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viernes 19 de julio del 2019
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Don flaco tercera parte

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En esta oportunidad invito a “Don Flaco” a nuestro domicilio, ya que la grabadora portátil de periodista que tengo, está u poco dañada, y en nuestra casa tenemos un pequeño taller de grabaciones, y la conversación va a  tener más fidelidad. Cuando estamos probando el micrófono la voz de “Don Flaco” se escucha un poco potente, entonces el me dice lo siguiente y comienza la entrevista, que en realidad no es una entrevista, con preguntas y respuestas, sino más bien una buen rato para escuchar a “Don Flaco”:

“Nosotros en Iquitos, jugábamos gritando en la calle, como es una ciudad donde no hay tanto automóviles en la calle, el niño juega en ese lugar, corre, salta, juega futbol con pelota de trapo, y descalzo. Hay ciertas costumbres que la ciudad de Iquitos no las ha perdido. Lo único es que desgraciadamente hay una degeneración total. Gente que ha llegado por la carretera de penetración en Pucallpa, Aguaytia, Tingo María, Huánuco, es que han invadido de varias partes de la sierra. Ya estos son nietos. No con esto quiero decir que el serrano sea un degenerado, pero si es más descarado que el loretano. Yo soy loretano, soy hijo de serrano, tengo familia serrana, limeña en su mayoría por parte de madre.

Iquitos se formó de emigrantes de las tres regiones del Perú. Los de la costa emigraron por el caucho, los de la sierra emigraron después por la facilidad de los caminos que se abrieron. Pero el loretano tiene una cualidad. El loretano es un ser muy ardiente, muy caliente sexualmente hablando, pero no es vulgar, ni comercian su cuerpo. Ahora hay chicas así, esas ya no son loretanas, son hijas de emigrantes: costeños, serranos y algunos europeos. Porque hubo una época que hubo mucho migración polaca, e italiana. El charapa propiamente de sangre, es caliente, es ardiente, pero es prudente. Es decente, no nos gusta la basura, nos gusta comer en plato de oro, estamos acostumbrados al oro.

Nosotros somos el departamento que creó su propia moneda, y que tenia premio sobre la libra esterlina, y los soles de plata de nueve decimos, había como agua en el rio. Eso ha sido en el 800 al 1900, yo que tengo 81 años, lo he gozado hasta los 10 años, yo he comprado en el mercado con soles de nueve decimos.

Mi abuela ha sido una de las pocas o de las primeras personas que entraron a Iquitos, cuando todavía estaban salvajes allí. Fueron 30 personas; no sé si fueron 25 hombres y 5 mujer, o 23 hombres y 7 mujeres, pero comúnmente se habla de 5 señoras, que en mi época las llamaban las mamas, o sea, las señoronas, las damas más grandes de Iquitos. La mama Ercilia, la mama Rosa, la mama Irene, la mama Escarnita, la mama Carmen. Y eran abuelas o mamás de los antiguos señores de Iquitos, y de las señoras de Iquitos. Fueron las familias que formaron una sociedad neta loretana. Y una de ellas era mi abuela que le decían la mama Ercilia. Y era esposa de un limeño, e hija de un limeño, porque ella era Ercilia Mariátegui López; y su marido era un ex capitán del ejército peruano que había peleado en la guerra con Chile: Pedro Pablo Sarria Laiseca. Limeño que nunca había sido militar, porque era ingeniero en minas. (Estudiante, ni siquiera había terminado). Llegó la guerra con Chile, lo hicieron capitán y lo mandaron a pelear.

El señor Fiscarral, ancashino hijo de ingles, al salir de su pueblo para ir a la selva a trabajar en el caucho, se llevaba a un chiquito de 15 años como mayordomo. El chiquito este serrano que después fue un gran señor en Iquitos se llamaba Sacarías Valdez, y ese hombre, niño aun siendo de 15 años, servía de enlace entre Fiscarral y mi abuelo. Mi abuelo avanzaba en la expedición haciendo mapas del terreno donde había jebe, caucho, balata, barbasco, y había ríos, y con esos mapas regresaba el chico este Sacarías Valdez, donde el señor Fiscarral para que este avanzara.

Era gente con muchos valores, y con muchos principios. Piensa que un niño de sierra, metido en la selva, y que avance con un señor, y después regrese a la semana, o al mes, todo eso que ha avanzado, acompañado con dos indiecitos. Entonces ese niño aprendió a tener valores, tanto humanos como de carácter; ya era un hombre. Y yo a ese señor llegué a conocerlo, y era muy amigo de mi mamá, se decían compadres; él había visto nacer a mi mamá, y le decía comadre. Ese señor se asentó en la selva, tuvo su chacra y se quedó con su chacra, que se podría decir que era como una hacienda pequeña.

Toda esa gente que ha formado la ciudad de Iquitos, y ciertos pueblos de Iquitos, son los verdaderos loretanos, y no el elemento que hay ahora, que da pena. Decir que una chica es loretana, ya todo el mundo la mira como sexo, y aquí en Lima está lleno, la radio, la televisión y el periodismo, de prostitutas, homosexuales, lesbianas, y rufianes. Que hay muchos hombres que trabajan vestidos de mujeres, y hay muchas mujeres que te trabajan tirando golpe como hombre. Así, que, ¿Qué hablamos de la loretana? La mujer loretana es muy coqueta, muy alegre, muy franca, pero de allí a prostituta, hay mucha distancia; y si lo son, son muy decentes, no son vulgares, ni se calatean en público, ni se emborrachan, y hacen escándalo.

Nosotros acá en Lima nos olvidamos que el Perú está formado por provincianos. Los grandes presidentes del Perú y los grandes hombres que han luchado por el Perú, son provincianos; y todos los que descienden de presidentes del Perú son millonarios ¿Por qué? ¿Ah? Que me cuenten a mí el cuento. Yo como te digo, me siento muy feliz de ser loretano, y peruano. Lo he dicho en el extranjero. He tenido que explicar; por ejemplo en los Estados Unidos no creían que yo era peruano, y menos de la selva, ¿Por qué? porque tengo 45 de pie, 1.85 m. de estatura, y con los brazos extendidos de yema a yema de la punta de los dedos tengo 1.90 m. y no tengo la cintura quebrada, como la mayor parte de la gente en el Perú. El peruano es caderón, con cintura quebrada y espaldas anchas; costa, sierra y selva. Con la diferencia que en la sierra, el nativo carga bultos y carga cosas, como si fuera un animal, para poder hacer fuerza tiene que quebrar la cintura para poder caminar. Por eso cuando nuestro ex presidente Toledo habla, yo digo que hay que tomarle una foto de espaldas y verlo caminar, parece un monito que está caminando (risas)

Ahora, no creas que Toledo es el único muchacho humilde y de campo que ha llegado al gobierno. Nuestro libertador y Mariscal del Perú Ramón Castilla, era humilde; que cuando llegó de soldadito vestido del ejército español en Pisco, y lo cogieron y lo iban a matar creyendo que era un soldado español, y cuando se dieron cuenta que era un mocoso, que estaba con un fusil más alto que el.  Fueron a recogerlo en el desierto que se moría de hambre de sed y de cansancio, y lo llevaron frente a San Martin. Tenía 15 años, y no sabía leer ni escribir, y después fue el presidente que libertó a los negros, puso el primer ferrocarril en América Latina, el primer barco a vapor, y alumbró Lima. Era mestizo, era humilde, era un chico peruano al 100% ¿Dónde aprendió a leer, y como llegó a general? En el ejército, y tiene miles de anécdotas, y una de ellas por ejemplo:

Un día el general escucha: trac, trac, trac, por el patio del cuartel, sale y ve que Ramón Castilla que ya era teniente, se iba caminando con la espada arrastrando en el suelo, y lo hizo llamar: dígame teniente ¿Por qué usted anda arrastrando la espada? Muy sencillo mi general, yo cuando era soldado, me iba detrás de la espada porque quería una espada, y ahora que soy oficial, que la espada me siga a mí.   Otra anécdota es:

Cuando era presidente le llevaron un cañoncito de oro de regalo, llamó a su edecán y le dijo: “pon ese cañoncito mirando hacia la ventana, y todos los días me abres la ventana” “¿Por qué mi excelencia?” Le pregunto el edecán. “Muy sencillo, le contestó, porque uno de estos días va a reventar el cañoncito”. Un cañoncito de oro, de adorno como pisa papel. 15 o 21 días después llegó el que le había regalado el cañón, y le pidió pues un favor ¿no?, de esos que se pedían antes a los gobernantes, y cuando este se fue, entonces Castilla le dijo a su edecán: oye cierra la ventana y ponlo en una caja a este cañón, porque ya reventó”.

Esta segunda entrevista con “Don Flaco” tiene más partes que otro día seguiré trascribiendo, porque en realidad es bastante lo que tiene por contarme “Don Flaco”

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Acerca del autor

Andrés Arbulú Martínez

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