente faltaba que el Señor me mostrara el camino, y lo hizo a través de Carmen Mena.

 En mi calidad de músico, lo primero que vino a mi mente fue, querer tocar y cantar en las misas,  quería estar cerca de Dios de esta manera. Conocimos a los Padres de nuestra Parroquia de Cristo Rey, ocupada por Padres Pasionistas. Conocimos a nuestro Párroco en ese entonces Padre Valentín, también al Padre Eddy, al Padre Jorge de la congregación Carmelita, que colaboraba en la Parroquia como apoyo.   Siempre asistíamos a la misa de 7.30 de la noche, que la presidía el Padre Eddy, una misa hasta ahora muy alegre, conocí a los chicos del coro de dicha misa. Teniendo ya mas confianza con el Padre, le pregunté si yo podía tocar en el coro, y a la semana siguiente me presentó con uno de los responsables del coro, (Víctor Hugo) y delante   de todos los chicos integrantes del coro les dijo: “chicos les presento a Andrés, para que se integre al coro con su teclado”, y me recibieron con mucha alegría.

 Continua.

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Acerca del autor

Andrés Arbulú Martínez

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